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31 de octubre de 2011

Debemos ser santos

Debeis ser santos, porque yo soy santo (Levítico 11, 44)

Señor Dios,
cuando veo las estatuas
que destacan en las iglesias,
me siento afligido:
nunca seré como ellos,
nunca seré santo.
Como tú.
Pero tú no me dejas optar.
Pides a todos, y también a mí,
que sea santo como tú.
Salgo entonces a los caminos,
donde hombres y mujeres,
débiles y pequeños como yo,
luchan cotidianamente con amor
por separarse de lo que está a ras de suelo:
egoísmo y oportunismo,
injusticia y engaño,
falsedad y violencia,
sentimientos y gestos de amor reducidos a cosas,
desinterés y desprecio por los débiles y los pobres,
una vida cerrada en sí misma,
sin gratuidad ni belleza, sin horizontes de cielo...
y recupero el consuelo y la confianza.
También yo puedo separarme
de lo que está a ras del suelo
y volar hacia tí.
Tambien yo puedo ser santo.
Como tú.

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30 de octubre de 2011

En actitud de conversión

30 de octubre de 2011
Mateo 23,1-12

Jesús habla con indignación profética. Su discurso dirigido a la gente y a sus discípulos es una dura crítica a los dirigentes religiosos de Israel. Mateo lo recoge hacia los años ochenta para que los dirigentes de la Iglesia cristiana no caigan en conductas parecidas.
¿Podremos recordar hoy las recriminaciones de Jesús con paz, en actitud de conversión, sin ánimo alguno de polémicas estériles? Sus palabras son una invitación para que obispos, presbíteros y cuantos tenemos alguna responsabilidad eclesial hagamos una revisión de nuestra actuación.
«No hacen lo que dicen». Nuestro mayor pecado es la incoherencia. No vivimos lo que predicamos. Tenemos poder pero nos falta autoridad. Nuestra conducta nos desacredita. Nuestro ejemplo de vida más evangélica cambiaría el clima en muchas comunidades cristianas.
«Cargan fardos pesados sobre los hombros de la gente... pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar». Es cierto. Con frecuencia, somos exigentes y severos con los demás, comprensivos e indulgentes con nosotros. Agobiamos a la gente sencilla con nuestras exigencias pero no les facilitamos la acogida del evangelio. No somos como Jesús que se preocupaba de hacer ligera su carga pues era sencillo y humilde de corazón.
«Todo lo que hacen es para que los vea la gente». No podemos negar que es muy fácil vivir pendientes de nuestra imagen, buscando casi siempre "quedar bien" ante los demás. No vivimos ante ese Dios que ve en lo secreto. Estamos más atentos a nuestro prestigio personal.
«Les gustan los primeros puestos y los asientos de honor... y que les hagan reverencias por la calle». Nos da vergüenza confesarlo, pero nos gusta. Buscamos ser tratados de manera especial, no como un hermano más. ¿Hay algo más ridículo que un testigo de Jesús buscando ser distinguido y reverenciado por la comunidad cristiana?
«No os dejéis llamar maestros... ni guías... porque uno solo es vuestro Maestro y vuestro Guía: Cristo». El mandato evangélico no puede ser más claro: renunciad a los títulos para no hacer sombra a Cristo; orientad la atención de los creyentes sólo hacia él. ¿Por qué la Iglesia no hace nada por suprimir tantos títulos, prerrogativas, honores y dignidades para mostrar mejor el rostro humilde y cercano de Jesús?
«No llaméis padre vuestro a nadie en la tierra porque uno solo es vuestro Padre del cielo». Para Jesús el título de Padre es tan único, profundo y entrañable que no ha de ser utilizado por nadie en la comunidad cristiana. ¿Por qué lo permitimos?
José Antonio Pagola

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Domingo 31

Monasterio Sagrada Familia (Oteiza de Berrioplano)
Texto-homilía del Capellán, Ramón Sánchez-Lumbier
AMOR-ESCUCHA-OBEDIENCIA-SERVICIO-AMOR

El evangelista Mateo nos presenta hoy a Jesús enfrentado, de nuevo, con los fariseos. El Señor condena la hipocresía y doble moral de aquellos líderes religiosos.
Pecado es querer satisfacer propios caprichos a costa de otros. Ante tanto farsante de ayer y de hoy, Jesucristo nos pone en guardia: “no hagáis lo que ellos hacen…; el primero entre vosotros sea vuestro servidor” (cf. ev.).
Jesucristo, Buen Pastor y modelo de pastores, se hizo servidor hasta entregar su vida. Qué diferencia con los falsos pastores que actúan para ser vistos y aplaudidos. Jesús invita a hacer siempre el bien, con humilde corazón. El Evangelio y la enseñanza de la Iglesia dejan claro que la autoridad ha de ejercerse con amor y como servicio.
La comunidad cristiana, la Iglesia, se hace más creíble si obedece sólo a su único Señor, si celebra con gozo la fe, si se entrega ella misma en verdad al ofrecer al mundo el Evangelio de la gracia de Dios. ¿Pero así se solucionará todo? No somos ingenuos. Hay que padecer mucho para la transformación de personas, comunidades y estructuras.
A los cristianos nos ha tocado en suerte la gracia de ser hermanos. Se nos pide vivir como tales. Los distintos dones y ministerios son para servir a la auténtica comunión que busca su plenitud. Nos interesa, sí, que haya buenos y competentes sacerdotes y religiosos/as, que muestren la dicha de vivir ya en este mundo las “bienaventuranzas” de Jesucristo. Gente así es “bendición” para el mundo, aunque no sea siempre adecuadamente reconocida.
Nos fijamos en el ejemplo de Pablo (cf. 2ª lect.): contrasta su testimonio con el de los falsos pastores, ridiculizados por el profeta Malaquías (cf. 1ª lect.), y con el de los fariseos denunciados por Jesús. Pablo, apasionado por el amor de Cristo, vive desprendido y dispuesto para llevar a todos la Buena Noticia. ¿Dónde radica el secreto de su ardor y vigor? Lo sabéis bien: ha creído y cree en el amor de Dios manifestado en Jesucristo. Vive de la fe en el Señor y lo proclama y lo celebra gozosamente y actúa en consecuencia, totalmente entregado al Evangelio.
Entre nosotros, todos los niños se hallan escolarizados y cada vez son más los jóvenes que cursan estudios universitarios. La gente se especializa en muchas cosas porque todo parece poco en sociedad tan competitiva. ¿Por qué no hacer algunas preguntas?: ¿se aprende también, y con pasión sin igual, a vivir como personas, desde la más honda verdad de uno mismo?, ¿les interesa saber a los hombres y mujeres de hoy que somos hijos de Dios?, ¿buscamos, con gozo y esperanza, los caminos que llevan a la meta de la gloria prometida?
Añado otras cuestiones: ¿es posible disfrutar lo mejor de la vida sin apenas recursos económicos?, ¿nos hace dichosos compartir los bienes?; envueltos en tensiones y conflictos, ¿cómo vivir y educar para la armonía interior y la paz social?, ¿aprenderán otros lo que más importa, si lo que predicamos y esperamos no refleja, entre nosotros, amistad y comunión, libertad, justicia y paz?, ¿qué Dios intuyen y pueden conocer, al vernos vivir, trabajar, rezar, gozar y sufrir?
El Evangelio interpela a los pastores de la Iglesia y a todos los bautizados, como también a toda persona. Sería un error pensar que estas denuncias y enseñanzas de Jesús valen sólo “para los demás”. A todos nos acechan vicios y deformaciones, como son la mentira, el fingimiento, el formalismo, el orgullo, la arrogancia y la injusticia.
No está de más examinarse y ver cómo conseguimos que nuestras actuaciones, grandes o pequeñas, sean un ejercicio de amor fraterno, un verdadero servicio desempeñado en el nombre del Señor para bien de sus hijos.
Somos seguidores del único Pastor y Maestro, Jesucristo. Acojamos, de buen grado, la invitación a vivir con su estilo: sencillo, fraternal, gozoso, servidor, original, expresivo de la mejor humanidad, la de los verdaderos hijos de Dios. Cualquier esfuerzo en este sentido valdrá la pena. Y, por el Espíritu, aportará al mundo alegría, fraternidad y paz. Y, con ellas, la viva esperanza de la perfecta comunión con Dios.

