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19 de julio de 2011

Legado espiritual de Rosa

Querida Familia:

A todos los que hemos conocido y tratado a Rosa, nos ha quedado un regusto amargo entre el dolor y la esperanza tras su muerte, el gozo de haberla conocido y querido, la certeza de seguir sintiéndola viva a nuestro lado y la responsabilidad de seguir viviendo con más profundidad si cabe, nuestra propia vocación Sagrada Familia, como hizo ella.

Os compartimos el enlace a un video con una oración compuesta por ella, como parte de su legado espiritual para todos nosotros.

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11 de julio de 2011

La alimentación derecho de todos

En estos días, entre las muchas situaciones de emergencia que se están dando en el mundo, estamos viendo imágenes terribles de Somalia de niños esqueléticos, mujeres y ancianos que mueren de hambre. Una repetición del desastre que provocó la hambruna en Etiopía en la década de 1980 que pensábamos que nunca volveríamos a ver.
Vivimos en un mundo de crueles contrastes, donde 750 millones de personas tienen sobrepeso, de las cuales 300 millones son obesos. La obesidad es una enfermedad, frecuentemente causada por comer mal, y comer mucho. Es responsable de 325.000 muertes cada año, especialmente entre los grupos de menores ingresos."

Mientras tanto, el mercado para bajar de peso (alimentos especiales y productos farmacéuticos destinados a dietas de adelgazamiento) mueve más de mil millones por año.

Al mismo tiempo crece la alarma por la escalada de precios de los alimentos básicos ... Una situación que afecta a todo el mundo, pero es potencialmente catastrófica en los países en vías de desarrollo:

 Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), el precio de los alimentos aumentó considerablemente en junio, después de un fuerte aumento en el precio del azúcar.

 El precio del azúcar aumentó un 14% el mes pasado, como resultado de la alta demanda y una menor producción en Brasil.

 El índice de precios de alimentos de la FAO llegó a 234 puntos en junio, cerca del nivel récord de febrero de 239.

 La subida del precio del azúcar determinó la mayor parte del aumento de otros productos, anulando las caídas en los precios del trigo, el maíz y la soja."

 La Fao ha tomado medidas para revisar la subida de precios de una serie de alimentos esenciales, incluyendo cereales, oleaginosas, lácteos, carne y azúcar.

 Los altos precios de los alimentos - en particular los de trigo, el arroz y el maíz - han provocado disturbios en una serie de países donde las personas dependen de ellos para la mayor parte de su ingesta de alimentos. (BBC)

El 1 de julio, dirigiéndose a los participantes en la 37 ª Conferencia de la FAO, el Papa Benedicto XVI dedicó gran parte de su discurso a este tema, diciendo que "incluso los alimentos se ha convertido en objeto de especulación o se relacionan con las tendencias del mercado financiero vinculado con el objetivo único de fines de lucro

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - "La pobreza, el subdesarrollo y el hambre son a menudo el resultado de la actitud egoísta que viene del corazón del hombre y que se manifiesta en su acción social, en el comercio, las condiciones del mercado, la falta de acceso a los alimentos y como resultado la negación del derecho fundamental de toda persona a comer y luego a no padecer hambre". Lo ha afirmado el Santo Padre Benedicto XVI recibiendo en Vaticano , el 1 de julio, a los participantes de la 37 Conferencia de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (F.A.O). El Papa ha proseguido diciendo “¿Cómo podemos ignorar el hecho de que los alimentos se han convertido en objeto de especulación, o están relacionados con la evolución de los mercados financieros que, sin reglas claras y carentes de principios morales, están vinculados al único objetivo de la ganancia? La fuente de alimentación es una condición que afecta el derecho fundamental de la vida”.

