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26 de marzo de 2013

RESOLUCIÓN FAVORABLE SOBRE EL “JESÚS” DE PAGOLA

“A quienes han leído mi libro o han seguido de cerca las polémicas suscitadas a lo largo de estos seis años”
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 09/03/13.- He recibido con satisfacción la resolución definitiva de la Congregación Romana para la Doctrina de la Fe sobre mi libro, Jesús. Aproximación histórica. Con este motivo quiero dirigirme a quienes han leído mi libro o han seguido de cerca las polémicas suscitadas a lo largo de estos seis años.
1. Antes que nada, quiero decir que recibo las decisiones que se han tomado sobre mi libro como un estímulo que me reafirma en lo que, en estos momentos, es el único objetivo de mi vida: contribuir a que los hombres y mujeres de hoy podamos conocer mejor la personalidad apasionante de Jesús, acoger con más entusiasmo su proyecto de construir un mundo más humano, y acercarnos con más fe al misterio de esperanza que se encierra en su persona.
2. A quienes habéis leído mi libro os puede interesar conocer, aunque sea de manera concisa, las principales decisiones tomadas por Roma. En lo referente a cuestiones doctrinales, la Congregación reconoce que mi libro no contiene ninguna proposición contraria a la fe, por lo cual no me ha pedido corregir ningún error doctrinal o afirmación herética. En lo referente a cuestiones metodológicas, la Congregación hace diversas consideraciones sobre el objetivo y la naturaleza de mi libro, y sobre la relación entre fe e investigación histórica. Sin embargo, no ha considerado necesario pedirme una revisión del enfoque de mi obra ni tampoco corrección alguna sobre la metodología que empleo en mi trabajo.
3. Lo que se me ha pedido es que, "para evitar equívocos y malentendidos" introduzca en futuras ediciones "las modificaciones" sugeridas por mí mismo, en torno a cinco puntos concretos. No he dudado en ningún momento en colaborar con esta disposición, pues lo único que he buscado siempre ha sido que mi libro siga sembrando la Buena Noticia de Jesús. La nueva edición saldrá próximamente.
4. En estos momentos quiero agradeceros vivamente a los que, a lo largo de estos años, me habéis manifestado de diversas maneras vuestra cercanía y apoyo incondicional. He podido leer conmovido la experiencia que habéis vivido muchos de vosotros al leer mi libro. Me decís que Jesús ha cambiado radicalmente vuestra vida, que en él os habéis encontrado por fin con un Dios Amigo, que os habéis reafirmado en vuestra fe, que os habéis comprometido a vivir de manera evangélica... Gracias a todos. Me habéis hecho experimentar que Jesús sigue vivo en medio de nosotros.
5. Ahora solo miro al futuro. Quiero vivir mis últimos años colaborando en lo que considero la tarea más urgente en la Iglesia actual: volver a Jesucristo como la única verdad de la que nos está permitido vivir y la única fuerza que nos puede hacer caminar hacia una Iglesia más evangélica al servicio de un mundo más humano. Ya no sabría vivir de otra manera. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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25 de marzo de 2013