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29 de octubre de 2011

31 Domingo Tiempo Ordinario

Guarda mi alma en la paz,
junto a ti, Señor. Sa130d31A11cas

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28 de octubre de 2011

El Vaticano contra el FMI

Justicia y Paz reconoce que comparten algunos postulados con los "indignados".
El Vaticano desautoriza al FMI y pide un banco central con 'horizonte planetario

24 de Octubre de 2011
El liberalismo económico "sin reglas y sin controles" es una de las causas de la actual crisis económica

El Pontificio Consejo para 'Justicia y Paz' del Vaticano, presidido por el cardenal Peter Turkson, considera "surrealista" y "anacrónico" que se mantenga con la globalización el orden internacional nacido de la Paz de Westfalia (1648) , por lo que aboga por que los Estados cedan de manera gradual parte de sus soberanías a una Autoridad Política Mundial y un Banco Central Mundial, muy alejado de lo que actualmente representa el FMI.
El dicasterio vaticano reclama que esta Autoridad tenga "un horizonte planetario" y esté formado por "super-partes según el principio de subsidiariedad". Es decir, que sea "la expresión de un acuerdo libre y compartido" entre países dirigidos por la Organización de las Naciones Unidas.
El objetivo de esta autoridad sería "crear mercados eficientes y eficaces para que no estén protegidos por políticas nacionales paternalistas". En opinión del Vaticano, el Fondo Monetario Internacional (FMI) "ha perdido su capacidad de garantizar la estabilidad financiera global", por lo que es necesaria la creación de un banco central mundial.
Este organismo "regularía el sistema de los cambios monetarios" y las actividades "bancarias y financieras" basándose en "lo espiritual y la ética". Entre sus funciones estaría imponer tasaciones a las transacciones financieras para la constitución de una reserva mundial que ayude a los países en crisis.
Además de apoyar esta 'tasa Tobin', El Vaticano también condiciona la recapitalización de los bancos con fondos públicos "a comportamientos virtuosos y con el objetivo de desarrollar la economía real".
La Santa Sede asegura que el liberalismo económico "sin reglas y sin controles" es una de las causas de la actual crisis económica y ha denunciado la existencia de mercados financieros fundamentalmente especulativos, dañinos para la economía real, especialmente para los países débiles".
La crisis económica, agrega este documento de 41 páginas inspirado en la encíclica de Benedicto XVI "Caritas in veritate", está causada por el utilitarismo, el individualismo y la tecnocracia, "tres ideologías que tienen un efecto devastador".
Durante la presentación del documento, el secretario del pontificio consejo, Mario Toso, reconoció que existen coincidencias entre las peticiones de la Iglesia católica por una reforma al sistema económico mundial y algunos postulados del movimiento de los "indignados".
El prelado precisó que se trata "sólo de una casualidad", porque la enseñanzas de los últimos Papas han siempre sostenido la urgencia de poner a las finanzas al servicio del hombre.
Toso participó aquí en la presentación del documento "Por una reforma del sistema financiero y monetario internacional en la prospectiva de una autoridad pública de competencia universal", redactado por ese consejo.
Estableció que la situación "extremadamente problemática" que enfrenta el mundo es causa de un "liberalismo económico sin reglas y sin supervisión", una "ideología" que muchas veces se subordina a los intereses de los países aventajados económicamente.
"A la base de las disparidades y de las distorsiones del desarrollo capitalista se encuentra, además de la ideología del liberalismo económico, la ideología utilitarista, es decir la impostación teórico-práctica según la cual lo que es útil para el individuo conduce al bien de la comunidad", indicó.
"Un efecto devastador de estas ideologías, sobre todo en las últimas décadas del siglo pasado y en los primeros años del nuevo siglo, ha sido la explosión de la crisis, en la que aún se encuentra sumergido el mundo", apuntó.
El documento vaticano también propuso medidas coincidentes con las exigencias de los "indignados" como, por ejemplo, la introducción de impuestos a las transacciones financieras conocidos coloquialmente como "tasas Robín Hood".
"Es verdadero que aquí se proponen cosas que no son usuales y habituales que parecen en línea con los lemas de los llamados indignados", reconoció Mario Toso.
"Pero debo decir que más allá de estar en línea con los indignados, nosotros estamos en línea con el magisterio de la Iglesia, casualmente los indignados tienen estas prospectivas", apuntó.
Según el funcionario vaticano el hecho que dichas propuestas sean apoyadas por los "indignados", no significa que carezcan de racionalidad y estableció que deben ser evaluadas con base en su fundamento.
"Si uno las sostiene usando un poco de virulencia, alterándose en el carácter, no significa que estas propuestas carecen de bondad, porque son buenas en sí mismas", dijo.
"La discusión entonces entra en otro plano: si se propone esto gritando o hacerlo en otra manera, nosotros elegimos el camino del razonamiento sereno para reflexionar sobre aquello que es razonable y fundado, aunque sea lentamente pero con cierta decisión", apuntó.