En su discurso Benedicto XVI ha recordado que “el momento de crisis que ahora abarca todos los aspectos de la realidad económica y social pide ... todo lo posible para contribuir a la eliminación de la pobreza, primer paso para la liberación de los millones de hombres hambrientos, mujeres y niños que no tienen el pan de cada día”. Las causas de tales situaciones aun no se pueden buscar únicamente en los aspectos unidos a la técnica. "Es urgente un modelo de desarrollo que considere no sólo la amplitud de las necesidades económicas o la fiabilidad técnica de las estrategias a seguir, sino también la dimensión humana de cada iniciativa y que sea capaz de lograr la verdadera hermandad ... En esta perspectiva, las instituciones de la Comunidad Internacional están llamadas a trabajar coherentemente con su mandato de defender los valores propios de la dignidad humana mediante la eliminación de las actitudes de cierre y sin dejar espacio a peticiones particulares que pasan como intereses generales".

El Pontífice ha reservado un particular recuerdo “a la situación de millones de niños, que son las primeras víctimas de esta tragedia, condenados a una muerte precoz, a un retraso en su desarrollo físico y psíquico u obligados a formas de explotación para recibir un mínimo de nutrición”. Se necesita sostener las iniciativas para “descubrir el valor de la empresa familiar y sostener el papel central para conseguir una estable seguridad alimentaria... La familia rural es un modelo no sólo de trabajo, sino de vida y de expresión concreta de la solidaridad, donde se confirma el papel esencial de la mujer”.

Al final el Santo Padre ha destacado que garantizar la seguridad alimentaria a las generaciones presentes y a aquellas que vendrán “también significa proteger de una frenética explotación los recursos naturales desde la carrera y del consumo desmedido parece hacer caso omiso de atención a la diversidad genética y biológica, tan importante para las actividades agrícolas. Pero la idea de la propiedad exclusiva de estos recursos se opone a la llamada de Dios a los hombres y las mujeres para que en el "cultivar y guardar" la tierra promuevan el uso participativo de los bienes de la Creación, algo que las normas multilaterales y las actividades internacionales sin duda pueden contribuir a alcanzar”. (SL) (Agenzia Fides 2/07/2011)

¿Cuál es la llamada para la Sagrada Familia en todo esto? ¿Esto está reservado a los expertos y profesionales? ¿Existe algún modo de aportar una diferencia?

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10 de julio de 2011

La semilla de Dios en mi libertad

Comentario al Evangelio
Domingo 15º del Tiempo ordinario. Mt 13,1-23
10 de julio de 2011

