30 de diciembre de 2011

La Fiesta de la Sagrada Familia

En el Oficio de Lectura de las Horas, leemos en la fiesta de la Sagrada Familia una afortunada alocución del Papa Pablo VI en su visita en 1964 a Nazaret.

Dice el Papa: "Nazaret es la escuela donde empieza a entenderse la vida de Jesús, es la escuela donde se inicia el conocimiento de su Evangelio.
Aquí aprendemos a observar, a escuchar, a meditar a penetrar en el sentido profundo y misterioso de esta sencillez humilde y encantadora manifestación del Hijo de Dios entre los hombres. Aquí se aprende incluso, quizá de una manera casi insensible, a imitar esta vida. Aquí se nos revela el método que nos hará descubrir quién es Cristo. Aquí comprendemos la importancia que tiene el ambiente que rodeó su vida durante su estancia entre nosotros y lo necesario que es el conocimiento de los lugares, los tiempos, las costumbres, el lenguaje, las costumbres y las prácticas religiosas, en una palabra, de todo aquello de lo que Jesús se sirvió para revelarse al mundo. Aquí todo habla, todo tiene un sentido. Aquí en esta escuela, comprendemos la necesidad de una disciplina espiritual si queremos seguir las enseñanzas del Evangelio y ser discípulos de Cristo. ¡Cómo quisiéramos ser otra vez niños y volver a esta humilde pero sublime escuela de Nazaret! ¡Cómo quisiéramos volver a empezar, junto a María, nuestra iniciación a la verdadera ciencia de la vida y a la más alta sabiduría de la verdad divina!
Pero estamos aquí como peregrinos y debemos renunciar al deseo de continuar en esta casa el estudio, nunca terminado, del conocimiento del Evangelio. Mas no partiremos de aquí sin recoger rápida, casi furtivamente, algunas enseñanzas de la lección de Nazaret.
Su primera lección es el silencio. Cómo desearíamos que se renovara y fortaleciera en nosotros el amor al silencio, este admirable e indispensable hábito del espíritu, tan necesario para nosotros, que estamos aturdidos por tanto ruido, tanto tumulto, tantas voces de nuestra ruidosa y en extremo agitada vida moderna. Silencio de Nazaret, enséñanos el recogimiento y la interioridad, enséñanos a estar siempre dispuestos a escuchar las buenas inspiraciones y la doctrina de los verdaderos maestros. Enséñanos la necesidad y el valor de una conveniente formación, del estudio, de la meditación, de una vida interior intensa, de la oración personal que sólo Dios ve. Se nos ofrece además una lección de vida familiar. Que Nazaret nos enseñe el significado de la familia, su comunión de amor, su sencilla y austera belleza, su carácter sagrado e inviolable, lo dulce e irreemplazable que es su pedagogía y lo fundamental e incomparable que es su función en el plano social.
Finalmente, aquí aprendemos también la lección del trabajo. Nazaret, la casa del hijo del artesano: cómo deseamos comprender más en este lugar la austera pero redentora ley del trabajo humano y exaltarla debidamente; restablecer la conciencia de su dignidad, de manera que fuera a todos patente; recordar aquí, bajo este techo, que el trabajo no puede ser un fin en sí mismo, y que su dignidad y la libertad para ejercerlo no provienen tan sólo de sus motivos económicos, sino también de aquellos otros valores que lo encauzan hacia un fin más noble.
Queremos finalmente saludar desde aquí a todos los trabajadores del mundo y señalarles al gran hermano, al gran modelo divino, al defensor de todas sus causas justas, es decir a Cristo, nuestro Señor."
20. Hemos celebrado la Navidad. José y María tienen un hijo y han constituido una familia. La liturgia nos ha introducido en los treinta años de la vida oculta de Nazaret para proponemos en las tres lecturas bíblicas, una breve teología de la familia. Entremos con respeto en la casa de Nazaret, mitad gruta, mitad casa. No vemos el confort que hace la ilusión de tantos, pero es rica en aquello que todos buscan afanosamente: el amor y la mutua comprensión. No se escuchan voces ásperas, ni se ven caras duras, ni gestos desabridos, ni actitudes de rebeldía. Es una familia unida, modelo de todas las familias.
21.-María faena en las cosas propias de una sencilla mujer de pueblo. Hila y teje, barre y lava, cocina, muele el trigo y amasa el pan de cada día. Adosado a la casita, vemos el cobertizo-taller de José. Aquí, desde que sale el sol hasta que se pone, la sierra y el martillo marcan el ritmo de un trabajo duro, necesario para el sustento de la familia. Trabajo convertido en oración, realizado como expresión de la voluntad de Dios. Jesús niño, y adolescente, sirve a María y ayuda a José. Sus manos se endurecen y su frente se baña en sudor con el trabajo manual. Del taller de Nazaret saldrá para cambiar la faz del mundo, con la predicación del Reino.
22. La familia de Nazaret es pobre, pero es feliz, la más feliz de las familias que han existido sobre la tierra, pero no exenta de dificultades. Tuvo sus problemas y angustias. Bajo la amenaza de muerte dictada por un déspota, tuvo que huir de noche buscando refugio en un país extranjero con los sufrimientos consiguientes, fácilmente imaginables si pensamos en los actuales catorce millones de refugiados esparcidos en todos los puntos cardinales huyendo de persecuciones políticas y religiosas. José lleva una vida de sobresalto: "Coge al Niño y a su madre y vete a Egipto. Herodes quiere matar al Niño". Jesús Niño que ha tenido que huir, va aprendiendo también que será ejecutado en la cruz, como los malhechores. "Nosotros morimos con razón, pero éste ¿qué mal ha hecho?". Y en el evangelio de hoy encontramos a la Sagrada Familia viviendo en Jerusalén uno de los mayores dramas humanos. Jesús, que ha cumplido los doce años, inaugura su adolescencia con un episodio de “ruptura” con la familia. Es la escena de Jesús perdido y hallado en el templo. ¡Qué ansia mortal para sus padres durante aquellos tres días, presagio para María de aquella “espada que le traspasará el alma”. María le dice: “Hijo, ¿por qué nos has tratado así?". “¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo había de estar en la casa de mi padre?”.
23. Ellos no le comprendieron. Pero aceptaron. Tampoco nosotros comprendemos, pero razonamos. Tratamos de buscar argumentos para justificar lo que pedimos, lo que deseamos, lo que buscamos. Quisiéramos que las cosas sucedieran como las planeamos nosotros, en cambio, “María conservaba todo esto en su corazón”. Así desde el anuncio del arcángel y el nacimiento del Hijo. Conservarlo, meditarlo, callarlo, absorberse en la contemplación. Lo ha llevado en su seno nueve meses, y le dio el pecho, y su leche se convertía en sangre de Dios. Y ella contemplaba, asombrada, abrumada. Lo estrechaba entre sus brazos y le decía: ¡Pequeñín mío!, pero se quedaba pensativa, y se decía: Es Dios, y la invadía un temor religioso. Dios estaba mudo, sólo reía, sonreía, lloraba. Los ángeles habían hablado y cantado, este terrible Niño, su Niño lindo y amable, no hablaba, callaba. ¡Qué enigma para una Madre que es Madre de Dios! Todas las madres se sienten atraídas por ese trozo de su carne que es su niño, y se sienten como en el exilio ante esta nueva vida, que ha sido hecha con la suya. Pero ningún niño ha sido jamás más rápidamente arrancado a su madre, porque él es Dios, y está por encima de todo lo que Ella puede imaginar. Pero, simultáneamente siente que el Cristo es su hijo, su pequeño, lo mira y piensa: Este Dios es hijo mío, esta carne divina es mi carne, está hecha de mí; tiene mis ojos, y esa forma de su boca es la forma de la mía, se parece a mí. Es Dios y se parece a mí. Tiene a su Dios para ella sola: un Dios crío al que puede coger en brazos y cubrirlo de besos; y que vive, y que da vida. Quisiera lograr la expresión de audaz ternura y timidez con que alarga sus dedos para tocar la dulce pequeña piel de este crío-Dios, cuyo pequeño peso cálido sintió sobre sus rodillas mientras le sonríe.
24 Jesús, José y María, sed el consuelo y la fuerza de todas las familias de la tierra para que sean trasuntos fieles de vuestra Sagrada Familia, renovando el empeño en el comienzo del Año Nuevo, que el Señor nos concede por su gracia. Visitadnos ahora y hacednos fuertes con la gracia de la Eucaristía. Amén.

29 de diciembre de 2011

Los orígenes de la Navidad

Benedicto XVI explica el misterio de la Navidad
LA DIFUSIÓN DE LA CELEBRACIÓN LITÚRGICA DE LA NAVIDAD FUE RÁPIDA. EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO IV SE VA EXTENDIENDO POR TODO EL MUNDO CRISTIANO: POR EL NORTE DE AFRICA (AÑO 360), POR CONSTANTINOPLA (AÑO 380), POR ESPAÑA (AÑO 384) O POR ANTIOQUÍA (AÑO 386). EN EL SIGLO V LA NAVIDAD ES UNA FIESTA CASI UNIVERSAL.

Texto sobre los orígenes de la celebración de la Navidad
Los cristianos de la primera generación, es decir, aquellos que escucharon directamente la predicación de los Apóstoles, conocían bien y meditaban con frecuencia la vida de Jesús. Especialmente los momentos decisivos: su pasión, muerte redentora y resurrección gloriosa.
También recordaban sus milagros, sus parábolas y muchos detalles de su predicación.
Era lo que habían oído contar a aquellos que habían seguido al Maestro durante su vida pública, que habían sido testigos directos de todos aquellos acontecimientos.
Acerca de su infancia sólo conocían algunos detalles que tal vez narrara el propio Jesús o su Madre, aunque la mayor parte de ellos María los conservaba en su corazón.
Cuando se escriben los evangelios sólo se deja constancia en ellos de lo más significativo acerca del nacimiento de Jesús. Desde perspectivas diferentes, Mateo y Lucas recuerdan los mismos hechos esenciales: queJesús nació en Belén de Judá, de la Virgen María, desposada con José, pero sin que Ella hubiese conocido varón. Además, hacia el final de los relatos sobre la infancia de Jesús, ambos señalan que después fueron a vivir a Nazaret.
Mateo subraya que Jesús es el Mesías descendiente de David, el Salvador en el que se han cumplido las promesas de Dios al antiguo pueblo de Israel. Por eso, como la pertenencia de Jesús al linaje de David viene dada por ser hijo legal de José, Mateo narra los hechos fijándose especialmente en el cometido del Santo Patriarca.
Por su parte, Lucas, centrándose en la Virgen —que representa también a la humanidad fiel a Dios—, enseña que el Niño que nace en Belén es el Salvador prometido, el Mesías y Señor, que ha venido al mundo para salvar a todos los hombres.

Los primeros cristianos no celebraban el cumpleaños
En el siglo II el deseo de saber más sobre el nacimiento de Jesús y su infancia hizo que algunas personas piadosas, pero sin una información histórica precisa,inventaran relatos fantásticos y llenos de imaginación. Se conocen algunos a través de los evangelios apócrifos. Uno de los relatos más desarrollados sobre el nacimiento de Jesús contenido en los apócrifos es el que se presenta en el llamado Protoevangelio de Santiago, según otros manuscritos, Natividad de María, escrito a mediados del siglo II.
En las primeras generaciones de cristianos la fiesta por excelencia era la Pascua, conmemoración de la Resurrección del Señor. Todos sabían bien en qué fechas había sido crucificado Jesús y cuándo había resucitado: en los días centrales de la celebración de la fiesta judía de la Pascua, en torno al día 15 de Nisán, es decir, el día de luna llena del primer mes de primavera. Sin embargo, posiblemente no conocían con la misma certeza el momento de su nacimiento. No formaba parte de las costumbres de los primeros cristianos la celebración del cumpleaños, y no se había instituido una fiesta particular para conmemorar el cumpleaños de Jesús.

