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2 de octubre de 2011

Domingo 27º

2-10-2011
Monasterio Sagrada Familia (Oteiza de Berrioplano)
Texto-homilía del Capellán, Ramón Sánchez-Lumbier
AMOR-ESCUCHA-OBEDIENCIA-SERVICIO-AMOR

Quería frutos. Era el dueño de la viña. La había plantado y cuidado con mimo, pero sólo halló violencia y muerte. Su paciencia le llevó a enviar al propio hijo heredero. Su amor le “obligaba” a intentarlo de nuevo.
Pero… ¡asesinarían también al hijo! Aún estremece el grito. Muchos se preguntan dónde está Dios y se oyen respuestas varias: “¿Dónde está Dios? Os lo voy a decir: nosotros lo hemos matado, vosotros y yo, todos somos sus asesinos. ¿Cómo hemos podido hacerlo? ¿a dónde se dirige la tierra?, ¿a dónde vamos?” (Nietzsche). Según el filósofo “loco”, uno de los más famosos de la Modernidad, “¡Dios ha muerto!” y estamos solos para construir futuro, ha llegado la hora de emanciparnos de toda religión, el ser humano es “el superhombre”. Este pensar y sentir ha influido e influye en la cultura occidental, llamada “postmoderna”.
No pocos políticos, negociantes, artistas, escritores, guionistas de cine, periodistas y gente de la calle propagan la idea de que la fe cristiana (y, en general, la religión) es cosa inútil. Creen que, para que crezca el ser humano, hay que ‘matar’ a Dios y hacer desaparecer todo lo que a Él se refiere: “lo matamos y nos quedamos con su herencia” (cf. ev.). El Papa ha estado hace unos días en Alemania. Precisamente el lema de su visita (“Donde está Dios hay futuro”) y el contenido de sus intervenciones han venido a poner de relieve el fuerte contraste de la fe cristiana con esa mentalidad, con esa cultura, con ese sentir. De forma clara y ante todos, razonándolo con su habitual sencillez y profundidad. Ofreciendo de nuevo, con viva esperanza, la Buena Noticia de Jesucristo.
Los viñadores homicidas (cf. ev.) sabían que había “dueño”. Hoy en día son muchos los que viven sin conciencia de que exista. ¿Está todo permitido con tal de que no lo prohíban las leyes civiles?, ¿cuál es el fundamento auténtico de las mismas y del derecho? Dios esperaba “derecho”, pero qué dolorosa letanía de injusticias, miserias, hambre, asesinatos y guerras, lamentos de pueblos, de millones de seres humanos, de ancianos, jóvenes y niños. Algo muy grave está sucediendo. Sólo por los caminos de la ciencia, la técnica, el progreso material y el dinero no llega la felicidad, ni siquiera el bienestar social de las mayorías. El mundo occidental, el clima cultural dominante, parecen haberse olvidado del Dios vivo y vivificante. Aquí y allá, muchos se han entregado a los ídolos del tiempo, “dioses” sin corazón, que no promueven ni respetan la auténtica vida humana, tanto en su dimensión personal como social.
En general, el mundo loco del consumismo, los abusivos intereses financieros de los mercados impersonales, los objetivos de los poderosos, devoran a los propios consumidores y hacen más difícil la vida de los pobres, individuos y pueblos, y hasta la existencia de cuantos integran las llamadas clases medias. Pero ¿tendremos alguna responsabilidad en todo ello? Puede que también nosotros soñáramos con una nueva ciudad que diera “uva dulce”. Puede que nos esté tocando, sin embargo, recoger “agrazones”, la mala uva de la insolidaridad, de la indiferencia, de las ambiciones insultantes y hasta las de la violencia y del odio.
Queridas hermanas y amigos: Os invito a retomar la palabra de Dios desde vuestra personal experiencia. El canto de Isaías (cf. 1ª lect.) es poema hermoso de amor dolorido que cuenta las relaciones de Dios con su pueblo. Aplicándose a sí mismo versículos del salmo 118 (117), Jesús explica: “la piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular”. La expresión de la ternura de Dios por su viña muestra igualmente el contraste de la ingratitud e injusticia humana. Sin embargo, quisiera destacar también la notable diferencia entre la parábola de Isaías y su aplicación por Jesús. Según Isaías, Dios castiga duramente a la viña por haberse negado al amor. Según Jesús, Dios no va a olvidar a su querida viña ni dejar que la pisoteen hombres y ganados. Según Jesús de Nazaret, Dios no va a enviar castigos del cielo. El Dios y Padre de Jesús, nuestro Padre del cielo, seguirá confiando en el ser humano y entregará el Reino a un “pueblo que produzca sus frutos”.
¡Nadie es insustituible! Si el Evangelio de Jesús y su Iglesia desaparecen en un lugar, echarán raíces y darán frutos en otro. La historia así lo enseña. Lo que pasó con el antiguo pueblo de Israel tendría que “sacudirnos de la modorra” y hacernos “espabilar” a todos cuantos somos y formamos la Iglesia. ”Desbordados por una crisis a la que ya no es posible responder con pequeñas reformas, distraídos por discusiones que nos impiden ver lo esencial, sin coraje para escuchar la llamada de Dios a una conversión radical al Evangelio, la parábola nos obliga a hacernos graves preguntas. ¿Somos ese pueblo nuevo que Jesús quiere, dedicado a producir los frutos del Reino o estamos decepcionando a Dios? ¿Vivimos trabajando por un mundo más humano?.. ¿Respetamos al Hijo que Dios nos ha enviado o lo echamos de muchas formas "fuera de la viña"?... ¿Qué hacemos con los hombres y mujeres que Dios nos envía, también hoy, para recordarnos su amor y su justicia?” (J.A. Pagola)
¿Creemos aún que Jesucristo es la piedra angular que da solidez y plenitud a la dignidad humana? ¿Vemos en Jesucristo la clave para construir una sociedad libre y verdadera, justa, solidaria, pacífica y pacificadora? Sí, gracias a la fe cristiana, reconocemos a Jesús de Nazaret como el Hijo de Dios y Salvador. Por Él hemos sido llamados a participar en el proyecto divino de creación y redención. Podemos, ciertamente, acoger, vivir y extender su infinita ternura. Así daremos frutos de amor. También en nuestros días y desde la peculiar vocación. Supliquemos, pues, la gracia de una “buena poda”, la purificación que precisemos para vivir con verdad y con gozo, y así fructificar personal y comunitariamente en favor del mundo. Ojalá esta Eucaristía nos ayude a sentirnos “viña de Dios”, su Iglesia amada.