Este domingo se nos habla de semillas, de lluvia que las riegan, de libertad que permite que sencillamente sean. Acaso para nuestra cultura tecnificada y asfáltica, puede que nos venga raro o lejano el discurso, pero vale la pena asomarse a él humildemente, como quien puede y quiere aprender algo que nos corresponde de veras.
Cuando el hombre se abre al don de Dios manifestado en su Palabra, ceden las esclavitudes y saltan nuestras cadenas, y empezamos a ser en ver¬dad hijos de Dios como nos dice la segunda lectura (Rom 8,18-23). No siempre la libertad del hombre está abierta al don de Dios, por eso existe un gemido, una tristeza, una frustración que nos vela la gloria para la cual hemos sido hechos.
La Gracia de Dios es como la lluvia, nos dibuja bellamente Isaías en la primera lectura, pero si nuestros cauces de absorción están embotados, cerrados a cal y canto, Él respetará delicadamente nuestra cerrazón y ni siquiera nos humedecerá el más grande de los torrentes, por más que Dios quiera empaparnos. Este es el plan de Dios, su proyecto y su deseo. Pero Él no lo impone, sino que lo propone, dejando la última palabra a nuestra libertad. Tremendo misterio y responsabilidad.
Así se entiende esta parábola que Jesús mismo explica a sus discípulos. La semi¬lla es la misma, pero los terrenos de acogida no. Y aquí está la cuestión, como plástica¬mente va desgranando la parábola: no entender la Palabra de Dios porque no nos ha calado (la semilla que cae en el camino); no cuidar eso que se ha entendido ya pero que no nos ha llegado hasta el fondo de nuestro corazón (la que cae en terreno pedregoso); pretender escuchar al mismo tiempo a Dios y a otros que contra Él hablan, yéndonos al final tras los seductores de turno haciendo así estéril lo que el Señor sembró en noso¬tros (lo sembrado entre zarzas).
Pero también existe el terreno humilde, que acoge con sencillez, aunque sea lento e incluso torpe en asimilar. Importa menos la celeridad y la cantidad del fruto (unos dan ciento, otros sesenta, otros treinta por uno), lo único importante es haber acogido esa semilla de su Palabra y que nos fecundice. ¿No quiere Dios sembrarse en nosotros para en nosotros fructificar otra vez el don de la paz y de la gracia, el de la luz y la miseri¬cordia, el del perdón y la alegría... todos esos frutos que nuestro amado mundo no con¬sigue fabricarse y que sin embargo necesita más que nunca? ¡Qué hermosa es la vida de tanta gente sencilla que sin troníos ni alharacas se han dejado fecundar por Dios, por su lluvia y su semilla! El pueblo nuevo de Dios es un pueblo que huele a tierra mojada de la que nacerá en libertad ese mundo según el corazón de Dios. Basta no cerrarse. Basta creerlo, acogerlo y compartirlo. Ojalá tengamos oídos para oír, corazón para acoger y manos para compartir la semilla de cuanto Él hace y dice en nuestra pequeñez.

Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo

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Domingo 15º A

10-7-2011
Monasterio Sagrada Familia (Oteiza de Berrioplano)
Texto-homilía del Capellán, Ramón Sánchez-Lumbier

En domingo los cristianos celebramos la Pascua del Señor, el triunfo de la humanidad redimida del pecado, la victoria de la vida sobre la muerte, la belleza de la nueva creación. Viviendo la Eucaristía, nos adentramos en el misterio de Dios y nos encontramos a nosotros mismos. Os animo a interiorizar, con la ayuda del Espíritu, la magistral enseñanza de Jesucristo.
Palabra eterna de Dios, se hace carne, viene a los suyos, empapa la tierra, cumple el encargo, es eficaz. Y lo descrito por el profeta (cf. 1ª lect.) se concreta diariamente en la vida de mucha gente de buen corazón. Los profetas del AT habían anunciado el Reino de Dios, pero no llegaron a comprender toda su maravillosa realidad. Habría que esperar el cumplimiento de la Promesa.

La vida pública de Jesús se inicia con el anuncio de que está cerca el Reino de Dios. Y este Reino tiene que crecer en cada uno de nosotros, en nuestra familia, en nuestro pueblo, en la sociedad. Jesús lo aclara: el Reino de Dios, aquí en la tierra, no es otra cosa que su misma vida y acción santificadora. Aceptarle a Él, seguirle, dejarse contagiar por su Espíritu, es colaborar en el Reinado de Dios, ya entre nosotros.

Sí, la enseñanza es del Maestro (cf. ev.): la semilla de Dios es idéntica, siempre válida y eficaz; la vida divina es el mejor regalo, el más precioso tesoro. Pero ¡qué distinto es el fruto! ¿Por qué será? Sabe el Señor que, hoy como ayer, habrá gente que no quiera oír ni entender. Su querer y mandatos encuentran en los corazones eco diverso y hasta opuesto. Para unos, serán gozo y paz, armonía interior y fortaleza invencible. Para otros, cosquilleo molesto, acoso amenazador, cuando no desfasado anuncio y sin valor alguno.

No nos toca juzgar ni condenar. Mas tenemos inteligencia y sentimientos, derecho a opinar sobre cuanto afecta a la convivencia humana. Más aún, con verdad y amor, debemos denunciar el mal y promover el bien. Ahora y en toda ocasión. Miremos también dentro de nosotros mismos.