La fecha del 25 de diciembre
Hasta el siglo III no tenemos noticias sobre el día del nacimiento de Jesús. Los primeros testimonios de Padres y escritores eclesiásticos señalan diversas fechas. El primer testimonio indirecto de que la natividad de Cristo fuese el 25 de diciembre lo ofrece Sexto Julio Africano el año 221. La primera referencia directa de su celebración es la delcalendario litúrgico filocaliano del año 354 (MGH, IX,I, 13-196): VIII kal. Ian. natus Christus in Betleem Iudeae (“el 25 de diciembre nació Cristo en Belén de Judea”). A partir del siglo IV los testimonios de este día como fecha del nacimiento de Cristo son comunes en la tradición occidental, mientras que en la oriental prevalece la fecha del 6 de enero.
Una explicación bastante difundida es que los cristianos optaron por ese día porque, a partir del año 274, el 25 de diciembre se celebraba en Roma el dies natalis Solis invicti, el día del nacimiento del Sol invicto, la victoria de la luz sobre la noche más larga del año. Esta explicación se apoya en que la liturgia de Navidad y los Padres de la época establecen un paralelismo entre el nacimiento de Jesucristo y expresiones bíblicas como «sol de justicia» (Ma 4,2) y «luz del mundo» (Jn 1,4ss.).
Sin embargo, no hay pruebas de que esto fuera así y parece difícil imaginarse que los cristianos de aquel entonces quisieran adaptar fiestas paganas al calendario litúrgico, especialmente cuando acababan de experimentar la persecución.

La relación entre pasión y encarnación
Otra explicación más plausible hace depender la fecha del nacimiento de Jesús de la fecha de su encarnación, que a su vez se relacionaba con la fecha de su muerte. En un tratado anónimo sobre solsticios y equinoccios se afirma que “nuestro Señor fue concebido el 8 de las kalendas de Abril en el mes de marzo (25 de marzo), que es el día de la pasión del Señor y de su concepción, pues fue concebido el mismo día que murió” (B. Botte, Les Origenes de la Noël et de l’Epiphanie, Louvain 1932, l. 230-33). En la tradición oriental, apoyándose en otro calendario, la pasión y la encarnación del Señor se celebraban el 6 de abril, fecha que concuerda con la celebración de la Navidad el 6 de enero.
La relación entre pasión y encarnación es una idea que está en consonancia con la mentalidad antigua y medieval, que admiraba la perfección del universo como un todo, donde las grandes intervenciones de Dios estaban vinculadas entre sí.
Se trata de una concepción que también encuentra sus raíces en el judaísmo, donde creación y salvación se relacionaban con el mes de Nisán.
El arte cristiano ha reflejado esta misma idea a lo largo de la historia al pintar en la Anunciación de la Virgen al niño Jesús descendiendo del cielo con una cruz.
Así pues, es posible que los cristianos vincularan la redención obrada por Cristo con su concepción, y ésta determinara la fecha del nacimiento. “Lo más decisivo fue la relación existente entre la creación y la cruz, entre la creación y la concepción de Cristo” (J. Ratzinger, El espíritu de la liturgia, 131).
La difusión de la celebración litúrgica de la Navidad fue rápida. En la segunda mitad delsiglo IV se va extendiendo por todo el mundo cristiano: por el norte de Africa (año 360), por Constantinopla (año 380), por España (año 384) o por Antioquía (año 386). En el siglo V la Navidad es una fiesta casi universal.

FRANCISCO VARO Profesor de Sagrada Escritura en la Facultad Teología de la Universidad de Navarra.

22 de diciembre de 2011

¡MIRA QUE ERES LOCO!

Nos han dicho que quieres volver a nacer esta Navidad.
Mira que eres loco ¿eh?
¿Pero no ves lo que somos y lo que estamos haciendo?
Y, sin embargo, Tú quieres venir.

Ya no sé si con tu gesto testarudo de volver cada Navidad
estás pretendiendo decirnos algo.
Que tenemos que dejar de ser lobos
para volver a ser hermanos.
Que no perdamos mucho tiempo en criticar
y nos pongamos seriamente a trabajar.

Que nadamos en abundancia
mientras hay hermanos, nuestros y tuyos,
que sufren hambre de pan, de cultura, de libertad y dignidad.
Que Tú tienes un mensaje que se llama Evangelio
que todavía no es Buena Noticia para todos,
porque nosotros lo malinterpretamos y malvivimos.

Que tenemos miedo de vivir
y cerramos nuestro corazón a los hermanos.
Que nos preocupamos mucho por nosotros,
y nos justificamos ante Ti dando limosnas.
Que no sabemos compartir,
y que Tú sigues encontrando nuestras puertas cerradas.

Si es así, Jesús,
ven a nuestras casas en esta Navidad.
Ven a nuestra ciudad, a nuestra parroquia,
a nuestro grupo.
Ven a nuestro mundo.
Y ven, antes que nada,
a nuestro corazón.

Navidad no es sólo el 25 de diciembre. Navidad es cualquier día en que un hombre se acerca a otro hombre para llamarle hermano y lo trata como hermano.
Tom Dooley

21 de diciembre de 2011

16 de diciembre de 2011

Es un acuerdo de mínimos y con un calendario demasiado lento

Cáritas. 9 de diciembre de 2011
“Desde nuestro punto de vista, el acuerdo de Durban ha sido un acuerdo de mínimos para salvar las negociaciones y el calendario propuesto es demasiado lento, ya que el cambio climático está provocando ya daños importantes a las poblaciones más desfavorecidas”. Esta es la reflexión de alcance que han transmitido esta misma mañana desde Durban Martín Lago e Inmaculada Cubillo, los dos representantes de Cáritas Española que participan en la Cumbre del Clima.
Necesidad de acciones inmediatas
En su análisis preliminar sobre los resultados de este decisivo encuentro para el futuro del cambio climático alertan también que “la posibilidad de entrar en un vacío después del primer período de Kyoto ha impulsado a los países a comprometerse a negociar un acuerdo climático vinculante, que, en el mejor de los escenarios, tomaría forma en 2015 y comenzaría a implementarse en 2020”. Esto significaría que el tiempo se estaría echando literalmente encima de los países en situación más vulnerable ante los efectos del cambio climático.
Por esa razón, los delgados de Cáritas Española insisten en la necesidad de “emprender acciones inmediatas a nivel de las comunidades y de la sociedad en general, tanto para dar a conocer esta realidad y tratar de tomar medidas adecuadas, como para mejorar las capacidades de las regiones más afectadas y ayudarlas a adaptarse a las nuevas condiciones climáticas”.
En palabras de Martín Lago, “esto supone reducir su vulnerabilidad ambiental conservando sus derechos, sobre todo en el caso de comunidades indígenas, poblaciones costeras o que viven en márgenes de ríos, agricultores tradicionales y todos aquellos cuyo medio de vida depende de los servicios ambientales”.

Reducir nuestra huella ecológica como consumidores
Desde Durban, Cáritas está lanzado también un llamamiento a la opinión pública mundial para impulsar “una sensibilización dirigida a reducir la huella ecológica de la sociedad, promocionando un estilo de vida más austero, más solidario y menos contaminante.
“Las opciones que tenemos como consumidores son enormes –explican Inma Cubillo y Martín Lago--, por tanto debemos primar las que favorecen un uso racional de los recursos y el trabajo digno de las personas. El comercio justo, el disfrute de los espacios naturales y el uso racional del transporte y la energía, son elementos clave que debemos considerar cotidianamente”.

CUMBRE CLIMA DURBAN CÁRITAS
http://cristianismoyecologia.blogspot.com/

15 de diciembre de 2011

Carta de Navidad desde Oteiza

Monasterio de Oteiza 2011 Como cada año, nos acercamos a vosotros para comunicaros a grandes rasgos lo vivido en el transcurso del año. CARTA DE NAVIDAD

14 de diciembre de 2011

Cáritas reclama en Durban «un acuerdo vinculante en el que las personas sean el centro de las negociaciones»

Cáritas. 7 de diciembre de 2011
La Cumbre sobre cambio climático convocada por las Naciones Unidas que se celebra en la ciudad sudafricana de Durban entra en su recta final, con la llegada de los ministros de todas las delegaciones oficiales para cerrar las negociaciones para alcanzar un nuevo acuerdo que sustituya el Protocolo de Kyoto, que expira en 2012.
Como explica desde Durban Martín Lago, uno de los dos expertos de Cáritas Española, que están participando en las sesiones de la Cumbre, “la Unión Europea desea un segundo período de vigencia del Protocolo de Kyoto, mientras que Estados Unidos exige un fuerte compromiso de las economías emergentes para sumarse a cualquier acuerdo vinculante. Pero, por otro lado, aunque China es receptiva a un compromiso legal, India no está dispuesta a ello y Brasil mantiene una posición ambigua, que contrasta con su apoyo histórico a la causa ambientalista”.
“Respecto al fondo verde --añade-- hay algunos países que quieren abrir de nuevo el debate sobre su definición, y esto se contempla como un riesgo que retrasaría su puesta en funcionamiento”. Con respecto a las fuentes de financiación, Martín asegura que “están fuera de la agenda y será el mismo fondo verde el que establezca un comité que identifique estas fuentes, que serán una mezcla de públicas y privadas”.
“Los delegados de los Gobiernos centroamericanos –subraya Martín Lago-- se han alarmado cuando la Convención no considera Centroamérica como zona de máximo riesgo climático, al igual que los Estados insulares, cuando el trabajo de Cáritas testimonia una elevadísima vulnerabilidad ambiental en Centroamérica”.
Tal y como recuerda este experto, “la propuesta de Cáritas en Durban pasa por considerar un imperativo la obtención de un acuerdo legal vinculante tras esta cumbre, ya que el Protocolo de Kioto expira en 2012. Por otra parte, las acciones emprendidas para adaptar a las poblaciones más vulnerables al cambio climático han resultado insuficientes. Es necesario un compromiso político mucho mayor”. Y añade: “Cáritas apuesta por poner a las personas en el centro de las negociaciones. Esto implica un fuerte compromiso político y una transformación económica para garantizar el derecho a la alimentación y a la dignidad de la familia global”.

Encuentro del cardenal Maradiaga con la Delegación oficial española
El presidente de Cáritas Internationalis, cardenal Oscar Rodriguez Maradiaga, mantuvo el pasado lunes 5 de diciembre un encuentro con los miembros de la Delegación del Gobierno español que participa en la Cumbre, integrada por Alicia Montalvo, directora de la oficina de Cambio Climático, y Paz Valiente, subdirectora general de Impactos y Adaptación de la misma oficina. Junto a ellos estuvieron presentes Martin Lago e Inmaculada Cubillo, los dos expertos de Cáritas Española que han acudido a la Cumbre, así como Patricio E. Sarlat, secretario ejecutivo de la Comisión Episcopal de Cáritas México, y Marco Gordillo, de CIDSE.
En ese encuentro, el cardenal señaló que la cuestión del cambio climático no debe limitarse a un debate de tipo financiero, sino que también es un tema científico sobre el que hay que escuchar las evidencias, como, por ejemplo, lo que sucede en Centroamérica, donde ya no afectan sólo los eventos climáticos del Caribe sino también los del Atlántico.
“Hay que traer la ética a las negociaciones –afirmó el purpurado-, porque el cambio climático afecta a las personas, especialmente a las más pobres, y en tiempos de crisis lo primero que se toca siempre es el dinero de los pobres”.
Para las dos representantes del Gobierno español, si se reduce la negociación al debate financiero, es probable que no se llegue a ningún sitio, aún más con la presencia de la crisis. Para Alicia Montalvo y Paz Valiente, se trata también de un debate medioambiental, con el que la Unión Europea está muy comprometida, aunque no tiene mucho margen de negociación. Según estas delegadas, se necesita un margen de confianza entre todos los negociadores y recordar que los países en desarrollo tienen su propia voz y compromisos, por lo que no hay que reducir la negociación a donantes y receptores, ya que todos tienen algo que aportar.
En la reunión, el presidente de Cáritas Internationalis señaló que la ciudadanía no está bien informada, porque sobre este tema se da una información muy técnica y política, sin acercarla a las personas. Por eso subrayó la importancia de la comunicación alternativa que hace Cáritas, con un trabajo comunitario de concienciación y prevención de daños por el cambio climático.

