29 de mayo de 2011

No estamos huérfanos

29 de mayo de 2011
Juan 14, 15-21

Una Iglesia formada por cristianos que se relacionan con un Jesús mal conocido, poco amado y apenas recordado de manera rutinaria, es una Iglesia que corre el riesgo de irse extinguiendo. Una comunidad cristiana reunida en torno a un Jesús apagado, que no seduce ni toca los corazones, es una comunidad sin futuro.
En la Iglesia de Jesús necesitamos urgentemente una calidad nueva en nuestra relación con él. Necesitamos comunidades cristianas marcadas por la experiencia viva de Jesús. Todos podemos contribuir a que en la Iglesia se le sienta y se le viva a Jesús de manera nueva. Podemos hacer que sea más de Jesús, que viva más unida a él. ¿Cómo?
Juan recrea en su evangelio la despedida de Jesús en la última cena. Los discípulos intuyen que dentro de muy poco les será arrebatado. ¿Qué será de ellos sin Jesús? ¿A quién le seguirán? ¿Dónde alimentarán su esperanza? Jesús les habla con ternura especial. Antes de dejarlos, quiere hacerles ver cómo podrán vivir unidos a él, incluso después de su muerte.
Antes que nada, ha de quedar grabado en su corazón algo que no han de olvidar jamás: «No os dejaré huérfanos. Volveré». No han de sentirse nunca solos. Jesús les habla de una experiencia nueva que los envolverá y les hará vivir porque los alcanzará en lo más íntimo de su ser. No los olvidará. Vendrá y estará con ellos.
Jesús no podrá ya ser visto con la luz de este mundo, pero podrá ser captado por sus seguidores con los ojos de la fe. ¿No hemos de cuidar y reavivar mucho más esta presencia de Jesús resucitado en medio de nosotros? ¿Cómo vamos a trabajar por un mundo más humano y una Iglesia más evangélica si no le sentimos a él junto a nosotros?
Jesús les habla de una experiencia nueva que hasta ahora no han conocido sus discípulos mientras lo seguían por los caminos de Galilea: «Sabréis que yo estoy con mi Padre y vosotros conmigo». Esta es la experiencia básica que sostiene nuestra fe. En el fondo de nuestro corazón cristiano sabemos que Jesús está con el Padre y nosotros estamos con él. Esto lo cambia todo.
Esta experiencia está alimentada por el amor: «Al que me ama...yo también lo amaré y me revelaré a él». ¿Es posible seguir a Jesús tomando la cruz cada día, sin amarlo y sin sentirnos amados entrañablemente por él? ¿Es posible evitar la decadencia del cristianismo sin reavivar este amor? ¿Qué fuerza podrá mover a la Iglesia si lo dejamos apagar? ¿Quién podrá llenar el vacío de Jesús? ¿Quién podrá sustituir su presencia viva en medio de nosotros?

José Antonio Pagola

26 de mayo de 2011

Democracia real, todavía no

Bravo muchachos. Ya me sorprendía que no acabarais saltando un día. Pero todo tiene sus ritmos, y la indignación social también. No comparto eso de democracia real “ya”, porque tardará bastante. Pero agradezco vuestra proclama de que nuestra democracia es profundamente irreal, casi sólo virtual. Quienes os critican desde sus butacas dicen que “no proponéis soluciones”, sin darse cuenta de que estáis haciendo un diagnóstico muy exacto. Y que, como pasó con el sida o con el cáncer, sólo cuando se tiene el diagnóstico podemos comenzar a buscar el remedio o la vacuna.
Habéis comprendido en vuestras carnes que este capitalismo global es incompatible con la democracia y que, de seguir por él, nos encaminamos no sólo a crisis sucesivas, a niveles masivos de paro y a generaciones perdidas como la vuestra, sino a una forma de fascismo permisivo. Nuestra democracia es irreal porque no puede haber auténtica democracia política sin democracia económica y, en el campo económico, vivimos bajo la dictadura de “los mercados”.

Soy de los que creen que mejorarán algo las cosas cuando gobierne el PP: pero no porque tenga un mejor programa económico (demasiado tiempo llevamos viendo que no tiene ninguno), sino porque entonces los poderes económicos aflojarán, los grifos financieros abrirán un poco la mano del crédito, y aceptarán correr algún riesgo a cambio de asegurar un gobierno perpetuo de la derecha. Luego, tras los primeros éxitos aparentes en las cifras de paro y de crecimiento, ya se encargarán de imponer sucesivos pasos hacia el desmonte del estado del bienestar: privatizaciones de la salud y demás bocados apetitosos. Y entonces será la hora del palo.

Supongo que conocéis un escrito ejemplar de Julio Anguita renunciando a su pensión como ex-diputado porque “con la pensión como maestro ya se puede vivir suficientemente”. Carta que, a su tiempo, compararon algunos con los emolumentos que Aznar o Felipe González añaden a sus “modestas” pensiones de ex-presidentes. Y que a otros les mereció el comentario de que Anguita será un buen hombre “pero desfasado”. Sin percibir que diciendo eso echaban piedras a su propio tejado: porque reconocían que la honradez es algo desfasado en un sistema como el nuestro.

Como lo muestra la presencia de corruptos en todas las listas y que los partidos no reaccionen eliminándolos sino pretendiendo que los otros tienen más. Como lo demuestra la obscena negativa a reformar una ley electoral que les asegura la poltrona por muy enemigos que parezcan entre sí. Como lo demuestra también el bueno de E. Abidal que, tras una experiencia en que vio la muerte de cerca, comprende que en la vida hay cosas más humanas y más importantes que el dinero y vende sus coches para dar limosnas a enfermos y hospitales; pero no se da cuenta de que de este modo no hace

más que agravar la crisis porque si todos hacen lo mismo, baja la venta de coches y nuestra economía no remonta. Que nuestro sistema sólo puede funcionar malgastando; y sólo sabe producir mucho a base de repartir muy poco.

Por eso vosotros habéis dicho muy bien que no sois anti-sistema sino alter-sistema. Mucho más cuando hemos visto cómo, pasado el primer terror que despertó la crisis, no se ha cumplido absolutamente nada de aquello de “refundar el capitalismo” que prometieron cuando les embargaba el pánico: ni supresión de paraísos fiscales, ni tasa Tobin… “¡Es que son cosas muy difíciles!”. Como si no fuera más difícil aún combatir al Sida cuando estalló y ni sabíamos lo que era. Pero claro: el sida podría afectarles también a ellos. Ahí tenéis al señor DSK y al FMI que levantan un escándalo por una (supuesta o real) violación de una camarera, cuando llevan años violando poblaciones enteras de países pobres sin escándalo de nadie.

Tengo suficientes años como para que estas palabras cobren cierto carácter de testamento. Permitidme pues sugerir algunos horizontes para vuestro trabajo futuro. En primer lugar, no aceptéis la palabra de nadie que no haya visto y palpado la crisis de cerca: que no conozca esos rostros tristes de niños hambrientos, ni la desesperación de las madres cuando oyen llorar de hambre al niño; que no haya visto la mirada baja del señor en paro crónico que no se atreve ni a levantar la vista porque se culpabiliza él de lo que pasa a su familia; a nadie que no haya puesto los pies con cierta asiduidad en lugares como la Mina de Barcelona, la Cañada real de Madrid y otros semejantes.

En segundo lugar dos consejos del Nuevo Testamento (al que no creo que conozcáis mucho, pero eso ahora importa menos): “La raíz de todos los males es la pasión por el dinero” (1 Tim 6,10): sabia constatación hecha hace veinte siglos y mucho más valiosa en la actual estructura económica. A esa observación añadía san Pablo que debéis “trabajar vuestra liberación con temor y temblor”: porque vais a tener no sólo muchos enemigos sino inevitables problemas o divisiones entre vosotros, y las típicas tentaciones de incoherencia propias de nuestra pasta humana. Pero sabéis ya que la única posible solución de nuestro mundo es lo que el mártir Ignacio Ellacuría llamaba “una civilización de la sobriedad compartida”. Porque por el camino que vamos se incuba un doble terrorismo (político y ecológico) que un día acabará con nosotros.

Gracias, ánimo y mucha paciencia.

José Ignacio González Faus

24 de mayo de 2011

La verdad padece pero no perece

Sobre el libro de Pagola "Jesús. Aproximación histórica"
Félix Azurmendi, Sacerdote de la Diócesis de San Sebastián
[Noticias de Gipuzkoa, Sábado, 16 de Abril de 2011]