Preguntamos: ¿de quién es la tierra a la que va el sembrador?, ¿pueden las gentes prepararse para acoger la siembra de la Palabra de Dios? Un mundo autónomo, orgulloso de sí y dispuesto a regularlo todo desde el poder, se quiere mostrar seductor e imperativo, pero a menudo es despilfarrador, ladrón de intimidades, capaz de engatusar a incautos con ídolos de cualquier clase. Puede este mundo adulterar y anular la sensibilidad para valorar adecuadamente lo que constituye el bien común. Son muchos los que han llegado a creer que el único sembrador del hombre es el propio hombre, que no necesitamos a Dios, que no existe, que fue y sigue siendo un engaño.

Sin embargo, Jesús sigue ofreciéndose a todos. Él se nos presenta como la verdadera felicidad para el ser humano. Propone mil ejemplos para animarnos y hacernos ver la importancia de nuestra libertad. Esparce en su Iglesia y en el mundo semillas de vida. Se ha metido en los surcos de la historia y la ha hecho fértil, con fecundidad de vida eterna. El poder de Dios sigue actuando. Sí, es justo y necesario ver lo bello y lo bueno, lo verdadero, cuanto de positivo existe y crece en el campo de nuestro vivir personal y comunitario.

Por la fe en Jesucristo, percibimos la riqueza del Reino de Dios, reino que no es de este mundo, pero que ya ha comenzado, reino y fiesta que no tendrán fin. Y debemos seguir esperando su plenitud. Podemos hacerlo orando y aportando nuestra colaboración. Las fatigas de ahora no tienen parangón con la gloria que un día se nos descubrirá. La creación entera aguarda, aun sin saberlo, la plena manifestación de los hijos de Dios (cf. 2ª lect.).

Mientras, se hacen necesarios los trabajos de la fe y reconocer sus frutos, en ambientes donde hombres y mujeres, de toda edad y condición, puedan dar el treinta, sesenta o el ciento por uno. Todavía habrá muchos gemidos, aún son precisos los trabajos de la evangelización, que implicarán también asumir cruces, dolores y quebrantos, hasta que llegue “la hora de ser hijos de Dios” en plenitud. Si lo olvidamos, si nos comportamos como seres superficiales y arrogantes, la creación entera padecerá las consecuencias de tanto pecado y error.

La Buena Noticia del Reino de Dios se nos proclama y actualiza en la Eucaristía. Aquí y ahora estamos invitados a vivir “la fiesta universal”. Es la fiesta de la salvación que compartimos con gozo, entre tantos claroscuros y contradicciones de nuestras “fiestas populares”. Dichosos vosotros, felices todos, porque Jesucristo, hoy como ayer y como siempre, es para nosotros la Verdad y la Vida, fuente de paz y de santidad. Así se ofrece también al mundo. Con toda la Iglesia, demos gracias a Dios.