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23 de octubre de 2011

Domingo 30

23-10-2011 DOMUND
Monasterio Sagrada Familia (Oteiza de Berrioplano)
Texto-homilía del Capellán, Ramón Sánchez-Lumbier
AMOR-ESCUCHA-OBEDIENCIA-SERVICIO-AMOR

“Estos diez mandamientos se encierran en dos”. Expresión familiar, al menos “de oídas”; otra cosa es vivir lo que quiere decir. Convertirnos al amor de Dios y del prójimo sigue siendo llamada universal. Al celebrar la Eucaristía, Jesucristo actualiza para todos el amor del Dios que tanto nos ama. Su Palabra nos ayuda a pensar y a rezar, a recibir amor, a experimentar su riqueza, a vivirlo y proclamarlo.
¿Hemos experimentado ya aquello de que “hay más felicidad en dar que en recibir”? Compartir lo que se tiene, aunque necesario para vivir, es lo más humano, concreción máxima del amor, es un obrar semejante al del mismo Dios. La verdadera caridad es la mejor evangelización: viene de Dios y lleva a Dios. El Padre nos entregó por amor a su Hijo Jesús. Él es el Enviado y Salvador. Él es la Vida que nos hace vivir con la dignidad de los hijos, beneficiarios y testigos de su amor. Jesús de Nazaret dejó claro que no se puede separar el amor a Dios del amor al hombre: “estos dos mandamientos sostienen la ley y los profetas”.
Pero ya en la Antigua Alianza Yahvé-Dios hizo ver que no sólo quería la fiel correspondencia del Pueblo a su amor en sentido, diríamos, “vertical”. Ese amor implicaba también, una esencial dimensión “horizontal”. Por fidelidad a su Dios-Libertador, todos los miembros del Pueblo tenían que amarse entre sí y abrirse al amor concreto de forasteros, extranjeros, pobres y necesitados (cf. 1ª lect.). En realidad, no se puede amar a Dios sin amar a los hombres. Amar al prójimo significa salir de uno mismo y del propio ámbito de intereses para “aproximarse” al otro (cf. parábola del Buen Samaritano: Lc. 10, 30-37).
¿Cuál es la “regla de oro” del convivir humano? Aquello de “no quieras para otro lo que no quieras para ti” y, en positivo, “haz con otro lo que quieres que hagan contigo”, fue captado hace tiempo por diversas culturas. Tiene su dificultad para aplicarse realmente, e incluso a la hora de definir y reconocer, en concreto, quién es el “otro”, quién es el “prójimo”.
Como ayer, también hoy se dan excusas por doquier. Los fariseos, que ya habían querido poner a Jesús en apuros con la pregunta sobre el tributo al César, vuelven a la carga: “Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?” (cf. ev.). La tradición los había multiplicado de forma desorbitada y no era fácil orientarse. De nuevo, la pregunta era una trampa. Jesús respondió con una de las citas más ricas del Deuteronomio: “amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser”. Y, como sabía que el amor a Dios no es real mientras no se traduce en amor a los demás, añadió la cita del Levítico: “amarás a tu prójimo como a ti mismo.” (cf. ev.)
Hermanas y amigos: sí, son los dos mandamientos fundamentales de la Ley. Y, según Jesús-el-Maestro, son “semejantes”. Nos toca ahora responder de corazón: ¿es el amor a Dios y al prójimo nuestra mejor ley y meta?, ¿es el Mandamiento del Señor el decisivo sentido de nuestra vida? Amar a Dios ¿no implicará sabernos antes amados por Él y aceptar a todos los que Él ama? En ese amor de Dios, que nos creó “a su imagen y semejanza”, radica la dignidad de toda persona, de todo “prójimo”.
Los santos se supieron amados por Dios. Rebosando de vida por la fe en Jesucristo, adoptaron esa actitud espiritual básica por la que ya no se sabe vivir sin amar. Y hoy, como seguidores de Jesús y deseando imitar su ejemplo, hay por todas partes personas que transparentan el amor de Dios. Pasaba ya en los primeros días del cristianismo. Lo refleja de maravilla la segunda lectura: “seguisteis nuestro ejemplo y el del Señor, llegasteis a ser un modelo para todos los creyentes... Vuestra fe en Dios había corrido de boca en boca”. Sí, eso es participar de lleno en la misión de Jesucristo, eso es ser Iglesia viva, evangelizada y evangelizadora. A eso nos anima la actual jornada del Domund. A eso nos llama también hoy el Señor Jesús a quien, con palabras y sentimientos del salmista, podemos invocar como “mi roca, mi alcázar, mi libertador” (cf. resp.).
Sí, Dios es “mi roca”. Sin Él, sin auténtica relación con Él, sin su amor y sin amor al prójimo, la vida humana carece de cimiento firme. En la Eucaristía, “fuente y cumbre de la vida y de la misión de la Iglesia”, se ofrece sin cesar el fundamento del quehacer pastoral para la Iglesia entera. El cristiano, cuando contempla y acoge a Jesús, no puede menos que ofrecerse, “con Él, por Él y en Él”, para dar la vida por los hermanos, especialmente por los más necesitados. Porque, como “gente de Cristo”, esencial a nuestra común vocación y misión, es orar por todos, atender y promover integralmente las justas necesidades y demandas de cada persona, de todos los pueblos.
Con Santa María, Madre del Amor Hermoso y Reina de los apóstoles, demos gracias a Dios. Ella, Mujer creyente y eucarística, interceda por nosotros, copartícipes por la fe del gozo de Jesucristo, “fruto bendito de su vientre”. Sí, Él, sólo Él, es el Pan vivo bajado del cielo y partido para la vida del mundo, Pan de vida eterna que el Padre nos da. Confiando, pues, en el Padre común, deseemos vivamente nos vaya haciendo, por su Santo Espíritu, “a imagen y semejanza” del propio Hijo, Hermano universal, Luz de las gentes y único Redentor del mundo.

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Lo primero

23 de octubre de 2011
Mateo 22, 34-40

En cierta ocasión los fariseos se reunieron en grupo y le hicieron a Jesús una pregunta que era motivo de discusión y debate entre los sectores más preocupados de cumplir escrupulosamente los seiscientos trece preceptos más importantes sobre el sábado, la pureza ritual, los diezmos y otras cuestiones: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?».
La respuesta de Jesús es muy conocida entre los cristianos: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser». Este es el más importante. Luego añadió: «El segundo es semejante a éste: amarás a tu prójimo como a ti mismo». Y concluyó con esta afirmación: «Estos dos mandamientos sostienen la Ley y los profetas».
Nos interesa mucho escuchar bien las palabras de Jesús pues también en la Iglesia, como en el antiguo Israel, ha ido creciendo a lo largo de los siglos el número de preceptos, normas y prohibiciones para regular los diversos aspectos de la vida cristiana. ¿Qué es lo primero y más importante? ¿Qué es lo esencial para vivir como seguidores de Jesús?
Jesús deja claro que no todo es igualmente importante. Es un error dar mucha importancia a cuestiones secundarias de carácter litúrgico o disciplinar descuidando lo esencial. No hemos de olvidar nunca que sólo el amor sincero a Dios y al prójimo es el criterio principal y primero de nuestro seguimiento a Jesús.
Según él, ese amor es la actitud de fondo, la fuerza clave e insustituible que pone verdad y sentido a nuestra relación religiosa con Dios y a nuestro comportamiento con las personas. ¿Qué es la religión cristiana sin amor? ¿A qué queda reducida nuestra vida en el interior de la Iglesia y en medio de la sociedad sin amor?
El amor libera nuestro corazón del riesgo de vivir empobrecidos, empequeñecidos o paralizados por la atención insana a toda clase de normas y ritos. ¿Qué es la vida de un practicante sin amor vivo a Dios? ¿Qué verdad hay en nuestra vida cristiana sin amor práctico al prójimo necesitado?
El amor se opone a dos actitudes bastantes difundidas. En primer lugar, la indiferencia entendida como insensibilidad, rigidez de mente, falta de corazón. En segundo lugar, el egocentrismo y desinterés por los demás.
En estos tiempos tan críticos nada hay más importante que cuidar humildemente lo esencial: el amor sincero a Dios alimentado en celebraciones sentidas y vividas desde dentro; el amor al prójimo fortaleciendo el trato amistoso entre los creyentes e impulsando el compromiso con los necesitados. Contamos con el aliento de Jesús.
José Antonio Pagola