Hace un año escribí un artículo, bajo el título Pedimos la verdad, en el que reclamaba información por parte de alguien "autorizado", en torno a lo que estaba sucediendo con el libro de José Anto-nio Pagola Jesús. Aproximación histórica. Tras un año nos hallamos con que, según publicaciones en prensa e Internet, "el Vaticano procesa a Pagola", "La Congregación para la Doctrina de la Fe retira el nihil obstat de Mons. Uriarte al Jesús de Pagola", "la iniciativa de Roma… tiene su origen en las presiones del núcleo más integrista de la Conferencia Episcopal Española".
Mi primera reacción se refiere a un hecho lamentable: la Iglesia recurre al "secreto", al silencia-miento y ocultamiento. ¿Qué información tiene la Diócesis de San Sebastián acerca de la verdad de lo que está ocurriendo con el libro de Pagola y con él mismo? ¿Han sido informados debida-mente y en todo momento el Consejo Presbiteral y el Consejo de Arciprestes?
En vista de lo publicado podríamos decir con el Evangelio de Juan en la mano que "la luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no la recibieron" y añadir con Santa Teresa de Jesús, y ella sabía lo que decía por su propia experiencia con la Inquisición, que "la verdad padece". Sí, la verdad pa-dece. Pero, añade Santa Teresa, "no perece".
No perece porque hay quienes quieren conocerla y la buscan. En ello les va su propia coherencia. Nadie es propietario de "la verdad". Tratamos de aproximarnos a ella en el ejercicio de nuestra li-bertad y responsabilidad de ir más allá de lo aparente en medio de este gran despropósito.
La desmesura es escandalosa: muchos miles de lectores y creyentes afirman sin dudar el bien que les ha hecho este libro en su fe, los teólogos a los que se les pidió una opinión sobre el mis-mo lo hicieron favorablemente, el obispo del autor le otorgó el nihil obstat, algunos obispos que yo conozco opinaron muy positivamente del libro, numerosos sacerdotes diocesanos de San Sebas-tián se manifestaron públicamente en apoyo del autor… Mientras, otros obispos denunciaron pú-blicamente el libro, sin siquiera hablar con el autor, hasta finalmente presionar en Roma para que la Congregación de la fe abra un proceso, no sé si al libro o al autor del libro o a ambos.
¿Qué es lo que oculta y encierra esta desmesura? No somos ni indiferentes ni insensibles a los problemas eclesiales. Los obispos no debieran estar tranquilos con este "cisma" real en la Iglesia y en nuestras comunidades. Este "cisma" es el hecho que más está dañando a la comunión y a nuestra capacidad evangelizadora hoy. Negar este hecho es pretender cerrar los ojos a la realidad y autoengañarnos. En lugar de crecer en comunión, se alimenta la desunión.
Creo que es un derecho y un deber opinar libremente sobre la gravedad de lo que está aconte-ciendo. Están en juego nuestra fe y nuestra pertenencia eclesial. Por ello reflexiono sobre algunas claves que, creo, explican algo de lo que está sucediendo.
1. En primer lugar está en juego, como problema de fondo, la verdad sobre Jesús. No es, por lo tanto, el libro de Pagola. Este libro no es más que un signo de lo que está ocurriendo en la Iglesia. Es el problema, viejo y nuevo, del Jesús de la historia y el Cristo de la fe. Yo creo que nos esta-mos enfrentando a una tentación también presente en otros momentos de la historia de la Iglesia: por salvaguardar la "dignidad" de Dios, la divinidad de Cristo, ignoramos o subordinamos la humanidad de Jesús. Mientras la médula y lo inaudito de la fe cristiana está en la encarnación de Dios, una encarnación anonadada e histórica, son acusados de "arrianismo" quienes nos están indicando que es precisamente en la humanidad histórica de Jesús en la que Dios se ha encarna-do. Como dijo Pablo VI "en la humanidad sacratísima de Cristo está todo nuestro bien y salva-ción".
El gran problema del sector al que incomoda el libro en cuestión debe de ser que "este Jesús" les molesta, no cuadra con sus intereses "eclesiásticos". Acaban por reproducir lo que pasó en la existencia histórica de Jesús: se vuelve a clavar a Jesús en la cruz, en el rechazo y en la acusa-ción de "heterodoxia". Ésta es la cruz de Jesús, también hoy.
2. Lo que está en juego, en segundo lugar, no es "el libro" de Pagola. Están en juego su palabra y su reflexión, su obra y el propio autor. Pagola molesta por lo que dice: este sector eclesial no pue-de soportar, según parece, su reflexión lúcida, clara y accesible y, sobre todo, hecha desde el Evangelio y desde Jesús. El problema es un Pagola que no calla, cuyo mensaje se difunde masi-vamente gracias a la prensa y a las redes sociales, que llega a miles de personas que lo leen con gran satisfacción. Mientras muchos sacerdotes y obispos aburrimos dentro y fuera de la Iglesia, Pagola capta la atención, despierta interés sobre Jesús, contribuye a formar cristianos y personas adultas y no-dependientes. Asimismo, su aportación es valiosa para el hecho cultural moderno, que recibe a este Jesús como una novedad relevante para vida del hombre y la mujer de este si-glo. Pagola logra inyectar en la capa social y cultural de hoy a Jesús de Nazaret.
3. Hay una tercera dimensión que también está en juego: somos las personas que vivimos y sen-timos nuestra fe en Jesús y nuestra pertenencia eclesial en sintonía con J. A. Pagola. Si es verdad que al libro de Pagola y, como afirman algunos, a Pagola mismo se le ha iniciado un proceso en la Congregación de la Doctrina de la Fe, estamos procesados con él miles de cristianas y cristianos: laicos, sacerdotes, religiosos, muchos teólogos y algunos obispos. Está también procesada una parte mayoritaria de nuestra Diócesis de San Sebastián. Se pueden sentir procesados los 80.000 que han comprado el libro, los miles y miles que le siguen semanalmente y quienes leen con en-tusiasmo cada nuevo libro que escribe. ¿No es esto una exageración y un disparate?
4. Están también en juego los derechos humanos: el respeto a la libertad, fundamentalmente. ¿Quién puede impedir que un libro sea vendido y una persona sea escuchada? ¿La libertad reli-giosa, la libertad de pensamiento y de palabra, donde quedan en la Iglesia? ¿Se puede reclamar la libertad religiosa en la sociedad cuando no se respeta en el interior de la iglesia? ¿Cómo se puede privar a la sociedad y a la misma Iglesia leer lo que quiera?
5. En este hecho oscuro, aparece asimismo el pecado de la Iglesia. Si no se detiene el proceso en curso y se le restituye a Pagola de todos los sufrimientos que se le han originado, un sector ecle-sial muy numeroso, mayoritario en Gipuzkoa, que nos sentimos procesados con Pagola, tenemos derecho a pensar que, en realidad, nos encontramos ante el pecado de la iglesia. Lo anunció Je-sús: "Os llevarán a los tribunales y creerán que hacen un bien".
6. Este asunto nos sitúa ante el problema del modelo de Iglesia. Estamos viviendo eclesiologías incompatibles entre sí. La eclesiología "oficial" vuelve a ser "neoexclusivista". Estamos viviendo un gran miedo al pluralismo, porque es percibido como una amenaza para la fe y la Iglesia. Éste es un callejón sin salida. Desde el miedo no se puede evangelizar La única salida válida, a mi modo de ver, es el diálogo, que ninguna posición eclesiológica se imponga a la otra, que ninguna posi-ción teológica se imponga a las demás. Ahora no existe este diálogo. Por esta razón, la comunión y la colegialidad son dos grandes déficit en nuestras Iglesias y ello representa un gran fracaso y un grave obstáculo para esa nueva evangelización que se pretende impulsar. Sobresalen la intole-rancia y la imposición, el centralismo y el dogmatismo. Todo ello nos está llevando a un nuevo in-dividualismo, un "sálvese quien pueda" que solo produce, a la larga, tristeza e impotencia.
Concluyo. Solo quiero desear que no perdamos la capacidad de indignarnos y que no abdiquemos del deber de reformar la Iglesia. Que no nos falte el aliento de una oración que dirija nuestra mira-da a Jesús y a su palabra, pues puede estar sucediéndonos que digamos creer en Jesús y, en realidad, no lo amemos. Me parece una insensatez y una forma extraña de fanatismo decir que el Jesús que "emerge" y "cobra vida" en el libro Jesús. Aproximación histórica no es en realidad el Jesús en el que cree la Iglesia, el proclamado como Cristo y Señor. Un libro y un autor que han ayudado y ayudan a tantos a encontrarse con Jesús, amarle y creer en Él, no pueden sino estar en la fe de la Iglesia. Espero que se imponga la sensatez y prevalezca la verdad.

23 de mayo de 2011

En recuerdo de Rachel Corrie

Hace pocos días en Gaza, ha perdido la vida una joven pacifista, Rachel Corrie de sólo 23 años.
RachelCorrielto

22 de mayo de 2011

Democracia real ya

Nos hacemos eco de las manifestaciones que se han producido estos días previos a las elecciones del 22-M a través de este video colgado en Youtube, que refleja la seriedad y el compromiso de toda esta juventud.
Democracia real ya

¿Hay un voto católico?

CARTA SEMANAL DEL ARZOBISPO DE OVIEDO

Queridos amigos y hermanos: Paz y Bien. Estamos ya en pleno fragor de campaña electoral, para la cita que tenemos el próximo domingo 22 de mayo, de cara a los comicios municipales y autonómicos. Hemos sido convocados y es menester responsable participar como ciudadanos y como cristianos a la hora de elegir a nuestros representantes democráticos.
¿Se presenta la Iglesia Católica a estas elecciones? Es una pregunta retórica, que es fácil responder. Incluso podemos dar la palabra al Beato Juan Pablo II, que lúcidamente abordó esta cuestión: la Iglesia «no propone sistemas o programas económicos y políticos, ni manifiesta preferencias por unos o por otros, con tal que la dignidad del hombre sea debidamente respetada y promovida, y ella goce del espacio necesario para ejercer su ministerio en el mundo. Pero la Iglesia es “experta en humanidad”, y esto la mueve a extender necesariamente su misión religiosa a los diversos campos en que los hombres y mujeres desarrollan sus actividades, en busca de la felicidad, aunque siempre relativa, que es posible en este mundo, de acuerdo con su dignidad de personas» (Juan Pablo II, Sollicitudo rei socialis, 41). Es así.
La Iglesia no tiene un partido que la represente, ni como tal nos presentamos detrás de unas siglas. Y esto vale absolutamente para todos los partidos, si bien no hay neutralidad cuando evaluamos la cercanía o la lejanía de sus programas y actuaciones, respecto a nuestra manera de entender la justicia y los derechos de las personas desde la doctrina social de la Iglesia. Como indicaba en ese mismo texto el Beato Juan Pablo II, «la doctrina social de la Iglesia no es, una “tercera vía” entre el capitalismo liberal y el colectivismo marxista, y ni siquiera una posible alternativa a otras soluciones menos contrapuestas radicalmente, sino que tiene una categoría propia. No es tampoco una ideología, sino la cuidadosa formulación del resultado de una atenta reflexión sobre las complejas realidades de la vida del hombre en la sociedad y en el contexto internacional, a la luz de la fe y de la tradición eclesial. Su objetivo principal es interpretar esas realidades, examinando su conformidad o diferencia con lo que el Evangelio enseña acerca del hombre y su vocación terrena y, a la vez, trascendente, para orientar en consecuencia la conducta cristiana».
Es normal que los diferentes partidos políticos intensifiquen en estos días sus diversos actos para explicar a los ciudadanos cuáles son los programas que quisieran poder desarrollar si obtuviesen el respaldo popular. Es deseable que haya una limpieza en la campaña, que no consiste en la destrucción del rival político, sino en la propuesta de lo que se desea llevar a cabo como un servicio al bien común, subrayando los retos más emergentes, saliendo al paso de las problemáticas sociales y humanas que tenemos ante nosotros y que condicionan la vida real de miles de conciudadanos.
Existen dificultades para escuchar sus propuestas o evaluar su propia gestión con quienes emplean la mentira como herramienta y el ataque visceral como talante. Engañar al electorado demagógicamente, tiene consecuencias tremendas a la hora de encontrar cauces de solución a los problemas. Tenemos ejemplos bien recientes, en donde la mentira irresponsable ha ahondado una crisis económica que afecta a un incontable número de personas y de familias.
Se trata de elegir a quienes creíblemente pondrán remedio con el justo empleo de los recursos y la gestión de los presupuestos; la defensa de la vida en todas sus fases, la maternidad y los retos de la familia; de la educación integral no entendida como cincel manipulador al servicio de una ideología; de los más desfavorecidos y sus situaciones de desempleo y vivienda, de la violencia y sus causas en una sociedad frívola y crispada; del desencanto de nuestros jóvenes y la atención social a los ancianos; de nuestra convivencia en un mundo culturalmente plural.
Es hermosa y noble la dedicación a la política cuando se entiende como un servicio real a las personas reales, sin injerencias indebidas y sin inhibiciones lamentables. El perfil cristiano del político también existe, viva o no con total coherencia las exigencias de nuestra fe. Y a él miramos cuando en lo que propone hacer o en lo que da cuenta de lo ya hecho, son reconocibles nuestros valores cristianos.

Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo

Domingo 5º Pascua, A

Monasterio Sagrada Familia (Oteiza de Berrioplano)
Texto-homilía del Capellán, Ramón Sánchez-Lumbier

Jesús se nos presenta como Aquél que siempre está en el Padre y al que vuelve para prepararnos sitio (cf. ev.). Jesús se revela como el Camino, la Verdad y la Vida.
Gracias a Jesucristo, vivimos ya en Dios y somos llamados a dar fruto abundante. La mejor cosecha es la fe y comunión en el amor que Dios nos tiene. Ese amor primero y siempre fiel nos hace ser lúcidos y gozosos servidores de los hermanos. Sí, acercándonos al Señor con fe, entramos en la construcción del templo del Espíritu, como piedras vivas (cf. 2ª lect.). Sólo por Jesús podemos ir al Padre. Es, hermanas y amigos, la Palabra verdadera y fiel que nos lleva a vivir con plenitud nuestra condición humana. Y, concretamente, la vocación de ser y actuar como hijos de Dios y hermanos de todos.
Todo ello es fruto de la Resurrección del Señor. En su órbita nos movemos con gozo inmenso llevados por la esperanza. Lo estamos celebrando con la Iglesia. Abramos corazón, ojos y manos al horizonte cósmico y esplendoroso del triunfo de Jesucristo. ¿Cómo hacerlo? Sugiero aceptar la intimidad de Jesucristo. Es el mejor puerto para nuestras fatigas, el más grande consuelo, la verdad más plena. Nadie jamás osó decir lo que Jesús repite hoy: “quien me ha visto a mí, ha visto al Padre” (cf. ev.). No te acostumbres a oírlo, hermana y amigo, porque es realmente sorprendente, lo original cristiano.
Por ser Vida plena, Jesús es la Verdad total. Y se ofrece como Camino y Meta: creer en Él, seguirle cada día, nos conduce al abrazo eterno con Dios, su Padre y nuestro Padre. Tomás no comprende, tampoco Felipe, y eso que eran de los amigos que tuvo cerca. Jesús siente no haber podido ampliar aún el horizonte de los suyos. A pesar de todo, insiste y propone pasos a dar, sentimientos y actitudes para asumir: que nos fiemos de Él, que estemos y nos mantengamos en su presencia, que contemplemos y proclamemos sus obras, que actuemos su amor atendiendo necesidades concretas de la comunidad (cf.1ª lect.).
Por Jesús sabemos que el camino para ir a Dios pasa por el hermano, el prójimo, el necesitado. Dios se ha querido manifestar plenamente dándosenos en su propio Hijo Jesús. Y por Él podemos gustar la entrañable misericordia de nuestro Dios (cf. salmo resp.) y la más profunda verdad de nosotros mismos. En Él se nos revela el pleno sentido de nuestra vida y de nuestra muerte, de los trabajos y alegrías, de las nobles esperanzas y del mejor destino.
Por ello, como Buen Pastor, Jesús Resucitado nos lleva en buena dirección y nos pide decir siempre “no” al poder que esclaviza, a la violencia que destruye, al placer que embota, al consumismo hiriente y abusivo, a la autosuficiencia del orgullo, a la mentira, a la calumnia, a toda injusticia, a la dictadura de cualquier relativismo.
Con la luz del Evangelio de Jesús y en la fortaleza de su santo Espíritu, podremos decir “sí” a todos los recursos humanos servidores de la dignidad de personas y pueblos, “sí” a cuanto contribuye a edificar la nueva humanidad; “sí” a todo lo que ayude a la realización de una casa común más habitable. Todo tiene que hacerse en verdad y libertad, con justicia y solidaridad, con sencillez, alegría y amor. Y la casa común brillará, adornada con la paz de Dios, para bien de todos. Sí, créetelo y juega “tus bazas”: con el ejemplo de Jesús y con la audacia de su santo Espíritu, podemos vivir como comunidad cristiana edificada sobre Roca (cf. 2ª lect.). Será la Iglesia que construye, afectiva y efectivamente, el Reino de Dios, la civilización del amor. Para que todos tengan vida, vida abundante.
Estos últimos domingos hemos ido viendo a la Iglesia en las Escrituras santas como fruto precioso de la Pascua del Señor. Por eso, nuestra comunidad de fe tiene que sentirse de nuevo llamada a proclamar las hazañas del que nos hizo salir de la tiniebla y entrar en su luz maravillosa (cf. 2ª lect.). Sólo si nos dejamos penetrar y guiar por Jesús Resucitado, mostraremos al mundo el verdadero rostro del Dios Vivo, Creador y Padre misericordioso, que a todos quiere salvar. Si creemos de verdad en Jesucristo, si permanecemos fieles a su amor, si crecemos en Él, cumpliremos su mandato, nos amaremos como Él nos amó.
Es cierto que el misterio de la persona y mensaje de Jesús sólo se ve bien a la luz de su resurrección. Con ella, el Padre ha confirmado que el camino de Jesús es el que realmente salva, el único liberador. Hoy, peregrinos de la fe, nuestra esperanza de una más perfecta comunión ha de concretarse en perdón mutuo, en la solidaria acogida, en servicios fraternos, en cantos de gratitud y alabanza, en oración filial y confiada entrega, en testimonios vivos de evangelización (cf. 1ª lect.), en el hecho de compartir gozosamente la hermosa dignidad y libertad de los hijos de Dios y el regalo de la herencia eterna.
Sólo Jesucristo es el Camino, la Verdad y la Vida. Nos pide Jesús: “Creed en Dios y creed también en Mí”. Sí, hermanas y amigos, penetrados del gozo de la Pascua, reavivemos la fe apostólica. La Eucaristía es presencia del Señor entre nosotros, su triunfo sobre el pecado y la muerte; también, alimento para vivir y prenda de gloria esperada. Demos gracias al Señor porque hizo maravillas (cf. 1ª lect.), las sigue haciendo y las hará todavía mayores.

No os quedéis sin Jesús

22 de mayo de 2011
Juan, 14, 1-12

Al final de la última cena Jesús comienza a despedirse de los suyos: ya no estará mucho tiempo con ellos. Los discípulos quedan desconcertados y sobrecogidos. Aunque no les habla claramente, todos intuyen que pronto la muerte les arrebatará de su lado. ¿Qué será de ellos sin él?
Jesús los ve hundidos. Es el momento de reafirmarlos en la fe enseñándoles a creer en Dios de manera diferente: «Que no tiemble vuestro corazón. Creed en Dios y creed también en mí». Han de seguir confiando en Dios, pero en adelante han de creer también en él, pues es el mejor camino para creer en Dios.
Jesús les descubre luego un horizonte nuevo. Su muerte no ha de hacer naufragar su fe. En realidad, los deja para encaminarse hacia el misterio del Padre. Pero no los olvidará. Seguirá pensando en ellos. Les preparará un lugar en la casa del Padre y un día volverá para llevárselos consigo. ¡Por fin estarán de nuevo juntos para siempre!
A los discípulos se les hace difícil creer algo tan grandioso. En su corazón se despiertan toda clase de dudas e interrogantes. También a nosotros nos sucede algo parecido: ¿No es todo esto un bello sueño? ¿No es una ilusión engañosa? ¿Quién nos puede garantizar semejante destino? Tomás, con su sentido realista de siempre, sólo le hace una pregunta: ¿Cómo podemos saber el camino que conduce al misterio de Dios?
La respuesta de Jesús es un desafío inesperado: «Yo soy el camino, la verdad y la vida». No se conoce en la historia de las religiones una afirmación tan audaz. Jesús se ofrece como el camino que podemos recorrer para entrar en el misterio de un Dios Padre. El nos puede descubrir el secreto último de la existencia. El nos puede comunicar la vida plena que anhela el corazón humano.
Son hoy muchos los hombres y mujeres que se han quedado sin caminos hacia Dios. No son ateos. Nunca han rechazado de su vida a Dios de manera consciente. Ni ellos mismos saben si creen o no. Sencillamente, han dejado la Iglesia porque no han encontrado en ella un camino atractivo para buscar con gozo el misterio último de la vida que los creyentes llamamos "Dios".
Al abandonar la Iglesia, algunos han abandonado al mismo tiempo a Jesús. Desde estas modestas líneas, yo os quiero decir algo que bastantes intuís. Jesús es más grande que la Iglesia. No confundáis a Cristo con los cristianos. No confundáis su Evangelio con nuestros sermones. Aunque lo dejéis todo, no os quedéis sin Jesús. En él encontraréis el camino, la verdad y la vida que nosotros no os hemos sabido mostrar. Jesús os puede sorprender.
José Antonio Pagola

21 de mayo de 2011

Pascua 5A

Lo importante no es la religión, sino Dios, al que sólo podemos encontrar en nuestra humanidad.
José María Castillo, Doctor Honoris Causa, por la Universidad de Granada (13-5-11).
PASCUA 5 ..

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20 de mayo de 2011

Beato Juan Pablo II

¡No tengais miedo, abridle las puertas a Jesucristo!
Beato Juan Pablo II (e 2 3)

18 de mayo de 2011

La justicia de Obama

Hace dos años y medio, fui de los muchos que celebraron la victoria de Barack Obama como signo de esperanza para todo el planeta. Ahora veo que nos sobró entusiasmo, una vieja palabra griega que significa algo así como “estado de inspiración divina”, pero era comprensible, porque veníamos de la larga pesadilla de Bush al frente de América y del mundo, y porque una pequeña chispa suele bastar a veces para que prenda en nosotros el fuego sagrado que nos habita. Necesitábamos recuperar un poco de confianza en el ser humano tan frágil, en la justicia tan insegura, en el futuro tan incierto, y Barack Obama encendió nuestras mejores esperanzas.

Pero las mejores esperanzas dejan paso fácilmente a los mayores desengaños, y entonces nos quedamos sin fuego divino, y el alma nos pesa. La pesadumbre me embargó el lunes por la mañana, cuando escuché al presidente americano, con el tono de las ocasiones más solemnes, anunciar la muerte de Bin Laden y sentenciar luego: “Se ha hecho justicia”. Fue como el triste final de una historia de desencantos que, mes a mes, han ido en aumento durante los dos últimos años, a medida que el realismo se imponía sobre el sueño en todos los campos, de Palestina a Afganistán, del Congo a Guantánamo.

¿Se ha hecho justicia? ¡Mentira, señor Obama! “Se ha hecho venganza”. Ud. llama justicia a la venganza, simplemente porque tiene el poder para dictar la ley que le conviene y para saltarse incluso su propia ley, si así le conviene, sin miedo a ser sentado ante ningún tribunal. Nos ha traicionado. Ud. ha traicionado la esperanza de la humanidad y del planeta, la pobre esperanza huérfana que depositamos en su inspirada palabra, en sus bellos propósitos, en su gran corazón y hasta en su hermosa piel. ¿Qué aprenderán de Ud. sus hijas, y los hijos y las hijas de todos los americanos? ¿Con qué modelos reforzaremos el escaso entusiasmo ético y político de nuestros jóvenes alumnos que mañana deberán hacerse cargo del presente y del futuro?

Bin Laden era un asesino, nadie lo discute. Llevaba consigo una siniestra historia de bombas suicidas, de bombas asesinas, de sangre, de lágrimas, de luto. Era un terrorista, nadie lo niega. Ha manchado de infamia y de muerte el santo nombre de Allah el Compasivo, el Misericordioso; ha contaminado de odio y fanatismo a la numerosa y pacífica comunidad de musulmanas y musulmanes. Era un asesino, sí, pero el que mata a un asesino sin otra razón y sin otro objetivo que la venganza es también un asesino. Y si fue Ud., como ha reconocido, quien ordenó matarlo, señor Obama –me duele decirlo, pero no puedo callarlo–, Ud. también es un asesino. Y yo también lo soy, pues pago impuestos, compro y vendo en este lado del planeta –el suyo– que se ha erigido en amo y juez de todo el planeta en contra de la justicia.

