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6 de noviembre de 2011

Domingo 32

Monasterio Sagrada Familia (Oteiza de Berrioplano)
Texto-homilía del Capellán, Ramón Sánchez-Lumbier
AMOR-ESCUCHA-OBEDIENCIA-SERVICIO-AMOR

La primera lectura predisponía para el Evangelio al presentar la Sabiduría amable y apetitosa. Deseado es el novio, el esposo, que ya llega para llevarnos al cielo. El anuncio pide vigilancia activa. Idéntica lección, con imágenes diversas, se nos ofrecerá en próximos domingos. ¿Esperamos al Esposo con amor? ¿Tienen aceite las lámparas de nuestras personas y comunidades?
“La sensatez egoísta de las vírgenes prudentes, que no ceden nada de su aceite, puede molestarnos con razón. Pero es detalle narrado de paso, sin ningún afán aleccionador. El ‘punto’ de la parábola está en la reserva del aceite. El encuentro del hombre con Dios no se puede improvisar en el último instante ni pueden hacerlo otros por uno mismo. Es algo que debe recorrer la vida entera como irreemplazable responsabilidad. A Dios ‘le encuentran los que le buscan’.” (cf, Misal)
¿Cómo afronta el futuro nuestra humanidad? ¿Qué busca en la superficie de los días y en sus profundos anhelos de siempre? Es fácil observar un desgaste de esperanza. A veces, su rasgo más evidente es la actitud negativa ante la vida, no ser capaz de captar lo bueno, lo hermoso, lo positivo de personas, acontecimientos y cosas. Sin vital confianza, no se espera gran cosa de la vida y se va rebajando el nivel de las opciones. Casi, casi, perdieron todo interés. Si todo está mal, todo es inútil… O al revés.
Pasividad y escepticismo, también tristeza, son la habitual compañía de tanta gente; algo ha muerto por dentro. El mal humor, el pesimismo y la amargura corroen personas y relaciones. Aparece un peligroso cansancio y la falta del más mínimo entusiasmo. No es la natural fatiga del trabajo. Se trata de aburrimiento interior que hiere cuanto toca. Resulta comprensible, si no se tiene fe en el Dios vivo, cuando vivir y convivir resulta ser duro y severo desafío. Pero podemos acoger la Buena Noticia y es mundo nuevo:
“El ser humano no puede vivir sin esperanza. Pero ¿es posible esto?; y ¿quién puede dársela cuando muchas esperanzas han sido infelizmente defraudadas en los últimos tiempos? Iluminados por la fe en Jesucristo, con humilde certeza, sabemos que no os engañamos diciendo que la esperanza es posible también hoy y que es posible para todos. Dios, en su amor paterno, no priva a nadie de esta posibilidad porque quiere que cada uno pueda ser plenamente feliz. Por este motivo, con la alegría y la autoridad de quien sabe que habla en nombre de Nuestro Señor Jesucristo que nos ha mandado, nos convertimos en embajadores y testigos del “Evangelio de la esperanza” para toda Europa”. (Sínodo obispos europeos, 1999)
Amigos y hermanas, sabemos que todo ser humano es un enigma y hasta un misterio. Sin embargo, vacío de espíritu, no puede caminar hacia su verdadero progreso. El cristiano, que pierde de vista la perspectiva de la resurrección y de la vida eterna, acaba desorientado. Debemos mantener viva y activa la esperanza en el regalo último del amor de Dios: la plenitud del Reino, la felicidad sin fin, la fraternidad universal. Lo apuntaba san Pablo en la segunda lectura: “así estaremos siempre con el Señor”.
Sí, el cristiano sólo crece cuando acierta a alimentar “la lámpara” de su fe, que pide vivir fundamentado en el Dios y Padre de Jesús, no en sí mismo; vivir de la fe en Dios, experimentar la sabiduría de esperar en sus promesas, buscar y hacer su voluntad. Sólo los buscadores de Dios, perseverantes en la noche, valientes y prudentes, podrán abrir vías a la espiritualidad cristiana y podrán ser anuncio de Jesucristo para todos.
Nadie sabe cuándo vendrá el Señor, pero volverá, nos encontraremos con Él. Los preparados podrán entrar en la fiesta del banquete de las bodas. Cada uno ha de responder en su libertad. El evangelio de hoy nos pone en guardia para no dejar pasar los días superficialmente y “a lo loco”. Vivamos, sí, la alegría de la salvación ya presente, sirviendo con amor generoso y anhelando la “plena manifestación de los hijos de Dios”, cuando se revelará en su gloria el que es la meta de la entera creación y nuestra más rica esperanza, Jesucristo.
El salmo responsorial ayudaba a sentir más honda sed de Dios. Esa misma sed de Amor total se reflejaba en la inquietud de los cristianos de Tesalónica. Adiestrémonos también nosotros en la escuela de la Sabiduría, que se deja encontrar por aquellos que la buscan sinceramente.
Estamos en Noviembre. La caída de la hoja evidencia el final de una etapa del proceso biológico. Vendrán otras primaveras. El ciclo natural sugiere convicciones profundas: “nuestras vidas son del Señor; en sus manos descansarán; el que vive y cree en Él no morirá”. Sabemos que envejecer no es desgracia; sabemos que debemos estar siempre prontos a renovar el aceite de la fe, a potenciar la luz de la esperanza, a esparcir sencillamente el aroma del amor. Lo importante es añadir vida -calidad de vida- a nuestros años, mientras esperamos con amor la vuelta gloriosa del Señor.