Pastoral Juvenil Vocacional

Como venimos haciendo cada año, nos hemos reunido en el Albergue de Collado para celebrar la Pre-pascua con un grupo de jóvenes. Esta vez ha sido durante los días 1 al 3 de marzo. Hemos asistido 32 chicas/chicos, de tercero y cuarto de la ESO, nueve monitores y los cuatro de la comisión de PJV (Dori, Luije, Pili y Rosi). Esto ha sido posible gracias a la participación de los Colegios de Málaga, Valencia, Getafe y Pinto. El lema que escogimos este año ha sido: DESBLOQUEATE. CARGATE DE VIDA. Y de Vida nos hemos recargado todos los que hemos participado. Para que os hagáis una idea os traslados algunas de las oraciones que hicieron en una dinámica. Ellos hablan, escuchadles. “Quiero dar las gracias por todos estos momentos que pasamos con los grupos SAFA, que nos enseña y nos ayuda a formarnos como personas y nos acompañan. También pido por aquellas personas que ahora mismo lo están pasando mal con el tema de la crisis, que nos ayudemos a salir de ella… También pido por esta “FAMILIA” que cada vez se hace más grande…” “Jesús, tu eres único, tú que cada día haces que me levante de la cama con un motivo para sonreír. Tú que me haces ser consciente de que sí sirvo para algo y que hay gente que me quiere y que necesita mi ayuda. Solo quiero darte mil gracias por todo lo que haces, y no solo por mí, sino por todos los seres humanos. Y tan solo puedo atreverme a pedirte que sigas ayudándome como siempre has hecho… ¡Te quiero!... “Gracias por esta experiencia en Collado, me ha ayudado a liberarme de algunas cargas. Te pido porque este sentimiento de libertad continúe y que con tu ayuda sepa mejorar como persona y afrontar mis miedos y bloqueos”. “Señor te pedimos que nos hagas valorar más las cosas verdaderamente importantes de nuestra vida, que a veces las ignoramos…”. “Señor, eres el mejor, diste tu vida para ayudarnos, para hacernos entender tu palabra. Gracias por todo, eres el profesor. Me has ayudado mucho: uno es más feliz cuando lleva a cabo el mensaje. Te pido por SAFA, y por todas las familias. Perdónamelo todo: yo amaré y te recompensaré con mis actos”. “Me siento vacía, soy joven y ya perdí bastantes valores importantes en la vida. Me dejo llevar por los demás y tengo demasiados miedos. Sé que tengo que poner de mi parte, pero casi no me quedan fuerzas. Realmente necesito fe. Sé que pude ser un poco egoísta “pedir” algo para mí, pero realmente la necesito. Necesito fe y paciencia. Paciencia para saber afrontar los momentos difíciles y fe para llenar aun más mi vida”. GRACIAS A TODOS LOS QUE HABEIS PARTICIPADO. GRACIAS POR COMPARTIR VUESTRAS REFLEXIONES, ORACIONES, CONVERSACIONES… SIN VOSOTROS ESTA EXPERIENCIA NO SERIA REALIDAD. TODOS JUNTOS LO HEMOS HECHO POSIBLE.

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24 de marzo de 2013

Ante el crucificado

24 de marzo 2013
Domingo de Ramos
Lucas 22,14-23,56

Detenido por las fuerzas de seguridad del Templo, Jesús no tiene ya duda alguna: el Padre no ha escuchado sus deseos de seguir viviendo; sus discípulos huyen buscando su propia seguridad. Está solo. Sus proyectos se desvanecen. Le espera la ejecución. El silencio de Jesús durante sus últimas horas es sobrecogedor. Sin embargo, los evangelistas han recogido algunas palabras suyas en la cruz. Son muy breves, pero a las primeras generaciones cristianas les ayudaban a recordar con amor y agradecimiento a Jesús crucificado.
Lucas ha recogido las que dice mientras está siendo crucificado. Entre estremecimientos y gritos de dolor, logra pronunciar unas palabras que descubren lo que hay en su corazón: "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen". Así es Jesús. Ha pedido a los suyos "amar a sus enemigos" y "rogar por sus perseguidores". Ahora es él mismo quien muere perdonando. Convierte su crucifixión en perdón.
Esta petición al Padre por los que lo están crucificando es, ante todo, un gesto sublime de compasión y de confianza en el perdón insondable de Dios. Esta es la gran herencia de Jesús a la Humanidad: No desconfiéis nunca de Dios. Su misericordia no tiene fin.
Marcos recoge un grito dramático del crucificado: "¡Dios mío. Dios mío! ¿por qué me has abandonado?". Estas palabras pronunciadas en medio de la soledad y el abandono más total, son de una sinceridad abrumadora. Jesús siente que su Padre querido lo está abandonando. ¿Por qué? Jesús se queja de su silencio. ¿Dónde está? ¿Por qué se calla?
Este grito de Jesús, identificado con todas las víctimas de la historia, pidiendo a Dios alguna explicación a tanta injusticia, abandono y sufrimiento, queda en labios del crucificado reclamando una respuesta de Dios más allá de la muerte: Dios nuestro, ¿por qué nos abandonas? ¿no vas a responder nunca a los gritos y quejidos de los inocentes?
Lucas recoge una última palabra de Jesús. A pesar de su angustia mortal, Jesús mantiene hasta el final su confianza en el Padre. Sus palabras son ahora casi un susurro: "Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu". Nada ni nadie lo ha podido separar de él. El Padre ha estado animando con su espíritu toda su vida. Terminada su misión, Jesús lo deja todo en sus manos. El Padre romperá su silencio y lo resucitará.
Esta semana santa, vamos a celebrar en nuestras comunidades cristianas la Pasión y la Muerte del Señor. También podremos meditar en silencio ante Jesús crucificado ahondando en las palabras que él mismo pronunció durante su agonía.