Hay que impedir al asesino –a todo asesino, y en primer lugar al que tiene poder para saltarse la justicia–, hay que impedirle que mate. Pero nadie creemos que Ud. haya mandado matar a Bin Laden para impedir que mate a otros inocentes. Ud. lo ha matado para saciar el instinto más ciego y más inhumano de esta pobre especie humana llena de terrores: el instinto de venganza. Y no nos engañe, no son los muertos del 11 S los que reclaman venganza. La venganza de los vivos en nombre de los muertos no hace sino envilecer a los muertos y herir aun más su memoria. Los muertos quieren descansar en paz. Los muertos necesitan que desaparezca de la Tierra el odio que les hizo morir. Su predecesor George Bush, siempre en nombre de la justicia, pero por la pura ley de la venganza y sin apenas disimulo, mató a centenares de miles de personas durante 8 interminables años, primero en Afganistán, luego en Irak y luego de nuevo en Afganistán, por no hablar de los muertos de hambre que todos matamos y que no tienen ningún Punto Cero y a quien nadie pone flores en la tumba. También Bin Laden,

entrenado y armado en su tiempo por los mismos que ahora le han matado –absurdo mundo, afligida especie–, también él decía matar por justicia, pero era por venganza por lo que mataba, como Ud. ahora.

Tal vez hubiera sido justo matar a Bin Laden si con ello se hubieran salvado vidas ajenas. Yo no creo, en efecto, a quienes enseñan que ninguna causa nunca puede nunca justificar que se mate, pues esos mismos aceptan luego la legítima defensa como excepción, o justifican incluso guerras y penas de muerte, cuando no justifican directamente la venganza, como todos aquellos que han celebrado este asesinato de Bin Laden. No, nuestra vida no es un valor absoluto. La vida de cada uno está ligada a la vida de los otros, al igual que la muerte. Vivimos juntos y morimos juntos. O vivimos todos o morimos todos. La vida de todo viviente –también la del asesino– se debe a los otros, para que otros no mueran, para que vivan. Pero Ud., señor Obama, no mandó matar a Bin Laden para impedir que otros murieran ni para que vivamos todos en un mundo más humano y seguro. No fue ese su motivo, y no será ese el efecto, pues es seguro que su asesinato –múltiple, por cierto– hará que haya más muertos. La alarma y el miedo no han hecho sino aumentar. Cuanto más odio, más peligro. Cuanta más venganza, más muerte, hasta que muramos todos. Lo dijo un santo compatriota suyo y de su mismo color, mártir también él del odio y de la venganza, mártir de la no-violencia: “Ojo por ojo y todo el mundo quedará ciego”. Luther King, el sí fue mártir de la verdadera justicia. Nosotros pensábamos que Ud. había tenido el sueño de aquel santo, pero tristemente nos engañábamos.

No sabemos quién empezó esta espiral de muerte, pero sabemos que solo acabará cuando dejemos de matar en nombre de la justicia, cuando arranquemos el odio y hagamos desaparecer la venganza. La justicia no consiste en castigar y matar. La justicia no consiste en hacer expiar al culpable. La justicia consiste en procurar a cada viviente al máximo posible lo que la vida reclama para ser sana y feliz. Y cuando la vida es herida, la justicia consiste en curar. En curar primero a la víctima, pero luego también al victimario, él también herido. Y la venganza, por mucho que nos empeñemos, no cura ni a la víctima ni al victimario. ¿Quién es la víctima, quién es el victimario? No conozco a nadie que sea solo víctima, ni a nadie que sea solo victimario. Somos Caín y Abel. Todos somos Caín, y llevamos una interminable historia de muertes sobre los hombros. Pero también a Caín, Dios le puso una marca en la frente, para que nadie le matara. Todos somos Abel, pobres víctimas desde el inicio de los tiempos, heridos desde siempre. Pero no se curarán nuestras heridas, mientras no se curen también las heridas de Caín, que son también nuestras propias heridas. Entonces habrá paz en la Tierra. Entonces, por fin, solo entonces se hará justicia. Solo entonces, pues la justicia es el nombre de la paz.

Señor Obama, no siga traicionando esta esperanza que hace dos años y medio predicó al mundo. No defraude más la esperanza divina que despertó en nosotros. No podemos vivir sin fuego en el alma. No podemos vivir sin esperar en el corazón humano, con todas sus contradicciones. No, no podemos vivir sin confiar en la hermandad de los pueblos y en el futuro del planeta. No podemos vivir sin creer en la paz de la justicia, sin esperar que un día haremos que se cumpla el bello salmo que Ud. reza: “La justicia y la paz se besan”. Haga honor a su nombre, sea Ud. bendito y traiga bendición.

José Arregi

Para orar

Creo firmemente que lo conseguiremos.
Creo firmemente en la humanidad.
Creo que, en la noche oscura del mundo,
aunque algunos se empeñen, amanece la paz.
Me niego a creer que el hombre no pueda
hacer con su esfuerzo un mundo mejor.
Me niego a creer que el odio y el racismo
no puedan un día dar paso al amor.
Creo firmemente que lo conseguiremos…
Me niego a aceptar las noches de odio,
las noches de guerra, noches de dolor.
Me niego a creer que somos cautivos
del miedo, el fracaso, de alzar nuestra voz.
Creo firmemente que lo conseguiremos…
Me niego a aceptar noches sin estrellas, ´
días sin ternura, meriendas sin pan.
Me niego a aceptar que los obuses que estallan,
cañones de odio, construyan la paz.
Creo firmemente que lo conseguiremos…
Me atrevo a creer en el corazón,
en tardes de abrazos y de primavera.
Pancartas de paz, justicia, ilusión.
Se escucha el rumor de la nueva era.
Creo firmemente que lo conseguiremos…

(Asamblea de cristianos de base de Asturias)

17 de mayo de 2011

Contra la crisis económica

Foro de curas de Madrid

“Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanza, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo” (GS 1).
El Foro de Curas de Madrid Ante La Crisis Economica 2011

16 de mayo de 2011

MENSAJE DEL PAPA BENEDICTO XVI PARA LA XLVIII JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES

15 DE MAYO DE 2011 – IV DOMINGO DE PASCUA
Tema: «Proponer las vocaciones en la Iglesia local»

Queridos hermanos y hermanas

La XLVIII Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones que se celebrará el 15 de mayo de 2011, cuarto Domingo de Pascua, nos invita a reflexionar sobre el tema: «Proponer las vocaciones en la Iglesia local».
Hace setenta años, el Venerable Pío XII instituyó la Obra Pontificia para las Vocaciones Sacerdotales. A continuación, animadas por sacerdotes y laicos, obras semejantes fueron fundadas por Obispos en muchas diócesis como respuesta a la invitación del Buen Pastor, quien, «al ver a las gentes se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor», y dijo: «La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies» (Mt 9, 36-38).

El arte de promover y de cuidar las vocaciones encuentra un luminoso punto de referencia en las páginas del Evangelio en las que Jesús llama a sus discípulos a seguirle y los educa con amor y esmero. El modo en el que Jesús llamó a sus más estrechos colaboradores para anunciar el Reino de Dios ha de ser objeto particular de nuestra atención (cf. Lc 10,9). En primer lugar, aparece claramente que el primer acto ha sido la oración por ellos: antes de llamarlos, Jesús pasó la noche a solas, en oración y en la escucha de la voluntad del Padre (cf. Lc 6, 12), en una elevación interior por encima de las cosas ordinarias. La vocación de los discípulos nace precisamente en el coloquio íntimo de Jesús con el Padre. Las vocaciones al ministerio sacerdotal y a la vida consagrada son primordialmente fruto de un constante contacto con el Dios vivo y de una insistente oración que se eleva al «Señor de la mies» tanto en las comunidades parroquiales, como en las familias cristianas y en los cenáculos vocacionales.

El Señor, al comienzo de su vida pública, llamó a algunos pescadores, entregados al trabajo a orillas del lago de Galilea: «Veníos conmigo y os haré pescadores de hombres» (Mt 4, 19). Les mostró su misión mesiánica con numerosos «signos» que indicaban su amor a los hombres y el don de la misericordia del Padre; los educó con la palabra y con la vida, para que estuviesen dispuestos a ser los continuadores de su obra de salvación; finalmente, «sabiendo que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre» (Jn 13,1), les confió el memorial de su muerte y resurrección y, antes de ser elevado al cielo, los envió a todo el mundo con el mandato: «Id y haced discípulos de todos los pueblos» (Mt 28,19).

La propuesta que Jesús hace a quienes dice «¡Sígueme!» es ardua y exultante: los invita a entrar en su amistad, a escuchar de cerca su Palabra y a vivir con Él; les enseña la entrega total a Dios y a la difusión de su Reino según la ley del Evangelio: «Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto» (Jn 12,24); los invita a salir de la propria voluntad cerrada en sí misma, de su idea de

autorrealización, para sumergirse en otra voluntad, la de Dios, y dejarse guiar por ella; les hace vivir una fraternidad, que nace de esta disponibilidad total a Dios (cf. Mt 12, 49-50), y que llega a ser el rasgo distintivo de la comunidad de Jesús: «La señal por la que conocerán que sois discípulos míos, será que os amáis unos a otros» (Jn 13, 35).

También hoy, el seguimiento de Cristo es arduo; significa aprender a tener la mirada de Jesús, a conocerlo íntimamente, a escucharlo en la Palabra y a encontrarlo en los sacramentos; quiere decir aprender a conformar la propia voluntad con la suya. Se trata de una verdadera y propia escuela de formación para cuantos se preparan para el ministerio sacerdotal y para la vida consagrada, bajo la guía de las autoridades eclesiásticas competentes. El Señor no deja de llamar, en todas las edades de la vida, para compartir su misión y servir a la Iglesia en el ministerio ordenado y en la vida consagrada, y la Iglesia «está llamada a custodiar este don, a estimarlo y amarlo. Ella es responsable del nacimiento y de la maduración de las vocaciones sacerdotales» (Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Pastores dabo vobis, 41). Especialmente en nuestro tiempo en el que la voz del Señor parece ahogada por «otras voces» y la propuesta de seguirlo, entregando la propia vida, puede parecer demasiado difícil, toda comunidad cristiana, todo fiel, debería de asumir conscientemente el compromiso de promover las vocaciones. Es importante alentar y sostener a los que muestran claros indicios de la llamada a la vida sacerdotal y a la consagración religiosa, para que sientan el calor de toda la comunidad al decir «sí» a Dios y a la Iglesia. Yo mismo los aliento, como he hecho con aquellos que se decidieron ya a entrar en el Seminario, a quienes escribí: «Habéis hecho bien. Porque los hombres, también en la época del dominio tecnológico del mundo y de la globalización, seguirán teniendo necesidad de Dios, del Dios manifestado en Jesucristo y que nos reúne en la Iglesia universal, para aprender con Él y por medio de Él la vida verdadera, y tener presentes y operativos los criterios de una humanidad verdadera» (Carta a los Seminaristas, 18 octubre 2010).