CUMBRE CLIMA DURBAN CÁRITAS
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13 de diciembre de 2011

Estad siempre alegres

Tercera semana de Adviento

El testimonio de la alegría es uno de los más necesarios. Algo central del Evangelio que tenemos muy olvidado. Pero no una alegría barata que se puede alquilar por horas ni se mide entre risa y risa o entre fiesta y fiesta. Ni siquiera brota al tener cubiertas nuestras necesidades.
La alegría cristiana es don de Dios, por lo tanto es regalo. Surge sin apenas darnos cuenta desde lo profundo del corazón y se manifiesta en el tono con que hacemos y vivimos las cosas. Es la certeza de sentirme amado y salvado.
Una alegría que necesariamente es expansiva y que necesita ser comunicada. Nuestro mundo está cansado de ver cristianos con perpetua cara de viernes santo. Ladrones de alegría especialistas en ácido, ironías y mal humor. Una alegría que no deja de abrazar la cruz y sabe que sin ella nunca será completa. La alegría es el mejor argumento de la fe. Un autor espiritual recoge en uno de sus textos las palabras de un aprendiz de ateo que decía: “Tengo necesidad de veros siempre tristes porque entonces me siento tranquilo y me convenzo una vez más de que Dios, no existe. El único momento en que me entran dudas, en que comienzo a sospechar que lo que cuentan en la Iglesia no son patrañas y que Dios puede que exista, es cuando os veo alegres”.
Alegres en todos los momentos y circunstancias de la vida, alegres aunque se derrumben nuestros planes, alegres aunque las lágrimas rueden de impotencia por nuestras mejillas porque sabemos, que en el fondo de nuestra vida, está Él y nunca nos dejará.

¿Cómo estás de alegría? ¿Posees un tono vital alegre o generalmente en todo lo que haces y dices se trasluce el amargor interno? ¿Es el Señor tu alegría? ¿Qué te falta o qué te sobra? ¿En medio del dolor eres capaz de encontrar razones para la alegría? ¿Transmites alegría a los demás? ¿Eres apóstol de alegría o vendedor de tormentas?

ORAR EN ADVIENTO

Nos alegramos en ti, Señor,
porque eres nuestra dicha,
nuestra suerte permanente.

A veces los hombres se afanan
porque les toque la lotería,
en el juego de la vida.
Creen que serán felices
cuando tengan más y más,
sin darse cuenta de que todo se acaba
como el vino en la bodega.

Pero tú eres nuestro gozo,
eres la dicha inacabable.
Allí donde todo termina te acercas tú.
Allí donde todo parece perder la esperanza
tú abres puertas de par en par.

Por eso tú eres nuestra alegría,
nuestro gozo en los callejones sin salida,
casi sin darnos cuenta.

Tú transformas nuestra existencia
en la alegría saboreada día a día. Amén.

7 de diciembre de 2011

Nuevo Comité Nacional de Asociados Laicos




Desde el blog queremos dar la bienvenida al nuevo Comité Nacional de Asociados Laicos que como todos sabéis se constituyó el pasado sábado 3 de diciembre en el XI Encuentro Nacional de Asociados Laicos. Quedó constituído por los siguientes miembros:
Eduardo Duro (Jaén 1)
Juanjo López (Valencia 2)
Patricia Pizarro (Guardamar)
Paco Ruíz (Jaén 2)
Desde aqui os agradecemos vuestra disponibilidad y servicio para trabajar por los laicos de España unidos a todas las demás vocaciones, y por supuesto agradecer al Comité saliente la labor que ha realizado durante estos últimos 4 años y el esfuerzo por estimular y reforzar el espíritu de Familia, acogida y apoyo a todos los miembros de la Familia. Además de estas nuevas incorporaciones, existen tres miembros más que aunque no cambian forman parte del Comité Nacional: Pilar García (Responsable Nacional y apostólica), Lidia Lizarraga (apostólica que acompaña los grupos de Alcalá 1 y 2) y Antonio Garrido (Líder europeo de los laicos que por derecho al ser nombrado se incorpora al Comité Nacional de su país). En la foto que está publicada sobre estas lineas, entre Juanjo y Patricia, aparece Javier Olmedo en representación de Eduardo Duro pues no estaba presente en la Asamblea cuando se nombró a los nuevos miembros del Comité.

4 de diciembre de 2011

Buena noticia

4 de diciembre de 2011
2 Adviento
Marcos 1, 1-8

A lo largo de este nuevo año litúrgico los cristianos iremos leyendo los domingos el evangelio de Marcos. Su pequeño escrito arranca con este título: «Comienza la Buena Noticia de Jesucristo, Hijo de Dios». Estas palabras nos permiten evocar algo de lo que encontraremos en su relato.
Con Jesús «comienza» algo nuevo. Es lo primero que quiere dejar claro Marcos. Todo lo anterior pertenece al pasado. Jesús es el comienzo de algo nuevo e inconfundible. En el relato, Jesús dirá que "el tiempo se ha cumplido". Con él llega la Buena Noticia de Dios.
Esto es lo que están experimentando los primeros cristianos. Quien se encuentra vitalmente con Jesús y penetra un poco en su misterio, sabe que empieza una vida nueva, algo que nunca había experimentado anteriormente.
Lo que encuentran en Jesús es una «Buena Noticia». Algo nuevo y bueno. La palabra «Evangelio» que emplea Marcos es muy frecuente entre los primeros seguidores de Jesús y expresa lo que sienten al encontrarse con él. Una sensación de liberación, alegría, seguridad y desaparición de miedos. En Jesús se encuentran con "la salvación de Dios".
Cuando alguien descubre en Jesús al Dios amigo del ser humano, el Padre de todos los pueblos, el defensor de los últimos, la esperanza de los perdidos, sabe que no encontrará una noticia mejor. Cuando conoce el proyecto de Jesús de trabajar por un mundo más humano, digno y dichoso, sabe que no podrá dedicarse a nada más grande.
Esta Buena Noticia es Jesús mismo, el protagonista del relato que va a escribir Marcos. Por eso, su intención primera no es ofrecernos doctrina sobre Jesús ni aportarnos información biográfica sobre él, sino seducirnos para que nos abramos a la Buena Noticia que sólo podremos encontrar en él.
Marcos le atribuye a Jesús dos títulos: uno típicamente judío, el otro más universal. Sin embargo reserva a los lectores alguna sorpresa. Jesús es el «Mesías» al que los judíos esperaban como liberador de su pueblo. Pero un Mesías muy diferente del líder guerrero que muchos anhelaban para destruir a los romanos. En su relato, Jesús es descrito como enviado por Dios para humanizar la vida y encauzar la historia hacia su salvación. Es la primera sorpresa.
Jesús es «Hijo de Dios», pero no dotado del poder y la gloria que algunos hubieran imaginado. Un Hijo de Dios profundamente humano, tan humano que sólo Dios puede ser así. Sólo cuando termina su vida de servicio a todos, ejecutado en una cruz, un centurión romano confiesa: "Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios". Es la segunda sorpresa.
José Antonio Pagola

Domingo 2º Adviento

Monasterio Sagrada Familia (Oteiza de Berrioplano)
Texto-homilía del Capellán, Ramón Sánchez-Lumbier

“¡Preparadle el camino al Señor!”. Lo pide la Iglesia hoy, y antes lo hicieron Isaías y Juan el Bautista. Todos avivando la esperanza y llamando a conversión. Porque el Señor está cerca. El pueblo sufría y clamaba y su Dios, conmovido, suscitaría gente que proporcionó aliento y consuelo: “Consolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios.” (cf. 1ª lect.).
Hermanas y amigos: se acaba el tiempo de la desgracia. Con alegría, hay que preparar el corazón porque viene el Señor. El heraldo de Jerusalén lo anunció: “Aquí está vuestro Dios. Mirad: Dios, el Señor llega con fuerza...”, poniendo corazón y vida, con inmensa ternura, “como un pastor lleva en brazos los corderos, cuida de las madres” (cf. 1ª lect.).
¿Cómo resuena hoy la Palabra de Dios? ¿Qué ecos encuentra en tu corazón? No vivimos aquí la angustia de la deportación ni sufrimos, al parecer, el yugo despótico de nada ni de nadie. Cierto es que no nos faltan problemas, personales y sociales. Más aún, tenemos la certeza de que en España y en el mundo van haciéndose más graves y más extensos. Y nos preocupan. Todos estamos “globalizados”. Somos convecinos de una “aldea global”, muy frágil aún, a pesar de no pocos progresos y triunfos en casi todos los campos. Gracias a Dios, sí, nos sabemos indigentes y queremos hacer nuestro el clamor del salmista: “Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación” (sal. resp.)
Adviento es, ante todo, tiempo para resituar mejor la esperanza en el Señor. El que ya vino en la humildad de nuestra carne es el “que vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos”. Por eso, se nos decía: “No perdáis de vista una cosa: para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir su promesa, como creen algunos. Lo que ocurre es que tiene mucha paciencia con vosotros, porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan…” (2ª lect.)
Se trata, sí, de clara exhortación a la fortaleza. ¿Cómo, si no, entender cuanto sigue?: “Pero nosotros, confiados en la promesa del Señor, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva, en que habite la justicia”... “Esperad y apresurad la venida del Señor…; por tanto, queridos hermanos, mientras esperáis estos acontecimientos, procurad que Dios os encuentre en paz con él, inmaculados e irreprochables”. Ciertamente, se trata de un esperar muy original, creativo e innovador. Adviento es tiempo también para prepararnos a la fiesta de Navidad. Todo el Antiguo Testamento culminaría en ella y el mismo Bautista vivió para darlo a conocer: “Está escrito en el profeta Isaías: Yo envío mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino.” (cf. ev.). Y todos nosotros, a Dios gracias, podemos asumir ahora la convicción del salmo: “y todos verán la salvación del Señor” (cf. versículo del aleluya). Sí, “voy a escuchar lo que dice el Señor: ‘Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos’. La salvación está ya cerca de sus fieles y la gloria habitará en nuestra tierra” (sal. resp.).
Queridas hermanas y amigos: era anuncio de gracia en el AT, pero la gran novedad estaba por llegar. Lo dice san Marcos: “Comienzo del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios”. Había sido intuido por Juan el Bautista, “el mayor de los profetas” de la Antigua Alianza. Era la voz que gritaba en el desierto: “Preparadle el camino al Señor, allanad sus senderos.” El Precursor daba paso al Mesías y se retiraba de la escena: “puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias…; él os bautizará con Espíritu Santo.” (cf. ev.)
Libertad y justicia, verdad y perdón, salud, bienestar, amor y paz es lo que todos precisamos y anhelamos. Dios sigue con nosotros, y nos ofrece su presencia y su palabra de consuelo y aliento, de comprensión y fortaleza. Más aún, nos ama tanto que se ha hecho uno de nosotros para salvarnos a todos. Sí, lo confesamos con asombro agradecido: Sólo él puede responder a nuestros más hondos interrogantes. Sólo en él encontraremos paz auténtica y fortaleza para vivir como hermanos; el amor que precisamos para amar como él nos ama. “Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación” (sal. resp.)
Y, ante nuestras incesantes súplicas, seguirá resonando la llamada a una vida mejor: “¡Preparadle el camino al Señor!” No podemos, pues, quedarnos de brazos cruzados. Celebrar y gustar la presencia y la acción de Dios en nuestras vidas es siempre gracia suya y no mérito nuestro. Pero nos pide fomentar en toda ocasión actitudes favorables. A la invitación de la gracia de Dios tenemos que responder, día a día, libre y amorosamente. En Jesús, el Hijo de Dios y nuestro Hermano, se nos revela y entrega toda la ternura del Dios creador y redentor. La Iglesia y la sociedad, hoy como ayer y mañana, tiene necesidad de su compasión liberadora. Por ello, seguiremos suplicando: “Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación”.
¡Preparadle el camino al Señor; allanad sus senderos! … Yo os bautizo con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo”. El Espíritu es bendición y consuelo. Necesitamos que nos bendiga y nos consuele. Que nos bendiga tanto que rebosemos bendición. Que nos consuele tanto que podamos consolar a los demás. Transmitir bendición con la mirada, con la palabra, con el gesto. Ser bendición y consuelo. Como Jesús. “¡Por él, con él y en él!” Hermanas y amigos, deseemos ardientemente, orando sin cesar, que su santo Espíritu nos haga vivirlo, saborearlo, celebrarlo y proclamarlo.

2 de diciembre de 2011

2º Domingo de Adviento

Preparad el camino al Señor,
allanad sus senderos;
y todos verán la salvación del Señor.
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1 de diciembre de 2011

Segunda Reflexión Congreso Internacional

Una nueva manera de situarnos en la creación,una nueva manera de percibir a Dios y de vivir las relaciones...