José Antonio Pagola

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Domingo de Ramos

Domingo de Ramos
Monasterio de la Sagrada Familia, Oteiza de Berrioplano
(Ramón Sánchez-Lumbier)

Llegamos casi al final. Tocamos el pórtico de la gloria en nueva Semana Santa. Celebramos los acontecimientos que dan plenitud a la liturgia de la Iglesia y a la vida de todo bautizado. Comenzaron con entrada festiva de Jesús en Jerusalén, a lomo de borriquillo. ¡Qué “señorío”! Y sólo es “el primer acto”. Un decisivo “claroscuro” que ofrece la bienaventuranza más paradójica, la cruz salvadora de Jesucristo, y que compromete por completo al que quiera recibirla. En su segundo “tuit” lo resume el Papa Francisco y nos invita a todos: “Acojamos a Cristo en nuestra vida".
Hermanas y amigos, sí, eso es lo más importante: “Acojamos a Cristo en nuestra vida”. Tenemos la dicha de haber sido llamados a “seguirle”, a caminar con Él, unidos en la fe, la esperanza y el amor. Sólo su Espíritu puede hacer que vivamos día a día en confiada oración y generosa entrega al Padre y a los hermanos. Al aclamar a Jesús portando palmas o ramos, ahora ya lo reconocemos en su Iglesia, y lo confesamos ante el mundo, como el único Salvador. Es el Siervo fiel y el Hijo obediente ofrecido en sacrificio, el Buen Pastor que dio su vida por todos. Él nos amó hasta el extremo y el Padre lo resucitó. ¡Es el Señor! ¡Bendito por siempre!
“Acojamos a Cristo en nuestra vida”. Es pura gracia y requiere nuestra libertad enamorada. “Seguirle a donde quiera que vaya”, vivir con él, nos hará ser en verdad hermanos y servidores: “ocupémonos unos de otros, respetemos la creación con amor”. Todo es posible por Jesucristo, crucificado y resucitado. Jesús había predicado un mundo nuevo pero moría en el viejo mundo por los pecados de todos, por injusticias estructurales y personales que ofenden a Dios maltratando a sus criaturas. Hemos seguido con veneración y admiración la redacción de san Lucas.
Todo el relato está iluminado por el primer episodio, la Última Cena. En ella afronta Jesús toda su pasión con deseo ardiente, la asume por completo y la transforma en la expresión del amor más grande. Así lo negativo y dramático, que manifiesta toda la maldad humana, se transforma en acontecimiento positivo. El amor de Jesús asume las trágicas e injustas circunstancias y las convierte en ocasión para entregarse a sí mismo y fundar la nueva alianza. Por ello, no debemos detenernos en la perspectiva de tristeza y derrota, sino experimentar un profundo gozo en lo más íntimo de nuestro ser. La pasión de Jesús es la mayor revelación de Dios que es Amor. Y lo hace como Siervo. Se pone a nuestro servicio, carga con nuestra suerte y con la de los más miserables e infelices, transformándolo todo, desde dentro, con su amor gratuito y salvador. (cf. Cardenal Albert Vanhoye, SJ)
Otra vez, escuchemos su voz: “¡Cuánto he deseado celebrar esta pascua con vosotros antes de morir! Porque os digo que no la volveré a celebrar hasta que tenga su cumplimiento en el Reino de Dios… Entre vosotros, el más importante ha de ser como el menor, y el que manda como el que sirve… Yo estoy entre vosotros como el que sirve… Simón, Simón, mira que Satanás os ha reclamado para zarandearos como al trigo. Pero yo he rogado por ti, para que tu fe no decaiga; y tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos…”
¡La Pasión de Cristo! y ¡nuestra pasión! ¡La cruz de Cristo y las nuestras! ¡Su enseñanza y su servicio para que estemos siempre aprendiendo a servir con amor y ternura! ¡Su oración por Simón, por el Papa Francisco hoy: “pasando por la prueba”, no decaiga su fe y se conviertan a Él y a “su estilo” para “confirmar” en la misma fe a todos los hermanos… Centrado en Jesucristo, antes que nada, el Papa nos pidió que rezásemos por él y lo sigue haciendo… Y seguirá mostrando a todos quién es Jesús y qué podemos hacer…Otra síntesis de su magisterio: “El verdadero poder es el servicio. El Papa ha de servir a todos, especialmente a los más pobres, los más débiles, los más pequeños”. (Papa Francisco)
Sufre Jesús lo indecible y permanece fiel. Sufre Jesús su propia muerte y entre ladrones y a la vista de todos. Y lo hace clamando al cielo: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”. Era “por todos” y “para todos”, “por ti” y “por mí”. Jesús vivió rezando y amando, en oración continua con Dios-Padre y haciendo el bien. Fue maestro de la verdad, revelador de la bondad, supremo ejemplo de la belleza. Moría como vivió: “Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu”. Había venido del Padre y a Él volvía. Misión cumplida, la redención del mundo.
Sabemos, por fe apostólica, que la pasión y muerte de Jesucristo fue la culminación del mejor vivir humano. ¡Ahora vive resucitado! y es “vida y esperanza nuestra”. Lo contemplamos y proclamamos: ¡Cómo nos ama! ¡Cómo es! ¡Dichosos los que creen en Él! Como aquel buen ladrón, seguimos suplicando: “Jesús, acuérdate de mí cuando vengas como Rey”.
Nuestro mundo sigue necesitando experimentar los frutos de la Redención de Jesucristo. Hay mucho que curar y liberar. Precisamos amor. Unidos al Hijo Amado, animados por su Espíritu, orando sin desfallecer, queremos lo mejor para todos: que puedan creer en el Señor, gozar de su vida y de su paz, de su amor y perdón. No nos salvarán los políticos, ni los jueces, ni los ejércitos. No nos salvará el dinero ni el poder. Sólo nos salva Jesús-el-Señor. Vayamos con él, que ha ido por delante. Vivamos por él y para él, que lo dio todo por ti y por mí, por nosotros y por todos. Avivemos la fe apostólica para celebrar, con esperanza firme, los santos misterios, testigos del mismo Dios, que es Amor infinito y siempre fiel.

