NUESTRAS PUBLICACIONES DESTACADAS

31 de diciembre de 2010

Navidad 2 Domingo A

Jesús es la Palabra, viva y clave,
que habita en nuestras casas
y camina por nuestras calles, convive en nuestros trabajos
y acompaña nuestros cansancios.
Es alguien como nosotr@s, vivo y lleno de vitalidad.
Es alguien que es niño para significar futuro,
adulto para reflejar intensidad vital,
víctima para expresar solidaridad,
resucitado para afirmar esperanza y amor.
La Palabra es Jesús, a quien much@s buscan sin saberlo
y en el que much@s hemos encontrado
no una respuesta sino la respuesta.

Navidad 2 Domingo -A- 2 Enero 2011

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30 de diciembre de 2010

Estrategias de manipulación mediática

El lingüista Noam Chomsky elaboró una lista con 10 estrategias de manipulación mediática, social y económica a través de los medios.
Estrategias de Manipulacion Mediatica

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26 de diciembre de 2010

Una familia de refugiados

26 de diciembre de 2010
Sagrada Familia
Mateo 2, 13-15. 19-23

Según el relato de Mateo, la familia de Jesús ha vivido la experiencia trágica de los refugiados, obligados a huir de su hogar para buscar asilo en un país extraño. Con el nacimiento de Jesús no ha llegado a su casa la paz. Al contrario, enseguida se han visto envueltos por toda clase de amenazas, intrigas y penalidades.
Todo comienza cuando saben que Herodes busca al niño para acabar con él. Como sucede tantas veces, bajo el aparente bienestar de aquel reinado poderoso, perfectamente organizado, se esconde no poca violencia y crueldad. La familia de Jesús busca refugio en la provincia romana de Egipto, fuera del control de Herodes, asilo bien conocido por quienes huían de su persecución. De noche, de manera precipitada y angustiosa, comienza su odisea.
Por un momento, parece que podrán disfrutar de paz pues «han muerto los que atentaban contra el niño». La familia vuelve a Judea, pero se enteran de que allí reina Arquelao, conocido por su "crueldad y tiranía", según el historiador Flavio Josefo. De nuevo, la angustia, la incertidumbre y la huida a Galilea, para esconderse en un pueblo desconocido de la montaña, llamado Nazaret.
¿Podemos imaginar un relato más contrario a la escena ingenua e idílica del nacimiento de Jesús naciendo entre cantos de paz, entonados por coros de ángeles, en medio de una noche maravillosamente iluminada? ¿Cuál es el mensaje de Mateo al dibujar con trazos tan sombríos los primeros pasos de Jesús?
Lo primero es no soñar. La paz que trae el Mesías no es un regalo llovido del cielo. La acción salvadora de Dios se abre camino en medio de amenazas e incertidumbres, lejos del poder y la seguridad. Quienes trabajen por un mundo mejor con el espíritu de este Mesías, lo harán desde la debilidad de los amenazados, no desde la seguridad de los poderosos.
Por eso, Mateo no llama a Jesús "Rey de los judíos" sino "Dios-con-nosotros". Lo hemos de reconocer compartiendo la suerte de quienes viven en la inseguridad y el miedo, a merced de los poderosos. Una cosa es clara: sólo habrá paz cuando desaparezcan los que atentan contra los inocentes. Trabajar por la paz es luchar contra los abusos e injusticias.
En ese esfuerzo, muchas veces penoso e incierto, hemos de saber que nuestra vida está sostenida y guiada por la "Presencia invisible" de Dios al que hemos de buscar en la oscuridad de la fe. Así busca José, entre pesadillas y miedos nocturnos, luz y fuerza para defender a Jesús y a su madre. Así se defiende la causa de Jesús.
José Antonio Pagola

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24 de diciembre de 2010

Feliz Navidad

Publicamos este vídeo que Pilar y Cefe han colgado en Youtube para que podamos compartir las felicitaciones navideñas hasta ahora recibidas con una bonita música de fondo.
¡Feliz Navidad!
http://www.youtube.com/watch?v=lr8QX65kVUs

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23 de diciembre de 2010

¿Ya conoces la buena noticia?

Cristo naciendo siempre entre nosotros. ¡Feliz Navidad!
Acaba de nacer y ya ha cambiado el mundo para siempre.
Se hará oir (¡vaya si lo hará!). Será el mayor defensor de la Vida.
Su Familia inspirará toda una civilización. No temerá ir a contracorriente (en realidad, no temerá nada). Amará a sus enemigos. Los amará hasta dar la vida por cada uno, y también por ti y por mí. Y nos hará libres sólo con la fuerza de la Verdad.
Si aún dudas del poder de las buenas ideas, te traigo esta buena noticia:
Pincha aquí para conocerla
¡Feliz Navidad!

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22 de diciembre de 2010

Feliz Navidad

El Comité Nacional de los Asociados Laicos de la Sagrada Familia de Burdeos en España os desea una Feliz Navidad.
Feliz Navidad 2010

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19 de diciembre de 2010

Está con nosotros

19 de diciembre de 2010
Mateo 1, 18-24

Antes de que nazca Jesús en Belén, Mateo declara que llevará el nombre de «Emmanuel», que significa «Dios-con-nosotros». Su indicación no deja de ser sorprendente, pues no es el nombre con que Jesús fue conocido, y el evangelista lo sabe muy bien.
En realidad, Mateo está ofreciendo a sus lectores la clave para acercarnos al relato que nos va a ofrecer de Jesús, viendo en su persona, en sus gestos, en su mensaje y en su vida entera el misterio de Dios compartiendo nuestra vida. Esta fe anima y sostiene a quienes seguimos a Jesús.
Dios está con nosotros. No pertenece a una religión u otra. No es propiedad de los cristianos. Tampoco de los buenos. Es de todos sus hijos e hijas. Está con los que lo invocan y con los que lo ignoran, pues habita en todo corazón humano, acompañando a cada uno en sus gozos y sus penas. Nadie vive sin su bendición.
Dios está con nosotros. No escuchamos su voz. No vemos su rostro. Su presencia humilde y discreta, cercana e íntima, nos puede pasar inadvertida. Si no ahondamos en nuestro corazón, nos parecerá que caminamos solos por la vida.
Dios está con nosotros. No grita. No fuerza a nadie. Respeta siempre. Es nuestro mejor amigo. Nos atrae hacia lo bueno, lo hermoso, lo justo. En él podemos encontrar luz humilde y fuerza vigorosa para enfrentarnos a la dureza de la vida y al misterio de la muerte.
Dios está con nosotros. Cuando nadie nos comprende, él nos acoge. En momentos de dolor y depresión, nos consuela. En la debilidad y la impotencia nos sostiene. Siempre nos está invitando a amar la vida, a cuidarla y hacerla siempre mejor.
Dios está con nosotros. Está en los oprimidos defendiendo su dignidad, y en los que luchan contra la opresión alentando su esfuerzo. Y en todos está llamándonos a construir una vida más justa y fraterna, más digna para todos, empezando por los últimos.
Dios está con nosotros. Despierta nuestra responsabilidad y pone en pie nuestra dignidad. Fortalece nuestro espíritu para no terminar esclavos de cualquier ídolo. Está con nosotros salvando lo que nosotros podemos echar a perder.
Dios está con nosotros. Está en la vida y estará en la muerte. Nos acompaña cada día y nos acogerá en la hora final. También entonces estará abrazando a cada hijo o hija, rescatándonos para la vida eterna.
Dios está con nosotros. Esto es lo que celebramos los cristianos en las fiestas de Navidad: creyentes, menos creyentes, malos creyentes y casi increyentes. Esta fe sostiene nuestra esperanza y pone alegría en nuestras vidas.
José Antonio Pagola

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17 de diciembre de 2010

4º Domingo de Adviento

Para encontrar a Dios hay que seguir el camino que siguió el propio Dios:
el camino de la humanización.
Adviento 4 Domingo -A- DIOS Con NOSOTR@S 19-12-10

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15 de diciembre de 2010

Monasterio Sagrada Familia, Oteiza

La Carta de Navidad que cada comunidad enviaba cada año a los miembros de la Sagrada Familia, amigos y familiares se convierte en la Carta de Navidad de la Comunidad vicarial que juntas formamos. Esta carta anual toma el relevo a Shekinah que sentimos mucho no poder continuar.
Una Carta de Navidad que viene de diferentes lugares, diferentes continentes y que lleva en sí el perfume de la sencillez, de la sobriedad y el sabor de la vida que deseamos compartir con ustedes. Relectura sencilla de los principales acontecimientos que han jalonado la vida cotidiana de las hermanas en Nagoda, en Oteiza, en la Solitude, en Posadas.
Con toda la Iglesia, deseamos ardientemente la venida del Señor al corazón de la noche de nuestro mundo… Y es el nacimiento de un Niño quien hace despuntar la luz del Día. Él es la Luz infinita. Con Él, nace también una nueva manera de vivir y de amar, de esperar y de comunicar.
Navidad es cada día, cada instante. ¡Que la noche de Belén ilumine el Nuevo Año! Ánimo y confianza, el Señor está ahí. ¡Que Él sea su alegría y su Paz!
Hna. Bernadette Taurinya
Vicaria
Las cartas - castellano (2)

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14 de diciembre de 2010

Las monjas de Lerma dejan de ser clarisas para crear su propia familia religiosa: Iesu Communio

El Monasterio de Lerma y La Aguilera, la comunidad de clausura con más vocaciones del mundo, se constituye en un nuevo Instituto religioso.

