25 de octubre de 2013

BODAS DE ORO EN OTEIZA

AGRADECIMIENTO

El día 2 de agosto, fue una fecha importante para nuestro Instituto. Varias hermanas de los diferentes países y comunidades, celebraron sus BODA DE ORO. En España, 11 hermanas, festejaron este acontecimiento. De estas, 7 convinieron reunirse en Oteiza, dado que en las contemplativas, para María Dolores Sanzberro también era su día.
Así pues, en el transcurso del día 31 fueron llegando quienes pudieron hacerlo. En total se reunieron siete. Las cuatro restantes, por diversos motivos no acudieron, aunque estuvieron muy presentes en el recuerdo y en la oración. A continuación, transcribimos su agradecimiento:

El día 2 de agosto, celebramos en Oteiza el 50 aniversario de nuestra profesión religiosa. Fue un día precioso, que vino precedido por una jornada de retiro el día anterior y que finalizaba con un compartir juntas, en la cena, tantos recuerdos que fueron y han ido entretejiendo nuestras vidas. Así, pues, el día 2, en la Eucaristía renovamos nuestro compromiso, emitiendo cada una la fórmula de los votos, agradeciendo a Dios tantos dones recibidos en nuestras vidas. A esto siguió un pequeño ágape y a continuación la comida con todas las hermanas contemplativas. Fue un día inolvidable en el que experimentamos una vez más el SER Y HACER FAMILIA. Experiencia, a través de la comunidad del Monasterio y experiencia, también, por todas las llamadas telefónicas, correos postales, correos electrónicos, etc., que recibimos. Desde el Blog de España, queremos daros las gracias a todas por vuestra presencia que se hizo notar a través de estos medios. Podéis vernos en la foto, de izquierda a derecha:
María Ruiz, Guadalupe Manzano, Isabel González,María Dolores Sanzberro, Carmen González, Amparo Vilar, Isabel Villarroel.

Y no podemos dejar de recordar a las que faltaron:
Mª José Villar, Catalina Llamazares,Antonia Rodríguez, Petra Polvorinos

MAGNIFICAT ANIMA MEA DOMINUM

23 de octubre de 2013

¿Fin del invierno eclesial?

Victor Codina

Quienes hemos vivido durante los dos últimos pontificados un duro “invierno eclesial”, en expresión de Karl Rahner, nos preguntamos si con el Papa Francisco va a comenzar una nueva época en la Iglesia.
Desde el comienzo de su pontificado, el nuevo obispo de Roma, Francisco, ha ido dando signos de cambio, desde gestos simbólicos hasta formulaciones muy gráficas: Iglesia pobre y de los pobres, oler a oveja, salir a la calle, ir a las fronteras existenciales… Sus palabras en Lampedusa sobre nuestra insensibilidad ante el sufrimiento ajeno, en Río exhortando a los jóvenes a ser valientes y críticos, sus entrevistas al jesuita P. Antonio Spadaro de la Civilttà Cattolica y al periodista del diario La República de Roma, Scalfari, han abierto nuevos horizontes eclesiales y diseñan un nuevo programa pastoral. El Papa Bergloglio se confiesa pecador, llamado misericordiosamente por Dios para una misión eclesial, reconoce que en su época de superior dela Compañía de Jesús en Argentina fue autoritario y brusco, aunque nunca de derechas. Se proclama creyente, no en un Dios católico sino en Jesucristo y el Padre creador. Confiesa que en algún momento de su vida ha sido tocado por la gracia, dedica tiempo largo a la oración, adora la mística, pues sin mística la religión se convierte en filosofía. Sus santos preferidos son Pablo, Benito, Agustín, Ignacio y sobre todo Francisco, profeta, poeta, místico, amante de los pobres y de la naturaleza.
Según él, la Iglesia que es Pueblo de Dios y comunidad, debe ser hoy ante todo como un hospital de campaña, dispuesta a sanar y curar emergencias. Le preocupa enormemente el paro juvenil y el abandono de los ancianos. La Iglesia no debe centrarse obsesivamente en temas morales como aborto, anticonceptivos y matrimonio homosexual, sino que ante todo ha de anunciar la buena nueva de la salvación en Jesucristo, seguir el impulso irreversible del Vaticano II, sin caer en una ideología restauracionista; una Iglesia dialogante con la cultura moderna, con las demás Iglesias y religiones, fraterna y sinodal, que camine unida en medio de las diferencias, que no juzgue a las personas a las que Dios respeta tal como son; una Iglesia no proselitista, sino levadura y signo de amor a los demás.
No teme una Iglesia que sea minoritaria, con tal que sea semilla y fuerza evangélica. Desea una Iglesia descentralizada, en discernimiento, que escuche al pueblo y sobre todo a los pobres. Que ayude a que cada uno busque el Bien en su conciencia y combata el Mal, se deje iluminar por la luz trascendente que brilla en cada uno de nosotros.
Los ministros dela Iglesia que sean pastores, no clérigos de despacho, ni de laboratorio, que no caigan en el temporalismo, ni en el clericalismo que no es cristiano, abran caminos nuevos, no hagan de la confesión una tortura sino un instrumento de misericordia, sean acogedores de los que están en situaciones irregulares, que no sean narcisistas. Francisco critica a los narcisistas que se sienten halagados por los cortesanos: la corte es la lepra del papado; la curia vaticana es vaticano-céntrica y tiende a trasladar esta visión al mundo. Se respira ahora en la Iglesia un aire nuevo, con olor a evangelio. Hay brotes de una primavera eclesial como en tiempos del buen Papa Juan. Hay pautas válidas también para la sociedad. Ojalá que estos frutos primerizos no se malogren.