28 de noviembre de 2011

Reflexiones sobre el IBI

Jorge, Sacerdote de la Parroquia Beata María Ana Mogas del barrio Tres Olivos de Madrid

En algunos ayuntamientos de Madrid Izquierda Unida está pidiendo a la iglesia que renuncie al privilegio de su exención del IBI. Y creo que puede ser bueno aclarar a la gente qué es esto.
En estos días se han levantado voces que solicitan que la iglesia deje de estar exenta del pago del IBI, el impuesto de bienes inmuebles, porque es un privilegio y porque en estos tiempos de crisis los ayuntamientos no se pueden permitir el renunciar a lo recaudado por ese concepto.
Quiero con esta entrada aclarar algunas cosas sobre ese supuesto privilegio de la Iglesia católica, haciendo dos consideraciones.

PRIMERA CONSIDERACIÓN
La exención del IBI (impuesto sobre bienes inmuebles) no es en absoluto un privilegio especial de la iglesia católica.
Por ley, están exentos de IBI:
• Servicios públicos (Defensa, Seguridad, Educación y Servicios penitenciarios).
• Los inmuebles destinados a usos religiosos por aplicación de Convenios con la Santa Sede, con la Federación de Entidades Religiosas Evangélicas, con la Federación de Comunidades Israelitas y con la Comisión Islámica.
• Pertenecientes a gobiernos extranjeros o que les sea de aplicación la exención por convenios internacionales.
• Los pertenecientes a Cruz Roja.
• Los terrenos ocupados por las líneas de ferrocarriles y los edificios enclavados en los mismos terrenos.
• Colegios concertados.
• Pertenecientes al patrimonio histórico-artístico.
• Entidades sin fines lucrativos.
Y no digamos las ventajas fiscales de que gozan partidos políticos y sindicatos: No tienen que declarar lo ingresado por cuotas, las subvenciones, las donaciones, los rendimientos de sus actividades económicas, los rendimientos procedentes de las rentas de su patrimonio.
Pues ya ven:
Nadie pide que partidos políticos y sindicatos renuncien a sus enormes ventajas fiscales.
Nadie que paguen el IBI las mezquitas o templos budistas.
Nadie clama por el pago del IBI de embajadas o colegios, o grandes palacios.
Ni exigen que lo pague el ejército o las comisarías, las estaciones de RENFE o las cárceles.
No. Nada de nada, pero que lo pague la Iglesia.

SEGUNDA CONSIDERACIÓN
Leo que se pide el pago del IBI por parte de la Iglesia porque en un momento de crisis los ayuntamientos necesitan ese dinero. Pues se me ocurren varias cosas. Pero sólo me voy a detener en una de ellas.
Esta crisis está generando evidentemente una gran pobreza.
¿Qué están haciendo por los pobres las embajadas, los propietarios de los grandes palacios, las mezquitas…?
¿Qué están haciendo por ellos los ayuntamientos?
Porque a Caritas llegan cada día personas enviadas por sus ayuntamientos para que les echemos una mano, ya que ellos andan justos de presupuesto.
No los envían a los sindicatos ni a los partidos, a las mezquitas o sinagogas, embajadas o legaciones diplomáticas.
No. Los envían a las parroquias.
En esta parroquia de un servidor llevamos atendidas más de 250 personas sin trabajo, de las que ya han conseguido empleo más de ochenta.
Ayudamos con alimentos a treinta familias a las que se llena el carro de la compra dos veces al mes. Y no es nada. Tengo compañeros que atienden a 150 familias.
Pues ya ven la solución. Que el IBI lo pague la Iglesia para ayudar a salir de la crisis. Justo a la institución que más está haciendo por sacar adelante a esa gente, justo a ésa, que le suban los impuestos.
Y los partidos y sindicatos, tan solidarios ellos, ¿no van a renunciar a alguno de sus privilegios? ¿Nadie va a pedir que paguen el IBI las embajadas de USA, Rusia, Cuba o China? ¿Nadie exigirá impuestos a las mezquitas? ¿Y a Renfe? ¿Y a la duquesa de Alba?
Pues no, que pague la Iglesia.
Y mientras, los ayuntamientos enviándonos pobres porque ellos no tienen presupuesto.
Ayer nos llegaron otras dos familias derivadas desde la junta municipal.
Resulta divertido: Iglesia, que paguen ustedes el IBI, que hay que salir de la crisis, y de paso que me atiendan a estas familias, que me he quedado sin presupuesto.
¡¡YA ESTÁ BIEN DE CALLAR!!

27 de noviembre de 2011

La casa de Jesús

27 de noviembre de 2011
Marcos 13, 33-37

Jesús está en Jerusalén, sentado en el monte de Los Olivos, mirando hacia el Templo y conversando confidencialmente con cuatro discípulos: Pedro, Santiago, Juan y Andrés. Los ve preocupados por saber cuándo llegará el final de los tiempos. A él, por el contrario, le preocupa cómo vivirán sus seguidores cuando ya no le tengan entre ellos.
Por eso, una vez más les descubre su inquietud: «Mirad, vivid despiertos». Después, dejando de lado el lenguaje terrorífico de los visionarios apocalípticos, les cuenta una pequeña parábola que ha pasado casi desapercibida entre los cristianos.
«Un señor se fue de viaje y dejó su casa». Pero, antes de ausentarse, «confió a cada uno de sus criados su tarea». Al despedirse, sólo les insistió en una cosa: «Vigilad, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa». Que cuando venga, no os encuentre dormidos.
El relato sugiere que los seguidores de Jesús formarán una familia. La Iglesia será "la casa de Jesús" que sustituirá a "la casa de Israel". En ella todos son servidores. No hay señores. Todos vivirán esperando al único Señor de la casa: Jesús el Cristo. No lo olvidarán jamás.
En la casa de Jesús nadie ha de permanecer pasivo. Nadie se ha de sentir excluido, sin responsabilidad alguna. Todos son necesarios. Todos tienen alguna misión confiada por él. Todos están llamados a contribuir a la gran tarea de vivir como Jesús al que han conocido siempre dedicado a servir al reino de Dios.
Los años irán pasando. ¿Se mantendrá vivo el espíritu de Jesús entre los suyos? ¿Seguirán recordando su estilo servicial a los más necesitados y desvalidos? ¿Lo seguirán por el camino abierto por él? Su gran preocupación es que su Iglesia se duerma. Por eso, les insiste hasta tres veces: «vivid despiertos". No es una recomendación a los cuatro discípulos que lo están escuchando, sino un mandato a los creyentes de todos los tiempos: «Lo que os digo a vosotros, os lo digo a todos: velad».
El rasgo más generalizado de los cristianos que no han abandonado la Iglesia es seguramente la pasividad. Durante siglos hemos educado a los fieles para la sumisión y la obediencia. En la casa de Jesús sólo una minoría se siente hoy con alguna responsabilidad eclesial.
Ha llegado el momento de reaccionar. No podemos seguir aumentando aún más la distancia entre "los que mandan" y "los que obedecen". Es pecado promover el desafecto, la mutua exclusión o la pasividad. Jesús nos quería ver a todos despiertos, activos, colaborando con lucidez y responsabilidad.
José Antonio Pagola

Domingo 1º Adviento

Domingo 1º Adviento 27-11-2011
Monasterio Sagrada Familia (Oteiza de Berrioplano)
Texto-homilía del Capellán, Ramón Sánchez-Lumbier

En Adviento nuevo queremos recibir fuerte descarga de esperanza. Para vivir mejor la Buena Noticia de Jesucristo. El Señor está cerca, aunque no lo veamos. No sabemos cuándo vendrá pero, imprevisible, es siempre fiel y revelará la plenitud de su gloria. Hoy se nos apremia al amor activo y a esperar al único que puede colmar la vida de todos.
El profeta Isaías (cf. 1ª lect.) supo interpretar las señales. En el s. VI a.C. los babilonios habían conquistado Jerusalén. La ciudad y el templo quedaron en ruinas; los campos, desiertos; las familias, destrozadas; miles de muertos, muchos desterrados y cautivos... Se alzaban lamentos y quejas en oración: “Tú, Señor, eres nuestro Padre, nuestro Redentor. Vuélvete, por amor a tus siervos. ¡Ojalá rasgases el cielo y bajases! Nosotros, la arcilla; y tú, el alfarero: todos somos obra de tu mano. Mira que somos tu pueblo”. ¡Sí, hubo gracia del Dios vivo y volvió a surgir la vida!
En nuestros días muchos viven sin saber a qué atenerse; desorientados por tantas cosas, ya ni siquiera preguntan qué merece la pena. En contextos diversos, distraídos y angustiados por dramas y vacíos, la esperanza viva es como un milagro diario. También lo es la solidaridad y la gratuidad y el cantar a la vida, a pesar de los pesares. ¿Quién impulsa aún la sincera búsqueda, secreta o expresa, de una libertad verdadera y de una mayor justicia social? ¿No será el mismo Dios? Sí, Él es quien aviva el ansia de paz y de fraternidad. Podemos decir que la esperanza renacida tiene sus raíces en esa profunda añoranza de Dios. Porque Él nos creó “a su imagen y semejanza”, capaces de amor infinito… Podemos invocarlo con el salmista: “Señor, Dios nuestro, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve”.
Gracias al querer y obrar de Dios, todo este mundo no es un caos. El curso de la humanidad y nuestra existencia en ella es real peregrinación que cuenta con salida y meta, y con señales orientadoras para el común y esforzado caminar. La bondad de Dios está en el origen y al final. También lo está, aunque no resulte evidente, en el hoy de esta creación y en el camino de cada uno. Incluso está en lo más íntimo de nosotros mismos… Por ello, ¡podemos esperar!
Sí, Cristo vive entre nosotros y hace posible que todo –digo: todo, todo- se convierta en ocasión de gracia y de encuentro, de misericordia y de abrazo liberador. “Señor, Dios nuestro, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve”. Vivir el Adviento es tener valor para aventurarse con más audacia por el camino de la fe, de la esperanza y del amor. Se trata de ir, agraciados en Jesucristo, hacia la casa de Dios, la casa de la vida eterna y de la fraternidad universal.
Alegrémonos, pues, con el principal mensaje del Adviento. En verdad, no son pocos los que aguardan al Señor y sirven a los hermanos. Creen que el Reino de Dios les pertenece y lo esperan apasionadamente dando y recibiendo. Escuchan la Palabra de Dios y se enardecen. Desde su concreta posición, fieles a la vocación recibida, acogen y celebran el Reino de Dios ya presente, lo proclaman y sirven. A la vez, fortalecidos en el amor, lo saben esperar velando en oración y amando a los hermanos. Conocen el sufrimiento, pero experimentan que el Señor está con ellos, y confían en que Él cumplirá sus promesas y llevará a plenitud lo que ya ha comenzado. Como todos, necesitan la fuerza de lo alto, el Espíritu que hace gemir a la creación entera en la esperanza de “la gran liberación”… “Señor, Dios nuestro, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve”.
Queridas hermanas y amigos: “Dios os llamó a participar en la vida de su Hijo Jesucristo. ¡Y él es fiel!” (2ªlect.). Por el Espíritu derramado en nuestros corazones, clamamos con toda la Iglesia:
¡Ven, Señor Jesús! Ven, del modo que tú sabes, a todo lugar donde hay injusticia y violencia; ven a los campos de refugiados y hambrientos en tantos sitios del mundo… Ven también a los corazones de quienes te han olvidado y de los que viven sólo para sí mismos. Ven donde aún eres el gran desconocido. Ven, a tu modo, y renueva este mundo... Ven y renueva nuestra vida. Que, al acogerte con gozo, nosotros mismos podamos ser, por tu gracia, ‘luz y sal’ de la tierra, testimonio fiel de tu presencia salvadora. ¡Ven, Señor Jesús!
Que la Virgen María, Madre de Jesucristo y Madre nuestra, nos enseñe y ayude. Con Ella y como Ella, acojamos el amor y la llamada de Dios. Todo se nos da al celebrar la Eucaristía, la Pascua liberadora, fuente de vida y de paz. Realmente Jesucristo es la salvación y la única esperanza digna de fe, la esperanza viva que alimenta y purifica todas las nuestras. Hermanas y amigos: ¡Dichoso Adviento en este difícil 2011!

