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4 de abril de 2010

Resucitó

Y encontraron la piedra del sepulcro corrida a un lado. Entraron, pero no encontraron el cuerpo de Jesús, el Señor (Lucas 24, 2-3).

¿Puede demostrarse con argumentos humanos que Jesús resucitó realmente? No puede demostrarse.

La fe en la resurrección de Jesús se apoya, únicamente, en el testimonio ininterrumpido de hombres y mujeres que, desde aquella mañana de Pascua, han creído y testimoniado, incluso a costa de su vida, que Jesús ha resucitado.
La misión de la Iglesia consiste precisamente en testimoniar que, desde la mañana de Pascua hasta hoy, desde las mujeres hasta nosotros, el grito gozoso: "¡Jesús ha resucitado!", no es una fábula, sino la verdad más maravillosa de la historia humana.
Esto explica que la historia de la Iglesia, con la exhortación y la vigilancia del sucesor de Pedro, esté tan atenta -hasta parecer rígida- a que el hilo que une a los cristianos de hoy con la experiencia de las mujeres y de los apóstoles, la mañana de Pascua, no se debilite ni interrumpa.
Un testimonio creíble, únicamente, si los cristianos fundamentan su vida en la resurrección de Jesús. Es decir, si demuestran, con sus opciones cotidianas, que no viven para las cosas de la tierra, sino para las del cielo (cf. Colosenses 3, 1-4). Allí les espera el Señor resucitado para una vida que nunca terminará.