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20 de octubre de 2011

Reunión de la Comisión de Familia

La Comisión de Familia de España se ha reunido en la comunidad de D. Ramón de la Cruz, los días 15 y 16 de octubre. El objetivo fundamental de estas sesiones de trabajo, a las que han acudido todos sus componentes, ha sido la organización de las diferentes tareas que llevarán a la animación de la participación de la Familia en España en la 1º Fase; pues todos estamos en Congreso.
Las decisiones adoptadas han sido relativas a 2 temas:
a) Organización de los diferentes Encuentros Intervocacionales por zonas.
b) Planificación del material audiovisual o de otro tipo que se va a colgar en el Blog, con una periodicidad mensual y que abarca hasta septiembre de 2012, fecha en la que se dará inicio a la 2ª fase del Congreso en Martillac. Os animamos, por tanto, a que entréis y visitéis el apartado del Congreso que se ha creado y que está situado en el margen derecho, pues irán apareciendo novedades que nos ayudarán en la profundización y nuestro hacer vida todo lo reflexionado y compartido.

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16 de octubre de 2011

Domingo 29

Monasterio Sagrada Familia (Oteiza de Berrioplano)
Texto-homilía del Capellán, Ramón Sánchez-Lumbier
AMOR-ESCUCHA-OBEDIENCIA-SERVICIO-AMOR

No pocos creen que el poder político y las realidades sociales no tienen nada que ver con Dios. Y establecen un divorcio entre fe y vida. Pero ¿qué pasa luego con la vida? Otros, que dicen reconocer el señorío de Dios, pretenden que todo poder político se someta a la religión, identificada con la suya.
Por ahí también van los fanatismos y la intolerancia, las ideas y actitudes fundamentalistas, que llevaron a guerras de religión. Son blasfemias de lo divino y, a su vez, vejación de lo humano.
Para entender y vivir el Evangelio hace falta lucidez y sinceridad. Captando “su mala voluntad”, Jesús les dijo: “Hipócritas, ¿por qué me tentáis?”. Las autoridades judías pretendían abortar el proyecto de Jesús; querían acabar con él y lanzaron la pregunta insidiosa sobre el tributo al César. La sentencia de Jesús sigue siendo clara lección para todos: su misión y la misión de la Iglesia no es cambiar políticamente el mundo, sino curarlo desde dentro, enseñando a “dar a Dios lo que es de Dios; y al césar, lo que es del césar” (cf. ev.).
El texto ha servido de referencia para regular, en distintas naciones, las relaciones Iglesia-Estado, siempre delicadas, cuando no tensas y difíciles. “La Iglesia, en razón de su misión y competencia, no se confunde con la comunidad política ni está ligada a sistema político alguno”. El servicio del Estado, y el de la Iglesia, al bien común de los ciudadanos los realizarán con tanta mayor eficacia cuanto mejor cultiven ambas instancias una sana cooperación. (cf. concilio Vaticano II, G.S. 76).
Y es que el ser humano, al que deben servir, es indivisible. Al mismo tiempo, ciudadano del mundo, con derechos y deberes en la tierra; y criatura de Dios, dotado de la dignidad y libertad de un hijo con vocación de infinito. Por todo ello, hemos de estar alerta ante las varias intrigas que hoy nos sacuden. Hace ya tiempo parece que interesa retirar de la vida pública el “nombre” de Dios, su “misterio” e influjo. Pero “los dioses de los gentiles son apariencia, mientras que el Señor ha hecho el cielo” (cf. salmo responsorial). Lo dejaba patente el profeta: “Yo soy el Señor y no hay otro” (cf. 1ª lect.).
Es indudable que los duros acontecimientos de nuestra historia ponen a prueba la fe y la esperanza, suponen nuevos y más fuertes interrogantes. En el contexto de una sociedad globalizada y ambivalente, a todas partes llegan no sólo la tecnología y los mercados, sino también la inseguridad y el miedo, la carestía, la escasez y el hambre, la falta de trabajo y de digno salario, la criminalidad y la violencia, las injusticias y guerras. Ante todo ello, más que nunca, se hace actual la vida y misión del cristiano. Ambas brotan de la Pascua del Señor y se alimentan en la celebración de la Eucaristía. Con una fe viva, con auténtica solidaridad y entrega, hemos de testificar, ante todos, que Dios sigue presente en el mundo y que, a pesar de las apariencias y los fracasos, es el amor de Dios quien triunfa del mal, del pecado y de la muerte.
Queridas hermanas y amigos: con Jesús nos viene un espíritu nuevo. Todos precisamos aliento renovado, en la esperanza de la gran liberación. ¡Qué bien si nos supiéramos, si nos experimentásemos, “amados de Dios”!, “elegidos suyos”, gente en la que, al acoger el Evangelio, no hay sólo palabras sino, además, “fuerza del Espíritu Santo y convicción profunda” (cf. 2ª lect.).
Sí, a semejanza de lo que hizo con Ciro (cf. 1ª lect.), aun sin saberlo, sólo Dios puede hacernos instrumentos de su gracia para poner nuestro granito de arena en la historia de la salvación. Ahí nos quiere y nos ha situado el Dios y Padre de todo lo creado, el Padre de Jesús, nuestro Dios y Padre. Siendo creaturas libres; más aún, siendo hijos, podemos colaborar con la providencia de Dios. ¡Qué maravilla! ¡Él nos ha llamado! ¡Él pondrá en nosotros la luz y la fuerza, la sabiduría y el coraje, el testimonio de un amor fiel y digno de fe!
¿Pediremos un creciente sentido de responsabilidad por los hermanos, especialmente por los que sufren? En nuestra común humanidad, ¿nos haremos dispensadores de verdad y justicia, de bondad y alegría, de gracia y paz? ¿Buscaremos la bondad de las cosas creadas? La auténtica religiosidad, la verdadera fe, se demuestra en todo y ante todos. Es respuesta personal y comunitaria, con trascendencia social y eterna. Es viva adhesión a Jesucristo nuestro Señor.
¿Os fijasteis en el aplauso de Pablo a los primeros cristianos de Tesalónica?: les dice que le cautivó la actividad de su fe, el esfuerzo de su amor y el aguante de su esperanza en Jesucristo (cf. 2ª lect.). Ahí está el vivo ejercicio de las virtudes teologales encarnadas en corazones sencillos, ofreciendo luz y perdón, libertad y justicia para todos, por los caminos de la paz. Se trata de vivir bajo la luz del Padre, aportando savia nueva a la humanidad.
Hermanas y amigos, ¿vivimos también nosotros el gozo de sabernos elegidos por Él? Al escuchar y presentar el Evangelio, al celebrar la Eucaristía y los misterios de nuestra fe, ¿hay entre nosotros algo más que palabras?, ¿nos dejamos arrastrar por la fuerza del Espíritu Santo? Para vivir el gozo de la libertad y poder amar como Él nos amó. Así, sólo así, llegará la paz.