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Salir a sembrar

10 de julio de 2011
Mateo 13,1-23

Antes de contar la parábola del sembrador que «salió a sembrar», el evangelista nos presenta a Jesús que «sale de casa» a encontrarse con la gente para «sentarse» sin prisas y dedicarse durante «mucho rato» a sembrar el Evangelio entre toda clase de gentes. Según Mateo, Jesús es el verdadero sembrador. De él tenemos que aprender también hoy a sembrar el Evangelio.
Lo primero es salir de nuestra casa. Es lo que pide siempre Jesús a sus discípulos: «Id por todo el mundo...», «Id y haced discípulos...». Para sembrar el Evangelio hemos de salir de nuestra seguridad y nuestros intereses. Evangelizar es "desplazarse", buscar el encuentro con la gente, comunicarnos con el hombre y la mujer de hoy, no vivir encerrados en nuestro pequeño mundo eclesial.
Esta "salida" hacia los demás no es proselitismo. No tiene nada de imposición o reconquista. Es ofrecer a las personas la oportunidad de encontrarse con Jesús y conocer una Buena Noticia que, si la acogen, les puede ayudar a vivir mejor y de manera más acertada y sana. Es lo esencial.
A sembrar no se puede salir sin llevar con nosotros la semilla. Antes de pensar en anunciar el Evangelio a otros, lo hemos de acoger dentro de la Iglesia, en nuestras comunidades y nuestras vidas. Es un error sentirnos depositarios de la tradición cristiana con la única tarea de transmitirla a otros. Una Iglesia que no vive el Evangelio, no puede contagiarlo. Una comunidad donde no se respira el deseo de vivir tras los pasos de Jesús, no puede invitar a nadie a seguirlo.
Las energías espirituales que hay en nuestras comunidades están quedando a veces sin explotar, bloqueadas por un clima generalizado de desaliento y desencanto. Nos estamos dedicando a "sobrevivir" más que a sembrar vida nueva. Hemos de despertar nuestra fe.
La crisis que estamos viviendo nos está conduciendo a la muerte de un cierto cristianismo, pero también al comienzo de una fe renovada, más fiel a Jesús y más evangélica. El Evangelio tiene fuerza para engendrar en cada época la fe en Cristo de manera nueva. También en nuestros días.
Pero hemos de aprender a sembrarlo con fe, con realismo y con verdad. Evangelizar no es transmitir una herencia, sino hacer posible el nacimiento de una fe que brote, no como "clonación" del pasado, sino como respuesta nueva al Evangelio escuchado desde las preguntas, los sufrimientos, los gozos y las esperanzas de nuestro tiempo .No es el momento de distraer a la gente con cualquier cosa. Es la hora de sembrar en los corazones lo esencial del Evangelio.

José Antonio Pagola

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9 de julio de 2011

15 Tiempo Ordinario

10 de julio de 2011
La semilla cayó en tierra buena y dio fruto

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Rezar 1 minuto por la paz

Me llegó un correo electrónico invitándome a rezar por la paz, haciéndolo todos los días a la misma hora durante un minuto. Parece que durante la Segunda Guerra un consejero de Churchill hizo la misma invitación a los ingleses y pararon los bombardeos. Parece tan sencillo y cuesta tan poco dedicar un minuto por día a dicha convocatoria que creo que vale la pena intentarlo.
Pero, más allá de si creemos o no en los efectos milagrosos de la oración, me doy cuenta de que rezar es peligroso. Esto lo aprendí hace años, en la película “Tierra de Sombras” que relata la vida de C. S. Lewis. En un diálogo que éste mantiene con su obispo sobre si estaba rezando o no luego de la muerte de su esposa, Lewis responde: “no puedo evitar rezar, pero la oración no lo cambia a Dios, me cambia a mí”.

He meditado sobre esta frase muchas veces, dándome cuenta que cualquier oración tiene un enorme poder transformador. Por eso no dudo en el poder de la oración, sino dónde se ejerce dicho poder. Dejando de lado el tema de la energía, que me resulta nuevo y del cuál prácticamente no sé nada, diría que disponernos a orar es disponernos a ser transformados. Por eso considero que es muy peligroso.

En el caso concreto de la invitación a orar por la paz, el poder de la oración sobre mí sería el de hacerme consciente de todas mis acciones contrarias a la paz. Pero no a la paz como algo abstracto, sino a lo concreto de las pequeñas cosas cotidianas. Al estado de mi corazón con respecto al mandamiento de amar a los enemigos, aunque también debería mirarme con respecto a los amigos que muchas veces son las víctimas de mi corazón no pacificado. Arrancar de mi vida todas las cizañas que me impiden reconocer a Jesús en el otro, sobre todo en el diferente es el desafío de orar por la paz. Y cuando oramos por los más necesitados, por los
hambrientos, por los excluidos estamos orando para ser capaces de acciones
concretas que ayuden a personas concretas a salir de su pobreza o exclusión.


