30 de agosto de 2019

Consejos para padres católicos con hijos homosexuales

Por

Las personas que han pasado por una situación parecida en su propia vida son las que pueden entender mejor lo que alguien está experimentando y apoyarlo

Tener un hijo homosexual suele resultar desconcertante para unos padres católicos. No siempre es fácil encontrar una ayuda efectiva. Para ofrecerles respuestas existe un grupo de padres en la arquidiócesis de Los Ángeles. Su convencimiento es que las personas que han pasado por una situación parecida en su propia vida son las que pueden entender mejor lo que alguien está experimentando y apoyarlo.
La web de la archidiócesis estadounidense ofrece detalles:
“El propósito del apoyo a los compañeros es proporcionar un ambiente y una oportunidad cómodos y seguros para que un padre católico que está lidiando con la homosexualidad de sus hijos exprese sus sentimientos, miedos y preguntas a su manera, en su propio tiempo y en sus propias palabras.
Los compañeros de apoyo deben abstenerse de decirles a los demás cómo deben sentirse o qué deben hacer. Los compañeros de apoyo brindan comentarios sobre cómo se sintieron y cómo respondieron a situaciones similares en sus vidas. Lo que puede haber sido bueno para una persona puede no ser necesariamente el mejor consejo para otra.
Permitir que alguien escuche cómo otros se han sentido, reaccionado, respondido o tratado con la multitud de sentimientos y situaciones asociadas con la homosexualidad de sus hijos y sus creencias religiosas y las enseñanzas de la Iglesia católica es mucho más productivo y solidario”.
El grupo de apoyo se distingue por su base religiosa y la presencia de un sacerdote católico. En él se explica a los matrimonios que la Iglesia no condena a sus hijos homosexuales y que sus valores familiares y su unidad no deben verse comprometidos.

Consejos para padres

– No esperes el 100% de entusiasmo o cooperación inmediata de todos, incluso de los miembros de tu familia o del hijo homosexual. Es un tema amenazante para muchas personas por muchas razones diferentes.
– No proyectes la imagen de que tus preocupaciones son solo por la condición homosexual de tu hijo. Los padres aman y se preocupan por la seguridad de sus hijos, por su salud física, emocional y espiritual, su dignidad, su autoestima,… las creencias religiosas y la salvación son universales.
– No dejes de mantener a alguien, un confidente o un amigo de confianza, que te escuche, conozca tus problemas, su desarrollo, tus éxitos y decepciones.
– No tengas miedo de hablar sobre tu hijo/a homosexual. Puede haber momentos en los que te sientas incómodo hablando de él/ella por miedo a mencionar que es homosexual. El momento o el lugar para mencionar que tienes un hijo homosexual lo eliges tú.
– No te desanimes por la ignorancia de los demás.
 
Aleteia 23/8/2019 

20 de agosto de 2019

¿Jesús? ¡También él fue adolescente!

Por

La experiencia de una mamá, hecha de lloros, gritos, enfrentamientos y oración, con hijos en la edad del "yo tengo que hacer mi vida"