21 de octubre de 2013

La tragedia de Lampedusa nos convocó

Un miércoles más, los Círculos de Silencio salimos a la calle para unirnos en Oración por los más de 300 hermanos nuestros muertos en la costa italiana el pasado 3 de octubre.
Se leyó un manifiesto donde expresábamos nuestro más profundo pesar por estas muertes injustificadas, por los más de 8000 cadáveres que desde 1990 han muerto en estas mismas costas y por los más de 17000 en los últimos diez años en Europa.
Manifestamos públicamente que sentimos VERGÜENZA de las instituciones europeas, gobiernos nacionales, organismos institucionales… que legislan normas discriminatorias y racistas. Que sentimos vergüenza porque además, se responsabilizan a los propios inmigrantes de su situación. ¿Se responsabiliza a los más de 300 muertos de Lampedusa (una gran números de niños y mujeres embarazadas) que habían recorrido más de 4000 Km en su huída de la guerra de Somalia y del caos de Eritrea?
Como el Papa Francisco, nos avergonzamos por lo sucedido: “Tengo que mencionar a las numerosas víctimas de este enésimo naufragio. La palabra que me viene a la mente es VERGÜENZA. Es una vergüenza”
En este mismo acto quisimos solidarizarnos igualmente con la campaña que se lleva a cabo esta semana por la erradicación de la Pobreza mundial, con el lema “Contra la riqueza que empobrece. Actúa”

10 de octubre de 2013

VIGILIA DE ORACIÓN POR LA PAZ

HOMILIA DEL PAPA FRANCISCO

Plaza de San Pedro
Sábado 7 de septiembre de 2013
«Y vio Dios que era bueno» (Gn 1,12.18.21.25). El relato bíblico de los orígenes del mundo y de la humanidad nos dice que Dios mira la creación, casi como contemplándola, y dice una y otra vez: Es buena. Queridos hermanos y hermanas, esto nos introduce en el corazón de Dios y, desde su interior, recibimos este mensaje.
Podemos preguntarnos: ¿Qué significado tienen estas palabras? ¿Qué nos dicen a ti, a mí, a todos nosotros?