Conviene que cada Iglesia local se haga cada vez más sensible y atenta a la pastoral vocacional, educando en los diversos niveles: familiar, parroquial y asociativo, principalmente a los muchachos, a las muchachas y a los jóvenes —como hizo Jesús con los discípulos— para que madure en ellos una genuina y afectuosa amistad con el Señor, cultivada en la oración personal y litúrgica; para que aprendan la escucha atenta y fructífera de la Palabra de Dios, mediante una creciente familiaridad con las Sagradas Escrituras; para que comprendan que adentrarse en la voluntad de Dios no aniquila y no destruye a la persona, sino que permite descubrir y seguir la verdad más profunda sobre sí mismos; para que vivan la gratuidad y la fraternidad en las relaciones con los otros, porque sólo abriéndose al amor de Dios es como se encuentra la verdadera alegría y la plena realización de las propias aspiraciones. «Proponer las vocaciones en la Iglesia local», significa tener la valentía de indicar, a través de una pastoral vocacional atenta y adecuada, este camino arduo del seguimiento de Cristo, que, al estar colmado de sentido, es capaz de implicar toda la vida.

Me dirijo particularmente a vosotros, queridos Hermanos en el Episcopado. Para dar continuidad y difusión a vuestra misión de salvación en Cristo, es importante incrementar cuanto sea posible «las vocaciones sacerdotales y religiosas, poniendo interés especial en las vocaciones misioneras» (Decr. Christus Dominus, 15). El Señor necesita vuestra colaboración para que sus llamadas puedan llegar a los corazones de quienes ha escogido. Tened cuidado en la elección de los agentes pastorales para el Centro Diocesano de Vocaciones, instrumento precioso de promoción y organización de

la pastoral vocacional y de la oración que la sostiene y que garantiza su eficacia. Además, quisiera recordaros, queridos Hermanos Obispos, la solicitud de la Iglesia universal por una equilibrada distribución de los sacerdotes en el mundo. Vuestra disponibilidad hacia las diócesis con escasez de vocaciones es una bendición de Dios para vuestras comunidades y para los fieles es testimonio de un servicio sacerdotal que se abre generosamente a las necesidades de toda la Iglesia.

El Concilio Vaticano II ha recordado explícitamente que «el deber de fomentar las vocaciones pertenece a toda la comunidad de los fieles, que debe procurarlo, ante todo, con una vida totalmente cristiana» (Decr. Optatam totius, 2). Por tanto, deseo dirigir un fraterno y especial saludo y aliento, a cuantos colaboran de diversas maneras en las parroquias con los sacerdotes. En particular, me dirijo a quienes pueden ofrecer su propia contribución a la pastoral de las vocaciones: sacerdotes, familias, catequistas, animadores. A los sacerdotes les recomiendo que sean capaces de dar testimonio de comunión con el Obispo y con los demás hermanos, para garantizar el humus vital a los nuevos brotes de vocaciones sacerdotales. Que las familias estén «animadas de espíritu de fe, de caridad y de piedad» (ibid), capaces de ayudar a los hijos e hijas a acoger con generosidad la llamada al sacerdocio y a la vida consagrada. Los catequistas y los animadores de las asociaciones católicas y de los movimientos eclesiales, convencidos de su misión educativa, procuren «cultivar a los adolescentes que se les han confiado, de forma que éstos puedan sentir y seguir con buen ánimo la vocación divina» (ibid).

Queridos hermanos y hermanas, vuestro esfuerzo en la promoción y cuidado de las vocaciones adquiere plenitud de sentido y de eficacia pastoral cuando se realiza en la unidad de la Iglesia y va dirigido al servicio de la comunión. Por eso, cada momento de la vida de la comunidad eclesial —catequesis, encuentros de formación, oración litúrgica, peregrinaciones a los santuarios— es una preciosa oportunidad para suscitar en el Pueblo de Dios, particularmente entre los más pequeños y en los jóvenes, el sentido de pertenencia a la Iglesia y la responsabilidad de la respuesta a la llamada al sacerdocio y a la vida consagrada, llevada a cabo con elección libre y consciente.

La capacidad de cultivar las vocaciones es un signo característico de la vitalidad de una Iglesia local. Invocamos con confianza e insistencia la ayuda de la Virgen María, para que, con el ejemplo de su acogida al plan divino de la salvación y con su eficaz intercesión, se pueda difundir en el interior de cada comunidad la disponibilidad a decir «sí» al Señor, que llama siempre a nuevos trabajadores para su mies. Con este deseo, imparto a todos de corazón mi Bendición Apostólica.

Vaticano, 15 noviembre 2010
Benedicto PP. XVI

La campaña de la cruz

Pronto será la Pascua, justo cuando la primera luna de esta primavera luzca entera, redonda, y cuando, en medio de la noche, mirando al cielo, podamos presentir que, a pesar de todo, hay en el mundo belleza y consuelo. Entonces, de nuevo, los cristianos y todos los que quieran, más allá de toda frontera confesional, recordaremos a Jesús de Nazaret. Le cantaremos como aquellos niños con ramos en las manos a la puerta de Jerusalén, le honraremos como aquellas mujeres con ungüentos a la entrada de la tumba.
No emprenderemos ninguna campaña, sino que haremos simplemente memoria conmovida de Jesús, y al hacer memoria confesaremos que está vivo, reviviremos su vida, le resucitaremos en la vida. No buscaremos argumentos y dogmas, sino señales de vida en toda su vida y también en su muerte. Al igual que las mujeres en la mañana de Pascua, descubriremos que Jesús “murió de vida”, como acaba de escribir una gran teóloga andaluza, Mercedes Navarro. Murió de vida: de bondad y de esperanza lúcida, de solidaridad alegre, de libertad arriesgada.

Murió de vida: eso fue la cruz, y eso es la Pascua. Y eso es por lo que merece la pena recordar a Jesús, mirando en las llagas de su cruz las huellas de su vida. Lo que no merece la pena, ni es bueno para nadie, y puede ser malo para muchos, es convertir la cruz en estandarte de campañas y en motivo de querellas. Y observo con inquietud ese peligro en la Iglesia. Lo ilustraré con dos ejemplos.

Algunos movimientos cristianos han emprendido una campaña para impedir que la cruz sea retirada de las aulas de la Escuela Pública o para volver a ponerla –a imponerla– allí donde hubiera sido retirada. La cosa ha llegado a los tribunales, y ya disponemos de una sentencia que puede constituir un mal precedente; hace poco, el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo se ha pronunciado sobre un caso concreto: ha dictaminado que la escuela pública de Abano Terme en el norte de Italia, donde estudian los hijos de la señora Lautsi, tiene derecho a mantener la cruz en sus aulas. Tanto el Gobierno de Silvio Berlusconi como el Vaticano han recibido con euforia la sentencia como si fuera un triunfo. Quiero pensar que los motivos del Vaticano no son los mismos que los de Silvio Berlusconi, pero en el fondo nunca se sabe.

Es una sabia máxima, común entre abogados, que más vale un mal arreglo que un buen juicio. Y en eso estoy yo: recurrir a los tribunales para imponer la cruz es la peor solución, aunque se gane el pleito. Jesús fue condenado por el tribunal del Sanedrín y por el tribunal del Imperio, y en un terrible viernes de abril le clavaron en una terrible cruz, junto con dos sediciosos o terroristas, el uno llamado Dimas y el otro Gestas. ¿Cómo es posible que, dos mil años más tarde, recurramos a los tribunales para reclamar la cruz como un derecho? La cruz como un derecho: ¿cómo es posible? Imponer la cruz de Jesús a la vista para que la tengan que ver también aquellos que, por haberla padecido en forma de cruzada o por el motivo que fuere, prefieren no tenerla ante sus ojos: ¿cómo es posible?

Entre los argumentos aducidos, yo no encuentro ninguno de tipo religioso. La ministra italiana de Educación ha apelado a la cruz como “símbolo irrenunciable de la historia y la identidad italiana”. El portavoz del Vaticano, a su vez, ha celebrado la sentencia reafirmando “el papel determinante de los valores cristianos” en la historia y en la cultura europeas. Razones históricas, razones culturales, razones… políticas. Nadie aduce el amor a Jesús. Nadie aduce el amor de los crucificados con él, Dimas, Gestas y todos los nombres. ¿Acaso puede alguien imaginar a Jesús reclamando figurar, incluso a la fuerza, como símbolo cultural, histórico o político en centros escolares, en

salones de investiduras o en tomas de posesión, él que nos enseñó que nunca debemos buscar el primer puesto, sino el último? ¿Puede alguien imaginar a Jesús promoviendo una guerra de crucifijos, él que dijo: “Al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica, dale también el manto” (Mateo 5,40)? Yo no me lo puedo imaginar.

Tampoco me lo puedo imaginar –y es el segundo ejemplo que quisiera mencionar– organizando eventos y encuentros por todo lo alto, viajes y marchas por las calles de nuestras ciudades exhibiendo la cruz. Lo acabamos de ver el fin de semana pasado, en el contexto de la preparación de la Jornada Mundial de la Juventud: desde Santurce a Bilbao por toda la ría en la gabarra del Athletic. La cruz rodeada de alcaldes y personalidades políticas –casi todos de derecha– o de jóvenes escogidos de los movimientos eclesiales más conservadores, con obispos al frente. He ahí la cruz, de nuevo convertida en estandarte de campaña. Para irritación de no pocos, para irrisión de muchos, ¿para ejemplo de quién? Jesús de Nazaret no se merece esto. Ecce homo.

Sí, Jesús es de todos, y los de derechas tienen tanto derecho a abrazarse a él como los de izquierdas. Jesús es para todos, para los más instalados tanto como para los más marginados, para los jóvenes católicos neoconservadores tanto como para los jóvenes inconformistas. Nadie tiene el monopolio de Jesús, pero eso es lo que me temo que esté sucediendo: que una parte de la Iglesia se está apoderando de Jesús y enarbolando su cruz de manera abusiva.

Me pregunto si esta ostentación tiene que ver con la cruz de Jesús o más bien con la cruz de Constantino en su guerra con Majencio sobre el puente Milvio en el año 312: “Con este signo vencerás”. Me pregunto si es la cruz del Calvario o más bien la del Valle de los Caídos. Me pregunto si la cruz que tan públicamente se reivindica como signo cristiano es el signo de la solidaridad o el signo del poder, el signo de la liberación o el signo de la opresión, el signo de la rebeldía o el signo de la sumisión, el signo de los vencidos o el signo de los vencedores, el signo de la fraternidad universal o el signo de las cruzadas. Me pregunto si es la cruz de los condenados de este mundo o la cruz de los que condenan, la cruz de los crucificados de la tierra o la cruz de los que siguen crucificando como en otro tiempo crucificaron a Jesús

También me pregunto si a estos jóvenes que, con su mejor voluntad, acompañan a la cruz de ciudad en ciudad y de palacio en palacio, alguien les cuenta sin tapujos que fue primero el poder religioso y luego el poder imperial los que condenaron a Jesús. Y me pregunto si alguien les dice lo que todo el mundo sabe: que Jesús no murió por voluntad divina ni para expiar nuestros pecados, sino que fue condenado por hereje y subversivo, por elevar la voz contra los abusos del templo y del palacio, por ponerse del lado de los perdedores, por ser amigo de los últimos, de todos los caídos.