Rezar no es, según creo yo, acudir a un Dios todopoderoso que va a intervenir desde afuera para arreglar los desaguisados que nosotros mismos inventamos, sino que es abrirnos a la Presencia que mora en cada uno de nosotros y en toda la creación, con la disponibilidad para ser transformados. Menudo peligro el de abrir nuestras puertas, el de dejar que se desmoronen las paredes que nos construimos para protegernos de los demás.
“El Espíritu sopla donde quiere”, dice el Evangelio, y alguien dijo: “sopla donde lo dejan”.

A dejarlo soplar entonces, aunque se lleve con su viento nuestras comodidades, nuestras certezas, nuestras ideologías. Aunque nos deje desnudos frente a la vida con las únicas armas de la confianza, la libertad y el amor. Aunque nos demos cuenta de que para que haya paz, o para que nadie pase hambre, ni frío, ni soledad tengo que “salir de mi tierra” y “hacerme prójimo” de los que parecen no tener ningún valor. De aquellos que considero una amenaza, ya sea por la inseguridad de la violencia que hoy estamos viviendo o porque con su sola presencia son como una espada que se clava en mi corazón y me pide a gritos que haga algo y me deja sintiéndome impotente. O me cierra aún más para no sufrir y sigo siendo la otra cara de la moneda de la violencia.

Dios actúa desde abajo y desde adentro, no desde arriba y desde afuera. Dios actúa a través mío y tuyo y hasta que no aceptemos esto no nos haremos responsables por las cosas que pasan en el mundo y que nosotros podríamos cambiar siendo de verdad discípulos de Jesús. Todos los que hoy tenemos “cinco panes y dos peces” tenemos la enorme responsabilidad de multiplicar y redistribuir los bienes para que nadie se quede sin sentarse a la mesa.

A rezar entonces, con entusiasmo y sin parar, pero dispuestos a conseguir aquello que pedimos con nuestras acciones concretas: “porque tuve hambre y ustedes me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber, estaba desnudo, enfermo, preso… ¿Cuándo Señor? Les aseguro que cuando lo hicieron por el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo”. (Mt 25, 35-40). Entonces sí la paz quedará asegurada. ¡Feliz Pentecostés para todos!

ECLESALIA, 05/07/11

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3 de julio de 2011

El pueblo sencillo

3 de julio de de 2011
Mateo 11, 25-30

Jesús no tuvo problemas con la gente sencilla. El pueblo sintonizaba fácilmente con él. Aquellas gentes humildes que vivía trabajando sus tierras para sacar adelante una familia, acogían con gozo su mensaje de un Dios Padre, preocupado de todos sus hijos, sobre todo, los más olvidados.
Los más desvalidos buscaban su bendición: junto a Jesús sentían a Dios más cercano. Muchos enfermos, contagiados por su fe en un Dios bueno, volvían a confiar en el Padre del cielo. Las mujeres intuían que Dios tiene que amar a sus hijos e hijas como decía Jesús, con entrañas de madre.
El pueblo sentía que Jesús, con su forma de hablar de Dios, con su manera de ser y con su modo de reaccionar ante los más pobres y necesitados, les estaba anunciando al Dios que ellos necesitaban. En Jesús experimentaban la cercanía salvadora de Padre.
La actitud de los "entendidos" era diferente. Lo que al pueblo sencillo le llena de alegría a ellos les indigna. Los maestros de la ley no pueden entender que Jesús se preocupe tanto del sufrimiento y tan poco del cumplimiento del sábado. Los dirigentes religiosos de Jerusalén lo miran con recelo: el Dios Padre del que habla Jesús no es una Buena Noticia, sino un peligro para su religión.
Para Jesús, esta reacción tan diferente ante su mensaje no es algo casual. Al Padre le parece lo mejor. Por eso le da gracias delante de todos: «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y las has dado a conocer a los sencillos. Sí, Padre, así te ha parecido mejo».
También hoy el pueblo sencillo capta mejor que nadie el Evangelio. No tienen problemas para sintonizar con Jesús. A ellos se les revela el Padre mejor que a los “entendidos” en religión. Cuando oyen hablar de Jesús, confían en él de manera casi espontánea.
Hoy, prácticamente, todo lo importante se piensa y se decide en la Iglesia, sin el pueblo sencillo y lejos de él. Sin embargo, difícilmente, se podrá hacer nada nuevo y bueno para el cristianismo del futuro sin contar con él. Es el pueblo sencillo el que nos arrastrará hacia una Iglesia más evangélica, no los teólogos ni los dirigentes religiosos.
Hemos de redescubrir el potencial evangélico que se encierra en el pueblo creyente. Muchos cristianos sencillos intuyen, desean y piden vivir su adhesión a Cristo de manera más evangélica, dentro de una Iglesia renovada por el Espíritu de Jesús. Nos están reclamando más evangelio y menos doctrina. Nos están pidiendo lo esencial, no frivolidades.
José Antonio Pagola