Benedicto XVI firmó el pasado 4 de diciembre un decreto por el que se constituye un nuevo Instituto Religioso de Derecho Pontificio: Iesu Communio. De esta manera el Monasterio de Lerma-La Aguilera, en el que viven más de 130 religiosas, la mayoría de ellas jóvenes, dejan la orden clarisa y pasan a desarrollar un nuevo carisma.
La Iglesia, con esta decisión, aprueba una camino renovador de la vida contemplativa y da su espaldarazo a que pueda extender el nuevo carisma, con las peculiaridades que ha hecho de Lerma-La Aguilera un caso único, a nivel mundial, de vocaciones comtemplativas.
A continuación reproducimos el comunicado oficial de la comunidad religiosa de Lerma-La Aguilera:
Ante las peticiones de información que nos llegan, queremos confirmar que hemos recibido notificación oral de la decisión de Su Santidad Benedicto XVI de aprobar nuestra forma propia de vida y erigir nuestra comunidad como un nuevo instituto religioso femenino de derecho pontificio, denominado "Iesu communio". Estamos a la espera de conocer los documentos pertinentes, por lo que en este momento no nos es posible proporcionar una información más detallada.
Esta decisión se produce después del estudio, por los organismos competentes de la Curia romana, de la documentación presentada a través del Sr. Arzobispo de Burgos, Mons. Francisco Gil Hellín, como respuesta a la petición por la que la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada había animado a la comunidad en 2009 a procurar definir con claridad la forma de vida a la que se sentía llamada por Dios. El Sr. Arzobispo recibió asimismo la comunicación oral de la decisión pontificia, que nos transmitió inmediatamente.
Hasta ahora se ha venido guardando la lógica y necesaria reserva, por tratarse de materia sometida al estudio y decisión de la Santa Sede. La aprobación que ahora se nos comunica contiene la gozosa novedad y la fuerte responsabilidad de confirmarnos en la vida que Dios había suscitado entre nosotras desde hace tiempo. Él es el protagonista de todo y en Él confiamos para que lleve a buen término la vida que ha comenzado.
Una vez difundida la noticia, a la espera del momento de hacer públicos los documentos oficiales, queremos expresar nuestra alegría y nuestra acción de gracias a Dios, a la Iglesia por su cuidado maternal, a nuestro querido Santo Padre y a nuestro Sr. Arzobispo.

¡Somos gracias a Cristo y a la Iglesia!
Comunidad de hermanas Lerma-La Aguilera

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9 de diciembre de 2010

Navidad visualizada desde la apocalíptica

Dicimebre 2010
Mari Carmen y Fernando Bermúdez, misioneros

“No temáis, yo he vencido al mundo” (Jn 16,33)Estamos siendo testigos de una de las mayores crisis de la historia. Es una crisis de humanidad. La globalización neoliberal ha llevado al mundo a una confusión y desequilibrio humano, abarcando todas sus dimensiones: económica, política, social, cultural, climática, religiosa, ética y espiritual. Ha entrado en crisis el sentido mismo de la vida del ser humano.
El sistema neoliberal actúa como un monstruo gigante, ante el cual parece que no se puede hacer nada y que hay que dejar las cosas como están aunque no nos gusten. En esta situación de crisis, como creyentes en Jesús, obligadamente nos vemos en la necesidad de volver la mirada a los tiempos antiguos de la iglesia naciente.
A finales del siglo I las comunidades cristianas vivieron también una situación de crisis. El imperio romano exigía a todos sus súbditos un sometimiento total al poder militar y a su estilo de vida. El emperador era considerado un dios al que había que rendirle culto.
Las comunidades cristianas se encontraron ante una disyuntiva: aceptar vivir sometidos al pensamiento único del imperio o rechazar la idolatría imperial viviendo marginados e incluso perseguidos. Algunos claudicaron, pero la mayoría resistió y no pocos fueron asesinados. El Apocalipsis describe la resistencia de las comunidades frente al imperio aportando un mensaje de fortaleza y de esperanza. Llama a los cristianos a enfrentar con valor y firmeza la lucha diaria contra el mal, porque Cristo resucitado está a nuestro lado y sólo él tiene en sus manos el destino de la historia humana. El Apocalipsis ofrece la clave para interpretar los acontecimientos de la historia a la luz de la fe.
Ahora no tenemos el imperio romano, pero tenemos otro imperio más poderoso y maligno que se ha constituido en el señor del mundo: el sistema capitalista neoliberal globalizado, que ha convertido el planeta en un gran mercado. Este es hoy el monstruo del Apocalipsis. Destruye la vida de los pobres y del medio ambiente, es causante del hambre de dos terceras partes de la humanidad, provoca guerras de ocupación (Palestina, Afganistán, Iraq, Congo, Sahara…) arrasando pueblos y sembrando destrucción y muerte; e impone valores contrarios al espíritu de justicia y de misericordia proclamado por el evangelio de Jesús.
El monstruo se afana en dominar el mundo y someter la conciencia de los pueblos. Su ética es la ambición económica, el engaño y la violencia. Su dios el poder y el dinero. El monstruo entrega el poder a la bestia (Ap 13, 2-4). Ésta representa a todas aquellas personas e instituciones que defienden y personifican los intereses del monstruo: Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, Organización Mundial de Comercio, Banco Central Europeo, Reserva Federal de Estados Unidos, Wall Street…, que han impuesto una dictadura de los mercados, un “terrorismo financiero”. El monstruo ha idolatrizado el mercado.
No hay otro dios que el mercado. Las corporaciones transnacionales han tomado a todo el planeta como su campo de acción, haciendo del libre mercado un dogma sagrado, un dios. Hoy más que nunca resuenan con fuerza aquellas palabras de Jesús: “¡No se puede servir a Dios y al dinero!”.
Vivimos en un mundo complejo en donde el poder invisible de los intereses económicos y geopolíticos mueve los hilos de la historia. ¿Cómo leemos esta realidad desde la fe? En los últimos tiempos del Antiguo Testamento, el pueblo hebreo vivió sometido a la tiranía del rey helénico Antíoco IV. El libro de Daniel, igual que el Apocalipsis, llama al pueblo a armarse de valor y firmeza para ofrecer resistencia al poder opresor. Infunde ánimo y esperanza a la comunidad que vive en una situación de crisis, porque la última palabra no la tienen los poderes imperiales sino el Dios de la vida, el Dios de los pobres.
Daniel describe el imperio con la visión de una estatua:
“Era una estatua majestuosa, una estatua gigantesca y de un brillo extraordinario. Su aspecto era impresionante. Tenía la cabeza de oro fino, el pecho y los brazos de plata, el vientre y los muslos de bronce, las piernas de hierro y los pies de hierro mezclado con barro…Pero una piedra se desprendió sin intervención humana, chocó con los pies de hierro y barro de la estatua y la hizo pedazos.
Del golpe se hicieron pedazos el hierro y el barro, el bronce, la plata y el oro, triturados como la paja cuando se limpia el trigo en verano, que el viento la arrebata sin dejar rastro. Y la piedra que deshizo la estatua creció hasta convertirse en una montaña grande” (Dn 2, 31-35).
El profeta se está refiriendo a los distintos imperios que han dominado al pueblo: el babilónico, el asirio, el egipcio y finalmente, el imperio griego macedónico. Posteriormente, el Apocalipsis se centrará en el imperio romano. La piedra que chocó con la estatua y la destrozó representa el reino de Dios, que es don gratuito del Espíritu y también esfuerzo del pueblo.
Es por eso que tenemos la certeza de que este imperio que hoy domina al mundo no es eterno. Caerá, como cayó la estatua de Daniel. El Apocalipsis proclama: “Cayó, cayó Babilonia la grande” (Ap.18, 2), refiriéndose a la Roma imperial. Es el grito de esperanza de los profetas antiguos como el de los profetas de nuestro tiempo. Tal vez no pase mucho tiempo en que la humanidad y sus líderes comprendan que con este sistema no hay futuro.
Muchos hombres y mujeres y movimientos sociales en todo el mundo, particularmente en los pueblos del sur, están descubriendo las flaquezas del monstruo, y a pesar de saberse débiles, desenmascaran su maldad y buscan estrategias para debilitarlo. Pedro Casaldáliga dice: “Somos soldados fracasados de una causa invencible”, porque es la causa de la justicia, la causa del amor, la causa de Jesús. La fuerza está en lo pequeño, en lo débil, en el niño de Belén. La última palabra no la tiene el poder del monstruo sino el Dios que se revela en Jesús y acompaña el caminar de los pobres de la tierra.
Tener esperanza en un mundo diferente es una amenaza para el monstruo neoliberal, que piensa que con él ha llegado el “fin de la historia”. Por eso, el monstruo trata de descalificar a los que sueñan en otro mundo posible, los llama demagogos, los difama e incluso los persigue y asesina.
El monstruo tiene la fuerza, las armas, el dinero y el poder, pero le falta la verdad, que la tienen aquellos hombres y mujeres, comunidades y movimientos sociales, que anhelan un mundo de justicia, de amor y de vida digna para todos sin exclusión, porque esta es la causa de Jesús, la causa de Dios. Desde su debilidad, Jesús en la gruta de Belén, grita: ¡No temáis, yo he vencido al monstruo! Navidad es un llamado a la resistencia y a la reconstrucción de la esperanza.

¡Feliz Navidad!

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8 de diciembre de 2010

María Inmaculada

Lucas 1, 26-38
María Inmaculada

Gracias, María, por tu libertad interior.
Gracias por anticipar nuestro destino.
Gracias por enseñarnos el rostro de una mujer creyente que,
aunque necesite preguntar y encontrar respuestas,
siempre está abierta a la Palabra.
Gracias por tu total disponibilidad que permitió nacer a Dios.
Actitud que propone el Nuevo Testamento
como la más adecuada para recibir y vivir el Reino.
Gracias por enseñarnos el valor de la libertad en nuestros actos.
Por ser ejemplo de diálogo.
Por aceptar el proyecto de Dios, en el que desde el principio ha habido una MUJER.
GRACIAS.

MARÍA+INM..