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Víctimas

16 de octubre de 2011
Mateo 22, 15-21

La pregunta que hacen a Jesús algunos sectores fariseos, confabulados con partidarios de Antipas, es una trampa preparada con astucia para ir preparando un clima propicio para eliminarlo: «¿Es lícito pagar impuesto al César o no?».
Si dice que es lícito, Jesús quedará desprestigiado ante el pueblo y perderá su apoyo: así será más fácil actuar contra él. Si dice que no es lícito, podrá ser acusado de agitador subversivo ante los romanos que, en las fiestas de Pascua ya próximas, suben a Jerusalén para ahogar cualquier conato de rebelión contra el César.
Antes que nada, Jesús les pide que le muestren «la moneda del impuesto» y que le digan de quién es la imagen y la inscripción. Los adversarios reconocen que la imagen es del César como dice la inscripción: Tiberio César, Hijo augusto del Divino Augusto. Pontífice Máximo. Con su gesto, Jesús ha situado la pregunta en un contexto inesperado.
Saca entonces una primera conclusión. Si la imagen de la moneda pertenece al César, «dad al César lo que es del César». Devolvedle lo que es suyo: esa moneda idolátrica, acuñada con símbolos de poder religioso. Si la estáis utilizando en vuestros negocios, estáis ya reconociendo su soberanía. Cumplid con vuestras obligaciones.
Pero Jesús que no vive al servicio del emperador de Roma, sino "buscando el reino de Dios y su justicia" añade una grave advertencia sobre algo que nadie le ha preguntado: «A Dios dadle lo que es de Dios». La moneda lleva la "imagen" de Tiberio, pero el ser humano es "imagen" de Dios: le pertenece sólo a él. Nunca sacrifiquéis las personas a ningún poder. Defendedlas.
La crisis económica que estamos viviendo en los países occidentales no tiene fácil solución. Más que una crisis financiera es una crisis de humanidad. Obsesionados sólo por un bienestar material siempre mayor, hemos terminado viviendo un estilo de vida insostenible incluso económicamente.
No va a bastar con proponer soluciones técnicas. Es necesaria una conversión de nuestro estilo de vida, una transformación de las conciencias: pasar de la lógica de la competición a la de la cooperación: poner límites a la voracidad de los mercados; aprender una nueva ética de la renuncia.
La crisis va a ser larga. Nos esperan años difíciles. Los seguidores de Jesús hemos de encontrar en el Evangelio la inspiración y el aliento para vivirla de manera solidaria. De Jesús escuchamos la invitación a estar cerca de las víctimas más vulnerables: los que están siendo sacrificados injustamente a las estrategias de los mercados más poderosos.
José Antonio Pagola

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15 de octubre de 2011

Santa Teresa de Jesús

Primera mujer Doctora de la Iglesia Universal

Sin rebuscar demasiado, podemos encontrar en nuestro Fundador Pedro Bienvenido y la espiritualidad que legó a la Iglesia, ciertas influencias de la Santa.
¡Disfrutemos de ello en acción de gracias a Dios por todos los santos/as!

Letrilla de Santa Teresa:
SÓLO DIOS BASTA

Nada te turbe;
nada te espante;
todo se pasa;
Dios no se muda,
la paciencia
todo lo alcanza.
Quien a Dios tiene,
nada le falta.
Solo Dios basta.

(Letrilla que llevaba por
registro en su breviario)

Enlace para escuchar NADA TE TURBE:
http://youtube/go1-BoDD7CI

Exclamación de nuestro Buen Padre
ante una dura prueba:
SÓLO DIOS

Hoy, al entrar en mi habitación
me he encontrado con SÓLO DIOS.P.B.N.

(Recordemos así mismo las palabras que Milady Peychaud escuchó en la BENDICIÓN MILAGROSA)
Yo soy el que soy.
Los honores y la estima de los hombres no son más que humo y yo soy el que soy.
Su amistad no es más que polvo y yo soy el que soy.
Las riquezas y los placeres no son más que barro.
Y SÓLO YO SOY

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9 de octubre de 2011

Invitación

9 de octubre de 2011
Mateo 22, 1-14

A través de sus parábolas Jesús va descubriendo a sus seguidores cómo experimenta a Dios, cómo interpreta la vida desde sus raíces más profundas y cómo responde a los enigmas más recónditos de la condición humana.
Quien entra en contacto vivo con sus parábolas comienza a cambiar. Algo "sucede" en nosotros. Dios no es como lo imaginamos. La vida es más grande y misteriosa que nuestra rutina convencional de cada día. Es posible vivir con un horizonte nuevo. Escuchemos el punto de partida de la parábola llamada «Invitación al Banquete».
Según el relato, Dios está preparando una fiesta final para todos sus hijos e hijas, pues a todos quiere ver sentados junto a él, en torno a una misma mesa, disfrutando para siempre de una vida plena. Esta imagen es una de las más queridas por Jesús para sugerir el final último de la historia humana.
Frente a tantas imágenes mezquinas de un Dios controlador y justiciero que impide a no pocos saborear la fe y disfrutar de la vida, Jesús introduce en el mundo la experiencia de un Dios que nos está invitando a compartir con él una fiesta fraterna en la que culminará lo mejor de nuestros esfuerzos, anhelos y aspiraciones.
Jesús dedica su vida entera a difundir la gran invitación de Dios: «El banquete está preparado. Venid». Este mensaje configura su modo de anunciar a Dios. Jesús no predica doctrina, despierta el deseo de Dios. No impone ni presiona. Invita y llama. Libera de miedos y enciende la confianza en Dios. En su nombre, acoge a su mesa a pecadores e indeseables. A todos ha de llegar su invitación.
Los hombres y mujeres de hoy necesitan descubrir el Misterio de Dios como Buena Noticia. Los cristianos hemos de aprender a hablar de él con un lenguaje más inspirado en Jesús, para deshacer malentendidos, aclarar prejuicios y eliminar miedos introducidos por un discurso religioso lamentable que ha alejado a muchos de ese Dios que nos está esperando con todo preparado para la fiesta final.
En estos tiempos en los que el descrédito de la religión está impidiendo a muchos escuchar la invitación de Dios, hemos de hablar de su Misterio de Amor con humildad y con respeto a todos, sin forzar las conciencias, sin ahogar la vida, despertando el deseo de verdad y de luz que sigue vivo en lo más íntimo del ser humano.
Es cierto que la llamada religiosa encuentra hoy el rechazo de muchos, pero la invitación de Dios no se ha apagado. La pueden escuchar todos los que en el fondo de sus conciencias escuchan la llamada del bien, del amor y de la justicia.
José Antonio Pagola

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Domingo 28º

Monasterio Sagrada Familia (Oteiza de Berrioplano)
Texto-homilía del Capellán, Ramón Sánchez-Lumbier