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Domingo 14º Día del Papa

Monasterio Sagrada Familia (Oteiza de Berrioplano)
Texto-homilía del Capellán, Ramón Sánchez-Lumbier

En los próximos tres días la ciudad de Pamplona se pondrá de fiesta para celebrar los “sanfermines”. Aquí y con toda la Iglesia, en la oración de este domingo, pedíamos al Padre verdadera alegría y poder disfrutar con los gozos del cielo, gracias a la humillación y al triunfo de Jesucristo. ¡Gracias, sí, a Dios por la Pascua que celebramos! Sabemos que las aspiraciones humanas más nobles, lo sepan o no, conectan con esa súplica. ¡Esto sí que es “fiesta universal”!
Las lecturas iban en la misma dirección: “Alégrate, hija de Sión”, exhortaba el profeta Zacarías anunciando al Mesías que entraría, sobre pollino, en su ciudad. Pensando en ese Jesús hacíamos nuestra la convicción del salmista: “El Señor es clemente y misericordioso, bueno con todos, cariñoso con todas sus criaturas”. El mismo Jesús (cf. ev.) se muestra, ante el Padre, feliz y agradecido, y nos llama a todos a descansar y gozar en su presencia.

¿De qué contento nos habla el Señor?, ¿de dónde brota su alegría?, ¿cómo compartir y experimentar su misma dicha? Jesús se alegra porque el Padre Dios se manifiesta a los sencillos. Por lo general, “los sabios y entendidos de este mundo”, según el sentido bíblico, cerrados en sí mismos, autosuficientes y soberbios, ponen mil obstáculos a la comunión de amor que Dios quiere para todos. Pero la cercanía y fidelidad de Dios, su amor y su verdad, la acogen ciertamente “los sencillos de corazón”.

Sí, “la fuerza del cristianismo se encuentra en la debilidad. El sueño de una cristiandad organizada desde los puestos de mando se desvanece en cuanto se abre con honradez el Antiguo y el Nuevo Testamento. El rey que viene no se apoya en el poder ni en las armas. Dicta la paz y la justicia desde la humildad de un borrico (cf. 1ª lect.). Descubre la verdadera sabiduría no a los que creen sabérselas todas, sino a los únicos capaces de captarla: los sencillos, los libres para escuchar y admirarse (cf. ev.). La Vida no se adentra en la carne autosuficiente, sino en el espíritu abierto (cf. 2ª lect.)”

