31 de octubre de 2011

Debemos ser santos

Debeis ser santos, porque yo soy santo (Levítico 11, 44)

Señor Dios,
cuando veo las estatuas
que destacan en las iglesias,
me siento afligido:
nunca seré como ellos,
nunca seré santo.
Como tú.
Pero tú no me dejas optar.
Pides a todos, y también a mí,
que sea santo como tú.
Salgo entonces a los caminos,
donde hombres y mujeres,
débiles y pequeños como yo,
luchan cotidianamente con amor
por separarse de lo que está a ras de suelo:
egoísmo y oportunismo,
injusticia y engaño,
falsedad y violencia,
sentimientos y gestos de amor reducidos a cosas,
desinterés y desprecio por los débiles y los pobres,
una vida cerrada en sí misma,
sin gratuidad ni belleza, sin horizontes de cielo...
y recupero el consuelo y la confianza.
También yo puedo separarme
de lo que está a ras del suelo
y volar hacia tí.
Tambien yo puedo ser santo.
Como tú.