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5 de diciembre de 2010

No olvidar la conversión

5 de diciembre de 2010
Mateo 3, 1-12

"Convertíos porque está cerca el reino de Dios". Según Mateo, éstas son las primeras palabras que pronuncia Juan en el desierto de Judea. Y éstas son también las primeras que pronuncia Jesús, al comenzar su actividad profética, a orillas del lago de Galilea.
Con la predicación del Bautista comienza ya a escucharse la llamada a la conversión que centrará todo el mensaje de Jesús. No ha hecho todavía su aparición, y Juan está ya llamando a un cambio radical pues Dios quiere reorientar la vida hacia su verdadera meta.
Esta conversión no consiste en hacer penitencia. No basta tampoco pertenecer al pueblo elegido. No es suficiente recibir el bautismo del Jordán. Es necesario "dar el fruto que pide la conversión": una vida nueva, orientada a acoger el reino de Dios.
Esta llamada que comienza a escucharse ya en el desierto será el núcleo del mensaje de Jesús, la pasión que animará su vida entera. Viene a decir así: "Comienza un tiempo nuevo. Se acerca Dios. No quiere dejaros solos frente a vuestros problemas y conflictos. Os quiere ver compartiendo la vida como hermanos. Acoged a Dios como Padre de todos. No olvidéis que estáis llamados a una Fiesta final en torno a su mesa".
No nos hemos de resignar a vivir en una Iglesia sin conversión al reino de Dios. No nos está permitido a seguir a Jesús sin acoger su proyecto. El concilio Vaticano II lo ha declarado de manera clara y firme: "La Iglesia, al prestar ayuda al mundo y al recibir del mundo múltiple ayuda, no tiene más que una aspiración: que venga el reino de Dios y se realice la salvación del género humano.
Esta conversión no es sólo un cambio individual de cada uno, sino el clima que hemos de crear en la Iglesia, pues toda ella ha de vivir acogiendo el reino de Dios. No consiste tampoco en cumplir con más fidelidad las prácticas religiosas, sino en "buscar el reino de Dios y su justicia" en la sociedad.
No es suficiente cuidar en las comunidades cristianas la celebración digna de los "sacramentos" de la Iglesia. Es necesario, además, promover los "signos" del reino que Jesús practicaba: la acogida a los más débiles; la compasión hacia los que sufren; la creación de una sociedad reconciliada; el ofrecimiento gratuito del perdón; la defensa de toda persona.
Por eso, animado por un deseo profundo de conversión, el Vaticano II dice así: "La liturgia no agota toda la actividad de la Iglesia, pues para que los hombres puedan llegar a la celebración, es necesario que antes sean llamados a la fe y la conversión". No lo tendríamos que olvidar.

José Antonio Pagola

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3 de diciembre de 2010

2º Domingo de Adviento

La voz que clama

Llévame al desierto
y susúrrame, en el silencio,
tu palabra.
Condúceme por la ciudad
y grítame, entre el tráfico y el barullo,
tu palabra.
Álzame por encima de mis problemas
y desvélame, con gracia y ternura,
tu palabra.
/.../
Déjame en el corazón de las personas
y espera, Señor, que crezca en mí
tu palabra.
Ulibarri Fl.

Adviendo 02 Domingo -A- VOZ Del DESIERTO -5 Diciembre10

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29 de noviembre de 2010

Pastillas contra el dolor ajeno

No cuesta nada...

Acaban de anunciar que, a partir de mañana, venderán en todas las farmacias de España unas pastillas muy especiales. Tan especiales, que en vez de curar a quien las toma, cura a millones de personas ajenas, olvidadas, que no pueden tomar las medicinas que necesitan.
Se llaman "Pastillas contra el dolor ajeno".
Os sonará a chino, pero es muy fácil: Médicos Sin Fronteras va a vender estas pastillas, a un precio de 1€, para que, con la recaudación, se pueda tratar a millones de personas que sufren enfermedades olvidadas, como la enfermedad del sueño, el chagas, el sida infantil, el kala azar, la Tuberculosis, o la malaria. Son enfermedades que a nosotros no nos afectan, pero que en el tercer mundo causan estragos, porque las empresas farmacéuticas venden la medicación a "precio occidental", lo que imposibilita recibir tratamiento a las personas pobres.
Así que, por 1€, os venderán seis pastillas (en realidad son caramelos de mentol) con las que ayudaréis a tratar a quienes no pueden pagarse las medicinas.
Es un precio muy bajo a pagar, y nos lo ponen muy fácil: no nos piden que vayamos a África en una caravana solidaria, ni una mensualidad. Solo 1€. Menos que algunas chucherías. Menos que el autobús. Y podemos comprarlas en cualquier farmacia.

http://www.msf.es/pastillascontraeldolorajeno/compralas.php

Animaos, por favor. Y, además de colaborar vosotros, animáis a vuestras familias y amigos. Es solo 1€.
Que ruede la rueda..

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28 de noviembre de 2010

Tradiciones y origen de la corona de Adviento

Juanjo Romero
Director Técnico de InfoCatólica

El domingo comienza el Adviento. Estaba preparando un post explicando el origen de la «Corona de Adviento», una costumbre ajena a nuestra cultura que poco a poco se va asentando, y que simboliza el trascurso de las cuatro semanas hasta la Navidad. La configuración actual es de origen luterano, pero forma parte ya de la tradición católica.
Aun a riesgo de ser un poco extenso, le he pedido permiso a Pedro Manuel Merino y Adolfo Ivorra para republicar un artículo suyo aparecido en lexorandi.es. Una estupenda página que sigo hace tiempo, referencia del rito mozárabe y que trae unos artículos sobre historia de la liturgia y costumbres sensacionales. Queda claro que la recomiendo vivamente, ¿no?
A mi me ayuda mucho conocer el por qué de las oraciones y las costumbres, supongo que a alguno más también. Y en esta ocasión con doble motivo, es una costumbre eminentemente familiar, una ocasión perfecta para la catequesis de nuestros hijos y para hacer hogar.

http://infocatolica.com/blog/delapsis.php/1011250303-tradiciones-y-origen-de-la-co#more10525

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Signos de los tiempos

28 de noviembre de 2010
Mateo 24,37-44

Los evangelios han recogido de diversas formas la llamada insistente de Jesús a vivir despiertos y vigilantes, muy atentos a los signos de los tiempos. Al principio, los primeros cristianos dieron mucha importancia a esta "vigilancia" para estar preparados ante la venida inminente del Señor. Más tarde, se tomó conciencia de que vivir con lucidez, atentos a los signos de cada época, es imprescindible para mantenernos fieles a Jesús a lo largo de la historia.
Así recoge el Vaticano II esta preocupación: "Es deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo los signos de esta época e interpretarlos a la luz del Evangelio, de forma que, acomodándose a cada generación, pueda responder a los perennes interrogantes de la humanidad sobre el sentido de la vida presente y futura...".
Entre los signos de estos tiempos, el Concilio señala un hecho doloroso: "Crece de día en día el fenómeno de masas que, prácticamente, se desentienden de la religión". ¿Cómo estamos leyendo este grave signo? ¿Somos conscientes de lo que está sucediendo? ¿Es suficiente atribuirlo al materialismo, la secularización o el rechazo social a Dios? ¿No hemos de escuchar en el interior de la Iglesia una llamada a la conversión?
La mayoría se ha ido marchando silenciosamente, sin sacar ruido alguno. Siempre han estado mudos en la Iglesia. Nadie les ha preguntado nada importante. Nunca han pensado que podían tener algo que decir. Ahora se marchan calladamente. ¿Qué hay en el fondo de su silencio? ¿Quién los escucha? ¿Se han sentido alguna vez acogidos, escuchados y acompañados en nuestras comunidades?
Muchos de los que se van eran cristianos sencillos, acostumbrados a cumplir por costumbre sus deberes religiosos. La religión que habían recibido se ha desmoronado. No han encontrado en ella la fuerza que necesitaban para enfrentarse a los nuevos tiempos. ¿Qué alimento han recibido de nosotros? ¿Dónde podrán ahora escuchar el Evangelio? ¿Dónde podrán encontrarse con Cristo?
Otros se van decepcionados. Cansados de escuchar palabras que no tocan su corazón ni responden a sus interrogantes. Apenados al descubrir el "escándalo permanente" de la Iglesia. Algunos siguen buscando a tientas. ¿Quién les hará creíble la Buena Noticia de Jesús?
Benedicto XVI viene insistiendo en que el mayor peligro para la Iglesia no viene de fuera, sino que está dentro de ella misma, en su pecado e infidelidad. Es el momento de reaccionar. La conversión de la Iglesia es posible, pero empieza por nuestra conversión , la de cada uno.

José Antonio Pagola

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27 de noviembre de 2010

1º Domingo de Adviento

¡Oh Profundidad infinita que asomas por doquier!,
danos la obertura de la mente y del corazón
para que podamos reconocerte en todo.
Que cada instante sea el camino por el que volvamos a ti
del mismo modo que tú vienes a nosotros en cada situación.
Que todo momento sea la oportunidad y la celebración
de este encuentro que se hace transparente a tu Presencia”.
Javier Melloni