Adolescentes.
Los adolescentes hacen como Jesús cuando se aleja de sus parientes y se queda en el Templo hablando con los ancianos (hubo un tiempo en el que los “ancianos” eran tratados como sabios, ahora se los trata como piedras en el zapato: otra situación que muestra la regresión mental de nuestra sociedad). Jesús está allí hablando, José y María, sus padres, lo buscan durante días. ¿Se lo imaginan? Yo habría estallado de furia. Cuando le encuentran, le preguntan cómo se le ha ocurrido eso. Seguramente el evangelista no pueda decirnoslo, pero siempre he pensado que José estaría enfadadísimo y que María, que siendo la mamá se la supone más tranquila, se callaría para no decir cosas que cualquier madre habría dicho en esas circunstancias. O quizás lo hizo.
Yo soy una gritona de primera categoría. Y si me enfado, levanto la voz. Con niños pequeños, me ha sucedido cuando he temido por su salud (cruces de calle peligrosos, por ejemplo) o me han vuelto loca peleando entre ellos, o también para detener esos berrinches catastróficos que a veces se producen a los 4/5 años (los de edades anteriores son cortocircuitos que al reves, necesitan mucha calma): para poner un “stop” hace falta un grito. Con una continuación de muchos mimos y largas explicaciones con las aclaraciones debidas.
Pero cuando me he encontrado en la edad del “yo tengo que hacer mi vida” (como diciendo “Ahora soy mayor, no me agobiéis”), he gritado. Y a veces llorado. No he sentido vergüenza, con mis hijos, al decirles que su actitud me hace sufrir. Lo he admitido siempre con claridad, informándoles de que me estaban haciendo daño. A veces se lo he gritado a la cara. Y a veces, como María, les he preguntado por qué me trataban así. Claramente y pretendiendo una respuesta.
“Hijo, ¿por qué nos haces esto? Tu padre y yo te buscábamos angustiados” dice María a ese Jesús de trece años. El tono no era tranquilo y sereno. Para ninguna madre lo es, en estas situaciones. Y con toda la debida calma, una vez pasada la tormenta, el enfrentamiento, siempre ha habido explicaciones.
Quizás la pregunta que más he hecho a mis hijos adolescentes ha sido: “¿Entiendes por qué me he enfadado?”.
Y siempre he pretendido saber qué les había impulsado a comportarse, hacer o decir, de esa maneta. Obviamente la Hija G, como buena chica, tenía la lengua afilada, y con ella he tenido que dialogar, explicando pero también comprendiéndola un poco más.
Con el chico, he tenido que dejarle desinflarse físicamente (mandándolo muchas veces a andar o correr un cuarto de hora o más), para poder hablar con él.
A menudo he aceptado las quejas que se me presentaban. A menudo han aceptado (con ganas o no) los limites impuestos por mí. Y cuando no se han aceptado, se han impuesto un poco a regañadientes.
He razonado mucho, cada vez, sobre cuál tenía que haber sido mi reacción y si había hecho bien o mal. En realidad, también he empezado a aceptar la idea de que esta es mi manera de ser madre: por desgracia para ellos, es así. Nunca he sido capaz de fingir, utilizando metodologías comunicativas complejas leídas en libros o en cursos. Soy este tipo de madre.
Y cuando no he comprendido qué tenía que hacer, me he confiado, a regañadientes también. Pero siguiendo el camino del “conservar en mi corazón” lo que me estaba pasando, poniendo todo el paquete completo en las manos de Nuestro Señor, pensando que…
Si se descubre la gracia de Jesús, creo que se puede descansar en la paz de saberse amados por un Dios verdaderamente grande (y no fruto de nuestra fantasía), que nos amó primero, haciéndonos crecer si confiamos en Él (es la fe que Jesús pide para que pueda llevar a cabo el milagro) y entonces sí, uno se puede tranquilizar, y con su ayuda abandonar las tensiones que tenemos en nuestro camino. Pedirle esto es una buena oración.

Aleteia

16 de agosto de 2019

Por
INTENCIONES PARA LA ORACIÓN DE CADA MES DEL 2019
FAMILIA DE PEDRO BIENVENIDO NOAILLES
“VIVAMOS LA COMUNIÓN CELEBREMOS LA FAMILIA”


JULIO: por toda la Familia de PBN en el mundo
AGOSTO: por toda la Familia de PBN en el mundo