Tiempo de esperar con esperanza

Domingo 1º de Adviento. Mc 13,33-37
27 de noviembre de 2011

Ha llegado el momento de recomenzar. Así cada año al inicio de nuestro año cristiano con estas semanas que nos adentran y preparan como tiempo fuerte para ese otro tiempo de gracia que es la Navidad.
Pero es preciso que tal adentramiento tenga que ver con nuestra vida real, que haya una correspondencia entre lo que esperamos de veras y lo que se nos está prometiendo. Las palabras que envuelven la Palabra de Dios de este primer domingo de adviento son la espera y la vigilancia. Una espera que nos asoma al acontecimiento que –lo sepamos o no- aguardamos que suceda, y una vigilancia que nos despierta para no estar dormidos cuando le veamos pasar. ¿Cómo estaba la gente que, por primera vez, se las tuvo que ver con eso que nosotros hoy llamamos adviento? Había un gran grito que colgaba en sus gargantas: necesitaban algo nuevo, Alguien nuevo. Efectivamente, necesitaban abrazar una novedad que les arrebatase de sus zafiedades vulgares, de sus encerronas sin salida, de sus dramas insolubles, de sus trampas disfrazadas, de sus odios y tristezas, de sus errores y horrores...
Alguien que de verdad fuese la respuesta adecuada a sus búsquedas y anhelos. Era el primer adviento, la sala de espera de Alguien que realmente mereciera la pena y les soltase la cautiva posibilidad de ser felices. ¿Cabe esperar a Alguien que en el fondo esperan nuestros ojos, oídos y corazón... o tal vez ya estamos entretenidos suficientemente como para arriesgarnos a reconocer que hay demasiados frentes abiertos en nosotros y entre nosotros que, precisamente, están reclamando la llegada del Esperado?
El adviento que hoy comenzamos es una pedagogía de cuatro semanas que nos acompañará hasta la Navidad. Irán apareciendo los temas y los personajes con los que el evangelio de cada domingo nos invitará a esperar vigilando. “Vigilad”, dice Jesús en el evangelio de este domingo, porque el que ha venido hace veinte siglos y ha prometido volver al final de los tiempos, llega incesantemente al corazón y a la vida de quien no se cierra. Vigilad, es decir, entrad en la sala de espera del adviento, poned vuestras preguntas al sol, porque va a venir Aquel que únicamente las ha tomado en serio y Aquel que únicamente las puede responder: Jesucristo, redentor del hombre. Vigilad, estad despiertos, la espera que os embarga no es una quimera pasada y cansada sino la verdadera razón que cada mañana pone en pie nuestra vida para reconocer a Aquel que cada instante no deja de pasar. Por eso no repetimos cansinos viejos ritos que no nos dicen nada ya, sino la novedad eterna que nos regala este tiempo de esperanza y espera.
Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo

26 de noviembre de 2011

1º Domingo de Adviento

A ti levanto mi alma, Señor; Dios mío, en ti confío.
Sa79adv1B11cas

25 de noviembre de 2011

Luces que no se apagan

La semana pasada hablaba de los cristianos perseguidos en Pakistán , hoy me paro en otro de los lugares donde vivir la fe , es un delito. Esta vez con el testimonio de un seminarista.
¿Cómo viven los seminaristas en China?
Es difícil de contestar, ya que, dependiendo a la situación de cada diócesis, cambia el modo de vivir en el seminario. Lo que voy a decir sobre mi seminario es un pequeño reflejo de los seminarios clandestinos.
Cuando entré en el seminario, éramos casi 30 chicos, procedentes de tres lugares diferentes del país. Nosotros, el curso más joven –casi todos teníamos 17 años – vivíamos en una cueva, construida por los seminaristas mayores en una montaña tan alta que nos parecía vivir en el cielo. Aquella era nuestra capilla, nuestra aula de clase, y también el comedor.
Debajo de nosotros había una aldea, de unos 100 habitantes, todos católicos. Eran los que nos protegían, y los que nos subían el arroz, la harina y las verduras. Durante la semana, no teníamos mucho tiempo libre, porque había que aprovechar las horas al máximo, pues allí nadie sabe cuánto puede durar un curso. De lunes a viernes, teníamos ocho clases diarias, con asignaturas muy variadas. Los sábados hacíamos la limpieza, y los domingos podíamos salir a hacer una pequeña excursión por la montaña. El tiempo de formación antes eran cinco años; ahora son diez, como mínimo.
El primer año vivimos muy felices en aquella cueva, nadie se quejó de la humedad ni de la comida, pues el amor fraterno lo suple todo. La oración y el estudio son nuestra tarea principal, porque sabemos que Cristo necesita soldados bien armados de ciencia y de santidad para extender su reino en China. Cuando alguno está enfermo, o le duele el estómago, o la pierna –porque hay mucha humedad–, el formador suele decirle bromeando que son síntomas de vocación, porque casi todos los curas tienen tales enfermedades. ¡Pues, ya ves cómo Dios confirma la llamada! Nosotros sabemos que el dolor de estómago del formador es debido a la mala alimentación que tuvo cuando estuvo en la cárcel, pues le daban muy poca comida, y mala.
Cuando le preguntamos qué pensaba en la cárcel, nos dijo: «En la comida; después del desayuno, uno ya comienza a esperar el almuerzo, porque siempre teníamos hambre». El trabajo en la cárcel no era muy duro, pero cansaba mucho: tenía que escoger pelos de cerdos durante horas y horas, para la fabricación de cepillos de zapatos. Mi formador tenía un sentimiento especial con aquellos cepillos. Cuando Dios bendice, bendice con la cruz. Así, estábamos casi acostumbrados a que Dios, de vez en cuando, nos mandaba una pequeña cruz.
En aquel tiempo, cuando rezábamos, podíamos cantar; también podíamos reírnos a carcajadas, hablar en voz alta, salir a dar paseos…Gozamos de bastante libertad durante casi un curso entero. Luego tuvimos que irnos a otro sitio. Es que los policías se enteraron de la existencia de un grupo de los nuestros, que vivían en otra montaña. Les capturaron a todos cuando estaban almorzando. En el camino a la comisaría, una feligresa vio a un seminarista en el jeep de policía haciéndole señales, así que subió corriendo adonde nosotros estábamos para avisarnos. Cuando llegó, estábamos preparando la cena. El formador, sin pensar ni un segundo, en seguida nos mandó huir. Bajamos de la montaña cruzando un bosque, de dos en dos. Todavía no éramos conscientes del miedo, nos parecía casi divertido aquello de huir corriendo de la policía. Hacíamos competiciones para ver quién corría más rápido.
Una vez salimos de la casa, los fieles de la aldea metieron piensos para los animales domésticos en la cueva, y echaron polvo en el cristal de la ventana, que siempre había estado muy limpia. Esa misma noche, subieron los policías, llevando perros, para capturarnos también a nosotros. Dios pensó que todavía no era el tiempo. Ya no había nadie allí. Tres meses después, nos reunimos en otra provincia. Nos dijo el Rector que los seminaristas detenidos recibieron una condena de tres años de cárcel, y que tenían que cavar piedras, ya que el sitio era montañoso y hacía falta construir caminos. En esta nueva casa, el formador nos dijo que fuéramos más prudentes y cautelosos, no sólo por nuestra seguridad, sino también por la de la familia que nos había acogido. Así que no podíamos hablar en voz alta, ni reírnos demasiado, y mucho menos salir de la habitación, para que no se enterasen los vecinos. Pero, no sé cómo, siempre acaban enterándose.
Por eso teníamos que cambiar de casa cada muy poco tiempo –como mucho, cada medio año–. Hasta el día de hoy, los seminaristas de mi diócesis siguen llevando este estilo de vida, huyendo de un sitio para otro. Cuando en alguna fiesta, como la Pascua, quieren cantar los chicos, el formador elige a uno o dos para que canten, y en voz baja…
La Iglesia en China lleva siglos de persecución. La sangre de los mártires, semilla de los nuevos cristianos, está brotando. Una primavera del cristianismo está llegando a China. Cada año, a pesar de la falta de libertad religiosa, miles y miles chinos se bautizan. Ahora más que nunca hacen falta misioneros intelectualmente bien preparados; tenemos que dar razones de nuestra esperanza a la gente. Para llevar a cabo esta misión, la Iglesia en Europa nos ha ofrecido su ayuda: muchos movimientos de la Iglesia quieren encargarse de la educación de los seminaristas chinos. Así, muchas diócesis han enviado a sus seminaristas a Europa para recibir una mejor formación y para que luego puedan servir mejor a la Iglesia. Lo que quiero es que la gente conozca un poco más cómo viven los seminaristas en China ahora, porque se habla mucho de la apertura de China, el desarrollo de China, incluso de la mejoría de las relaciones diplomáticas entre la Santa Sede y China, como si en China hubiera libertad religiosa ya. Yo quería escribir un poco cómo estudian los seminaristas en China, porque estudian mucho.
Ciertamente tenemos pocos recursos para ello, pero estudian mucho, porque saben que la Iglesia lo necesita –me dolió mucho escuchar a un cardenal que dijo que el clero de la Iglesia clandestina es inculto–. El año pasado fui a China; la vida de los seminaristas sigue siendo como antes, no pueden hablar ni cantar en voz alta. El día de la Asunción de la Virgen, no se imaginan cuántas ganas tenían los chicos de cantar una misa a la Virgen, pero no podían; cerramos todas las ventanas y puertas en pleno agosto, para que pudieran cantar algo.
Se habla mucho de la Iglesia oficial o patriótica, y la Iglesia clandestina o fiel a Roma, pero la cuestión de fondo no está en esto, sino en el sistema político: para el comunismo no existe la persona, por consiguiente, ni sus derechos, y mucho menos la libertad religiosa. Queremos todos ver una Iglesia unida en China, pero es el Gobierno el que no lo quiere.
Al amable lector, le ruego que en su momento de oración se acuerde de los obispos y los sacerdotes que están todavía en la cárcel, y rece por los seminaristas, para que seamos aptos para el reino de Dios.

20 de noviembre de 2011

Fiesta de Cristo Rey

Mateo 25, 31-46
20-11-2011

Lo decisivo
El relato no es propiamente una parábola sino una evocación del juicio final de todos los pueblos. Toda la escena se concentra en un diálogo largo entre el Juez que no es otro que Jesús resucitado y dos grupos de personas: los que han aliviado el sufrimiento de los más necesitados y los que han vivido negándoles su ayuda.
A lo largo de los siglos los cristianos han visto en este diálogo fascinante "la mejor recapitulación del Evangelio", "el elogio absoluto del amor solidario" o "la advertencia más grave a quienes viven refugiados falsamente en la religión". Vamos a señalar las afirmaciones básicas.
Todos los hombres y mujeres sin excepción serán juzgados por el mismo criterio. Lo que da un valor imperecedero a la vida no es la condición social, el talento personal o el éxito logrado a lo largo de los años. Lo decisivo es el amor práctico y solidario a los necesitados de ayuda.
Este amor se traduce en hechos muy concretos. Por ejemplo, «dar de comer», «dar de beber», «acoger al inmigrante», «vestir al desnudo», «visitar al enfermo o encarcelado». Lo decisivo ante Dios no son las acciones religiosas, sino estos gestos humanos de ayuda a los necesitados. Pueden brotar de una persona creyente o del corazón de un agnóstico que piensa en los que sufren.
El grupo de los que han ayudado a los necesitados que han ido encontrando en su camino, no lo han hecho por motivos religiosos. No han pensado en Dios ni en Jesucristo. Sencillamente han buscado aliviar un poco el sufrimiento que hay en el mundo. Ahora, invitados por Jesús, entran en el reino de Dios como "benditos del Padre".
¿Por qué es tan decisivo ayudar a los necesitados y tan condenable negarles la ayuda? Porque, según revela el Juez, lo que se hace o se deja de hacer a ellos, se le está haciendo o dejando de hacer al mismo Dios encarnado en Cristo. Cuando abandonamos a un necesitado, estamos abandonando a Dios. Cuando aliviamos su sufrimiento, lo estamos haciendo con Dios.
Este sorprendente mensaje nos pone a todos mirando a los que sufren. No hay religión verdadera, no hay política progresista, no hay proclamación responsable de los derechos humanos si no es defendiendo a los más necesitados, aliviando su sufrimiento y restaurando su dignidad.
En cada persona que sufre Jesús sale a nuestro encuentro, nos mira, nos interroga y nos suplica. Nada nos acerca más a él que aprender a mirar detenidamente el rostro de los que sufren con compasión. En ningún lugar podremos reconocer con más verdad el rostro de Jesús.
José Antonio Pagola