Estas y otras muchas preguntas me llenan de sentimientos contradictorios. Pero ya crece la luna de la Pascua. El laurel ya floreció, y la cruz de Jesús también florecerá, cuando se curen sus heridas, las heridas de todos los crucificados, incluido el “mal ladrón”.

José Arregi


Para orar
Veo su sangre en la rosa,
y en las estrellas la gloria de sus ojos.
Su cuerpo centelleando en medio de las nieves eternas;
sus lágrimas cayendo desde el cielo.
Veo su rostro en todas las flores.
El trueno y el canto de los pájaros son su voz.
Y esculpidas por su poderío,
son las rocas, su palabra escrita.
Todos los senderos por su pie son hollados;
su fuerte corazón conmueve el mar palpitante.
Su corona de espinas se teje con todas las espinas.
Y todo árbol es su cruz (Thomas Plunkett).

15 de mayo de 2011

El rebaño y su Pastor bueno

Comentario al Evangelio
Jn 10.1-10
15 de mayo de 2011

Tenemos una cierta dificultad para entender culturalmente algunas escenas bíblicas, por estar lejanos de lo que representaban humanamente, sociológicamente y religiosamente determinadas realidades. Una de ellas es la que se esconde detrás de la imagen del pastor. Israel era un pueblo nómada, acostumbrado al mundo pastoril en su vida cotidiana, que fue haciendo una meditación religiosa sobre su relación con Dios desde la metáfora del pastor y las ovejas. No obstante, esa reflexión no era siempre amablemente bucólica, porque los pastores que guiaban a Israel, enseñando los quereres de Dios, frecuentemente eran malos pastores que se aprovechaban de su misión, convirtiendo su cargo de servicio en carga de pesar para los demás.
Jesús es el Buen Pastor. Y, para presentarse como tal, empleará la imagen de los verdaderos pas-tores que dibuja el salmo 22: el Señor es mi pastor, nada me falta; me hace recostar en praderas verdes y fértiles, me conduce a fuentes tranquilas, donde restaura mis fuerzas; me guía por senderos justos y, aunque atravesemos cañadas oscuras, no tengo temor ni miedo ninguno, porque tu vas conmigo, y tu vara y tu cayado me sosiegan devolviéndome la paz.

Los pastores de Israel tenían pocas ovejas, las suficientes para sobrevivir sus familias. Efectivamente, las conocían por su nombre y, a su nivel, formaban parte del conjunto familiar. Por ello, eran queridas y cuidadas y protegidas. No se explicaba que un pastor abandonase sus ovejas, ni que éstas fueran extrañas para él. Incluso en tramos difíciles y tenebrosos, las ovejas se sentían serenadas cuando la voz del pastor y los pequeños golpes de su cayado sobre sus lomos les permitían entrever que efectiva-mente no estaban solas, que estaban acompañadas por su propio pastor, aunque la niebla o la oscuridad no permitiesen ver su figura.

Éste es Dios para su Pueblo: un pastor que nos conoce, que nos conduce, que nos quiere hasta dar su vida por nosotros (como los pastores que arriesgaban la suya en pasos difíciles del caminar con su rebaño). Conocer la voz de este Pastor (que es lo mismo que dar la vida por aquello que se escucha y por aquel que lo pronuncia) es lo que se nos pide como respuesta de fidelidad a quien tan fiel es a nuestra felicidad. Él es el Pastor de nuestra felicidad, el que nos indica y nos conduce acompañándonos por los caminos de justicia en los que esa felicidad es posible. Hay otras voces de sirena, voces de pretendidos pastores que pastorean su propio provecho, su personal promoción, su mantenimiento en poderes que dominan y amordazan. Seguir a Jesús, saberse ovejas de su redil, es vivir en paz y en luz, serenamente y sin temores extraños, aunque la vida sea dura, aunque amenacen nubarrones o nos envuelva la oscuridad. Él se aprendió nuestros nombres, nos llama y nos guía hacia la tierra fértil y gozosa para la que nacimos.

Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo

Domingo 4º Pascua, A

15-5-2011
Monasterio Sagrada Familia (Oteiza de Berrioplano)
Texto-homilía del Capellán, Ramón Sánchez-Lumbier
XLVIII(48ª) Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones:

“Proponer las vocaciones en la Iglesia local”
“Tu diócesis, fuente de vocaciones”

También la imagen del Buen Pastor le sirvió a Jesús para hacernos comprender su persona y misión. “El Señor es mi pastor, nada me falta.” (cf. salmo resp.). En Jesús de Nazaret el salmo alcanzó pleno sentido. Vino como Buen Pastor para llevarnos a la casa del Padre. Él vive con nosotros, nos conoce y llama, nos cuida con amor. Dios-Padre quiere que, creyendo en Jesús su Hijo, tengamos vida eterna. Vencedor del pecado y de la muerte, Jesús Resucitado no puede perder lo que le fue confiado.

La vida es regalo de Dios y tarea cotidiana. ¿Lo crees? ¿Te vas abrazando de verdad con esa convicción? Se ha dicho que el primer gesto de obediencia a Dios es vivir amando la vida, acogerla agradecidos, cuidarla con solicitud y desplegar sus posibilidades. Pero ni siquiera muchos cristianos miran a Dios como a “quien hace vivir”. Otros lo reconocen, sí, como Aquél que sostiene y fortalece incluso en los momentos más duros.

Jesús nos enseña a convivir confiando en el Padre y preocupados por el bien de los demás. Andábamos descarriados; hemos vuelto al Pastor y Guardián de nuestras vidas (cf. 2ª lect.). De nuevo lo hacemos hoy. Injertados en Jesucristo para la vida y para la muerte, podremos estarlo también en el cielo por una resurrección como la suya. Es el mensaje que siguen proponiendo los pastores que el Señor ha puesto en su Iglesia, para que guíen y alienten a todos con la luz y el consuelo de las Escrituras. En Roma, en Madrid y en Pamplona, y por los caminos del mundo.

Todos son “iconos” personales del Buen Pastor. Otros lo serán mañana. ¿A quién llamará para tal misión el Dios de la Vida? “Proponer las vocaciones en la Iglesia local” es el título del Mensaje del Papa para la presente Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. Y el lema consiguiente reza así: “Tu diócesis, fuente de vocaciones”. Por lo que afecta a cada uno, ofrezcamos nuestra disponibilidad, en personal libertad y confiada oración.

Pedro, ya el día de Pentecostés, exhortaba a la conversión y a la fe (cf. 1ª lect.). Después animaba el proceso de configuración de todo cristiano con Jesucristo. Este proceso dura toda la vida. Por eso, se puede dar en toda ocasión, incluso asumiendo graves padecimientos. La lección del primer Papa es clara: “si obrando el bien soportáis el sufrimiento, hacéis una cosa hermosa ante Dios, pues para esto habéis sido llamados, ya que también Cristo padeció su pasión por vosotros, dejándoos un ejemplo para que sigáis sus huellas. Sus heridas os han curado” (cf. 2ª lect.).
Como el propio Jesús, cada uno estamos llamados a vencer el mal con el bien. Siempre con Él, por Él y en Él. Porque sólo Él es el Camino, la Verdad y la Vida. Sólo Él, la Puerta, el Mediador eficaz, el Buen Pastor. Nadie va al Padre sino por Él. Esta Gran Noticia nos lleva a compartir el gozo de creer, esperar y amar. Celebramos ahora el Amor vencedor, con súplica al Señor. “Ha venido para que tengan vida y la tengan abundante” (cf. ev.). Regale, pues, a su Iglesia y al mundo testigos audaces del Evangelio: laicos jóvenes, novios y esposos, padres y madres, religiosas y religiosos, sacerdotes, obispos…

Sí, hace falta, en todos los campos de la vida, gente enamorada de Jesucristo, capaz de darlo todo por Él y por el Reino de Dios. Por gracia, estamos embarcados en la tarea de la comunidad eclesial. Se trata de irradiar la vida y el gozo del Resucitado, la inmensa ternura del Amor de Dios. Se nos llama a ser personas según Jesucristo, con una vida santa, enriquecida por los bienes recibidos. Para renovar la propia vocación, parar motivar nuestra súplica por las vocaciones, transfiero unos párrafos de la Carta pastoral de nuestro Arzobispo Francisco:

El papa Benedicto XVI se dirige en esta ocasión con un mensaje titulado “Proponer las vocaciones en la Iglesia local”. De ahí que el lema de la Jornada sea este año “Tu diócesis, fuente de vocaciones”. Con gozo os transmito sus palabras: “El Señor no deja de llamar, en todas las edades de la vida, para compartir su misión y servir a la Iglesia en el ministerio ordenado y en la vida consagrada, y la Iglesia «está llamada a custodiar este don, a estimarlo y amarlo. Ella es responsable del nacimiento y de la maduración de las vocaciones sacerdotales»”

Nuestra diócesis de Pamplona-Tudela vivirá intensamente estas fechas con una “Cadena de oración por las vocaciones” del 14 al 24 de Mayo. Todas las parroquias y comunidades están invitadas a intensificar su oración por las vocaciones en cada familia, en cada templo y en cada santuario. Pero el gesto elegido en esta ocasión es una cadena de oración sin interrupción día y noche, en la capilla de la Adoración Perpetua de la Basílica Menor de S. Ignacio de Pamplona. Sin duda será una gracia que tantos fieles de nuestra diócesis puedan familiarizarse con este lugar de adoración permanente rezando por las vocaciones…

Animo a unirnos en esta oración por las vocaciones con tanta más esperanza cuanto mayores son las dificultades, tal como sugiere el Papa Benedicto XVI en su mensaje: “Especialmente en nuestro tiempo en el que la voz del Señor parece ahogada por «otras voces» y la propuesta de seguirlo, entregando la propia vida, puede parecer demasiado difícil, toda comunidad cristiana, todo fiel, debería asumir conscientemente el compromiso de promover las vocaciones. Es importante alentar y sostener a los que muestran claros indicios de la llamada a la vida sacerdotal y a la consagración religiosa, para que sientan el calor de toda la comunidad al decir «sí» a Dios y a la Iglesia”…

Hago una llamada especial a los jóvenes que se sientan llamados por Jesucristo: ¡Sed generosos y no temáis pertenecer totalmente a Él que es la fuente de la felicidad y de la libertad! Os aseguro que haréis la mejor inversión y nunca os arrepentiréis. ¡Ánimo jóvenes, Cristo os convoca a ser discípulos de su Amor!” (Mons. Pérez González).

Hermana, amigo: sí, hoy se apela también a tu disponibilidad ante el Dios de la Vida, a tu fiel respuesta para con el Dios del Amor. En ello te va la gracia y el reto de una vida santa, vida dichosa como de seguidores de Jesucristo, siempre al servicio de los otros, con la luz y la fuerza del Espíritu Santo. Celebrémoslo renovando nuestra fe en

Jesucristo, Buen Pastor, el Resucitado, Puerta viva por la que podemos entrar y vivir felizmente para siempre.