Adviento 1 Domingo -A- 28-11-10

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14 de noviembre de 2010

Para tiempos difíciles

14 de noviembre de 2010
Lucas 21, 5-19

Los profundos cambios socioculturales que se están produciendo en nuestros días y la crisis religiosa que sacude las raíces del cristianismo en occidente, nos han de urgir más que nunca a buscar en Jesús la luz y la fuerza que necesitamos para leer y vivir estos tiempos de manera lúcida y responsable.
Llamada al realismo. En ningún momento augura Jesús a sus seguidores un camino fácil de éxito y gloria. Al contrario, les da a entender que su larga historia estará llena de dificultades y luchas. Es contrario al espíritu de Jesús cultivar el triunfalismo o alimentar la nostalgia de grandezas. Este camino que a nosotros nos parece extrañamente duro es el más acorde a una Iglesia fiel a su Señor.
No a la ingenuidad. En momentos de crisis, desconcierto y confusión no es extraño que se escuchen mensajes y revelaciones proponiendo caminos nuevos de salvación. Éstas son las consignas de Jesús. En primer lugar, «que nadie os engañe»: no caer en la ingenuidad de dar crédito a mensajes ajenos al evangelio, ni fuera ni dentro de la Iglesia. Por tanto, «no vayáis tras ellos»: No seguir a quienes nos separan de Jesucristo, único fundamento y origen de nuestra fe.
Centrarnos en lo esencial. Cada generación cristiana tiene sus propios problemas, dificultades y búsquedas. No hemos de perder la calma, sino asumir nuestra propia responsabilidad. No se nos pide nada que esté por encima de nuestras fuerzas. Contamos con la ayuda del mismo Jesús: «Yo os daré palabras y sabiduría»… Incluso en un ambiente hostil de rechazo o desafecto, podemos practicar el evangelio y vivir con sensatez cristiana.
La hora del testimonio. Los tiempos difíciles no han de ser tiempos para los lamentos, la nostalgia o el desaliento. No es la hora de la resignación, la pasividad o la dimisión. La idea de Jesús es otra: en tiempos difíciles «tendréis ocasión de dar testimonio». Es ahora precisamente cuando hemos de reavivar entre nosotros la llamada a ser testigos humildes pero convincentes de Jesús, de su mensaje y de su proyecto.
Paciencia. Ésta es la exhortación de Jesús para momentos duros: «Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas». El término original puede ser traducido indistintamente como "paciencia" o "perseverancia". Entre los cristianos hablamos poco de la paciencia, pero la necesitamos más que nunca. Es el momento de cultivar un estilo de vida cristiana, paciente y tenaz, que nos ayude a responder a nuevas situaciones y retos sin perder la paz ni la lucidez.
José Antonio Pagola

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12 de noviembre de 2010

Tiempo Ordinario 33 C

A veces andamos buscando a Dios donde no está. Lo encontraremos, buscándolo en lo pequeño y en los pequeños de la vida. Dios se hizo hombre, y ya sólo a través de los hombres lo encontraremos.
Dios está en cada acontecimiento que vivimos, en las dificultades y en las alegrías. Sal de ti, búscalo, hazte preguntas, acércate a los que te precisen, y lo encontrarás.

Tiempo Ordinario 33 C La ESPERANZA Es POSIBLE 14 Noviembre 10 -C

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11 de noviembre de 2010

Me confieso progresista

IGNACIO VIZCAGÜENAGA ARRIORTUA,
Asesor Religioso de la Comunidad Laical Trinitaria Algorta

Como cristiano me veo necesariamente progresista. Me explico: quiero para el ser humano, para todo ser humano, un futuro mejor; lo quiero más libre, con más dignidad, más respetado. Deseo para él una libertad física, social, política, económica, psicológica, religiosa mayor, arraigada y sustentada en la libertad interior, espiritual, fruto de múltiples conquistas íntimas. Lo sueño más provisto de valores, de ideales, de criterios éticos y de proyectos. Defiendo y promuevo ese futuro.
Mi fe cristiana, lejos de bloquear estos anhelos, me los activa con urgencia. Sueño con la revolución que Jesús encendió en la historia. Su vida y su mensaje es un gigantesco foro que proyecta luz y fuerza sin cesar en dirección al progreso humano.
La fe cristiana es una llamada a madurar como persona, a crecer en amor y solidaridad, en respeto y tolerancia con el “otro”. A su luz, el “otro”, cercano o lejano étnica y culturalmente, se me muestra como don -no como rival-, como riqueza familiar, como parte de ese gran Nosotros, sólo dentro del cual me es dado realizarme como persona. El otro es mi hermano. La pluralidad, la diferencia, la descubro como valor a respetar y a cultivar en la comunión de la unidad mundial. Por ello mi fe me lleva a entablar con todos, con independencia de su piel, de su cultura o su credo, relaciones fraternas, solidarias. Vínculos de amistad, de respeto y de gratitud.
También ante el Otro (Dios), mi fe me sitúa en actitud gozosa y esperanzada, en talante progresista. Veo a Dios, no como a Alguien que bloquea mi dignidad y crecimiento, sino como quien fundamenta y catapulta mi desarrollo humano “cargando” mis pilas sin sustituirme en mi responsabilidad; quien me invita a deponer mis infantilismos y a asumir esperanzado mi adultez creativa. El Dios que he encontrado en Jesús es Amor, Padre. Es Luz y vida. A esa luz me “autocomprendo” mejor, y se me renueva e ilumina también toda mi “cosmovisión”; me veo en mi admirable identidad, con todo su recorrido inmanente-trascendente, con mis responsabilidades indeclinables constitutivamente relacionado con Dios y con todos los humanos, abierto al entero cosmos, respetuoso con la naturaleza.
Sí, este Dios, lejos de obstruir el progreso humano, me lo propone como “proyecto” personal y familiar, como tarea esencial humana. Y tan insustituible es Dios en el progreso humano que, sin él, nos extraviamos, pervertimos nuestra identidad y vocación. Pensad en Auschwitz, Nagasaki, los Gulags… Eso sí, dejemos a Dios ser Dios; no lo manipulemos, haciendo imágenes suyas desde nuestros intereses, a nuestra imagen y semejanza. Clavemos los ojos en Jesús, “Dios con nosotros”, a la luz de su Espíritu. Entiendo que el progreso humano está hecho de conocimientos y experiencias, de investigación y de vida. Defiendo la ciencia y la técnica al servicio del progreso humano. Subrayo humano.
Como progresista estoy en contra de esa apoteosis de la superficialidad y de la trivialización en nuestra cultura, de ese intento de forjar un modelo de hombre “light”, sin criterios ni valores, con la moda como eje, con la televisión como sustento intelectual, con tanta literatura “cleenex”, filtrada hasta en muchos “best sellers”. Rechazo tanta inmadurez e irresponsabilidad ante el sexo, ante la vida y la muerte.
Denuncio ese reventón de atropellos que genera un consumismo y hedonismo desbocados y que atenta contra derechos fundamentales de los más débiles. Un progreso que deja su camino sembrado de innumerables cadáveres inocentes merece otro nombre. Denuncio, por ello, que llamemos también “progreso” a lo que es su degeneración y su muerte. Jesús nos enseñó que el progreso humano va siempre en dirección al Amor y a la Vida. En dirección a la Felicidad, cuyos contenidos y camino nos señaló.

EcleSALia 20 de septiembre de 2010
Artículo enviado por la comunidad laical como testimonio del pensamiento de Ignacio, falleció el pasado 8 de agosto de 2010

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10 de noviembre de 2010

Algunas claves para la Misión

José Antonio Pagola

Del resentimiento a una lectura positiva de la crisis.
De una Iglesia que interviene «desde fuera» a una Iglesia que camina
De una Iglesia, «lugar de salvación» a una Iglesia «signo de salvación».
Del esquema de la oferta y la demanda a la dinámica del diálogo
De la imposición de un sistema religioso a la propuesta de la fe.
De la conservación de la Comunidad constituida a la Misión
De la repetición de la herencia a la creatividad
Algunas c..

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9 de noviembre de 2010

Actualizar la pedagogía ante el mundo cambiado

Leonardo Boff
01/10/10

Todos los viernes Leonardo Boff publica su artículo de la semana, el que reproducimos a continuación nos ofrece lo que podemos llamar un decálogo para cambiar el mundo elaborado por Clodovis Boff. Merece la pena leerlo y difundirlo.
Siglos de guerras, de enfrentamientos, de luchas entre pueblos y de conflictos de clase nos están dejando una amarga lección. Este método primario y reduccionista no nos ha hecho más humanos, ni nos aproxima más unos a otros, ni mucho menos nos ha traído la tan ansiada paz. Vivimos en permanente estado de sitio y llenos de miedo. Hemos alcanzado un estadio histórico que, en palabras de la Carta de la Tierra, «nos convoca a un nuevo comienzo». Esto requiere una pedagogía, fundada en una nueva conciencia y en una visión incluyente de los problemas económicos, sociales, culturales y espirituales que nos desafían.
Esta nueva conciencia, fruto de la mundialización, de las ciencias de la Tierra y de la vida y también de la ecología nos está mostrando un camino a seguir: entender que todas las cosas son interdependientes y que ni siquiera las oposiciones están fuera de un Todo dinámico y abierto. Por esto, no cabe separar sino integrar, incluir en vez de excluir; reconocer, sí, las diferencias, pero buscar también las convergencias, y en lugar del gana-pierde, buscar el gana-gana.
Tal perspectiva holística está influenciando los procesos educativos. Tenemos un maestro inolvidable, Paulo Freire, que nos enseñó la dialéctica de la inclusión y a poner «y» donde antes poníamos «o». Debemos aprender a decir «sí» a todo lo que nos hace crecer, en lo pequeño y en lo grande.
Fray Clodovis Boff acumuló mucha experiencia trabajando con los pobres en Acre y en Río de Janeiro. En la línea de Paulo Freire, nos entregó un librito que se ha convertido en un clásico: Cómo trabajar con el pueblo. Y ahora, ante los desafíos de la nueva situación del mundo, ha elaborado un pequeño decálogo de lo que podría ser una pedagogía renovada. Vale la pena transcribirlo y considerarlo, pues puede ayudarnos, y mucho.

«1. Sí al proceso de concientización, al despertar de la conciencia crítica y al uso de la razón analítica (cabeza). Pero sí también a la razón sensible (corazón) donde se enraízan los valores y de donde se alimentan el imaginario y todas las utopías.

2. Sí al ‘sujeto colectivo’ o social, al ‘nosotros’ creador de historia (‘nadie libera a nadie, nos liberamos juntos’). Pero sí también a la subjetividad de cada uno, al ‘yo biográfico’, al ‘sujeto individual’ con sus referencias y sueños.

3. Sí a la ‘praxis política’, transformadora de las estructuras y generadora de nuevas relaciones sociales, de un nuevo ‘sistema’. Y sí también a la ‘práctica cultural’ (simbólica, artística y religiosa), ‘transfiguradora’ del mundo y creadora de nuevos sentidos o, simplemente, de un nuevo ‘mundo vital’.