¿Creéis que hemos perdido sensibilidad para la fiesta del Evangelio? Jesús insiste en el empeño del Padre por invitar a su Reino: “¡Venid, todo está preparado!”. Pero muchos no atienden. Pasó con Israel y pasa hoy. Se dieron y se dan mil excusas; se pretende tener sensatas y buenas razones. “Los invitados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras; otro, a sus negocios” (cf. ev.).
Un fenómeno muy extendido es la deficiente actitud de muchas personas para con los demás. Nietzsche decía que el ser humano sólo debe responder de sí mismo y ante sí mismo. Por desgracia, cuando la persona pierde el hábito de responder ante los demás y cree que no debe tampoco dar cuenta a Dios, termina por desentenderse de todo, se convierte en un completo irresponsable, en necio y frustrante egoísta.
Jesús ha criticado con fuerza esa actitud de autoengaño de quien se encierra en su pequeño mundo y se va haciendo cada vez más sordo a lo que exige un verdadero cambio de conducta. La “parábola del banquete de bodas” nos habla de la invitación insistente que se hace a hombres y mujeres de todo tiempo y lugar. La invitación se rechaza cuando, insensatamente, sólo se ocupa uno de sí mismo.
El mensaje es claro: hay que escuchar la llamada que nos llega de Dios; hay que decidirse a gustar la experiencia de vivir en el Señor, participando de la intimidad de su presencia y de sus dones, de la dicha de su Evangelio, de la mesa compartida, de los hermanos igualmente invitados. Sí, esa invitación paternal, lejos de producir temores vanos, abre los caminos que llevan a la verdadera alegría de la fiesta.
La Palabra de Dios, ya con el texto de Isaías (cf. 1ª lect.), nos presenta el Reinado de Dios bajo el símbolo de un banquete abundante. Lo más importante es que el propio Dios pone la mesa (cf. salmo responsorial) y nos llama, y nos acompaña, y se nos entrega como alimento salvador. Cuantos tenemos la gracia de creer reconocemos en Jesucristo la mejor oferta de Dios y la más cumplida respuesta humana. Jesús es el Buen Pastor que, dándosenos, anticipa la fiesta del Reino eterno y la victoria sobre todo mal. Con su Santo Espíritu, fortalece nuestra convicción y esperanza. Por ello, con san Pablo, decimos: “todo lo puedo en Aquél que me conforta” (cf. 2º lect.).
“El Señor es mi pastor, nada me falta… Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término”. Con el salmo, gustamos ya lo anunciado por el profeta y que se ha hecho plena realidad en Jesucristo: El Señor Dios aniquilará la muerte para siempre y enjugará las lágrimas de todos los rostros. “Aquí está nuestro Dios, de quien esperábamos que nos salvara; celebremos y gocemos con su salvación” (cf. 1ª lect.).
Sí, hermanas y amigos, somos la comunidad cristiana reunida hoy para celebrar con gozo “el sacramento de nuestra fe”. Ponernos el traje de fiesta, entre otras cosas, ha de significar irnos despojando de egoísmos, dejar de ir cada uno solamente a lo suyo, preocuparnos por los demás en el servicio cotidiano. Ese vivir “para Dios y para los demás”, desde la pobreza personal, comunitaria e institucional, ese vivir al estilo de Jesucristo, nos convierte en Iglesia fiel, transparencia del Evangelio del Señor. Lo soñamos hace mucho tiempo, pero tenemos que avivar día a día el deseo, y responder fielmente a la vocación dando respuesta adecuada en todo momento. Así habrá “nueva evangelización”.
Así aportamos lo mejor de nosotros mismos a los desafíos actuales. Así respondemos verdaderamente a la llamada del Dios y Padre de Jesucristo nuestro Padre. Así colaboramos en la tarea evangelizadora de toda la Iglesia. Así, participando ya de la fiesta del amor de Dios, vamos haciendo camino con los hermanos que tienen la misma graciosa suerte: escuchar con fe su voz y acogerla gozosamente. Al vivir, día a día, el Evangelio, ofrecemos también nuestras personas y obras para que la tierra y todos sus bienes se hagan realmente una mesa fraterna para todos. Así y todo, sólo será degustación provisional, anticipo de cuanto Dios Padre nos tiene preparado.
Sabemos, por la fe, que el banquete anunciado por el Evangelio sólo se nos dará plenamente en el cara a cara con Dios. Ésa es la meta final de la salvación. Sólo entonces será la fiesta permanente. Por ahora, celebramos con fe, amor y esperanza el hecho de que la victoria decisiva ya nos fue regalada en la Pascua de Jesucristo. Comulgar con Él, con sus actitudes y sentimientos, con sus obras y palabras, implica compartir, en el gozo festivo de la Eucaristía, su amor entregado y los trabajos que llevan a vivir la fraternidad universal. Dios quiere que, ya en este mundo, vayan reinando la hermandad y la alegría, la libertad y la justicia, el amor y la abundancia para todos. Él ha puesto la mesa, Él invita, Él se nos da como alimento. ¡Acojámoslo con asombro y gratitud! y ¡démosle gracias de todo corazón!