14 de mayo de 2011

A Fondo

Publicamos un nuevo número de A Fondo, esta vez con bastante información sobre el inmenso problema del acaparamiento de tierras y la consecuente marginación y pobreza de las comunidades campesinas. Es importante ser conscientes de lo que está ocurriendo.
201103.pdf A Fondo

Pascua 4 A

Son bien distintos el que admira y el que sigue.
El primero no se mueve ni cambia por aquello que admira.
El segundo, por el contrario, decide ser lo que admira.
Se deja conducir por Cristo de lo viejo a lo nuevo,
del pasado al presente,
del presente a un futuro siempre mejor.
Kierkegaard

PASCUA 4 ..

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12 de mayo de 2011

A toda la Familia de Pedro Bienvenido Noailles

29 de abril de 2011
SANTA FAMIGLIA DI BORDEAUX
Via dei Casali Santovetti, 58
00165 ROMA, ITALIA

Queridos hermanas y hermanos,
Un saludo con la alegría de este tiempo pascual, en que la liturgia nos recuerda con tanta fuerza que Jesús resucitado está entre nosotros y nos dice: "La paz sea con vosotros" (Lc 24,36). Él nos envía en seguida a dar testimonio del amor de Dios a toda su familia. Cada miembro de la Sagrada Familia se ha comprometido en esta misión, y estamos convencidos de que "nuestro carisma lleva en sí la capacidad de comunicar y dar vida." Por lo tanto, nos sentimos felices de compartir con vosotros algunas nuevas posibilidades que nos ayudarán a vivir nuestro Carisma y a tener fácil acceso a los escritos de nuestro Fundador poniéndolos al alcance de todas las personas que lo deseen, por medio del Internet.
Como todos vosotros recibís "interconexiones" recordareis, que el Equipo de Liderazgo General decidió, en 2009, adaptar a las nuevas tecnologías parte de nuestros archivos. Las razones para ello fueron dos : asegurar que documentos, de valor incalculable, como los manuscritos del Fundador, que forman parte de nuestro patrimonio Sagrada Familia, no se pierdan a causa de los estragos del tiempo, y para que una parte de ese patrimonio, sea de fácil acceso a toda nuestra Familia y al resto del mundo. Un grupo de expertos, con sede en Bélgica, se comprometió a realizar este trabajo, que es lento y laborioso.
No es posible, en este momento, digitalizar todos los documentos de nuestros archivos históricos, por lo que se han hecho algunas opciones, de acuerdo con los siguientes criterios: importancia de la conservación de los documentos originales, hacer accesibles determinados trabajos sobre nuestra espiritualidad y algunos escritos del Fundador.
En la primera fase del proyecto, se han escaneado: los manuscritos del Padre Noailles, "Las Fuentes" (1-5), y el libro "El Padre Noailles" de Darricau y Peyrous.
Se ha creado una base de datos y actualmente están disponibles en Internet, con acceso público: Las Fuentes (1-5) y todo el libro “El Padre Noailles”. Dichas Fuentes ahora disponibles en la base de datos, contienen las Reglas escritas por el fundador de las Congregaciones que él había creado (Fuentes 1 y 2), las Reglas Particulares y Reglamentos de varias obras, incluyendo los sacerdotes; oraciones, escritos personales y retiros predicados por el Fundador (Fuentes 3-5). "Las Fuentes" 6 y 7 estarán disponibles a principios de 2012, junto con "Cartas de los años 1816-1830" (en francés) y “Cartas de los años1816-1845" (en español) -. ¡Un verdadero tesoro para explorar en cualquier lugar donde haya acceso a Internet!
Con esta dirección, www.noailles.org (que también se encuentra como un link en nuestra página Web internacional www.sfb.pcn.net), ahora se puede tener acceso directo a los textos que ya han sido digitalizados: libros Darricau y Peyrous, "El Padre Noailles", y "Las Fuentes" 1-5. Son textos de fácil lectura, y el hecho de que forman parte de una base de datos facilita enormemente la investigación, pero al entrar en el sitio Web por primera vez, os animamos a abrir la pestaña "Ayuda", que os dará instrucciones para usar la base de datos de la mejor manera posible.
Con esta base de datos podréis disfrutar, de un modo muy especial de los textos del Fundador. Por ejemplo, veréis cómo el Padre Noailles re-utiliza algunos temas de sus retiros (Fuente 5), adaptándolos al público. Este modo de búsqueda permite acceder a muchos contenidos a los que no era posible llegar cuando sólo contábamos con escritos “en papel”. También se pueden cambiar de lengua las fichas, en uno de los otros dos idiomas, utilizando las banderitas que están en la parte superior de la ficha. Si en una nota al pie de página hay una referencia a una ficha (aparece en azul), se puede hacer clic en ella para ver la ficha de referencia. Los creadores de la base de datos se han dado cuenta de que las versiones antiguas de Internet Explorer provocaron problemas y recomiendan que se utilice preferentemente Mozilla Firefox.
Es responsabilidad de todos nosotros hacer que nuestro carisma sea conocido, y actualmente también hay un aumento del interés por el Venerable Pierre-Bienvenu Noailles. Su santidad ha sido reconocida en la Iglesia, y la devoción por él está creciendo. Es un momento oportuno para correr la voz sobre la base de datos, de modo que esta nueva herramienta pueda ayudar, iluminar y guiar, no sólo a los miembros de nuestra Familia, sino también a los que deseen apreciar a este hombre y su sueño.

Con mis mejores deseos para estos días de Pascua,
Secretaria General

Tsunami eclesial

Víctor Codina sj.
El reciente terremoto y tsunami del Japón, con el grave peligro de la radioactividad, es no sólo un signo claro de la vulnerabilidad de la naturaleza y de la sociedad desarrollada moderna, sino también un símbolo de lo que está ocurriendo hoy a todos los niveles. Vivimos un terrible tsunami cultural, ideológico, técnico, filosófico, humano, ecológico y social que afecta también a la esfera religiosa y eclesial.
Siguiendo la comparación, las imágenes de fuertes olas que sacudían edificios y barrían coches y trenes como juguetes de cartón, simbolizan la fuerte sacudida que vivimos hoy a nivel histórico y social. En pleno tsunami no se puede discutir sobre cosas accidentales, como cambiar de lugar los cuadros de la pared, sino que hay que huir rápidamente como los japoneses, salvar lo esencial, buscar algún lugar de acogida, aunque sea algo tan poco humano como un estadio o un conjunto de tiendas de campaña.
Estamos pasando hoy del invierno eclesial al tsunami eclesial, cuyos síntomas de crisis son evidentes: la agonía de la Iglesia de cristiandad, el declive de participación eclesial, el descenso vocacional, los abusos sexuales de responsables eclesiásticos, el descrédito de la institución eclesial, el abandono de la Iglesia de muchos sectores… Quizás a algunos les puede parecer excesivamente alarmista o apocalíptica la descripción de esta realidad eclesial, sin embargo el mismo Papa actual reconoce que la barca de la Iglesia se zarandea, está en peligro.
Ante esta realidad, lo que ciertamente no se puede hacer es cerrar los ojos y hacer como si nada pasara: todo sigue igual, la máquina eclesiástica funciona como siempre, se nombran nuevos obispos y nuncios como siempre, los párrocos siguen celebrando sacramentos, se preparan nuevas beatificaciones y nuevos encuentros mundiales de jóvenes, se admiten jóvenes a seminarios y noviciados, todo está “All right”, “Alles in Ordnung”, “Tutto a posto” , que nadie se alarme, todo está bajo control, aquí no pasa nada, que siga sonando la música del violín, como aconteció mientras el Titánic se hundía…
Parece que lo que se debería hacer, como en el tsunami de Japón, es salvar lo esencial, aplicar el criterio de la jerarquía de verdades, convertirnos al evangelio, salvar que Dios creador es nuestro Padre-Madre que nos ama y nos hace hijos-hijas suyos, que nos comunica su propia vida para que vivamos como hermanos y hermanas, que Jesús ha venido al mundo para darnos vida plena y liberarnos del miedo al pecado y a la muerte, que el Espíritu Santo desde los orígenes de la creación hasta nuestros días está presente en la humanidad y la acompaña alienta, dirige y guía en medio del caos reinante, que la Iglesia es la comunidad de Jesús que simboliza ante el mundo el proyecto salvífico universal del Padre y que desea mostrar que otra sociedad y otro mundo son posibles.
Esto es lo que desearon vivir las primeras comunidades cristianas y lo que se ha de intentar hoy: formar pequeñas comunidades alternativas, que vayan impulsando la utopía de un mundo nuevo donde los pobres tengan prioridad, donde se salvaguarde la creación y se trabaje por la justicia, el diálogo y la paz.
Bastaría esto para sobrevivir como Iglesia en pleno tsunami, como los japonenses que sobreviven con lo más esencial. Quizás este despojo y esta pobreza a todos los niveles, nos acercaría más a la vida de Jesús de Nazaret que el querer restaurar la vieja Iglesia de cristiandad que ha estallado en mil fragmentos. Esta aparente muerte que nos despoja de muchas de nuestras seguridades nos puede llevar al nacimiento de una vida nueva, a un parto doloroso pero esperanzador, a experimentar el paso pascual del Espíritu del Señor, la presencia de la Ruah fuente de vida en medio del caos, el vendaval del viento de Pentecostés.

11 de mayo de 2011

ANTE LAS ELECCIONES DE MAYO 2011

COMUNICADO CONJUNTO
DE JUSTICIA Y PAZ Y CONFER

El próximo 22 de mayo la ciudadanía española va a ser nuevamente convocada a las urnas para elegir a quienes les representan y gobernarán en los Ayuntamientos y en un buen número de Comunidades Autónomas durante los próximos cuatro años.

Como Organizaciones de Iglesia queremos dirigirnos en estos momentos a nuestros hermanos creyentes, principalmente católicos, pero también de otras religiones o confesiones, y no creyentes en aras de nuestra propia responsabilidad como ciudadanos.

Quisiéramos ofrecer algunos puntos de reflexión que ayuden a esta participación responsable, desde nuestra fe y desde una perspectiva ética.

1. Las convocatorias electorales son un momento particularmente importante para el funcionamiento de un sistema democrático. El hecho de que se repitan cada cuatro años no debería hacernos olvidar su valor ni ignorar las oportunidades que generan para la participación ciudadana y, en definitiva, para el buen gobierno de un país. La democracia es un bien precioso y, por desgracia, escaso. La historia enseña que la democracia no es algo por naturaleza irreversible. Hay que esforzarse siempre para alimentarla y evitar que se degrade. Por otra parte, tampoco es algo que se pueda tener de una vez por todas, sino un proceso permanente de búsqueda colectiva de las mejores formas de gobierno basadas en la libertad, la igualdad, la justicia, el pluralismo político y la soberanía popular, principios en los que se fundamenta nuestro orden político (art. l de la Constitución). La democracia exige, pues, un esfuerzo continuo de toda la comunidad política.

2. Por todo ello, hacemos una llamada a la participación como un deber cívico y un acto de responsabilidad a favor del Bien Común. Es más urgente todavía, en nuestro caso, por el ambiente de desprestigio de la acción política, la crispación que muchas veces se crea, por la polarización de las posturas ideológicas y por la corrupción de la que tantas veces somos testigos. Sabemos que, por todo ello, no es fácil determinar en estos momentos en quién vamos a depositar nuestra confianza y, en todo caso, queda ello referido a la conciencia personal de cada uno, sin dejarnos llevar por la rutina, las posturas partidistas cerradas, el cansancio o la minusvaloración del ejercicio del voto. Como otras acciones de nuestra vida personal y social, se trata de un acto cargado de responsabilidad ética. Todo esto es aun más decisivo en una convocatoria municipal y autonómica, donde hay una mayor proximidad entre representantes y ciudadanos y unas mayores posibilidades de participación.