4. Sí a la acción ‘macro’ o societaria (en particular a la ‘acción revolucionaria’), la que actúa sobre las estructuras. Pero sí también a la acción ‘micro’, local y comunitaria (‘revolución molecular’) como base y punto de partida del proceso estructural.

5. Sí a la articulación de las fuerzas sociales en forma de ‘estructuras unificadoras’ y centralizadas. Pero sí también a la articulación en ‘red’, en la cual por una acción descentralizada, cada nudo se vuelve centro de creación, de iniciativas y de intervenciones.

6. Sí a la ‘crítica’ de los mecanismos de opresión, a la denuncia de las injusticias y al ‘trabajo de lo negativo’. Pero sí también a las propuestas ‘alternativas’, a las acciones positivas que instauran lo ‘nuevo’ y anuncian un futuro diferente.

7. Sí al ‘proyecto histórico’, al ‘programa político’ concreto que apunta hacia una ‘nueva sociedad’. Pero sí también a las ‘utopías’, a los sueños de la ‘fantasía creadora’, a la búsqueda de una vida diferente, en fin, de ‘un mundo nuevo’.

8. Sí a la ‘lucha’, al trabajo, al esfuerzo para progresar, sí a la seriedad del compromiso. Y sí también a la ‘gratuidad’ tal como se manifiesta en el juego, en el tiempo libre, o simplemente, en la alegría de vivir.

9. Sí al ideal de ser ‘ciudadano’, de ser ‘militante’ y ‘luchador’, sí a quien se entrega lleno de entusiasmo y coraje a la causa de la humanización del mundo. Pero también sí a la figura del ‘animador’, del ‘compañero’, del ‘amigo’, en palabras sencillas, sí a quien es rico en humanidad, en libertad y en amor.

10. Sí a una concepción ‘analítica’ y científica de la sociedad y de sus estructuras económicas y políticas. Pero sí también a la visión ‘sistémica’ y ‘holística’ de la realidad, vista como totalidad viva, integrada dialécticamente en sus varias dimensiones: personal, de género, social, ecológica, planetaria, cósmica y trascendente».

Fuente: Koinonia
Leonardo Boff es teólogo, filósofo y escritor

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8 de noviembre de 2010

A todos los periódicos

José Ignacio González Faus

Llevo diez años colaborando en este diario. Pensé varias veces en un artículo como el de hoy; pero temía que no lo publicaran o me agradecieran los servicios prestados. Y he aquí que ahora comienza el tema a romper el cascarón de silencio en el que estaba encerrado...
El pasado 23 de septiembre se celebra el día contra la trata de seres humanos. Con este motivo me dirijo hoy a toda la prensa escrita que, a la hora de escribir sus editoriales, nunca deja de proclamar altos criterios éticos (aunque suele tolerar las críticas aún menos que la santa madre iglesia). Quisiera hacer una petición casi desesperada, para que todos los diarios dejen de publicar anuncios de prostitución, camuflados bajo eufemismos de encuentros, contactos y demás.
La trata de mujeres constituye una de las esclavitudes más ominosas de nuestro tiempo. La prostituta de hoy ya no es la Manon Lescaut del s. XVIII; ni siquiera la Sonia de Dostoyevski del XIX. Según testimonio de Iñaki Gabilondo, en un telediario de la 4, más del 90% de las mujeres que ejercen la prostitución en nuestro país, lo hacen a la fuerza. La mitad son auténticas esclavas, traídas desde fuera con engaños, secuestradas, sin documentación y obligadas, además, a pagar una supuesta deuda contraída por el pasaje a España. Otras acabaron así por culpa del paro, o por la necesidad de enviar dinero a la familia en Nigeria o Colombia. Su jornada “laboral” es extenuante, expuesta a mil humillaciones de clientes que, en el fondo, se odian a sí mismos, y a contraer el SIDA por puro capricho o comodidad del que paga. Debajo del dibujo que insinúa unos pechos o una sonrisa laten verdaderos torrentes de lágrimas; y más al fondo se mueven unas mafias tan crueles y poderosas como las del narcotráfico. Podemos defender la libertad sexual, pero contribuir a una esclavitud sexual en nombre de la libertad sexual es pura hipocresía. Y publicar anuncios que dicen: “quince jóvenes deliciosas, precios anticrisis” degrada la dignidad de la mujer y de quien publique ese anuncio.
Sin embargo, tanto el mundo de la progresía como el de la moralidad antigua tienden un pudoroso velo sobre este drama. Hacemos campañas extemporáneas contra un burka absurdo pero muy minoritario, y no movemos un dedo para evitar que tengan que quitarse la ropa infinidad de pobres criaturas que no son propiedad de un marido machista y celoso sino de una mafia tiránica y avarienta. Damos horrorizados cifras de violencia de género, pero callamos sobre esta otra violencia igualmente sexista. Dedicamos páginas y páginas al mundial de fútbol: si le duele tal o cual músculo a alguno de nuestros ídolos a punto para el próximo partido; pero ni una palabra sobre el transporte obligado de mujeres a Sudáfrica para relajar a jugadores millonarios e hinchas locos, extenuados por el esfuerzo. Por suerte, la ministra de igualdad parece que está ¡por fin! ocupándose del tema; con mucho retraso pero más vale tarde que nunca. Y hablo de retraso porque éste es un problema mucho más urgente que el aborto (que a ella le parecía “ya superado”); y más urgente que dedicar, en plena crisis económica, varios miles de euros a un estudio sobre la estimulación sexual femenina (¿o es que lo hizo pensando entretener a las mujeres que habrán de gastar menos durante la crisis?)...
Quede claro que no estoy hablando en general de legalizar o no la prostitución. Ese es otro tema más amplio. Ahora se trata sólo de una parte de él que es un auténtico terrorismo interesadamente oculto. No sé calcular cuántas pérdidas supondría para los diarios renunciar a estos anuncios: me dicen que más de las que sospecho. Pues estoy dispuesto a renunciar a la modesta contribución que percibo por mis artículos, si ello puede aliviarles algo... También sé que suprimir esos anuncios no solucionaría el problema de la trata de mujeres, pero creo que aumentaría nuestra dignidad. Y si no, me atrevo a preguntar a cualquier director o accionista de un periódico qué haría si uno de esos anuncios fuese de su propia hija.
Hace poco me vi con una muchacha admirable de un instituto secular que se dedica, entre otras cosas, a ayudar a estas mujeres. Me contó que había venido hasta muy cerca del lugar donde estábamos citados, acompañada por una chica de su barrio que iba a hacer la calle. “Tú vas a ver a un amigo y yo voy a hacer de puta”, le dijo al separarse. Y al contármelo se le asomaba una lágrima a los ojos, a pesar de tanto y tanto como lleva visto. Al despedirnos comentamos que hubo un “líder religioso” al que ambos intentamos seguir, que merecería el mayor aplauso y la mayor admiración aunque fuera sólo por haber dicho simplemente: “las prostitutas irán al Reino de los cielos delante de todos vosotros” (Mt 21,31).
Y termino con esa frase: porque añadir algo sería estropearla.

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7 de noviembre de 2010

A Dios no se le mueren sus hijos

7 de noviembre de 2010
Lucas 20,27-38

Jesús ha sido siempre muy sobrio al hablar de la vida nueva después de la resurrección. Sin embargo, cuando un grupo de aristócratas saduceos trata de ridiculizar la fe en la resurrección de los muertos, Jesús reacciona elevando la cuestión a su verdadero nivel y haciendo dos afirmaciones básicas.
Antes que nada, Jesús rechaza la idea pueril de los saduceos que imaginan la vida de los resucitados como prolongación de esta vida que ahora conocemos. Es un error representarnos la vida resucitada por Dios a partir de nuestras experiencias actuales.
Hay una diferencia radical entre nuestra vida terrestre y esa vida plena, sustentada directamente por el amor de Dios después de la muerte. Esa Vida es absolutamente "nueva". Por eso, la podemos esperar pero nunca describir o explicar.
Las primeras generaciones cristianas mantuvieron esa actitud humilde y honesta ante el misterio de la "vida eterna". Pablo les dice a los creyentes de Corinto que se trata de algo que "el ojo nunca vio ni el oído oyó ni hombre alguno ha imaginado, algo que Dios ha preparado a los que lo aman".
Estas palabras nos sirven de advertencia sana y de orientación gozosa. Por una parte, el cielo es una "novedad" que está más allá de cualquier experiencia terrestre, pero, por otra, es una vida "preparada" por Dios para el cumplimiento pleno de nuestras aspiraciones más hondas. Lo propio de la fe no es satisfacer ingenuamente la curiosidad, sino alimentar el deseo, la expectación y la esperanza confiada en Dios.
Esto es, precisamente, lo que busca Jesús apelando con toda sencillez a un hecho aceptado por los saduceos: a Dios se le llama en la tradición bíblica «Dios de Abrahán, Isaac y Jacob». A pesar de que estos patriarcas han muerto, Dios sigue siendo su Dios, su protector, su amigo. La muerte no ha podido destruir el amor y la fidelidad de Dios hacia ellos.
Jesús saca su propia conclusión haciendo una afirmación decisiva para nuestra fe: «Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos; porque para él todos están vivos». Dios es fuente inagotable de vida. La muerte no le va dejando a Dios sin sus hijos e hijas queridos. Cuando nosotros los lloramos porque los hemos perdido en esta tierra, Dios los contempla llenos de vida porque los ha acogido en su amor de Padre.
Según Jesús, la unión de Dios con sus hijos no puede ser destruida por la muerte. Su amor es más fuerte que nuestra extinción biológica. Por eso, con fe humilde nos atrevemos a invocarlo: "Dios mío, en Ti confío. No quede yo defraudado" (salmo 25,1-2).
José Antonio Pagola

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5 de noviembre de 2010

Tiempo Ordinario 32 C

CREO
No sé cómo será la nueva tierra,
y vivo en ese empeño.
No sé cómo serán los cielos nuevos,
y con esa esperanza me desvivo.
Pero una cosa sé, y eso me basta…
que creo en ti, Señor y Padre nuestro,
mi roca, mi vida, mi esperanza.
Me basta tu Palabra, Arquitecto del mundo.
Me basta tu Promesa, Inventor de la vida,
Ingeniero de todos nuestros sueños.
Me bastas tú, Señor y Padre nuestro,
para vivir despiert@ en la tarea de renovar la tierra,
cerrar los ojos cuando llegue el día
y despertar gozosamente sorprendid@ en el cielo
sorpresa de un amor sorprendente y desmedido,
como el que Tú nos tienes, Señor y Padre nuestro.