13 de agosto de 2019

DISCREPANTES Y OPOSITORES

Por
No es la primera vez ni es extraño que en la Iglesia haya grupos
discrepantes y opositores, desde Pablo que se enfrentó a Cefas-Pedro en Antioquía
(Gal 2,14) hasta nuestros días.
Los hubo desde los primeros concilios hasta los dos últimos. En el concilio Vaticano I
(1870) un grupo de obispos y de teólogos estaban en contra de la definición de la
infalibilidad pontificia. Algunos no aceptaron el concilio y se separaron de Roma,
dando lugar a los llamados Vétero-católicos. Otros, sin abandonar la Iglesia, no
quisieron participar ni asistir a la última votación conciliar sobre la infalibilidad y
alguno de ellos estaba tan enojado que lanzó todos los documentos conciliares al río
Tíber.
En tiempos de Pío XII, cuando en 1950 el papa publicó la encíclica Humani generis
contra la llamada Nouvelle théologie, fueron destituidos de sus cátedras algunos
teólogos jesuitas de Fourvière-Lyon como Henri de Lubac y Jean Daniélou y algunos
teólogos dominicos de Le Saulchoir-París, como Yves Congar y Dominique Chénu.
Luego todos ellos fueron nombrados peritos teológicos por Juan XXIII en el Vaticano
II.
En el Vaticano II surgió una fuerte oposición liderada por el obispo francés Marcel
Lefèbvre que rechazó el concilio el Vaticano II por considerarlo neomodernista y
neoprotestante y acabó siendo excomulgado por Juan Pablo II en 1988, cuando
comenzó a ordenar obispos al margen de Roma para su Fraternidad de San Pío X.
Pablo VI, luego de su encíclica Humanae vitae de1968 sobre el control de natalidad,
fue respetuosamente contestado por numerosas conferencias episcopales que, sin negar
los valores del contenido de la encíclica, pedían una mayor complementación y
matización.
Durante los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI más de 100 teólogos
fueron cuestionados, amonestados, obligados a guardar silencio, algunos destituidos de
sus cátedras y uno incluso excomulgado.
Valga este preámbulo histórico para no sorprendernos de que también hoy, ante la
nueva imagen de Iglesia que propone Francisco, hayan surgido voces
discordantes y críticas fuertemente opositoras a su pontificado.
A través del vaivén de la historia deducimos que el tipo y orientación de la oposición
siempre depende del momento histórico que se vive: son voces progresistas y
proféticas en momentos de la clásica cristiandad o neocristiandad y voces

reaccionarias, fundamentalistas y conservadoras en momentos de una reforma eclesial
que desea volver a las fuentes evangélicas y al estilo de Jesús.
Las críticas a Francisco
Actualmente hay un fuerte grupo opositor a la Iglesia de Francisco: laicos, teólogos,
obispos y cardenales que desearían su dimisión o su pronta desaparición y esperan un
nuevo cónclave para cambiar el rumbo de la Iglesia actual.
No queremos hacer aquí una investigación socio-histórica ni menos aún un show
mediático, tipo western, entre buenos y malos, por esto preferimos no citar los
nombres y apellidos de los opositores que hoy están “despellejando vivo” a Francisco,
sino más bien detectar cuáles son las líneas teológicas de fondo que subyacen a esta
oposición sistemática a Francisco, saber cuál es el tema de la polémica.
Las críticas a Francisco tienen dos dimensiones, una teológica y otra más bien socio-
política, aunque, como veremos luego, muchas veces ambas líneas confluyen.
1. Crítica teológica
La crítica teológica parte de la convicción de que Francisco no es teólogo, sino que
viene del Sur, del fin del mundo y que esta falta de profesionalidad teológica explica
sus imprecisiones e incluso sus errores doctrinales.
Se contrasta esta falta de profesionalidad teológica de Francisco con la competencia
académica de Juan Pablo II y, naturalmente, de Josef Ratzinger-Benedicto XVI.
Esta falta de teología de Francisco explicaría sus peligrosas afirmaciones sobre la
misericordia de Dios en El rosto de la misericordia (MV), su tendencia filo-comunista
hacia los pobres y movimientos populares y la piedad popular como lugar teológico en
La alegría del evangelio (EG 197-201); su falta de teología moral al abrir la puerta a
los sacramentos de la penitencia y eucaristía, en algunos casos y previo discernimiento
personal y eclesial, a las parejas de matrimonios católicos separados vueltos a casar,
según aparece en una nota del capítulo octavo de La alegría del amor (AL 305,nota
351); su poca competencia científica y ecológica se manifiesta en su encíclica sobre el
cuidado de la casa común (Laudato si´); y escandaliza su excesivo énfasis en la
misericordia divina (Misericordiae vultus), que abarata la gracia y la cruz de Jesús.
Ante esta acusación quisiera recordar una afirmación clásica de Tomás de Aquino que
distingue entre la cátedra magisterial, propia de los teólogos profesores de las
universidades y la cátedra pastoral que corresponde a los obispos y pastores de la
Iglesia [1] . Newman retoma esta tradición afirmando que aunque a veces puede haber
tensión entre ambas cátedras, finalmente hay convergencia entre ellas.