Jesucristo, Rey del universo

Monasterio Sagrada Familia (Oteiza de Berrioplano)
Texto-homilía del Capellán, Ramón Sánchez-Lumbier
Es el último domingo del año litúrgico. Proclamamos que Jesucristo es “Rey”, es decir: Jesús es el Señor, Primogénito de entre los muertos, Cabeza de la Iglesia y de la nueva humanidad. ¿Se le puede votar? ¿No te hicieron llegar su programa? Supongo, sí, que ya conoces algo porque, en Él, todo ha sido llamado a la plenitud y, por Él, todo hallará perfección. “Y, así, Dios lo será “todo para todos” (cf. 2ª lect.).
Tenemos la dicha de creer que Jesús de Nazaret es el Hijo de Dios encarnado, la Palabra eterna de Dios que asumió nuestra humana condición. Nos fue entregado por amor, nació pobre, vivió sencillamente, pasó haciendo el bien, afrontó la adversidad con fortaleza, y padeció la muerte perdonando a sus enemigos y encomendándose al Padre.
Así, triunfó Jesús sobre el pecado, así venció el poder de la muerte para bien de todos. Ahora vive resucitado. Es el Hermano universal que, exaltado en la gloria de Dios, nos está ofreciendo a todos su mismo Espíritu, su misma Vida, su Evangelio, su Mandamiento nuevo, sus Bienaventuranzas. No tenemos otro Camino para ir al Padre y alcanzar nuestra más honda verdad.
Queridas hermanas y amigos: la vida eterna de los bienaventurados la podemos experimentar ya viviendo el mandamiento del amor, amor que el Espíritu Santo pone en nosotros. Sí, lo confesamos con gozo: Jesucristo es el Tesoro y el Programa para la mejor realización personal y colectiva. “Cristo tiene que reinar”. La fe en Jesús de Nazaret, el Señor resucitado, renueva la esperanza de cuantos se entregan con amor a la transformación del mundo. Y quien vive en justicia y amor, aunque aún no haya sido evangelizado, ha sido también ‘tocado’ por el Reinado de Dios.
Jesús mostró reticencias para aceptar el título de Mesías/Rey. Hoy el evangelio refleja un episodio donde sí lo asume claramente: después de hablar de la venida en gloria del Hijo del Hombre, dos veces se autocalifica Jesús como rey que dialoga con gente de toda nación. “Rey” y “Señor”, ya lo sabéis, son términos que piden interpretación, desde las claves del Evangelio, cuando son aplicados a Jesús. Su señorío y reinado son muy especiales: no se revelan en la fuerza sino en la debilidad de la encarnación, del servicio por amor y hasta la cruz. “Se humilló; por eso, Dios lo exaltó”. Con su vida y su pascua, Jesús manifiesta a Dios; un Dios salvador, que reúne y guía al pueblo. Un pueblo por Él creado, un pueblo siempre y fielmente amado.
Lo propone la primera lectura del profeta Ezequiel y lo contempla y lo canta el salmo responsorial: como el pastor bueno vive solícito por su rebaño, así Dios promete liberación, reunión, curación, atención y cuidados. Jesús se identifica como “el Buen Pastor” que da su vida por todos y a todos ofrece la salvación. Piedad y ternura sin par, comprensión e infinita misericordia son rasgos distintivos de Jesucristo-Rey. ¡Qué maravilla!: el Señor del universo es la Verdad eterna de Dios y, también para todo ser humano, es la Bondad entrañable y eficaz, el Amor liberador.
La segunda lectura aludía también al reinado de Cristo. Se trata de un reinado que se va haciendo en el combate y en la victoria sobre todo cuanto se opone al proyecto salvador de Dios. Cada vez que alguna indigencia humana es vencida (llámese hambre, sed, dolor, enfermedad, soledad, pecado...) el reinado de Jesucristo muestra su poder salvador. La lucha sólo terminará con la victoria total sobre la muerte: “el último enemigo aniquilado será la muerte”. Sólo Jesucristo Resucitado, Vencedor de la muerte y Señor de la Vida, ha podido dar origen a “los cielos nuevos y la tierra nueva”. El universo tiene en Él su fuente, su sentido y su meta.
En fin, el evangelio de hoy, con la alegoría del juicio último, nos sitúa ante el “Rey” que, “sentado en su trono”, viene a juzgar. Su “juicio” es y será examen de amor. Un examen que se puede ir aprobando o suspendiendo día a día. Porque “la nota final” pasa por una original “evaluación permanente” acerca del amor al prójimo en la ayuda al necesitado.
Sí, para cada uno de los humanos, de algún modo, la eternidad se hace en la historia y es gratuita y luminosa, a la vez que exigente, la lección evangélica: Jesús se nos hace particularmente presente en los que sufren, en los despreciados y maltratados, en los marginados y quebrantados por cualquier injusticia.
Que el Espíritu Santo nos ayude a creer de verdad, a amar a los hermanos día a día y a esperar el pleno cumplimiento del reinado de Dios. Reino que ya ha comenzado con la manifestación del gran Dios y Salvador, nuestro Señor Jesucristo. ¡A Él la gloria por los siglos de los siglos! Está entre nosotros. Lo celebramos con gozo. ¡Amén!

Dios Rey que se hace súbdito

Solemnidad de Cristo Rey del Universo.
Mt 25,31-46
20 de noviembre de 2011

Llegamos al término de todo un año en el que hemos ido acompañando a Jesús, Dios hecho hombre, a través de los diferentes momentos de su vida y ministerio redentor. Acabando el año cristiano se nos presenta una solemni¬dad del Señor que en¬marca el sentido de este domingo último: Cristo Rey del Universo.
Recordemos que Herodes, al comienzo de la vida del Señor, y Pilato al final, cada uno desde sus intereses, tuvieron miedo de este Jesús Rey. Pero la realeza de Jesús no era una alternativa política-religiosa de nadie, ni traía su persona ninguna subversión con apariencia piadosa y adentros revolucionarios. Ni Pilato ni Herodes entendieron la realeza de Jesús, y por eso la persiguieron cada uno a su modo. Su realeza, se ha ido presentando y desgranando como un auténtico servicio: reinar para servir. Por eso rechazará la propuesta de Satanás en la tentación del poderío (Mt 4,8); o se marchará lejos huyendo al monte cuando la gente quería coronarle rey tras la multiplicación de los panes y los peces (Jn 6,15). Jesús se reconoce rey, pero de otra manera. Es un rey que no tiene reparo en hacerse uno con los súbditos más desfavorecidos.
El juicio final del que nos habla este Evangelio, en el cual estarán presentes todas las naciones ante el trono de la gloria del Hijo del Hombre, será precisamente el juicio de quien tanto ha amado a sus ovejas, como admirablemente dibuja Ezequiel en la 1ª lectura (Ez 34,11-16). Es la imagen del Buen Pastor que Jesús hará suya después (Jn 10,1-21). ¿Cómo temer el juicio de quien tanto nos amó?
Pero este juicio misericordioso no sólo tendrá lugar solemnemente al final de los tiempos. Porque si la vida nueva consiste en encontrar, y reconocer, y amar al Hijo de Dios para permanecer así en la luz y en la verdad. Esto es lo que nos dice la parábola de este Evangelio desde la estrecha vinculación que el rey-pastor Jesús hace de su persona con cada uno de los hombres, especialmente los más desfavorecidos.
Por eso hemos de repetir otra vez que debemos vigilar sobre nuestra fe y nuestra vida cristiana, pero no al modo pagano: “por si acaso viene Dios y nos pilla” (actitud típica de quien sólo revisa y “pone al día” su cristianismo ante determinadas situaciones: boda, primera comunión de los hijos, una operación o cualquier otro peligro de muerte, etc.). Dios no es ese inevitable intruso en nuestra vida, del que se puede prescindir y al que se trata de esquinar. El juicio final está continuamente antici¬pado en lo cotidiano de nuestra vida. El cristianismo no puede zanjarse en un curso intensivo, habiendo vivido descristiana¬mente el resto de la vida. De la misma manera que cuanto decimos y hacemos por Jesús, tiene una verificación también cotidiana en el amor al prójimo: “Os aseguro que cuanto hicisteis con uno de esos mis humildes herma¬nos, conmigo lo hicisteis” (Mt 25,40).

Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo

18 de noviembre de 2011

34 Domingo Tiempo Ordinario

El Señor es mi Pastor, nada me falta Cristo Rey

6 de noviembre de 2011

Encender una fe gastada

6 de noviembre de 2011
Mateo 25,1-13

La primera generación cristiana vivió convencida de que Jesús, el Señor resucitado, volvería muy pronto lleno de vida. No fue así. Poco a poco, los seguidores de Jesús se tuvieron que preparar para una larga espera.
No es difícil imaginar las preguntas que se despertaron entre ellos. ¿Cómo mantener vivo el espíritu de los comienzos? ¿Cómo vivir despiertos mientras llega el Señor? ¿Cómo alimentar la fe sin dejar que se apague? Un relato de Jesús sobre lo sucedido en una boda les ayudaba a pensar la respuesta.
Diez jóvenes, amigas de la novia, encienden sus antorchas y se preparan para recibir al esposo. Cuando, al caer el sol, llegue a tomar consigo a la esposa, los acompañarán a ambos en el cortejo que los llevará hasta la casa del esposo donde se celebrará el banquete nupcial.
Hay un detalle que el narrador quiere destacar desde el comienzo. Entre las jóvenes hay cinco «sensatas» y previsoras que toman consigo aceite para impregnar sus antorchas a medida que se vaya consumiendo la llama. Las otras cinco son unas «necias» y descuidadas que se olvidan de tomar aceite con el riesgo de que se les apaguen las antorchas.
Pronto descubrirán su error. El esposo se retrasa y no llega hasta medianoche. Cuando se oye la llamada a recibirlo, las sensatas alimentan con su aceite la llama de sus antorchas y acompañan al esposo hasta entrar con él en la fiesta. Las necias no saben sino lamentarse: «Que se nos apagan las antorchas». Ocupadas en adquirir aceite, llegan al banquete cuando la puerta está cerrada. Demasiado tarde.
Muchos comentaristas tratan de buscar un significado secreto al símbolo del «aceite». ¿Está Jesús hablando del fervor espiritual, del amor, de la gracia bautismal…? Tal vez es más sencillo recordar su gran deseo: «Yo he venido a traer fuego a la tierra, y ¿qué he de querer sino que se encienda?». ¿Hay algo que pueda encender más nuestra fe que el contacto vivo con él?
¿No es una insensatez pretender conservar una fe gastada sin reavivarla con el fuego de Jesús? ¿No es una contradicción creernos cristianos sin conocer su proyecto ni sentirnos atraídos por su estilo de vida?
Necesitamos urgentemente una calidad nueva en nuestra relación con él. Cuidar todo lo que nos ayude a centrar nuestra vida en su persona. No gastar energías en lo que nos distrae o desvía de su Evangelio. Encender cada domingo nuestra fe rumiando sus palabras y comulgando vitalmente con él. Nadie puede transformar nuestras comunidades como Jesús.
José Antonio Pagola

Domingo 32

Monasterio Sagrada Familia (Oteiza de Berrioplano)
Texto-homilía del Capellán, Ramón Sánchez-Lumbier
AMOR-ESCUCHA-OBEDIENCIA-SERVICIO-AMOR