Tiempo Ordinario 32 -C- Vida en cia 7-11-10

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4 de noviembre de 2010


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31 de octubre de 2010

¿Puedo cambiar?

31 de octubre de 2010
Lucas 19,1-10

Lucas narra el episodio de Zaqueo para que sus lectores descubran mejor lo que pueden esperar de Jesús: el Señor al que invocan y siguen en las comunidades cristianas «ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido». No lo han de olvidar.
Al mismo tiempo, su relato de la actuación de Zaqueo ayuda a responder a la pregunta que no pocos llevan en su interior: ¿Todavía puedo cambiar? ¿No es ya demasiado tarde para rehacer una vida que, en buena parte, la he echado a perder? ¿Qué pasos puedo dar?
Zaqueo viene descrito con dos rasgos que definen con precisión su vida. Es «jefe de publicanos» y es «rico». En Jericó todos saben que es un pecador. Un hombre que no sirve a Dios sino al dinero. Su vida, como tantas otras, es poco humana.
Sin embargo, Zaqueo «busca ver a Jesús». No es mera curiosidad. Quiere saber quién es, qué se encierra en este Profeta que tanto atrae a la gente. No es tarea fácil para un hombre instalado en su mundo. Pero éste deseo de Jesús va a cambiar su vida.
El hombre tendrá que superar diferentes obstáculos. Es «bajo de estatura», sobre todo porque su vida no está motivada por ideales muy nobles. La gente es otro impedimento: tendrá que superar prejuicios sociales que le hacen difícil el encuentro personal y responsable con Jesús.
Pero Zaqueo prosigue su búsqueda con sencillez y sinceridad. Corre para adelantarse a la muchedumbre, y se sube a un árbol como un niño. No piensa en su dignidad de hombre importante. Sólo quiere encontrar el momento y el lugar adecuado para entrar en contacto con Jesús. Lo quiere ver.
Es entonces cuando descubre que también Jesús le está buscando a él pues llega hasta aquel lugar, lo busca con la mirada y le dice: "El encuentro será hoy mismo en tu casa de pecador". Zaqueo se baja y lo recibe en su casa lleno de alegría. Hay momentos decisivos en los que Jesús pasa por nuestra vida porque quiere salvar lo que nosotros estamos echando a perder. No los hemos de dejar escapar.
Lucas no describe el encuentro. Sólo habla de la transformación de Zaqueo. Cambia su manera de mirar la vida: ya no piensa sólo en su dinero sino en el sufrimiento de los demás. Cambia su estilo de vida: hará justicia a los que ha explotado y compartirá sus bienes con los pobres. Tarde o temprano, todos corremos el riesgo de "instalarnos" en la vida renunciando a cualquier aspiración de vivir con más calidad humana. Los creyentes hemos de saber que un encuentro más auténtico con Jesús puede hacer nuestra vida más humana y, sobre todo, más solidaria.

José Antonio Pagola

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30 de octubre de 2010

Europa cerrada

Parece hipócrita la tenacidad con que Europa procura evitar la llegada de inmigrantes africanos, cuando no son otra cosa que el residuo patético de sus correrías coloniales durante siglos.
Europa cerrada (FILEminimizer)

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29 de octubre de 2010

Tiempo Ordinario 31C

Leví, el recaudador pobre que monta una fiesta porque Jesús le ha llamado.
Zaqueo, el recaudador rico que da su dinero a los pobres
porque Jesús se ha invitado a comer a su casa.
El "buen ladrón", que estará aquella tarde con Jesús en el Paraíso sin pagar nada por su crímenes,
sin siquiera decir que se arrepiente.
Y nosotros, exigiendo penitencia para conseguir el perdón,
implorando mil veces la misericordia por los pecados,
suplicando a Dios que no esté eternamente enojado...
¿Por qué hemos cambiado tanto?
José Enrique Galarreta

Tiempo Ordinario 31 -C- ZAQUEO 31-10-10

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28 de octubre de 2010

A una cristiana divorciada

No te conozco, pero tu rostro sufriente es el de muchas, y con eso me basta. También a Jesús le bastaría, pero él además conoce tu rostro y tu nombre, y si tú se lo permites, posará dulcemente sus labios en tu frente, y le contarás tus penas. Tú le harás feliz y él aliviará tus penas.
Nada sé de ti sino el dolor de un amor frustrado (¿a quién le importan las razones?) y el doble dolor de no poder comulgar porque compartes tu vida con otro compañero; el Derecho Canónico te llama adúltera, y te prohíbe acercarte a la mesa de Jesús. Así de inhumano puede ser el Derecho Canónico cuando pone cualquier ley por encima de la carne que goza y sufre; cuanto más sagrada se considere, más perversa es la ley. Así de inhumana puede ser la Iglesia cuando alza los cánones por encima de las personas con sus penas y su dicha.
Yo te aseguro, amiga, que Jesús te besa en la frente y te dice: “¿Cómo puedes dudar en venir a recibirme, amiga mía, si soy yo quien siempre está deseando recibirte? ¿Por qué vacilas en compartir mi pan, si lo que más me gustó siempre fue comer con gente tachada de pecadora por leyes hipócritas, y por ello fui yo también condenado? Un día me sentí especialmente seguro del Dios de la vida, y me brotó del alma una sentencia redonda que los canonistas puntillosos jamás han entendido: El sábado es para el ser humano y no el ser humano para el sábado (Mc 2,27) (decir ‘el sábado’ era para nosotros, los judíos, como decir la ley más sagrada e inviolable, ¡imagínate!). Creo que, vagamente, tenía tu rostro ante mí cuando pronuncié esa máxima rotunda y feliz. Y fueron historias como la tuya las que inspiraron al profeta Isaías aquel oráculo divino que siempre llevé grabado en las entrañas: Misericordia quiero y no sacrificios (Mt 9,13). Yo no quise decir otra cosa en las parábolas de mis días más inspirados. No hagas caso, pues, de normas inhumanas, déjate llevar libremente adonde el corazón te guíe. Invítame, por favor, a tu mesa, y saborearemos juntos el pan y el vino santos de Dios”.
Así te habla Jesús, amiga. Así hablaba a todas las personas heridas: Venid a mí, todas las que estáis fatigadas y agobiadas, y yo os aliviaré (Mt 11,18). Claro que no faltará quien te recuerde, con mejor o peor intención, que Jesús prohibió a un hombre separarse de su mujer e irse con otra, y a una mujer separarse del marida e irse con otro: Lo que Dios unió, que no lo separe el hombre (Mc 10,9). Sí, es probable que Jesús hablara así, y no dejará de recordártelo cualquier canonista severo, y puede que algún clérigo sin entrañas te niegue ostensiblemente la comunión, cuando te acerques a la mesa de Jesús, hambrienta del cuerpo de Dios. No te aflijas por ello, no se lo tomes a mal, y busca en paz a alguien –serán innumerables– que te dé la comunión tan gustosamente como te la daría Jesús, porque él nunca se la negó a nadie, a nadie se negó, eso sí que no. Es más, el pan y el vino que compartes en casa con tu compañero, consagrados por vuestro amor, ya son para ti el mismo Jesús.
Y si te encuentras de frente con el clérigo o el teólogo inflexible, dile sin acritud y con firmeza: “Amigo, Jesús te ordenó solemnemente que, si te abofetean en una mejilla, presentes la otra (Mt 5,39). ¿Acaso lo cumples? Y si no lo cumples, ¿cómo es que vas a comulgar? Jesús te ordenó que, cuando un hermano tenga algo contra ti, no te acerques al altar sin haberte reconciliado primero (Mt 5,23-24). Yo tengo algo contra ti, porque tú me señalas con el dedo y me niegas la comunión y me hieres el alma. ¿Cómo te atreves a presentar tu ofrenda en el altar y a tomar el pan consagrado? ¿Te parece acaso que esos mandatos de Jesús son menos importantes que la indisolubilidad del matrimonio? Recuerda, amigo: Misericordia quiero, y no sacrificios. Y recuerda que el sábado se hizo para el ser humano y no el ser humano para el sábado. Y comprende que si Jesús quiso que marido y mujer no rompieran, no fue para cumplir ningún mandato divino, menos aún para aumentar dolores en el mundo, sino en todo caso para ahorrarlos. Yo creo que Jesús nunca quiso salvar el amor en abstracto –¿tú quieres acaso defender los derechos del amor abstracto, del amor en general, o del amor por decreto? Un amor así yo no me lo puedo ni imaginar, ni puedo concebir que le guste a Dios–. Yo creo que a Jesús le interesaba solamente el amor de carne y nombre propio. Y creo que el dolor y la dicha fueron siempre su razón y su criterio”.
Amiga, no te garantizo que con estos argumentos vayas a persuadir al canonista o al clérigo. Entonces, puedes decirles que si Jesús insistió en que la pareja – en aquel tiempo no había todavía “matrimonio canónico” – no se ha de romper, fue ante todo para que la parte más débil –entonces ciertamente la mujer– no se quedara tirada en el camino, pues aún no existían ni las calles. O puedes simplemente refrescarles la memoria, recordarles la historia, ante la que no resiste ninguna norma absoluta. Puedes decirle, por ejemplo, que ya en los orígenes San Pablo y San Mateo, ellos al menos, admitieron excepciones para la supuesta “indisolubilidad” impuesta por Jesús: Pablo en el caso de parejas mixtas que no pueden vivir en paz (1 Cor 7,15), Mateo en el caso de “unión ilegítima” (Mt 19,9). Si ellos se permitieron esas excepciones – sobre cuyo alcance concreto no cesan de discutir los expertos–, ¿por qué nosotros no podremos permitirnos hoy las nuestras? Siguiendo su mismo lenguaje, ¿hay alguna unión más ilegítima que aquella en que el amor ya no existe y que no permite vivir en paz? Ésa es la pregunta decisiva, más allá de todos los cánones sagrados. Ése es el criterio evangélico, y por haberlo olvidado –y para salvar el cánon de la indisolubilidad–, nos hemos enredado en disquisiciones sobre la “nulidad” y en complejos procesos eclesiásticos cuyo desenlace depende directamente de las habilidades del abogado, las recomendaciones que uno tenga y los dineros que pueda uno gastar.
No, amiga. Es más sencillo. Dios nos llama a vivir en paz. Cuida el amor cuanto puedas, y cuando lleguen borrascas, procura salvarlo por tantas razones. Si amas y vives en paz con tu compañero o tu compañera, aun en medio de los conflictos cotidianos, eres sacramento de Dios. Pero si en tu primera pareja, por lo que fuera, han desaparecido el amor y la paz, habéis dejado de ser sacramento de Dios. Y si, en el incierto camino de la vida, has encontrado un nuevo compañero (o compañera, no lo sé), y se van curando tus heridas, y vuelves a amar y reencuentras la paz compartiendo el cuerpo y la vida, entonces eres de nuevo, sois de nuevo sacramento de Dios, aunque el Derecho Canónico te diga lo contrario.
Comulga en paz, amiga. Mastica despacio el pan en tu boca. Saborea a Jesús, a Dios, saborea la vida.
José Arregi