1. Nos dicen simplemente que nuestro mundo, en el corazón y en la mente de Dios, es “casa de armonía y de paz” y un lugar en el que todos pueden encontrar su puesto y sentirse “en casa”, porque “es bueno”. Toda la creación forma un conjunto armonioso, bueno, pero sobre todo los seres humanos, hechos a imagen y semejanza de Dios, forman una sola familia, en la que las relaciones están marcadas por una fraternidad real y no sólo de palabra: el otro y la otra son el hermano y la hermana que hemos de amar, y la relación con Dios, que es amor, fidelidad, bondad, se refleja en todas las relaciones humanas y confiere armonía a toda la creación. El mundo de Dios es un mundo en el que todos se sienten responsables de todos, del bien de todos. Esta noche, en la reflexión, con el ayuno, en la oración, cada uno de nosotros, todos, pensemos en lo más profundo de nosotros mismos: ¿No es ése el mundo que yo deseo? ¿No es ése el mundo que todos llevamos dentro del corazón? El mundo que queremos ¿no es un mundo de armonía y de paz, dentro de nosotros mismos, en la relación con los demás, en las familias, en las ciudades, en y entre las naciones? Y la verdadera libertad para elegir el camino a seguir en este mundo ¿no es precisamente aquella que está orientada al bien de todos y guiada por el amor?
2. Pero preguntémonos ahora: ¿Es ése el mundo en el que vivimos? La creación conserva su belleza que nos llena de estupor, sigue siendo una obra buena. Pero también hay “violencia, división, rivalidad, guerra”. Esto se produce cuando el hombre, vértice de la creación, pierde de vista el horizonte de belleza y de bondad, y se cierra en su propio egoísmo.
Cuando el hombre piensa sólo en sí mismo, en sus propios intereses y se pone en el centro, cuando se deja fascinar por los ídolos del dominio y del poder, cuando se pone en el lugar de Dios, entonces altera todas las relaciones, arruina todo; y abre la puerta a la violencia, a la indiferencia, al enfrentamiento. Eso es exactamente lo que quiere hacernos comprender el pasaje del Génesis en el que se narra el pecado del ser humano: El hombre entra en conflicto consigo mismo, se da cuenta de que está desnudo y se esconde porque tiene miedo (Gn 3,10), tiene miedo de la mirada de Dios; acusa a la mujer, que es carne de su carne (v. 12); rompe la armonía con la creación, llega incluso a levantar la mano contra el hermano para matarlo. ¿Podemos decir que de la “armonía” se pasa a la “desarmonía”? ¿Podemos decir eso: que de la armonía se pasa a la “desarmonía”? No, no existe la “desarmonía”: o hay armonía o se cae en el caos, donde hay violencia, rivalidad, enfrentamiento, miedo…
Precisamente en medio de este caos, Dios pregunta a la conciencia del hombre: «¿Dónde está Abel, tu hermano?». Y Caín responde: «No sé, ¿soy yo el guardián de mi hermano?» (Gn 4,9). Esta pregunta se dirige también a nosotros, y también a nosotros nos hará bien preguntarnos: ¿Soy yo el guardián de mi hermano? Sí, tú eres el guardián de tu hermano. Ser persona humana significa ser guardianes los unos de los otros. Sin embargo, cuando se rompe la armonía, se produce una metamorfosis: el hermano que deberíamos proteger y amar se convierte en el adversario a combatir, suprimir. ¡Cuánta violencia se genera en ese momento, cuántos conflictos, cuántas guerras han jalonado nuestra historia! Basta ver el sufrimiento de tantos hermanos y hermanas. No se trata de algo coyuntural, sino que es verdad: en cada agresión y en cada guerra hacemos renacer a Caín. ¡Todos nosotros! Y también hoy prolongamos esta historia de enfrentamiento entre hermanos, también hoy levantamos la mano contra quien es nuestro hermano. También hoy nos dejamos llevar por los ídolos, por el egoísmo, por nuestros intereses; y esta actitud va a más: hemos perfeccionado nuestras armas, nuestra conciencia se ha adormecido, hemos hecho más sutiles nuestras razones para justificarnos. Como si fuese algo normal, seguimos sembrando destrucción, dolor, muerte. La violencia, la guerra traen sólo muerte, hablan de muerte. La violencia y la guerra utilizan el lenguaje de la muerte.
