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24 de mayo de 2011

La verdad padece pero no perece

Sobre el libro de Pagola "Jesús. Aproximación histórica"
Félix Azurmendi, Sacerdote de la Diócesis de San Sebastián
[Noticias de Gipuzkoa, Sábado, 16 de Abril de 2011]

Hace un año escribí un artículo, bajo el título Pedimos la verdad, en el que reclamaba información por parte de alguien "autorizado", en torno a lo que estaba sucediendo con el libro de José Anto-nio Pagola Jesús. Aproximación histórica. Tras un año nos hallamos con que, según publicaciones en prensa e Internet, "el Vaticano procesa a Pagola", "La Congregación para la Doctrina de la Fe retira el nihil obstat de Mons. Uriarte al Jesús de Pagola", "la iniciativa de Roma… tiene su origen en las presiones del núcleo más integrista de la Conferencia Episcopal Española".
Mi primera reacción se refiere a un hecho lamentable: la Iglesia recurre al "secreto", al silencia-miento y ocultamiento. ¿Qué información tiene la Diócesis de San Sebastián acerca de la verdad de lo que está ocurriendo con el libro de Pagola y con él mismo? ¿Han sido informados debida-mente y en todo momento el Consejo Presbiteral y el Consejo de Arciprestes?
En vista de lo publicado podríamos decir con el Evangelio de Juan en la mano que "la luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no la recibieron" y añadir con Santa Teresa de Jesús, y ella sabía lo que decía por su propia experiencia con la Inquisición, que "la verdad padece". Sí, la verdad pa-dece. Pero, añade Santa Teresa, "no perece".
No perece porque hay quienes quieren conocerla y la buscan. En ello les va su propia coherencia. Nadie es propietario de "la verdad". Tratamos de aproximarnos a ella en el ejercicio de nuestra li-bertad y responsabilidad de ir más allá de lo aparente en medio de este gran despropósito.
La desmesura es escandalosa: muchos miles de lectores y creyentes afirman sin dudar el bien que les ha hecho este libro en su fe, los teólogos a los que se les pidió una opinión sobre el mis-mo lo hicieron favorablemente, el obispo del autor le otorgó el nihil obstat, algunos obispos que yo conozco opinaron muy positivamente del libro, numerosos sacerdotes diocesanos de San Sebas-tián se manifestaron públicamente en apoyo del autor… Mientras, otros obispos denunciaron pú-blicamente el libro, sin siquiera hablar con el autor, hasta finalmente presionar en Roma para que la Congregación de la fe abra un proceso, no sé si al libro o al autor del libro o a ambos.
¿Qué es lo que oculta y encierra esta desmesura? No somos ni indiferentes ni insensibles a los problemas eclesiales. Los obispos no debieran estar tranquilos con este "cisma" real en la Iglesia y en nuestras comunidades. Este "cisma" es el hecho que más está dañando a la comunión y a nuestra capacidad evangelizadora hoy. Negar este hecho es pretender cerrar los ojos a la realidad y autoengañarnos. En lugar de crecer en comunión, se alimenta la desunión.
Creo que es un derecho y un deber opinar libremente sobre la gravedad de lo que está aconte-ciendo. Están en juego nuestra fe y nuestra pertenencia eclesial. Por ello reflexiono sobre algunas claves que, creo, explican algo de lo que está sucediendo.
1. En primer lugar está en juego, como problema de fondo, la verdad sobre Jesús. No es, por lo tanto, el libro de Pagola. Este libro no es más que un signo de lo que está ocurriendo en la Iglesia. Es el problema, viejo y nuevo, del Jesús de la historia y el Cristo de la fe. Yo creo que nos esta-mos enfrentando a una tentación también presente en otros momentos de la historia de la Iglesia: por salvaguardar la "dignidad" de Dios, la divinidad de Cristo, ignoramos o subordinamos la humanidad de Jesús. Mientras la médula y lo inaudito de la fe cristiana está en la encarnación de Dios, una encarnación anonadada e histórica, son acusados de "arrianismo" quienes nos están indicando que es precisamente en la humanidad histórica de Jesús en la que Dios se ha encarna-do. Como dijo Pablo VI "en la humanidad sacratísima de Cristo está todo nuestro bien y salva-ción".
El gran problema del sector al que incomoda el libro en cuestión debe de ser que "este Jesús" les molesta, no cuadra con sus intereses "eclesiásticos". Acaban por reproducir lo que pasó en la existencia histórica de Jesús: se vuelve a clavar a Jesús en la cruz, en el rechazo y en la acusa-ción de "heterodoxia". Ésta es la cruz de Jesús, también hoy.