Para orar.
GUSTAD Y VED QUÉ BUENO ES EL SEÑOR (Sal 33)

Como el pan, así es de bueno,
Un pan mejor que el maná,
Se parte para dar vida,
Plenitud y eternidad.

Bueno el Señor, como el vino
Que alegra sin embriagar,
Entusiasma y enamora,
Como el vino de Caná.

Es bueno como caricia,
Como perdón paternal,
Como encuentro del amigo,
Como abrazo maternal.

Bueno como medicina,
Como flor primaveral,
Como música inspirada,
Como agua del manantial.

Es como el mejor perfume,
Como aceite de paz,
Como el viento que libera,
Como hoguera familiar.

Es tan bueno como el Padre
Que no sabe castigar,
Que entrega sin pedir cuentas,
Que se alegra en perdonar.

Como el Hijo, así es de bueno
Que a otros hijos va a salvar,
Se deja morir por ellos,
Se deja transverberar.

Es bueno como el Espíritu,
Que llueve sin descansar,
Todo lo llena de vida,
Artista de santidad.

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25 de octubre de 2010

Encuentro animadores y hermanas apostólicas acompañantes 2010

Los días 1, 2 y 3 de octubre pasados fueron convocados una vez más, en D. Ramón de la Cruz, los animadores y apostólicas acompañantes de los grupos de laicos que hay repartidos por toda la geografía española.
Un Encuentro intenso, caracterizado por el trabajo conjunto, la convivencia y la comunicación de noticias; todo ello necesario para que estos encuentros cumplan el objetivo para el que han sido creados: el enriquecimiento de los grupos de laicos en un ambiente de intercambio de experiencias y relaciones conjuntas.
No faltaron en ésta ocasión los momentos de oración, así como un trabajo por grupos que luego se puso en común en una asamblea general, sobre tres bloques de nuestros estatutos (aquellos artículos que nos hablan de la formación, compromiso y estructura). Lo recogido se seguirá trabajando en el Comité Intercontinental de Laicos, cara a la preparación de la Asamblea General de Laicos que se celebrará en 2012.
No faltó tampoco una revisión de aquellos aspectos (problemas, necesidades y propuestas de los grupos) que fueron recogidos en el encuentro de animadores de 2009. Así mismo, el Comité Nacional procedió a informar de varias cuestiones de interés; entre ellas la inmediata incorporación de Lidia Lizarraga, hermana apostólica, al Comité Nacional de Laicos.
Terminó éste Encuentro, agradeciendo los presentes, la buena marcha de Encuentro, el clima creado, el enfoque del trabajo propuesto y la organización realizada por el Comité Nacional.
Desde éste Comité, queremos agradecer la presencia, esfuerzo y dedicación de todos los asistentes a éste Encuentro, no olvidando la cálida acogida que siempre nos muestran las hermanas de la comunidad de D. Ramón de la Cruz.
EL COMITÉ NACIONAL DE ASOCIADOS LAICOS

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21 de octubre de 2010

El mundo sigue teniendo hambre

El Día mundial de la alimentación, que se conmemoró anteayer, debería servir para concienciar a las naciones sobre el problema alimentario mundial y fortalecer la solidaridad en la lucha contra el hambre, la desnutrición y la pobreza. Sin embargo, según un informe hecho público por la organización Derecho a la alimentación, ha habido un incumplimiento masivo por parte de los gobiernos 5091 días después del acuerdo mundial que tomaron en Roma para acabar con el hambre en el planeta Tierra. Los estómagos de casi la quinta parte de la población siguen estando vacíos.
Por Lucas de la Cal Martín para GEA PHOTOWORDS

El mundo sigue teniendo hambre. A pesar de que muchos informes aseguran lo contrario, lo cierto es que en el tiempo que dure la lectura de este artículo a uno de cada seis seres humanos les crujirá el estómago de inanición. La celebración, como cada año, del Día Mundial de la Alimentación (16 de octubre) vuelve a poner sobre la mesa los platos vacíos de la injusticia que rige este planeta. Uno de los más sangrantes es el incumplimiento de casi todos los acuerdos internacionales para mejorar la vida de los más desfavorecidos.
Del 13 al 17 de noviembre de 1996 se celebró en Roma la primera Cumbre Mundial de la Alimentación. Fueron cinco días de reuniones al más alto nivel con representantes de 185 países. Este acontecimiento histórico, convocado en la sede de la FAO en Roma, reunió a unos 10.000 participantes y constituyó un foro para el debate sobre una de las cuestiones más importantes con que se enfrentarían los dirigentes mundiales en la finalización del segundo milenio y el comienzo del tercero: la erradicación del hambre en el mundo.
Más información http://geaphotowords.com/blog/?p=3883#more-3883

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Ya estamos de vuelta

¡Bienvenidos a tod@s!
Queremos daros la bienvenida despues de las vacaciones y de vuelta a la rutina y el quehacer diario, con las pilas ya cargadas, comenzamos este nuevo curso con ilusión y ganas de seguir siendo un enlace común a toda la Familia para mantener el contacto y la cercanía de todos sus miembros con la información que nos hacéis llegar a través de vuestros enlaces.
GRACIAS A TODOS POR VUESTRA COLABORACIÓN E INTERÉS.

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29 de agosto de 2010

Sin esperar nada a cambio

29 de agosto de 2010
Lucas 14, 1.7-14

Jesús está comiendo invitado por uno de los principales fariseos de la región. Lucas nos indica que los fariseos no dejan de espiarlo. Jesús, sin embargo, se siente libre para criticar a los invitados que buscan los primeros puestos e, incluso, para sugerir al que lo ha convidado a quiénes ha de invitar en adelante.
Es esta interpelación al anfitrión la que nos deja desconcertados. Con palabras claras y sencillas, Jesús le indica cómo ha de actuar: «No invites a tus amigos ni a tus hermanos ni a tus parientes ni a los vecinos ricos». Pero, ¿hay algo más legítimo y natural que estrechar lazos con las personas que nos quieren bien? ¿No ha hecho Jesús lo mismo con Lázaro, Marta y María, sus amigos de Betania?
Al mismo tiempo, Jesús le señala en quiénes ha de pensar: «Invita a los pobres, lisiados, cojos y ciegos». Los pobres no tienen medios para corresponder a la invitación. De los lisiados, cojos y ciegos, nada se puede esperar. Por eso, no los invita nadie. ¿No es esto algo normal e inevitable?
Jesús no rechaza el amor familiar ni las relaciones amistosas. Lo que no acepta es que ellas sean siempre las relaciones prioritarias, privilegiadas y exclusivas. A los que entran en la dinámica del reino de Dios buscando un mundo más humano y fraterno, Jesús les recuerda que la acogida a los pobres y desamparados ha de ser anterior a las relaciones interesadas y los convencionalismos sociales.
¿Es posible vivir de manera desinteresada? ¿Se puede amar sin esperar nada a cambio? Estamos tan lejos del Espíritu de Jesús que, a veces, hasta la amistad y el amor familiar están mediatizados por el interés. No hemos de engañarnos. El camino de la gratuidad es casi siempre duro y difícil. Es necesario aprender cosas como éstas: dar sin esperar mucho, perdonar sin apenas exigir, ser más pacientes con las personas poco agradables, ayudar pensando sólo en el bien del otro.
Siempre es posible recortar un poco nuestros intereses, renunciar de vez en cuando a pequeñas ventajas, poner alegría en la vida del que vive necesitado, regalar algo de nuestro tiempo sin reservarlo siempre para nosotros, colaborar en pequeños servicios gratuitos.
Jesús se atreve a decir al fariseo que lo ha invitado: «Dichoso tú si no pueden pagarte». Esta bienaventuranza ha quedado tan olvidada que muchos cristianos no han oído hablar nunca de ella. Sin embargo, contiene un mensaje muy querido para Jesús: "Dichosos los que viven para los demás sin recibir recompensa. El Padre del cielo los recompensará".
José Antonio Pagola