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8 de octubre de 2011

28 Domingo Tiempo Ordinario

Habitaré en la casa del Señor,
por días sin término. Sa22d28A11cas

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4 de octubre de 2011

La empleada de correos

Víctor Codina sj.
Cochabamba, Bolivia, septiembre de 2011.
Llega a nuestra casilla o apartado de correos el aviso de un paquete de España para nuestra comunidad jesuítica. Tengo que hacer varios trámites previos antes de poder recoger el paquete: me exigen que presente el sello seco de mi comunidad, que vuelva al día siguiente con el sello, luego tengo que hacer cola para comprar estampillas o sellos de correos, anotar el número mi carnet de identidad, firmar…Al final me entregan el paquete y la empleada que sabe que es un paquete para una comunidad religiosa, me dice: “Padrecito, su bendición”. Entre sorprendido, admirado y con una cierta timidez, yo le doy la bendición. Bendecir es invocar la protección divina sobre alguien, sobre su salud y su trabajo, sobre su relación con Dios y con los suyos, es desearle un rayo de luz en medio de las nubes de cada día.
Al salir de Correos me preguntaba qué dirían Feuerbach y los maestros de la sospecha (Marx, Freud y Nietzsche) de mi bendición a la empleada, que diría el teólogo luterano Barth con su fuerte crítica a la religión y sobre todo qué opinaría Bonhoeffer que en sus escritos desde la prisión exhortaba a vivir en el mundo secular “como si Dios no existiese” (etsi Deus non daretur); qué dirían algunos teólogos actuales que cuestionan la oración de petición, los que critican la religión y tienden a reducir el cristianismo a la inmanencia de una ética secular, qué dirían los que defienden una espiritualidad sin religión, ni creencias, ni dioses; que pensarían los que han optado por el agnosticismo o por la indiferencia religiosa…
Yo también me preguntaba: bendecir públicamente a una empleada de Correos ¿es un resto de la Cristiandad barroca y decadente que todavía se resiste a morir?¿es un fruto típico de los países subdesarrollados? ¿estaré yo haciendo el juego al conservadurismo involucionista? ¿habré pecado de clericalismo patriarcal? ¿estaré fomentando la fe de carbonero o incluso la superstición?¿es, política y eclesialmente correcto, hacer lo que he hecho?¿ me hubiera debido negar a darle mi bendición?
Y sin embargo, más allá de estos cuestionamientos y ambigüedades, uno se pregunta si la hemorroisa que tocó el borde del manto de Jesús no lo hizo con una fe profunda que el Señor alabó. Uno se pregunta si la fe y devoción de los pobres, de los que no tienen otros recursos, no merece respeto. ¿No les ha revelado el Padre a ellos los misterios del Reino? La secularización rampante ¿es un hecho que de forma determinista llega a todos y a todas partes por igual? ¿es lo mismo lo que acontece en la plaza Tarhir de El Cairo donde los hombres arrodillados rezan, que lo que se vive en las plazas europeas o norteamericanas, llenas de comercios y de letreros luminosos? Según la fe cristiana, el ser humano está movido por dentro por el Espíritu de Jesús, lo sepa o no, Espíritu que muchas veces con gemidos inenarrables nos mueve a clamar ¡Abbá, Padre!. No sabemos cómo esta oración o la bendición puede ser eficaz, es un misterio, pero creemos que no es un grito que caiga en el vació, como no cayó en el vacío la oración de Jesús en Getsemaní. Por esto J.B. Metz en su último libro, Mística de ojos abiertos, Freiburg 2011, se pregunta si no sucede a veces que incluso el no creyente reza etsi Deus daretur, como si Dios existiera…
No podemos ser simplistas, el mundo es complejo, no podemos gritar optimísticamente como Ortega y Gasset la noticia alegre de “Dios a la vista”, hay ambigüedades en la religión que deben ser purificadas y evangelizadas, los pueblos han de progresar, los bautizados necesitan mayor formación, pero el Espíritu del Señor llena el universo, aunque no sepamos de dónde viene o a dónde va. Volvería a dar la bendición a la empleada de correos, aunque no sea políticamente correcto, porque ¿y si Dios existiera?…Quizás hubiera podido añadir a la bendición las palabras de Jesús a la hemorroísa: “Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz” (Mc 5,34).

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2 de octubre de 2011

¿Estamos decepcionando a Dios?

2 de octubre de 2011
Mateo 21,33-43

Jesús se encuentra en el recinto del Templo, rodeado de un grupo de altos dirigentes religiosos. Nunca los ha tenido tan cerca. Por eso, con audacia increíble, va a pronunciar una parábola dirigida directamente a ellos. Sin duda, la más dura que ha salido de sus labios.
Cuando Jesús comienza a hablarles de un señor que plantó una viña y la cuidó con solicitud y cariño especial, se crea un clima de expectación. La «viña» es el pueblo de Israel. Todos conocen el canto del profeta Isaías que habla del amor de Dios por su pueblo con esa bella imagen. Ellos son los responsables de esa "viña" tan querida por Dios.
Lo que nadie se espera es la grave acusación que les va a lanzar Jesús: Dios está decepcionado. Han ido pasando los siglos y no ha logrado recoger de ese pueblo querido los frutos de justicia, de solidaridad y de paz que esperaba.
Una y otra vez ha ido enviando a sus servidores, los profetas, pero los responsables de la viña los han maltratado sin piedad hasta darles muerte. ¿Qué más puede hacer Dios por su viña? Según el relato, el señor de la viña les manda a su propio hijo pensando: «A mi hijo le tendrán respeto». Pero los viñadores lo matan para quedarse con su herencia.
La parábola es transparente. Los dirigentes del Templo se ven obligados a reconocer que el señor ha de confiar su viña a otros viñadores más fieles. Jesús les aplica rápidamente la parábola: «Yo os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos».
Desbordados por una crisis a la que ya no es posible responder con pequeñas reformas, distraídos por discusiones que nos impiden ver lo esencial, sin coraje para escuchar la llamada de Dios a una conversión radical al Evangelio, la parábola nos obliga a hacernos graves preguntas.
¿Somos ese pueblo nuevo que Jesús quiere, dedicado a producir los frutos del reino o estamos decepcionando a Dios? ¿Vivimos trabajando por un mundo más humano? ¿Cómo estamos respondiendo desde el proyecto de Dios a las víctimas de la crisis económica y a los que mueren de hambre y desnutrición en África?
¿Respetamos al Hijo que Dios nos ha enviado o lo echamos de muchas formas "fuera de la viña"? ¿Estamos acogiendo la tarea que Jesús nos ha confiado de humanizar la vida o vivimos distraídos por otros intereses religiosos más secundarios?
¿Qué hacemos con los hombres y mujeres que Dios nos envía también hoy para recordarnos su amor y su justicia? ¿Ya no hay entre nosotros profetas de Dios ni testigos de Jesús? ¿Ya no los reconocemos?
José Antonio Pagola

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Domingo 27º

2-10-2011
Monasterio Sagrada Familia (Oteiza de Berrioplano)
Texto-homilía del Capellán, Ramón Sánchez-Lumbier
AMOR-ESCUCHA-OBEDIENCIA-SERVICIO-AMOR