Tras el caos del Diluvio, dejó de llover, apareció el arco iris y la paloma trajo un ramo de olivo. Pienso también hoy en aquel olivo que los representantes de las diferentes religiones plantamos en Buenos Aires, en la Plaza de Mayo, el año 2000, pidiendo que no haya más caos, pidiendo que no haya más guerra, pidiendo paz.
3. Y en estas circunstancias, me pregunto: ¿Es posible seguir el camino de la paz? ¿Podemos salir de esta espiral de dolor y de muerte? ¿Podemos aprender de nuevo a caminar por las sendas de la paz? Invocando la ayuda de Dios, bajo la mirada materna de la Salus populi romani, Reina de la paz, quiero responder: Sí, es posible para todos. Esta noche me gustaría que desde todas las partes de la tierra gritásemos: Sí, es posible para todos. Más aún, quisiera que cada uno de nosotros, desde el más pequeño hasta el más grande, incluidos aquellos que están llamados a gobernar las naciones, dijese: Sí, queremos. Mi fe cristiana me lleva a mirar a la Cruz. ¡Cómo quisiera que por un momento todos los hombres y las mujeres de buena voluntad mirasen la Cruz! Allí se puede leer la respuesta de Dios: allí, a la violencia no se ha respondido con violencia, a la muerte no se ha respondido con el lenguaje de la muerte. En el silencio de la Cruz calla el fragor de las armas y habla el lenguaje de la reconciliación, del perdón, del diálogo, de la paz. Quisiera pedir al Señor, esta noche, que nosotros cristianos y los hermanos de las otras religiones, todos los hombres y mujeres de buena voluntad gritasen con fuerza: ¡La violencia y la guerra nunca son el camino para la paz! Que cada uno mire dentro de su propia conciencia y escuche la palabra que dice: Sal de tus intereses que atrofian tu corazón, supera la indiferencia hacia el otro que hace insensible tu corazón, vence tus razones de muerte y ábrete al diálogo, a la reconciliación; mira el dolor de tu hermano —pienso en los niños, solamente en ellos…—, mira el dolor de tu hermano, y no añadas más dolor, detén tu mano, reconstruye la armonía que se ha roto; y esto no con la confrontación, sino con el encuentro. ¡Que se acabe el sonido de las armas! La guerra significa siempre el fracaso de la paz, es siempre una derrota para la humanidad. Resuenen una vez más las palabras de Pablo VI: «Nunca más los unos contra los otros; jamás, nunca más… ¡Nunca más la guerra! ¡Nunca más la guerra!» (Discurso a las Naciones Unidas, 4 octubre 1965: AAS 57 [1965], 881). «La Paz se afianza solamente con la paz; la paz no separada de los deberes de la justicia, sino alimentada por el propio sacrificio, por la clemencia, por la misericordia, por la caridad» (Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 1976: AAS 67 [1975], 671). Hermanos y hermanas, perdón, diálogo, reconciliación son las palabras de la paz: en la amada nación siria, en Oriente Medio, en todo el mundo. Recemos esta noche por la reconciliación y por la paz, contribuyamos a la reconciliación y a la paz, y convirtámonos todos, en cualquier lugar donde nos encontremos, en hombres y mujeres de reconciliación y de paz.
Así sea.