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22 de agosto de 2010

No todo vale

22 de agosto de 2010
Lucas 13, 22-30

Jesús va caminando hacia Jerusalén. Su marcha no es la de un peregrino que sube al templo para cumplir sus deberes religiosos. Según Lucas, Jesús recorre ciudades y aldeas “enseñando”. Hay algo que necesita comunicar a aquellas gentes: Dios es un Padre bueno que ofrece a todos su salvación. Todos son invitados a acoger su perdón.
Su mensaje sorprende a todos. Los pecadores se llenan de alegría al oírle hablar de la bondad insondable de Dios: también ellos pueden esperar la salvación. En los sectores fariseos, sin embargo, critican su mensaje y también su acogida a recaudadores, prostitutas y pecadores: ¿no está Jesús abriendo el camino hacia una relajación religiosa y moral inaceptable?
Según Lucas, un desconocido interrumpe su marcha y le pregunta por el número de los que se salvarán: ¿serán pocos?, ¿serán muchos?, ¿se salvarán todos?, ¿sólo los justos? Jesús no responde directamente a su pregunta. Lo importante no es saber cuántos se salvarán. Lo decisivo es vivir con actitud lúcida y responsable para acoger la salvación de ese Dios Bueno. Jesús se lo recuerda a todos: «Esforzaos por entrar por la puerta estrecha».
De esta manera, corta de raíz la reacción de quienes entienden su mensaje como una invitación al laxismo. Sería burlarse del Padre. La salvación no es algo que se recibe de manera irresponsable de un Dios permisivo. No es tampoco el privilegio de algunos elegidos. No basta ser hijos de Abrahán. No es suficiente haber conocido al Mesías.
Para acoger la salvación de Dios es necesario esforzarnos, luchar, imitar al Padre, confiar en su perdón. Jesús no rebaja sus exigencias: «Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso»; «No juzguéis y no seréis juzgados»; «Perdonad setenta veces siete» como vuestro Padre; «Buscad el reino de Dios y su justicia».
Para entender correctamente la invitación a «entrar por la puerta estrecha», hemos de recordar las palabras de Jesús que podemos leer en el evangelio de Juan: «Yo soy la puerta; si uno entra por mí será salvo» (Juan 10,9). Entrar por la puerta estrecha es «seguir a Jesús»; aprender a vivir como él; tomar su cruz y confiar en el Padre que lo ha resucitado.
En este seguimiento a Jesús, no todo vale, no todo da igual; hemos de responder al amor de Padre con fidelidad. Lo que Jesús pide no es rigorismo legalista, sino amor radical a Dios y al hermano. Por eso, su llamada es fuente de exigencia, pero no de angustia. Jesucristo es una puerta siempre abierta. Nadie la puede cerrar. Sólo nosotros si nos cerramos a su perdón.

José Antonio Pagola

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20 de agosto de 2010

Tiempo Ordinario 21C

Busco la puerta que me conduce al banquete del Reino.
La puerta de un hospital para visitar a personas enfermas.
La puerta que traspaso para pedir perdón y para perdonar.
La puerta de la compasión, de la solidaridad y del buen corazón
La puerta por la que salgo para contemplar y admirar la Naturaleza.
La puerta... ...
Detrás de muchas puertas cotidianas descubro a Dios,
si me esfuerzo por atravesarlas.
Tiempo Ordinario 21 C NO TODO VALE

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8 de agosto de 2010

Los necesitamos más que nunca

8 de agosto de 2010
Lucas 12, 32-48

Las primeras generaciones cristianas se vieron muy pronto obligadas a plantearse una cuestión decisiva. La venida de Cristo resucitado se retrasaba más de lo que habían pensado en un comienzo. La espera se les hacía larga. ¿Cómo mantener viva la esperanza? ¿Cómo no caer en la frustración, el cansancio o el desaliento?
En los evangelios encontramos diversas exhortaciones, parábolas y llamadas que sólo tienen un objetivo: mantener viva la responsabilidad de las comunidades cristianas. Una de las llamadas más conocidas dice así: «Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas». ¿Qué sentido pueden tener estas palabras para nosotros, después de veinte siglos de cristianismo?
Las dos imágenes son muy expresivas. Indican la actitud que han de tener los criados que están esperando de noche a que regrese su señor, para abrirle el portón de la casa en cuanto llame. Han de estar con «la cintura ceñida», es decir, con la túnica arremangada para poder moverse y actuar con agilidad. Han de estar con «las lámparas encendidas» para tener la casa iluminada y mantenerse despiertos.
Estas palabras de Jesús son también hoy una llamada a vivir con lucidez y responsabilidad, sin caer en la pasividad o el letargo. En la historia de la Iglesia hay momentos en que se hace de noche. Sin embargo, no es la hora de apagar las luces y echarnos a dormir. Es la hora de reaccionar, despertar nuestra fe y seguir caminando hacia el futuro, incluso en una Iglesia vieja y cansada.
Uno de los obstáculos más importantes para impulsar la transformación que necesita hoy la Iglesia es la pasividad generalizada de los cristianos. Desgraciadamente, durante muchos siglos los hemos educado, sobre todo, para la sumisión y la pasividad. Todavía hoy, a veces parece que no los necesitamos para pensar, proyectar y promover caminos nuevos de fidelidad hacia Jesucristo.
Por eso, hemos de valorar, cuidar y agradecer tanto el despertar de una nueva conciencia en muchos laicos y laicas que viven hoy su adhesión a Cristo y su pertenencia a la Iglesia de un modo lúcido y responsable. Es, sin duda, uno de los frutos más valiosos del Vaticano II, primer concilio que se ha ocupado directa y explícitamente de ellos.
Estos creyentes pueden ser hoy el fermento de unas parroquias y comunidades renovadas en torno al seguimiento fiel a Jesús. Son el mayor potencial del cristianismo. Los necesitamos más que nunca para construir una Iglesia abierta a los problemas del mundo actual, y cercana a los hombres y mujeres de hoy.
José Antonio Pagola

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7 de agosto de 2010

Tiempo Ordinario 19C

Conozco bien al hombre (ser humano) -dice Dios-.
soy yo quien le he hecho, de modo que...

Yo creo que sé tratar al hombre (ser humano).
como que es mi oficio
y la libertad una creación mía.
Y sé que puedo pedir al hombre (ser humano) mucho corazón,
mucha justicia y mucho sacrificio,
y que tiene gran fe y gran caridad...

Pero lo que no hay manera de lograr, vaya por Dios,
es un poco de esperanza,
un poco de confianza, de reposo, de calma,
un poco de abandono en mis manos.

Me gusta el hombre (ser humano) que se abandona en mis brazos
como el bebé que se ríe y que no se ocupa de nada
y ve el mundo a través de los ojos de su madre.

...// ...

Yo creo que podríais despreocuparos durante una noche
y que, al día siguiente, no encontraríais
vuestros asuntos demasiado estropeados...
¡Quizá los encantraseis algo mejor!,
porque os amo como a las niñas de mis ojos,
y estoy atento a vuestras penas, lloros y novillos...
aun a los que no os atrevéis a confesar en público...

Quizá esta noche...
(Péguy, Ch.)

Tiempo Ordinario 19 -C- Viligancia y Servicio 8 Agosto 10

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1 de agosto de 2010

Desenmascarar la insensatez

1 de agosto de 2010
Lucas 11, 13-21

El protagonista de la pequeña parábola del "rico insensato" es un terrateniente como aquellos que conoció Jesús en Galilea. Hombres poderosos que explotaban sin piedad a los campesinos, pensando sólo en aumentar su bienestar. La gente los temía y envidiaba: sin duda eran los más afortunados. Para Jesús, son los más insensatos.
Sorprendido por una cosecha que desborda sus expectativas, el rico propietario se ve obligado a reflexionar: «¿Qué haré?». Habla consigo mismo. En su horizonte no aparece nadie más. No parece tener esposa, hijos, amigos ni vecinos. No piensa en los campesinos que trabajan sus tierras. Sólo le preocupa su bienestar y su riqueza: mi cosecha, mis graneros, mis bienes, mi vida...
El rico no se da cuenta de que vive encerrado en sí mismo, prisionero de una lógica que lo deshumaniza vaciándolo de toda dignidad. Sólo vive para acumular, almacenar y aumentar su bienestar material: «Construiré graneros más grandes, y almacenaré allí todo el grano y el resto de mi cosecha. Y entonces me diré a mí mismo: Hombre, tienes bienes acumulados para muchos años; túmbate, come y date buena vida».
De pronto, de manera inesperada, Jesús le hace intervenir al mismo Dios. Su grito interrumpe los sueños e ilusiones del rico: «Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será?». Ésta es la sentencia de Dios: la vida de este rico es un fracaso y una insensatez.
Agranda sus graneros, pero no sabe ensanchar el horizonte de su vida. Acrecienta su riqueza, pero empequeñece y empobrece su vida. Acumula bienes, pero no conoce la amistad, el amor generoso, la alegría ni la solidaridad. No sabe dar ni compartir, sólo acaparar. ¿Qué hay de humano en esta vida?
La crisis económica que estamos sufriendo es una "crisis de ambición": los países ricos, los grandes bancos, los poderosos de la tierra... hemos querido vivir por encima de nuestras posibilidades, soñando con acumular bienestar sin límite alguno y olvidando cada vez más a los que se hunden en la pobreza y el hambre. Pero, de pronto nuestra seguridad se ha venido abajo.
Esta crisis no es una más. Es un "signo de los tiempos" que hemos de leer a la luz del evangelio. No es difícil escuchar la voz de Dios en el fondo de nuestras conciencias: "Basta ya de tanta insensatez y tanta insolidaridad cruel". Nunca superaremos nuestras crisis económicas sin luchar por un cambio profundo de nuestro estilo de vida: hemos de vivir de manera más austera; hemos de compartir más nuestro bienestar.

José Antonio Pagola

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30 de julio de 2010

Tiempo Ordinario 18C

"Lo que se necesita no es una resolución casuística por parte de un maestro,
sino una convicción personal de que la raíz de las desavenencias
en el seno de la familia y del mundo es la ambición y la codicia".
J. Fitzmyer
Tiempo Or 18..

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