La primera lectura predisponía para el Evangelio al presentar la Sabiduría amable y apetitosa. Deseado es el novio, el esposo, que ya llega para llevarnos al cielo. El anuncio pide vigilancia activa. Idéntica lección, con imágenes diversas, se nos ofrecerá en próximos domingos. ¿Esperamos al Esposo con amor? ¿Tienen aceite las lámparas de nuestras personas y comunidades?
“La sensatez egoísta de las vírgenes prudentes, que no ceden nada de su aceite, puede molestarnos con razón. Pero es detalle narrado de paso, sin ningún afán aleccionador. El ‘punto’ de la parábola está en la reserva del aceite. El encuentro del hombre con Dios no se puede improvisar en el último instante ni pueden hacerlo otros por uno mismo. Es algo que debe recorrer la vida entera como irreemplazable responsabilidad. A Dios ‘le encuentran los que le buscan’.” (cf, Misal)
¿Cómo afronta el futuro nuestra humanidad? ¿Qué busca en la superficie de los días y en sus profundos anhelos de siempre? Es fácil observar un desgaste de esperanza. A veces, su rasgo más evidente es la actitud negativa ante la vida, no ser capaz de captar lo bueno, lo hermoso, lo positivo de personas, acontecimientos y cosas. Sin vital confianza, no se espera gran cosa de la vida y se va rebajando el nivel de las opciones. Casi, casi, perdieron todo interés. Si todo está mal, todo es inútil… O al revés.
Pasividad y escepticismo, también tristeza, son la habitual compañía de tanta gente; algo ha muerto por dentro. El mal humor, el pesimismo y la amargura corroen personas y relaciones. Aparece un peligroso cansancio y la falta del más mínimo entusiasmo. No es la natural fatiga del trabajo. Se trata de aburrimiento interior que hiere cuanto toca. Resulta comprensible, si no se tiene fe en el Dios vivo, cuando vivir y convivir resulta ser duro y severo desafío. Pero podemos acoger la Buena Noticia y es mundo nuevo:
“El ser humano no puede vivir sin esperanza. Pero ¿es posible esto?; y ¿quién puede dársela cuando muchas esperanzas han sido infelizmente defraudadas en los últimos tiempos? Iluminados por la fe en Jesucristo, con humilde certeza, sabemos que no os engañamos diciendo que la esperanza es posible también hoy y que es posible para todos. Dios, en su amor paterno, no priva a nadie de esta posibilidad porque quiere que cada uno pueda ser plenamente feliz. Por este motivo, con la alegría y la autoridad de quien sabe que habla en nombre de Nuestro Señor Jesucristo que nos ha mandado, nos convertimos en embajadores y testigos del “Evangelio de la esperanza” para toda Europa”. (Sínodo obispos europeos, 1999)
Amigos y hermanas, sabemos que todo ser humano es un enigma y hasta un misterio. Sin embargo, vacío de espíritu, no puede caminar hacia su verdadero progreso. El cristiano, que pierde de vista la perspectiva de la resurrección y de la vida eterna, acaba desorientado. Debemos mantener viva y activa la esperanza en el regalo último del amor de Dios: la plenitud del Reino, la felicidad sin fin, la fraternidad universal. Lo apuntaba san Pablo en la segunda lectura: “así estaremos siempre con el Señor”.
Sí, el cristiano sólo crece cuando acierta a alimentar “la lámpara” de su fe, que pide vivir fundamentado en el Dios y Padre de Jesús, no en sí mismo; vivir de la fe en Dios, experimentar la sabiduría de esperar en sus promesas, buscar y hacer su voluntad. Sólo los buscadores de Dios, perseverantes en la noche, valientes y prudentes, podrán abrir vías a la espiritualidad cristiana y podrán ser anuncio de Jesucristo para todos.
Nadie sabe cuándo vendrá el Señor, pero volverá, nos encontraremos con Él. Los preparados podrán entrar en la fiesta del banquete de las bodas. Cada uno ha de responder en su libertad. El evangelio de hoy nos pone en guardia para no dejar pasar los días superficialmente y “a lo loco”. Vivamos, sí, la alegría de la salvación ya presente, sirviendo con amor generoso y anhelando la “plena manifestación de los hijos de Dios”, cuando se revelará en su gloria el que es la meta de la entera creación y nuestra más rica esperanza, Jesucristo.
El salmo responsorial ayudaba a sentir más honda sed de Dios. Esa misma sed de Amor total se reflejaba en la inquietud de los cristianos de Tesalónica. Adiestrémonos también nosotros en la escuela de la Sabiduría, que se deja encontrar por aquellos que la buscan sinceramente.
Estamos en Noviembre. La caída de la hoja evidencia el final de una etapa del proceso biológico. Vendrán otras primaveras. El ciclo natural sugiere convicciones profundas: “nuestras vidas son del Señor; en sus manos descansarán; el que vive y cree en Él no morirá”. Sabemos que envejecer no es desgracia; sabemos que debemos estar siempre prontos a renovar el aceite de la fe, a potenciar la luz de la esperanza, a esparcir sencillamente el aroma del amor. Lo importante es añadir vida -calidad de vida- a nuestros años, mientras esperamos con amor la vuelta gloriosa del Señor.

2 de noviembre de 2011

Dichosos vosotros

DICHOSOS VOSOTROS
Porque, sin meter ruido, fuisteis escuchados por Dios.
Porque, sin ser reconocidos, Dios os ha galardonado.
Porque, sin pretender riquezas, el Señor fue vuestro tesoro.
Porque, sin ser comprendidos, comprendisteis la Palabra.

DICHOSOS VOSOTROS.
Que gozais lo que nosotros quisiéramos festejar.
Que saltais de alegría al lado del Creador.
Que destellais en alegría desbordante y celeste.
Que gustais lo que, tantas veces, vivísteis con sencillez.

DICHOSOS VOSOTROS.
Que no os acobardásteis ante las dificultades.
Que no confundísteis paz con tranquilidad de conciencia.
Que no os dejásteis vencer por el poderoso caballero don dinero.

DICHOSOS VOSOTROS.
Que, sin ser perseguidos, vísteis en ello un soplo hacia el cielo.
Que, siendo humillados, intuísteis que Dios os engrandecía.
Que, siendo apartados, no os alejásteis del Camino.
Que no sucumbísteis a falsos ideales que el mundo os ofreció.

DICHOSOS VOSOTROS.
Que sonreís en el cielo.
Que rezáis por los que aquí intentamos la bienaventuranza.
Que ofrecéis a Dios vuestra felicidad por los que no la tienen.

DICHOSOS VOSOTROS.
Porque después de cumplir al dedillo el plan de Dios,
tenéis bien merecida esa santidad que hoy el Señor,
la Iglesia, los cristianos y todos los hombres de buena voluntad
reconocen en vuestra virtud heroica, constante y sin tregua.

¡DICHOSOS Y FELICES VOSOTROS!

1 de noviembre de 2011

Invitación al Congreso

Un congreso es una mirada al futuro, un caminar como Familia en una misma dirección

31 de octubre de 2011

Debemos ser santos

Debeis ser santos, porque yo soy santo (Levítico 11, 44)

Señor Dios,
cuando veo las estatuas
que destacan en las iglesias,
me siento afligido:
nunca seré como ellos,
nunca seré santo.
Como tú.
Pero tú no me dejas optar.
Pides a todos, y también a mí,
que sea santo como tú.
Salgo entonces a los caminos,
donde hombres y mujeres,
débiles y pequeños como yo,
luchan cotidianamente con amor
por separarse de lo que está a ras de suelo:
egoísmo y oportunismo,
injusticia y engaño,
falsedad y violencia,
sentimientos y gestos de amor reducidos a cosas,
desinterés y desprecio por los débiles y los pobres,
una vida cerrada en sí misma,
sin gratuidad ni belleza, sin horizontes de cielo...
y recupero el consuelo y la confianza.
También yo puedo separarme
de lo que está a ras del suelo
y volar hacia tí.
Tambien yo puedo ser santo.
Como tú.

30 de octubre de 2011

En actitud de conversión

30 de octubre de 2011
Mateo 23,1-12

Jesús habla con indignación profética. Su discurso dirigido a la gente y a sus discípulos es una dura crítica a los dirigentes religiosos de Israel. Mateo lo recoge hacia los años ochenta para que los dirigentes de la Iglesia cristiana no caigan en conductas parecidas.
¿Podremos recordar hoy las recriminaciones de Jesús con paz, en actitud de conversión, sin ánimo alguno de polémicas estériles? Sus palabras son una invitación para que obispos, presbíteros y cuantos tenemos alguna responsabilidad eclesial hagamos una revisión de nuestra actuación.
«No hacen lo que dicen». Nuestro mayor pecado es la incoherencia. No vivimos lo que predicamos. Tenemos poder pero nos falta autoridad. Nuestra conducta nos desacredita. Nuestro ejemplo de vida más evangélica cambiaría el clima en muchas comunidades cristianas.
«Cargan fardos pesados sobre los hombros de la gente... pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar». Es cierto. Con frecuencia, somos exigentes y severos con los demás, comprensivos e indulgentes con nosotros. Agobiamos a la gente sencilla con nuestras exigencias pero no les facilitamos la acogida del evangelio. No somos como Jesús que se preocupaba de hacer ligera su carga pues era sencillo y humilde de corazón.
«Todo lo que hacen es para que los vea la gente». No podemos negar que es muy fácil vivir pendientes de nuestra imagen, buscando casi siempre "quedar bien" ante los demás. No vivimos ante ese Dios que ve en lo secreto. Estamos más atentos a nuestro prestigio personal.
«Les gustan los primeros puestos y los asientos de honor... y que les hagan reverencias por la calle». Nos da vergüenza confesarlo, pero nos gusta. Buscamos ser tratados de manera especial, no como un hermano más. ¿Hay algo más ridículo que un testigo de Jesús buscando ser distinguido y reverenciado por la comunidad cristiana?
«No os dejéis llamar maestros... ni guías... porque uno solo es vuestro Maestro y vuestro Guía: Cristo». El mandato evangélico no puede ser más claro: renunciad a los títulos para no hacer sombra a Cristo; orientad la atención de los creyentes sólo hacia él. ¿Por qué la Iglesia no hace nada por suprimir tantos títulos, prerrogativas, honores y dignidades para mostrar mejor el rostro humilde y cercano de Jesús?
«No llaméis padre vuestro a nadie en la tierra porque uno solo es vuestro Padre del cielo». Para Jesús el título de Padre es tan único, profundo y entrañable que no ha de ser utilizado por nadie en la comunidad cristiana. ¿Por qué lo permitimos?
José Antonio Pagola

Domingo 31

Monasterio Sagrada Familia (Oteiza de Berrioplano)
Texto-homilía del Capellán, Ramón Sánchez-Lumbier
AMOR-ESCUCHA-OBEDIENCIA-SERVICIO-AMOR

El evangelista Mateo nos presenta hoy a Jesús enfrentado, de nuevo, con los fariseos. El Señor condena la hipocresía y doble moral de aquellos líderes religiosos.
Pecado es querer satisfacer propios caprichos a costa de otros. Ante tanto farsante de ayer y de hoy, Jesucristo nos pone en guardia: “no hagáis lo que ellos hacen…; el primero entre vosotros sea vuestro servidor” (cf. ev.).
Jesucristo, Buen Pastor y modelo de pastores, se hizo servidor hasta entregar su vida. Qué diferencia con los falsos pastores que actúan para ser vistos y aplaudidos. Jesús invita a hacer siempre el bien, con humilde corazón. El Evangelio y la enseñanza de la Iglesia dejan claro que la autoridad ha de ejercerse con amor y como servicio.
La comunidad cristiana, la Iglesia, se hace más creíble si obedece sólo a su único Señor, si celebra con gozo la fe, si se entrega ella misma en verdad al ofrecer al mundo el Evangelio de la gracia de Dios. ¿Pero así se solucionará todo? No somos ingenuos. Hay que padecer mucho para la transformación de personas, comunidades y estructuras.
A los cristianos nos ha tocado en suerte la gracia de ser hermanos. Se nos pide vivir como tales. Los distintos dones y ministerios son para servir a la auténtica comunión que busca su plenitud. Nos interesa, sí, que haya buenos y competentes sacerdotes y religiosos/as, que muestren la dicha de vivir ya en este mundo las “bienaventuranzas” de Jesucristo. Gente así es “bendición” para el mundo, aunque no sea siempre adecuadamente reconocida.
Nos fijamos en el ejemplo de Pablo (cf. 2ª lect.): contrasta su testimonio con el de los falsos pastores, ridiculizados por el profeta Malaquías (cf. 1ª lect.), y con el de los fariseos denunciados por Jesús. Pablo, apasionado por el amor de Cristo, vive desprendido y dispuesto para llevar a todos la Buena Noticia. ¿Dónde radica el secreto de su ardor y vigor? Lo sabéis bien: ha creído y cree en el amor de Dios manifestado en Jesucristo. Vive de la fe en el Señor y lo proclama y lo celebra gozosamente y actúa en consecuencia, totalmente entregado al Evangelio.
Entre nosotros, todos los niños se hallan escolarizados y cada vez son más los jóvenes que cursan estudios universitarios. La gente se especializa en muchas cosas porque todo parece poco en sociedad tan competitiva. ¿Por qué no hacer algunas preguntas?: ¿se aprende también, y con pasión sin igual, a vivir como personas, desde la más honda verdad de uno mismo?, ¿les interesa saber a los hombres y mujeres de hoy que somos hijos de Dios?, ¿buscamos, con gozo y esperanza, los caminos que llevan a la meta de la gloria prometida?
Añado otras cuestiones: ¿es posible disfrutar lo mejor de la vida sin apenas recursos económicos?, ¿nos hace dichosos compartir los bienes?; envueltos en tensiones y conflictos, ¿cómo vivir y educar para la armonía interior y la paz social?, ¿aprenderán otros lo que más importa, si lo que predicamos y esperamos no refleja, entre nosotros, amistad y comunión, libertad, justicia y paz?, ¿qué Dios intuyen y pueden conocer, al vernos vivir, trabajar, rezar, gozar y sufrir?
El Evangelio interpela a los pastores de la Iglesia y a todos los bautizados, como también a toda persona. Sería un error pensar que estas denuncias y enseñanzas de Jesús valen sólo “para los demás”. A todos nos acechan vicios y deformaciones, como son la mentira, el fingimiento, el formalismo, el orgullo, la arrogancia y la injusticia.
No está de más examinarse y ver cómo conseguimos que nuestras actuaciones, grandes o pequeñas, sean un ejercicio de amor fraterno, un verdadero servicio desempeñado en el nombre del Señor para bien de sus hijos.
Somos seguidores del único Pastor y Maestro, Jesucristo. Acojamos, de buen grado, la invitación a vivir con su estilo: sencillo, fraternal, gozoso, servidor, original, expresivo de la mejor humanidad, la de los verdaderos hijos de Dios. Cualquier esfuerzo en este sentido valdrá la pena. Y, por el Espíritu, aportará al mundo alegría, fraternidad y paz. Y, con ellas, la viva esperanza de la perfecta comunión con Dios.