9 de octubre de 2013

Futuros Proyectos y Trabajos de las Hermanas Apostólicas

Queremos compartir con toda la Familia los proyectos y trabajos que las Hermanas del Instituto tenemos en perspectiva y que van a coger mucho de nuestro tiempo y nuestro empeño en este fin de 2013 y en el 2014.
Del 12 de mayo al 4 de junio 2014, celebraremos en Roma el Capítulo General del Instituto, con el tema: “Enviadas para la Misión. Si no nos atrevemos ahora, entonces ¿cuándo?
Este acontecimiento tan importante para todas nosotras requiere de una seria preparación y reflexión. Por eso todas las comunidades estamos ya trabajando en ello para hacer una evaluación de lo vivido durante estos seis años, desde el Capítulo General del 2008, y dar nuestros aportes y sugerencias al Capítulo Provincial que tendrá lugar del 3 al 8 de noviembre en Pozuelo de Alarcón.
Sabemos que este momento tan importante para nuestra vida y nuestra Misión estará acompañado todo el tiempo por vuestra oración, apoyo y cercanía. Nuestras vidas, nuestras vocaciones, son interdependientes, y caminamos todos de la mano. Con esta noticia y con las fechas que aquí os aportamos, “inauguramos” la Agenda Sagrada Familia en la que cada vocación podrá colgar sus compromisos y todos los demás podremos consultarla.

2 de octubre de 2013

Montserrat de Palau: huella de Dios

“ Recordaré siempre… aquella amplia visión de las obras de Dios, con una dedicación a toda prueba, aquella noble sencillez, aquella bondad inagotable, aquella mansedumbre jamás desmentida y aquella ecuanimidad...
Vivía con sólo Dios y por sólo Dios.
Por eso, no me extraña que diera esas dos palabras como divisa y expresión”

Estas palabras, dichas en 1861 a la muerte del Fundador por P. Menjoulet a la Madre Bonat, siguen siendo válidas hoy, para su digna hija Montserrat de Palau.
Montserrat encarnó de tal modo el carisma y el espíritu de la Sagrada Familia, que vivir para Solo Dios fue el día a día de toda su vida.
Ella vivió como nadie que “Solo Dios” constituye el secreto y la clave de bóveda de todo el edificio”: Solo Dios fue siempre el grito de su alma.
Montserrat, que asumió de tal forma la vida y la obra de Pedro Bienvenido que se transparentaba por cada fibra de su ser. Que se sentía feliz, que hacía arder nuestro corazón cuando aquellas noches en la Moraleja hacía revivir a Pedro Bienvenido, perpetuaba su memoria, conservaba sus enseñanzas y nos las transmitía, un poco con el cariño de una abuela por sus nietos.
Mujer fuerte, luchadora. Muchas de las hermanas apostólicas recuerdan sus tiempos de maestra de novicias en Oharriz… como muy humana, con mucho corazón, mucha atención y detalles hacia las novicias y nos han contado anécdotas que lo demuestran como que la costumbre era ponerse de rodillas en alguna circunstancia y ella venía de la enfermería y las hizo levantarse enseguida y cómo cuidaba de que no fueran con la espalda doblada aquéllas que tenían esa postura etc son detalles vividos que refuerzan su calidad humana, cercana.
Pero para nosotros, Montserrat de Palau, será siempre como Rita Bonnat, la Madre San Carlos Despect o la Madre María de San Agustín de Lesseps. Mujeres con carácter, buen criterio y generosa disponibilidad. Mujeres con experiencia y capacidad. Mujeres libres, abiertas al mundo, adaptándose a los tiempos, cercanas y cariñosas.
Montserrat, supone para toda la familia de Pedro Bienvenido del siglo XXI un anclaje a la historia. Un amor por los orígenes de la Familia y muy en especial por Pedro Bienvenido por cuya causa de beatificación tanto trabajó y cuya visión se esforzó tanto en transmitir. Nos queda su recuerdo, pero también nos quedan sus publicaciones y esa llama que encendió en nosotros de amor a la Familia.
Gracias, Montserrat, por vivir siempre, en las distintas etapas de tu vida como FAMILIA EN MISIÓN y por ser para todos los que en algún momento nos hemos encontrado contigo DON, ESPERANZA Y UN TESTIGO FIEL DE LOS ORÍGENES DE NUESTRA FAMILIA.
Pilar y Cefe