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Yo estaba allí, fue por mí

Domingo de Ramos, C (Lc 22,14-23,56)
24 de marzo de 2013

De modo imparable, un año más y con lo que ha caído, hemos llegado al umbral de la Santa Semana. No es más de lo mismo, porque jamás pasa en balde la vida cuando sigue pasando por delante de nuestra casa. Tramo a tramo, nos hemos ido aproximando al escenario en donde Otro pagó nuestra cuenta debitada. Nos ponemos también nosotros en esa muchedumbre agolpada en aquel día en torno a la fiesta judía. Ellos y nosotros tenemos, siempre, unas oscuridades que piden ser iluminadas, unas muertes que esperan ser resucitadas. Nosotros estábamos allí. Y lo que allí sucedió entonces, para nosotros sucede hoy.
En Jerusalén había la costumbre de dar la bienvenida a los peregrinos que lle¬gaban para celebrar la Pascua con las palabras del salmo 118: “¡Bendito el que viene en el nombre de Yahvéh!”. Jesús no fue la ex¬cepción. El envió previamente a dos discípulos para que trajeran un bo¬rrico, y a quien extrañado preguntase por qué, debían respon¬der: el Señor lo necesita. Un humilde portador de quien viene como rey en nombre de Dios. La tradición iconográfica muestra más veces a un asno junto a Jesús: en el viaje de Nazaret a Belén cuando María llevaba en su seno al que nacería sin cobijo de po¬sada, en la cueva del nacimiento, y en la huida a Egipto.
El Señor necesitaba ¡un borrico! Detalle cargado de humanidad y sencillez, contrapuesto a la cabalgadura del poderío. Son las “necesidades” de un Dios que elige siempre lo débil y lo que no cuenta para confundir a los prepotentes (1 Cor 1,26-28), y así se reconocerá en la imagen del Siervo tomando la condición de esclavo, sin hacer alarde de su categoría de Dios (Filp 2,6-11), para poder dar una palabra de aliento a cualquiera que sufra abatimiento (Is 50,4-7).
Es el estremecedor relato de lo que ha costado nuestra redención. En ese drama está la respuesta de amor extremo de parte de Dios. Nuestra felicidad, el acceso a la gracia, ha tenido un precio: Él ha pagado por nosotros. Debemos situarnos en ese escenario, pues es el nues¬tro propio, en donde Dios en su Hijo nos obtendrá la condición de hijos ante Él y de hermanos entre noso¬tros. Es el estupor que experimentaba la mística franciscana Angela de Foligno al contemplar la Pasión: “Tú no me has amado en broma”; o el realismo con el que Pablo agradecerá la donación de su Señor: “Me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gál 2,20). Sin este realismo que personaliza, estaríamos como espectadores ausentes que a lo sumo siguen el desarrollo del proceso de Dios, desde la butaca de la lástima o de la indiferencia. Por eso puedo decir en verdad que yo estaba allí, todo fue por mí. Sólo quien reconoce ese por mí adorará al Señor con un corazón agradecido. Es mi Semana Santa, esa que tiene ahora mi edad y que habita en la circunstancia de mi domicilio.