Esta distinción se aplica a Francisco que, aunque como jesuita Padre Jorge Mario
Bergoglio había estudiado y enseñado teología pastoral en San Miguel de Buenos
Aires, ahora sus pronunciamientos pertenecen a la cátedra pastoral del obispo de
Roma. No pretende sentar cátedra de teólogo sino de pastor. Como se ha dicho con un
cierto humor, hay que  pasar del Bergoglio de la historia al Francisco de la fe.
Lo que en el fondo molesta a sus detractores es que su teología parta de la
realidad, de la realidad de la injusticia, pobreza y destrucción de la naturaleza y
de la realidad del clericalismo eclesial.
No molesta que abrace a niños y enfermos pero sí molesta que visite Lampedusa y
campos de refugiados y migrantes como Lesbos, molesta que diga que no hay que
construir muros contra los refugiados sino puentes de diálogo y hospitalidad; molesta
que, siguiendo a Juan XXII, diga que la Iglesia ha de ser pobre y de los pobres, que los
pastores han de oler a oveja, que ha de ser una Iglesia en salida que vaya a los
márgenes y que los pobres son un lugar teológico.
Molesta que diga que el clericalismo es la lepra de la Iglesia y que enumere las 14
tentaciones de la curia vaticana que van del sentirse imprescindibles y necesarios hasta
las ansias de riquezas, la doble vida y el “Alzheimer espiritual”. Y molesta que añada
que estas son también tentaciones de las diócesis, parroquias y comunidades religiosas.
Molesta que diga que la Iglesia ha de ser una pirámide invertida, con los laicos arriba,
y abajo el papa y los obispos y molesta que diga que la Iglesia es poliédrica y, sobre
todo, sinodal, hacemos todos el mismo camino juntos, nos hemos de escuchar y
dialogar, molesta que en Episcopalis communio hable de Iglesia sinodal y de la
necesidad de escucharnos mutuamente.
Molesta a grupos conservadores el que Francisco haya agradecido sus aportes
teológicos a Gustavo Gutiérrez, Leonardo Boff, Jon Sobrino, José María Castillo y
haya anulado las suspensiones “a divinis” a Miguel d´Escoto y Ernesto Cardenal;
disgusta a algunos que Hans Küng, destituido de su cátedra por Pablo VI por el tema
de la infalibilidad papal, haya escrito a Francisco sobre la necesidad de repensar la
infalibilidad y Francisco le haya contestado llamándolo “querido compañero” (lieber
Mitbruder), que tendría en cuenta sus observaciones y estaba dispuesto a dialogar
sobre la infalibilidad. Y molesta a muchos que Francisco haya canonizado a Romero,
el obispo salvadoreño mártir, tildado por muchos de comunista y tonto útil de la
izquierda y cuya causa había estado bloqueada durante años.
Molesta que diga que él no es quién para juzgar a los homosexuales, que afirme que la
Iglesia es femenina y que si no se escucha a las mujeres, la Iglesia quedará
empobrecida y parcializada.
Su invocación a la misericordia, una misericordia que está en el centro de la revelación
bíblica, no le impide hablar de tolerancia cero frente a los abusos de miembros