¿Y nosotros?..., ¿cantamos la maravilla de este proceder de Dios?, ¿nos movemos por sus caminos?, ¿facilitamos el encuentro de los hermanos con el Señor? ¿Comenzamos por confiar en Jesús, “manso y humilde de corazón”? ¿Creemos que el Padre lo ha puesto todo en sus manos? ¿Vemos a Jesús viviendo para el Padre y alegrándose con su amor y su querer? Porque Jesús ha venido para dar su vida por los hermanos. Y se alegra con inmenso júbilo al rezar y cumplir su misión: “Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra..., sí, así te ha parecido mejor”. Vemos cómo, en su misma oración de Hijo, Jesús nos descubre la fuente de su alegría, el manantial del gozo sin fin.

En la oración de Jesús aprendemos a ser nosotros mismos alabanza y acción de gracias: brotan del corazón cuando somos capaces de mirar la vida en positivo; cuando descubrimos, a pesar de todo, lo bueno de las personas y su verdad; también, la variedad y hermosura de la creación. A todos nosotros, la oración, entre otros dones, nos libera de la inquietud y el desasosiego causados por una exagerada dependencia de las cosas, de los programas, de las meras expectativas humanas, de nosotros mismos.

Jesús podía escudriñar y valorar el interior de la gente que le rodeaba. Limitaciones, lejanía y pecado no le impedían percibir la sed de felicidad radical que afloraba en todos los humildes y sencillos. De alguna manera, éstos lo intuían y, por eso, acudían a Él. Hoy Jesús nos invita: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados”. ¿Nos sentiremos aludidos?, ¿creerás, hermana/o, que el Señor te habla así a ti en tu actual situación? Sí, estamos agobiados y cansados por muchas cosas, pero podemos alcanzar el descanso que Jesús ofrece. Reconocemos, por qué no, la resistente obstinación a tanta gracia que, en los demás como en nosotros mismos, procede del egoísmo y es precisamente la esencia del pecado.

Sin embargo, podemos ser liberados de todo mal. Él, sólo Él, nos dará la Vida. Jesús resucitado nos comunica el Don por excelencia, su Espíritu Santo. ¿Por qué no confiarnos al Espíritu del Padre y del Hijo? Es el Amor, es el Gozo, es la Paz. Sana nuestra mente y nuestra libertad, nos hace capaces de superar el mal y hacer obras buenas. Ya ha comenzado en nosotros su obra de santidad que nos hace entrever la belleza más querida. Ya comenzamos, por su amor, a degustar en este mundo la felicidad de la vida celestial. ¡Demos gracias a Dios!

Proclamemos juntos la fe de la Iglesia, una, santa, católica y apostólica. Y oremos por el Papa, en este su día, domingo inmediatamente posterior a la fiesta de los apóstoles Pedro y Pablo. Oremos también por “los pamplonicas” y por cuantos se acerquen a “los Sanfermines”. Y por las gentes que, de cualquier clase y nación, trabajan, se fatigan y siguen buscando, aun sin saberlo, lo que no puede dar ninguna fiesta popular ni los mejores proyectos y realizaciones humanas. Que conozcan y amen al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. Sólo Él es la Vida; sólo Él, la Verdad, el Amor y la Paz.

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2 de julio de 2011

Domingo 14A

Dejemos que nos penetre la melodía “Venid a Mi los cansados”
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1 de julio de 2011

14 Tiempo Ordinario

En esta época, en la que muchas personas se toman sus vacaciones,
tiene especial resonancia la invitación de Jesús al descanso.
El descanso es necesario y, como dice el poeta,
“pertenece al trabajo como los párpados a los ojos” –Tagore-.
Que nuestro descanso sea el tiempo para serenar el espíritu,
reflexionar, disfrutar del regalo de la existencia,
reencontrarnos con la vida y con nosotr@s mism@s.
Para encontrar descanso no hay que recorrer grandes distancias.
Basta recorrer la que nos lleva a encontrar la paz de nuestro corazón.
Que aprendemos y practiquemos el arte de descansar.

Tiempo Ordinario 14 -A- JES+ÜS, NUESTRO DESCANSO. 03-07-11

El Espíritu habita en nosotros
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