3. Ahora bien, participar no es sólo depositar un voto en la urna, aunque sea en blanco, o formar parte de una mesa electoral cuando se es llamado, sino mucho más. Tenemos la obligación de informarnos realmente sobre la composición y programas de las candidaturas e interesarnos por los debates entre ellas, confrontando semejanzas y diferencias. Debemos debatir y conocer mejor los problemas que deben afrontarse en cada municipio y en cada autonomía y medir a las diversas fuerzas políticas por las repuestas que prometen dar a la altura de los desafíos planteados. En este sentido no debemos olvidar el necesario balance de la gestión llevada a cabo hasta ahora por quienes han regido municipios y autonomías en la legislatura que termina, examinando la coherencia habida entre lo prometido en sus programas y la realidad llevada a cabo en estos años.

4. Estas elecciones municipales y autonómicas tienen, como trasfondo, la proximidad en el tiempo de las futuras elecciones generales y nuestros políticos seguramente orientarán en este sentido sus respectivas campañas. Sin embargo, aun teniendo esto en cuenta, debemos entender que éstas no son una elecciones legislativas generales sino de quienes van a gobernar nuestros municipios y comunidades autónomas los próximos años. No debemos dejarnos llevar por los discursos de la campaña, que pueden desnaturalizar el sentido de estas elecciones. No se trata, pues, de un examen de la política global de Estado, del gobierno y de la oposición.

5. Parece evidente que estas elecciones han de tener como foco prioritario de atención la crisis económica y sus graves consecuencias de paro, incremento de la pobreza y la exclusión social. Sin desechar otros, es éste el primer gran problema que tenemos entre manos y es necesario, por tanto, que en nuestras opciones tengamos clara una jerarquía de criterios y valores, no sólo de tipo general sino muy determinados en virtud de las concretas circunstancias en que estamos viviendo en nuestros ámbitos particulares pues los problemas son muy concretos en nuestros municipios y autonomías.

6. Deberíamos estar atentos a lo que, dentro de sus programas, presentan los diversos partidos de cara a promover un mayor compromiso de ayuntamientos y comunidades con la creación de empleo y con la protección de aquellos colectivos que padecen cualquier tipo de precariedad económica y social, reforzando todos los recursos y equipamientos para promover la inclusión social.

7. Temas muy concretos determinantes de nuestro voto deben ser los servicios sociales, la sanidad y la educación, así como la situación y el trato a los inmigrantes extranjeros sin papeles; la dignificación de los barrios populares y de las zonas de chabolismo; los apoyos a la familia, sobre todo en estos momentos de crisis económica; la vivienda; la defensa de la vida; el problema del medio ambiente; la corrupción urbanística y política; la solidaridad internacional mediante la Ayuda al Desarrollo; la participación ciudadana en la construcción de la ciudad y de la comunidad; el máximo respeto para todas las creencias religiosas e ideologías, siempre que no sean contrarias a la dignidad y derechos fundamentales de las personas..

8. Deberíamos desoír aquellas campañas que se basan en la manipulación, la explotación de prejuicios o miedos colectivos, los insultos o las descalificaciones personales. En este sentido, debemos mantenernos críticos respecto de algunos medios de comunicación social, que no siempre proporcionan una información auténticamente veraz. Los votantes debemos rechazar aquellas propuestas que desnaturalizan la convocatoria, por ejemplo desgastando a otros gobiernos que no son objeto de elección o alentando sentimientos de agravio o animadversión contra otras comunidades o nacionalidades, normalmente basados en ideas falsas.

9. Queremos insistir en que los problemas que nos planteamos en estas elecciones no son problemas, en principio, de política general sino de política muy cercana a nuestras realidades cotidianas que, si no estamos atentos, pueden quedar subordinadas a otros intereses partidistas para la conquista del poder. El poder político es, ante todo y sobre todo, un servicio para el bien común y no un reparto de prebendas y privilegios. Las decisiones políticas no pueden estar al margen de los principios éticos.

10. Y, por encima de los programas y los partidos, están las personas concretas que piden nuestro voto y cuyo talante ético debemos calibrar con seriedad. No podemos, por un afán partidista o de otro tipo, dar nuestro voto a personas concretas que no merecerían el respeto de la ciudadanía. El hecho, en nuestro país, de las listas cerradas de los partidos no siempre facilita esta consideración ética y, sin embargo, debería ser ésta prioritaria en aras del bien común y de la dignificación de la vida política y de la misma democracia. La valía moral de las personas está muchas veces por encima de las listas concretas.


Elecciones

10 de mayo de 2011

Carta a Pilar Rahola

José Ignacio González Faus
Querida Pilar: quisiera darte las gracias por la columna del día de Pascua sobre Dios y sus cosas: por tocar el tema con seriedad y respeto, único
modo digno tanto para creyentes como no creyentes.
¿Me permites añadir algo sobre “las cosas de Dios”, para ti y todos los habitantes de la duda?
Ahí van cuatro reflexiones de creyentes que, para un cristiano,son decisivas.
Allá por los tiempos de Jesús se cuenta de un rabino que perdió la fe, con el comprensible escándalo social en una sociedad cerrada. Pero otro maestro comentó sobre él: “Dichoso el rabino X porque podrá practicar el
bien sin esperar recompensa”.
Es la lección (y casi la envidia) que desde hace años me dais muchos de vosotros. Jesús dijo también que no es el que dice “Señor, Señor” el que entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad del Padre.Y he visto que algunos no creyentes cumplís la voluntad de Dios mejor
que muchos de nosotros.
Además, un gran profeta del catolicismo del siglo pasado (Emmanuel Mounier, fundador de la revista Esprit) escribió que, en el futuro, los hombres no se distinguirán por la postura que tomen ante el tema de Dios sino por la que tomen antes los condenados de la tierra. Y, en la misma línea, esa impresionante conversa que prefirió quedarse fuera (Simone
Weil) dejó escrito: “No es por la forma en que un hombre habla de Dios, sino por la forma en que habla de las cosas terrenas como se puede discernir si su alma ha permanecido en el fuego del amor de Dios”.
Todos esos testimonios apuntan hacia una línea en la que deberíamos
encontrarnos mucho más, y que, para un cristiano, se fundamenta en las palabras de otro gran profeta mártir de Adolf Hitler (el pastor Dietrich Bonhoeffer): el Dios que se revela en Jesús, es “lo opuesto de todo lo
que el hombre religioso espera de Dios”. Cuesta tragarlo pero es así. Porque en Jesucristo, Dios no se ha revelado como “todopoderoso” sino como aquél que, en su relación con nosotros, renuncia a su poder para identificarse con la debilidad que somos y con las víctimas que producimos. Un Dios inútil como objeto de consumo pero buena noticia como horizonte y fuerza de vida.
Desde aquí puedo decirte que no te preocupes si no puedes creer. Conozco muchas gentes como tú. Pero los cristianos proclamamos eso de “la comunión
de los santos” que significa que todo lo de Dios es común y que, por eso, es tarea nuestra creer por (y para) los que no creen y esperar por (y para) los que no esperan, si vosotros intentáis amar incluso a los que no
aman.
Quizá puedas entender ahora por qué hace ya muchos años, en uno de mis primeros escritos, comenté unos versos de Atahualpa Yupanki. Son estos: “Hay cosas en este mundo / más importantes que Dios / que un hombre no escupa sangre / pa que otros vivan mejor”. Y los comenté de esta
manera: para quien cree en Jesús no es el ser humano quien dicta esta estrofa; es Dios mismo quien nos hace saber que, para él, hay cosas más importantes que el que los hombres se ocupen de Dios, a saber: que no tengan unos que escupir sangre para que otros puedan vivir mejor (quizá
también más piadosamente).
Eso mismo, con otras palabras, podrás encontrarlo en textos de hace muchos siglos, como la primera carta del apóstol Juan, y varias páginas de san
Agustín.
Luego de esto hemos de ser perdonados de muchas incoherencias, bien lo sabemos. Un saludo y gracias por haber devuelto dignidad al tema.

Dios y sus cosas

Pilar Rahola
Dios y sus cosas, o más bien las cosas de aquellos que creen en Dios. En días como hoy, y más allá de gozar del tiempo festivo robado a la agenda, siempre recalo en la idea de la trascendencia divina. Y no tanto como una interrogación personal, porque
hace años que descarté llenar con respuestas prefabricadas mis preguntas
más hirientes. Prefiero militar en la duda, esa duda que aterriza en los
miedos y en las soledades y que no da opción a ningún bálsamo. Ciertamente,
como he escrito en alguna otra ocasión, creer en Dios significa vivir y morir más acompañado. No es mi caso, porque, aunque me esforzara en aceptar
algún tipo de dogma, siempre sabría que me estoy haciendo trampas
al solitario. Los habitantes de la duda permanente nos llevamos mal con la
fe y con sus intangibles. Pero con independencia de la actitud personal hacia el concepto de Dios, estos días me parecen especialmente bellos para los que gozan de una fe sincera. Gentes que han construido grandes edificios de buenas acciones, porque creer los ha hecho más nobles y más humanos.
Gentes que cuando rezan, aman, y amando dan algo de luz a los rincones
sombríos del mundo. Va para ellos este artículo, cuya incapacidad para entender a Dios no lo inutiliza para entender a los creyentes. Hace tiempo
leí una reflexión de Bertrand Russell que me pareció sublime: “Si Dios existe, no será tan vanidoso como para castigar a quienes no creen en él”. Toda idea de la trascendencia espiritual reconvertida en tortura, dolor, infierno y cualquier sentido de culpa me parece tan tortuosa como incomprensible.
No puedo entender de ningún modo ese tipo de fe que concibe un Dios
castigador y punitivo, sin otra piedad que la exigencia de su dominio. Y reconozco que no me gusta la exhibición de martirio de los pasos de Semana
Santa, quizás porque prefiero el Dios que renace el domingo que el
que muere el viernes. La vida sobre la muerte. Pero con el Dios de las monjas de mi infancia, que enseñaba a amar al prójimo y dibujaba con renglones caritativos las líneas de la vida, con ese Dios me tuteo sin creer. Porque es la fuente de inspiración de gentes extraordinarias. Va por todos ellos. Los que creen en los dioses de la vida y no en los de la muerte. Los que aprenden a entender a los demás, cuando aprenden a creer. Los que buscan respuestas sin imponer dogmas. Los que conciben sus creencias como una fuente de tolerancia. Los que ayudan a su prójimo porque lo conciben como su hermano. Los que gracias a Dios encuentran tiempo para construirse interiormente. Los que buscan dotar de trascendencia su paso por el mundo. Los que entienden que creer en Dios es creer en la ciencia. Los que tienen respuestas pero siguen haciéndose preguntas. Los que rezan porque aman. Para todos ellos, los creyentes del Dios del amor, feliz domingo de Resurrección