significativos de la Iglesia con menores y mujeres, delito monstruoso, del que hay que
pedir perdón a Dios y a las víctimas, reconocer el silencio cómplice y culpable de la
jerarquía, buscar reparación, proteger a los jóvenes y niños, evitar que se vuelva
repetir. Y no le tiembla la mano al destituir de sus cargos al culpable, sea cardenal,
nuncio, obispo o presbítero.
Evidentemente no es que no sea teólogo sino que su teología es pastoral, Francisco
pasa del dogma al kerigma, de los principios teóricos al discernimiento pastoral y
a la espiritualidad. Su teología no es colonial, sino del Sur y esto molesta al Norte.
2. Crítica socio-política
Frente a los que acusan a Francisco de tercermundista y comunista, hay que afirmar
que sus mensajes están en perfecta continuidad con la tradición profética, bíblica y de
la doctrina social de la Iglesia. Lo que duele es su clarividencia profética: no a una
economía de la exclusión y la inequidad, no a una economía que mata, no a una
economía sin rostro humano, no a un sistema social y económico injusto que cristaliza
en estructuras sociales injustas, no a una globalización de la indiferencia, no a la
idolatría del dinero, no a un dinero que gobierna en lugar de servir, no a una inequidad
que engendra violencia, que nadie se escude en Dios para justificar la violencia, no a la
insensibilidad social que nos anestesia ante el sufrimiento ajeno, no al armamentismo y
a la industria de la guerra, no a la trata de personas, no a cualquier forma de muerte
provocada (EG 52-75).
Francisco no hace más que actualizar el mandamiento de no matar y defiende el valor
de la vida humana, desde el comienzo hasta el final y nos repite hoy la pregunta de
Yahvé a Caín: “¿Dónde está tu hermano?”
También molesta la crítica al paradigma antropocéntrico y tecnocrático que destruye la
naturaleza, contamina el medio  ambiente, ataca a la biodiversidad y excluye a pobres
e indígenas de una vida humana digna (LS 20-52). Molesta a las multinacionales que
critique a las empresas madereras, petroleras, hidroeléctricas y mineras que destruyen
el medio ambiente, perjudican a los indígenas de aquel territorio y amenazan el futuro
de nuestra casa común. Molesta la crítica a los dirigentes políticos incapaces de tomar
resoluciones valientes (LS 53-59).
Y ya comienza a molestar el anuncio del próximo sínodo de octubre del 2019 sobre la
Amazonía que es un ejemplo concreto de la necesidad de proteger el medio ambiente y
salvar a los grupos indígenas amazónicos de un genocidio.
Algunos altos dignatarios eclesiales europeos han dicho que el Instrumentum laboris o
Documento preparatorio del Sínodo es herético, panteísta y que niega la necesidad de
la salvación en Cristo.

Otros comentaristas se han centrado únicamente en la sugerencia de ordenar a hombres
casados indígenas para poder celebrar la eucaristía en lugares remotos de la Amazonía,
pero han silenciado totalmente la denuncia profética que este Documento preparatorio
del Sínodo hace contra la destrucción extractivista que se comete en la Amazonía,
causa de la pobreza y la exclusión de los pueblos indígenas, seguramente nunca tan
amenazados como ahora.
A modo de conclusión
Indudablemente hay una convergencia entre la crítica teológica y la crítica social a
Francisco, los grupos reaccionarios eclesiales se alinean con los grupos poderosos
económicos y políticos sobre todo del Norte. Incluso podemos preguntarnos si esta
reciente explosión de abusos sexuales que afecta directamente a la figura de Francisco,
que es a la vez pastor reformista eclesial y líder mundial, haya sido una pura
casualidad y simple coincidencia.
En el fondo la oposición a Francisco es una oposición al concilio Vaticano II y a la
reforma evangélica de la Iglesia que Juan XIII quiso promover. Francisco se sitúa en la
línea de todos los profetas que quisieron reformar la Iglesia, junto a Francisco de Asís,
Ignacio de Loyola, Catalina de Siena y Teresa de Jesús, Angelo Roncalli, Helder
Cámara, Dorothy Stang, Pedro Arrupe, Ignacio Ellacuría y el nonagenario obispo
Casaldáliga.
Le quedan a Francisco todavía muchas asignaturas pendientes para una reforma
evangélica de la Iglesia. No sabemos cuál ni cómo será futura su trayectoria, ni lo que
acontecerá en el próximo cónclave.
Pasan los papas, pero el Señor Jesús sigue presente y anima a la Iglesia hasta el fin de
los siglos, el mismo Jesús que fue tenido por comedor y bebedor, amigo de pecadores
y prostitutas, endemoniado, loco, sedicioso y blasfemo. Y creemos que el Espíritu del
Señor que descendió sobre la Iglesia primitiva en Pentecostés, no la abandona jamás y
no permitirá que el pecado a la larga triunfe sobre la santidad.
Y mientras tanto, como Francisco siempre pide, desde de su primera aparición en el
balcón de San Pedro del Vaticano como obispo de Roma hasta nuestros días, oremos al
Señor por él, para que no desfallezca su esperanza y confirme la fe de sus hermanos. Y
si no podemos rezar o no somos creyentes, deseémosle, al menos, una buena onda.


Víctor Codina

2 de agosto de 2019

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