2. Lo que está en juego, en segundo lugar, no es "el libro" de Pagola. Están en juego su palabra y su reflexión, su obra y el propio autor. Pagola molesta por lo que dice: este sector eclesial no pue-de soportar, según parece, su reflexión lúcida, clara y accesible y, sobre todo, hecha desde el Evangelio y desde Jesús. El problema es un Pagola que no calla, cuyo mensaje se difunde masi-vamente gracias a la prensa y a las redes sociales, que llega a miles de personas que lo leen con gran satisfacción. Mientras muchos sacerdotes y obispos aburrimos dentro y fuera de la Iglesia, Pagola capta la atención, despierta interés sobre Jesús, contribuye a formar cristianos y personas adultas y no-dependientes. Asimismo, su aportación es valiosa para el hecho cultural moderno, que recibe a este Jesús como una novedad relevante para vida del hombre y la mujer de este si-glo. Pagola logra inyectar en la capa social y cultural de hoy a Jesús de Nazaret.
3. Hay una tercera dimensión que también está en juego: somos las personas que vivimos y sen-timos nuestra fe en Jesús y nuestra pertenencia eclesial en sintonía con J. A. Pagola. Si es verdad que al libro de Pagola y, como afirman algunos, a Pagola mismo se le ha iniciado un proceso en la Congregación de la Doctrina de la Fe, estamos procesados con él miles de cristianas y cristianos: laicos, sacerdotes, religiosos, muchos teólogos y algunos obispos. Está también procesada una parte mayoritaria de nuestra Diócesis de San Sebastián. Se pueden sentir procesados los 80.000 que han comprado el libro, los miles y miles que le siguen semanalmente y quienes leen con en-tusiasmo cada nuevo libro que escribe. ¿No es esto una exageración y un disparate?
4. Están también en juego los derechos humanos: el respeto a la libertad, fundamentalmente. ¿Quién puede impedir que un libro sea vendido y una persona sea escuchada? ¿La libertad reli-giosa, la libertad de pensamiento y de palabra, donde quedan en la Iglesia? ¿Se puede reclamar la libertad religiosa en la sociedad cuando no se respeta en el interior de la iglesia? ¿Cómo se puede privar a la sociedad y a la misma Iglesia leer lo que quiera?
5. En este hecho oscuro, aparece asimismo el pecado de la Iglesia. Si no se detiene el proceso en curso y se le restituye a Pagola de todos los sufrimientos que se le han originado, un sector ecle-sial muy numeroso, mayoritario en Gipuzkoa, que nos sentimos procesados con Pagola, tenemos derecho a pensar que, en realidad, nos encontramos ante el pecado de la iglesia. Lo anunció Je-sús: "Os llevarán a los tribunales y creerán que hacen un bien".
6. Este asunto nos sitúa ante el problema del modelo de Iglesia. Estamos viviendo eclesiologías incompatibles entre sí. La eclesiología "oficial" vuelve a ser "neoexclusivista". Estamos viviendo un gran miedo al pluralismo, porque es percibido como una amenaza para la fe y la Iglesia. Éste es un callejón sin salida. Desde el miedo no se puede evangelizar La única salida válida, a mi modo de ver, es el diálogo, que ninguna posición eclesiológica se imponga a la otra, que ninguna posi-ción teológica se imponga a las demás. Ahora no existe este diálogo. Por esta razón, la comunión y la colegialidad son dos grandes déficit en nuestras Iglesias y ello representa un gran fracaso y un grave obstáculo para esa nueva evangelización que se pretende impulsar. Sobresalen la intole-rancia y la imposición, el centralismo y el dogmatismo. Todo ello nos está llevando a un nuevo in-dividualismo, un "sálvese quien pueda" que solo produce, a la larga, tristeza e impotencia.
Concluyo. Solo quiero desear que no perdamos la capacidad de indignarnos y que no abdiquemos del deber de reformar la Iglesia. Que no nos falte el aliento de una oración que dirija nuestra mira-da a Jesús y a su palabra, pues puede estar sucediéndonos que digamos creer en Jesús y, en realidad, no lo amemos. Me parece una insensatez y una forma extraña de fanatismo decir que el Jesús que "emerge" y "cobra vida" en el libro Jesús. Aproximación histórica no es en realidad el Jesús en el que cree la Iglesia, el proclamado como Cristo y Señor. Un libro y un autor que han ayudado y ayudan a tantos a encontrarse con Jesús, amarle y creer en Él, no pueden sino estar en la fe de la Iglesia. Espero que se imponga la sensatez y prevalezca la verdad.