Jesús Sanz Montes, ofm, Arzobispo de Oviedo

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El drama prestado que nos redimió

Carta semanal del Arzobispo de Oviedo
24 de marzo de 2013

Suenan los tambores con el tram-tram de otra Semana Santa. Las calles se nos llenas de curiosos que se asoman a los pasos procesionales. Los hay piadosos que rememoran el amor no amado del Nazareno. Y así, entre las liturgias de nuestros templos y las procesiones de nuestras ciudades, se marca el paso severo, de tenso recogimiento, en unos días totalmente especiales.
El domingo de Ramos vuelve a abrir esta semana, la más grande del calendario cristiano. Con palmas e infantes, con estrenos como los de antes luciéndose en los andares y en la solapa, con sinceros hosannas al Rey que viene en nombre del Señor. Se nos leerá entre palmas y ramos, la historia de un drama prestado, porque no le pertenecía a su protagonista que por amor lo vivió. Aquel itinerario de caza y captura, con un beso como contraseña y la traición cobarde entre antorchas, empujó finalmente a Jesús a aquel proceso de pacotilla.
Pronto se olvidaron los gritos de bienvenida, marchitándose las alfombras de tomillos y romeros, y a jirones por el suelo las capas extendidas. Así tan sin aviso se fue tornando la ensoñada acogida cálida en desprecio de la peor pesadilla. Entre la fuga y dispersión de los discípulos amigos, y la conspiración de los resentidos enemigos, Jesús se quedó en completa soledad mientras pronunciaba su última palabra, proponía su última parábola y realizaba el último milagro. La palabra de su propia vida entregada hasta el final, la parábola de un cordero llevado al matadero sin rechistar, el milagro de perdonar a los que no sabían lo hacían mientras entregaba su vida humana al Padre eterno que se la dio. Moría su humanidad entregada, latía intacta por dentro su divinidad, poniendo final a esos pocos años en los que dio todo cuanto había recibido sin dejarse nada para sí en sus adentros.
Este es el drama que nos disponemos a recordar, a celebrar, a acoger como se acoge una gracia nueva. Y aquí intervienen tantos. Como cada año, nuestras parroquias y comunidades cristianas se aprestan a celebrar litúrgicamente estos sagrados misterios. Será la Palabra de Dios, será la Eucaristía, será la Cruz, todo cuanto protagonizó en aquel primer triduo pascual de la historia el paso postrero de Jesús, junto a María.
Pero también nuestras Hermandades y Cofradías de penitencia, nos ayudarán sobremanera para entender desde el lenguaje del arte, de la escenografía vestimental, desde su piedad religiosa y su confraternidad solidaria, lo que en estos días santos queremos no olvidar jamás. Es importante esta labor que además de subrayar escenas de la Pasión del Señor como se hace una predicación popular, son un espacio extraordinario para acoger a los que buscan una fe perdida, o a los que no la quieren perder jamás. Formación cristiana entre sus filas y testimonio de caridad con su solidaridad a través de nuestros cauces.
Vivamos estos días con esta hondura, con esta piedad sincera. Preparemos con esmero lo que nos ayuda a vivir y a convivir, el mensaje de la Semana Santa eclesial. Y sepamos que todo este esfuerzo benemérito no termina el viernes santo, sino que tras el sábado santo del silencio con María, aguardamos expectantes el gran desenlace: no una muerte conmovedora, sino una resurrección triunfante. Sólo así podremos acompañar otros viacrucis en la vida, de aquellos que en su situación de dolor, de soledad, de extremas dificultades, prolongan en su propia piel la pasión del Señor: también para ellos murió y resucitó, y también para ellos hay una palabra, una parábola y un milagro que acoger agradecidos.

Fr. Jesús Sanz Montes, ofm - Arzobispo de Oviedo

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