29 de octubre de 2011

31 Domingo Tiempo Ordinario

Guarda mi alma en la paz,
junto a ti, Señor. Sa130d31A11cas

28 de octubre de 2011

El Vaticano contra el FMI

Justicia y Paz reconoce que comparten algunos postulados con los "indignados".
El Vaticano desautoriza al FMI y pide un banco central con 'horizonte planetario

24 de Octubre de 2011
El liberalismo económico "sin reglas y sin controles" es una de las causas de la actual crisis económica

El Pontificio Consejo para 'Justicia y Paz' del Vaticano, presidido por el cardenal Peter Turkson, considera "surrealista" y "anacrónico" que se mantenga con la globalización el orden internacional nacido de la Paz de Westfalia (1648) , por lo que aboga por que los Estados cedan de manera gradual parte de sus soberanías a una Autoridad Política Mundial y un Banco Central Mundial, muy alejado de lo que actualmente representa el FMI.
El dicasterio vaticano reclama que esta Autoridad tenga "un horizonte planetario" y esté formado por "super-partes según el principio de subsidiariedad". Es decir, que sea "la expresión de un acuerdo libre y compartido" entre países dirigidos por la Organización de las Naciones Unidas.
El objetivo de esta autoridad sería "crear mercados eficientes y eficaces para que no estén protegidos por políticas nacionales paternalistas". En opinión del Vaticano, el Fondo Monetario Internacional (FMI) "ha perdido su capacidad de garantizar la estabilidad financiera global", por lo que es necesaria la creación de un banco central mundial.
Este organismo "regularía el sistema de los cambios monetarios" y las actividades "bancarias y financieras" basándose en "lo espiritual y la ética". Entre sus funciones estaría imponer tasaciones a las transacciones financieras para la constitución de una reserva mundial que ayude a los países en crisis.
Además de apoyar esta 'tasa Tobin', El Vaticano también condiciona la recapitalización de los bancos con fondos públicos "a comportamientos virtuosos y con el objetivo de desarrollar la economía real".
La Santa Sede asegura que el liberalismo económico "sin reglas y sin controles" es una de las causas de la actual crisis económica y ha denunciado la existencia de mercados financieros fundamentalmente especulativos, dañinos para la economía real, especialmente para los países débiles".
La crisis económica, agrega este documento de 41 páginas inspirado en la encíclica de Benedicto XVI "Caritas in veritate", está causada por el utilitarismo, el individualismo y la tecnocracia, "tres ideologías que tienen un efecto devastador".
Durante la presentación del documento, el secretario del pontificio consejo, Mario Toso, reconoció que existen coincidencias entre las peticiones de la Iglesia católica por una reforma al sistema económico mundial y algunos postulados del movimiento de los "indignados".
El prelado precisó que se trata "sólo de una casualidad", porque la enseñanzas de los últimos Papas han siempre sostenido la urgencia de poner a las finanzas al servicio del hombre.
Toso participó aquí en la presentación del documento "Por una reforma del sistema financiero y monetario internacional en la prospectiva de una autoridad pública de competencia universal", redactado por ese consejo.
Estableció que la situación "extremadamente problemática" que enfrenta el mundo es causa de un "liberalismo económico sin reglas y sin supervisión", una "ideología" que muchas veces se subordina a los intereses de los países aventajados económicamente.
"A la base de las disparidades y de las distorsiones del desarrollo capitalista se encuentra, además de la ideología del liberalismo económico, la ideología utilitarista, es decir la impostación teórico-práctica según la cual lo que es útil para el individuo conduce al bien de la comunidad", indicó.
"Un efecto devastador de estas ideologías, sobre todo en las últimas décadas del siglo pasado y en los primeros años del nuevo siglo, ha sido la explosión de la crisis, en la que aún se encuentra sumergido el mundo", apuntó.
El documento vaticano también propuso medidas coincidentes con las exigencias de los "indignados" como, por ejemplo, la introducción de impuestos a las transacciones financieras conocidos coloquialmente como "tasas Robín Hood".
"Es verdadero que aquí se proponen cosas que no son usuales y habituales que parecen en línea con los lemas de los llamados indignados", reconoció Mario Toso.
"Pero debo decir que más allá de estar en línea con los indignados, nosotros estamos en línea con el magisterio de la Iglesia, casualmente los indignados tienen estas prospectivas", apuntó.
Según el funcionario vaticano el hecho que dichas propuestas sean apoyadas por los "indignados", no significa que carezcan de racionalidad y estableció que deben ser evaluadas con base en su fundamento.
"Si uno las sostiene usando un poco de virulencia, alterándose en el carácter, no significa que estas propuestas carecen de bondad, porque son buenas en sí mismas", dijo.
"La discusión entonces entra en otro plano: si se propone esto gritando o hacerlo en otra manera, nosotros elegimos el camino del razonamiento sereno para reflexionar sobre aquello que es razonable y fundado, aunque sea lentamente pero con cierta decisión", apuntó.

23 de octubre de 2011

Domingo 30

23-10-2011 DOMUND
Monasterio Sagrada Familia (Oteiza de Berrioplano)
Texto-homilía del Capellán, Ramón Sánchez-Lumbier
AMOR-ESCUCHA-OBEDIENCIA-SERVICIO-AMOR

“Estos diez mandamientos se encierran en dos”. Expresión familiar, al menos “de oídas”; otra cosa es vivir lo que quiere decir. Convertirnos al amor de Dios y del prójimo sigue siendo llamada universal. Al celebrar la Eucaristía, Jesucristo actualiza para todos el amor del Dios que tanto nos ama. Su Palabra nos ayuda a pensar y a rezar, a recibir amor, a experimentar su riqueza, a vivirlo y proclamarlo.
¿Hemos experimentado ya aquello de que “hay más felicidad en dar que en recibir”? Compartir lo que se tiene, aunque necesario para vivir, es lo más humano, concreción máxima del amor, es un obrar semejante al del mismo Dios. La verdadera caridad es la mejor evangelización: viene de Dios y lleva a Dios. El Padre nos entregó por amor a su Hijo Jesús. Él es el Enviado y Salvador. Él es la Vida que nos hace vivir con la dignidad de los hijos, beneficiarios y testigos de su amor. Jesús de Nazaret dejó claro que no se puede separar el amor a Dios del amor al hombre: “estos dos mandamientos sostienen la ley y los profetas”.
Pero ya en la Antigua Alianza Yahvé-Dios hizo ver que no sólo quería la fiel correspondencia del Pueblo a su amor en sentido, diríamos, “vertical”. Ese amor implicaba también, una esencial dimensión “horizontal”. Por fidelidad a su Dios-Libertador, todos los miembros del Pueblo tenían que amarse entre sí y abrirse al amor concreto de forasteros, extranjeros, pobres y necesitados (cf. 1ª lect.). En realidad, no se puede amar a Dios sin amar a los hombres. Amar al prójimo significa salir de uno mismo y del propio ámbito de intereses para “aproximarse” al otro (cf. parábola del Buen Samaritano: Lc. 10, 30-37).
¿Cuál es la “regla de oro” del convivir humano? Aquello de “no quieras para otro lo que no quieras para ti” y, en positivo, “haz con otro lo que quieres que hagan contigo”, fue captado hace tiempo por diversas culturas. Tiene su dificultad para aplicarse realmente, e incluso a la hora de definir y reconocer, en concreto, quién es el “otro”, quién es el “prójimo”.
Como ayer, también hoy se dan excusas por doquier. Los fariseos, que ya habían querido poner a Jesús en apuros con la pregunta sobre el tributo al César, vuelven a la carga: “Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?” (cf. ev.). La tradición los había multiplicado de forma desorbitada y no era fácil orientarse. De nuevo, la pregunta era una trampa. Jesús respondió con una de las citas más ricas del Deuteronomio: “amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser”. Y, como sabía que el amor a Dios no es real mientras no se traduce en amor a los demás, añadió la cita del Levítico: “amarás a tu prójimo como a ti mismo.” (cf. ev.)
Hermanas y amigos: sí, son los dos mandamientos fundamentales de la Ley. Y, según Jesús-el-Maestro, son “semejantes”. Nos toca ahora responder de corazón: ¿es el amor a Dios y al prójimo nuestra mejor ley y meta?, ¿es el Mandamiento del Señor el decisivo sentido de nuestra vida? Amar a Dios ¿no implicará sabernos antes amados por Él y aceptar a todos los que Él ama? En ese amor de Dios, que nos creó “a su imagen y semejanza”, radica la dignidad de toda persona, de todo “prójimo”.
Los santos se supieron amados por Dios. Rebosando de vida por la fe en Jesucristo, adoptaron esa actitud espiritual básica por la que ya no se sabe vivir sin amar. Y hoy, como seguidores de Jesús y deseando imitar su ejemplo, hay por todas partes personas que transparentan el amor de Dios. Pasaba ya en los primeros días del cristianismo. Lo refleja de maravilla la segunda lectura: “seguisteis nuestro ejemplo y el del Señor, llegasteis a ser un modelo para todos los creyentes... Vuestra fe en Dios había corrido de boca en boca”. Sí, eso es participar de lleno en la misión de Jesucristo, eso es ser Iglesia viva, evangelizada y evangelizadora. A eso nos anima la actual jornada del Domund. A eso nos llama también hoy el Señor Jesús a quien, con palabras y sentimientos del salmista, podemos invocar como “mi roca, mi alcázar, mi libertador” (cf. resp.).
Sí, Dios es “mi roca”. Sin Él, sin auténtica relación con Él, sin su amor y sin amor al prójimo, la vida humana carece de cimiento firme. En la Eucaristía, “fuente y cumbre de la vida y de la misión de la Iglesia”, se ofrece sin cesar el fundamento del quehacer pastoral para la Iglesia entera. El cristiano, cuando contempla y acoge a Jesús, no puede menos que ofrecerse, “con Él, por Él y en Él”, para dar la vida por los hermanos, especialmente por los más necesitados. Porque, como “gente de Cristo”, esencial a nuestra común vocación y misión, es orar por todos, atender y promover integralmente las justas necesidades y demandas de cada persona, de todos los pueblos.
Con Santa María, Madre del Amor Hermoso y Reina de los apóstoles, demos gracias a Dios. Ella, Mujer creyente y eucarística, interceda por nosotros, copartícipes por la fe del gozo de Jesucristo, “fruto bendito de su vientre”. Sí, Él, sólo Él, es el Pan vivo bajado del cielo y partido para la vida del mundo, Pan de vida eterna que el Padre nos da. Confiando, pues, en el Padre común, deseemos vivamente nos vaya haciendo, por su Santo Espíritu, “a imagen y semejanza” del propio Hijo, Hermano universal, Luz de las gentes y único Redentor del mundo.