Quería frutos. Era el dueño de la viña. La había plantado y cuidado con mimo, pero sólo halló violencia y muerte. Su paciencia le llevó a enviar al propio hijo heredero. Su amor le “obligaba” a intentarlo de nuevo.
Pero… ¡asesinarían también al hijo! Aún estremece el grito. Muchos se preguntan dónde está Dios y se oyen respuestas varias: “¿Dónde está Dios? Os lo voy a decir: nosotros lo hemos matado, vosotros y yo, todos somos sus asesinos. ¿Cómo hemos podido hacerlo? ¿a dónde se dirige la tierra?, ¿a dónde vamos?” (Nietzsche). Según el filósofo “loco”, uno de los más famosos de la Modernidad, “¡Dios ha muerto!” y estamos solos para construir futuro, ha llegado la hora de emanciparnos de toda religión, el ser humano es “el superhombre”. Este pensar y sentir ha influido e influye en la cultura occidental, llamada “postmoderna”.
No pocos políticos, negociantes, artistas, escritores, guionistas de cine, periodistas y gente de la calle propagan la idea de que la fe cristiana (y, en general, la religión) es cosa inútil. Creen que, para que crezca el ser humano, hay que ‘matar’ a Dios y hacer desaparecer todo lo que a Él se refiere: “lo matamos y nos quedamos con su herencia” (cf. ev.). El Papa ha estado hace unos días en Alemania. Precisamente el lema de su visita (“Donde está Dios hay futuro”) y el contenido de sus intervenciones han venido a poner de relieve el fuerte contraste de la fe cristiana con esa mentalidad, con esa cultura, con ese sentir. De forma clara y ante todos, razonándolo con su habitual sencillez y profundidad. Ofreciendo de nuevo, con viva esperanza, la Buena Noticia de Jesucristo.
Los viñadores homicidas (cf. ev.) sabían que había “dueño”. Hoy en día son muchos los que viven sin conciencia de que exista. ¿Está todo permitido con tal de que no lo prohíban las leyes civiles?, ¿cuál es el fundamento auténtico de las mismas y del derecho? Dios esperaba “derecho”, pero qué dolorosa letanía de injusticias, miserias, hambre, asesinatos y guerras, lamentos de pueblos, de millones de seres humanos, de ancianos, jóvenes y niños. Algo muy grave está sucediendo. Sólo por los caminos de la ciencia, la técnica, el progreso material y el dinero no llega la felicidad, ni siquiera el bienestar social de las mayorías. El mundo occidental, el clima cultural dominante, parecen haberse olvidado del Dios vivo y vivificante. Aquí y allá, muchos se han entregado a los ídolos del tiempo, “dioses” sin corazón, que no promueven ni respetan la auténtica vida humana, tanto en su dimensión personal como social.
En general, el mundo loco del consumismo, los abusivos intereses financieros de los mercados impersonales, los objetivos de los poderosos, devoran a los propios consumidores y hacen más difícil la vida de los pobres, individuos y pueblos, y hasta la existencia de cuantos integran las llamadas clases medias. Pero ¿tendremos alguna responsabilidad en todo ello? Puede que también nosotros soñáramos con una nueva ciudad que diera “uva dulce”. Puede que nos esté tocando, sin embargo, recoger “agrazones”, la mala uva de la insolidaridad, de la indiferencia, de las ambiciones insultantes y hasta las de la violencia y del odio.
Queridas hermanas y amigos: Os invito a retomar la palabra de Dios desde vuestra personal experiencia. El canto de Isaías (cf. 1ª lect.) es poema hermoso de amor dolorido que cuenta las relaciones de Dios con su pueblo. Aplicándose a sí mismo versículos del salmo 118 (117), Jesús explica: “la piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular”. La expresión de la ternura de Dios por su viña muestra igualmente el contraste de la ingratitud e injusticia humana. Sin embargo, quisiera destacar también la notable diferencia entre la parábola de Isaías y su aplicación por Jesús. Según Isaías, Dios castiga duramente a la viña por haberse negado al amor. Según Jesús, Dios no va a olvidar a su querida viña ni dejar que la pisoteen hombres y ganados. Según Jesús de Nazaret, Dios no va a enviar castigos del cielo. El Dios y Padre de Jesús, nuestro Padre del cielo, seguirá confiando en el ser humano y entregará el Reino a un “pueblo que produzca sus frutos”.
¡Nadie es insustituible! Si el Evangelio de Jesús y su Iglesia desaparecen en un lugar, echarán raíces y darán frutos en otro. La historia así lo enseña. Lo que pasó con el antiguo pueblo de Israel tendría que “sacudirnos de la modorra” y hacernos “espabilar” a todos cuantos somos y formamos la Iglesia. ”Desbordados por una crisis a la que ya no es posible responder con pequeñas reformas, distraídos por discusiones que nos impiden ver lo esencial, sin coraje para escuchar la llamada de Dios a una conversión radical al Evangelio, la parábola nos obliga a hacernos graves preguntas. ¿Somos ese pueblo nuevo que Jesús quiere, dedicado a producir los frutos del Reino o estamos decepcionando a Dios? ¿Vivimos trabajando por un mundo más humano?.. ¿Respetamos al Hijo que Dios nos ha enviado o lo echamos de muchas formas "fuera de la viña"?... ¿Qué hacemos con los hombres y mujeres que Dios nos envía, también hoy, para recordarnos su amor y su justicia?” (J.A. Pagola)
¿Creemos aún que Jesucristo es la piedra angular que da solidez y plenitud a la dignidad humana? ¿Vemos en Jesucristo la clave para construir una sociedad libre y verdadera, justa, solidaria, pacífica y pacificadora? Sí, gracias a la fe cristiana, reconocemos a Jesús de Nazaret como el Hijo de Dios y Salvador. Por Él hemos sido llamados a participar en el proyecto divino de creación y redención. Podemos, ciertamente, acoger, vivir y extender su infinita ternura. Así daremos frutos de amor. También en nuestros días y desde la peculiar vocación. Supliquemos, pues, la gracia de una “buena poda”, la purificación que precisemos para vivir con verdad y con gozo, y así fructificar personal y comunitariamente en favor del mundo. Ojalá esta Eucaristía nos ayude a sentirnos “viña de Dios”, su Iglesia amada.

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1 de octubre de 2011

Oficio de Lectura

Del Oficio de Lectura, 1 de Octubre
Santa Teresa del Niño Jesús, Doctora de la Iglesia

En el corazón de la Iglesia yo seré el amor

De la narración de la Vida de santa Teresa del Niño Jesús, virgen, escrita por ella misma.
Teniendo un deseo inmenso del martirio, acudí a las cartas de san Pablo, para tratar de hallar una respuesta. Mis ojos dieron casualmente con los capítulos doce y trece de la primera carta a los Corintios, y en el primero de ellos leí que no todos pueden ser al mismo tiempo apóstoles, profetas y doctores, que la Iglesia consta de diversos miembros y que el ojo no puede ser al mismo tiempo mano. Una respuesta bien clara, ciertamente, pero no suficiente para satisfacer mis deseos y darme la paz.
Continué leyendo sin desanimarme, y encontré esta consoladora exhortación: Ambicionad los carismas mejores. Y aún os voy a mostrar un camino excepcional. El Apóstol, en efecto, hace notar cómo los mayores dones sin la caridad no son nada y cómo esta misma caridad es el mejor camino para llegar a Dios de un modo seguro. Por fin había hallado la tranquilidad.
Al contemplar el cuerpo místico de la Iglesia, no me había reconocido a mí misma en ninguno de los miembros que san Pablo enumera, sino que lo que yo deseaba era más bien verme en todos ellos. Entendí que la Iglesia tiene un cuerpo resultante de la unión de varios miembros, pero que en este cuerpo no falta el más necesario y noble de ellos: entendí que la Iglesia tiene un corazón y que este corazón está ardiendo en amor. Entendí que sólo el amor es el que impulsa a obrar a los miembros de la Iglesia y que, si faltase este amor, ni los apóstoles anunciarían ya el Evangelio, ni los mártires derramarían su sangre. Reconocí claramente y me convencí de que el amor encierra en sí todas las vocaciones, que el amor lo es todo, que abarca todos los tiempos y lugares, en una palabra, que el amor es eterno.
Entonces, llena de una alegría desbordante, exclamé: «Oh Jesús, amor mío, por fin he encontrado mi vocación: mi vocación es el amor. Sí, he hallado mi propio lugar en la Iglesia, y este lugar es el que tú me has señalado, Dios mío. En el corazón de la Iglesia, que es mi madre, yo seré el amor; de este modo lo seré todo, y mi deseo se verá colmado».

Oración
Oh Dios, que has preparado tu reino para los humildes y los sencillos, concédenos la gracia de seguir, confiadamente el camino de santa Teresa del Niño Jesús, para que nos sea revelada, por su intercesión, tu gloria eterna. Por nuestro Señor Jesucristo.

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