26 de junio de 2011

Corpus Christi

26/06/11
Día de la Caridad: “Sociedad con valores, sociedad con futuro”
Monasterio Sagrada Familia (Oteiza de Berrioplano)
Texto-homilía del Capellán, Ramón Sánchez-Lumbier

Después de la multiplicación de panes y peces, el evangelio de Juan coloca en labios de Jesús un discurso pronunciado en la sinagoga de Cafarnaún. Es como una catequesis: Jesús es el Pan vivo en el desierto de la existencia. Y puede saciar el hambre más radical de todo ser humano. Su Palabra era, es y será alimento para cuantos creen en Él (cf. 1ª lect. y evangelio).
“Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida…; el que come este pan vivirá para siempre”. Escándalo general y todo un reto para el discípulo. ¡La carne y la sangre de Jesús! Dios se nos hizo hombre y pan, hermano y manjar; sangre derramada, vida entregada por amor a todos.

Las primeras comunidades cristianas actualizaban en la Eucaristía su presencia salvadora. Partían y compartían el Pan, brindaban con el cáliz de la Salvación, celebraban el triunfo del Amor. Los creyentes en Jesucristo se sabían unidos como miembros del mismo Cuerpo del Señor. Por Él, con Él y en Él, “Pan vivo bajado del cielo”, los cristianos formamos “un solo cuerpo” (cf. 2ª lect.).

¿Por qué no subrayar la insistencia del texto? Y es que, también hoy, ante las palabras de Jesús, coexisten fe, escándalo e indiferencia. Además, la increencia, a veces, se hace burla y sacrilegio, insulto y persecución… Pero la fe viva y la adhesión inquebrantable hoy se hacen adoración y alabanza, compartir fraterno y canto familiar, gratitud y compromiso, gozo y esperanza.

La Iglesia, que necesita unidad y paz (cf. oración sobre las ofrendas), celebra la fiesta del “Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo” y suplica que todos podamos llegar a vivir con gozo la misma vida de Dios (cf. oración post-comunión). Lo dijo Él: “el que me come vivirá por mí”; “el que come este pan vivirá para siempre”.

Hermanas, amigos, lo sabemos y lo repetimos: la Eucaristía es misterio de comunión con Dios y con los hermanos. “La Eucaristía hace presente constantemente a Cristo resucitado, que se sigue entregando a nosotros, llamándonos a participar en la mesa de su Cuerpo y su Sangre. Y de la comunión plena con Él brotan cada uno de los elementos de la vida de la Iglesia; en primer lugar, la comunión entre todos los fieles, el compromiso de anuncio y de testimonio del Evangelio, y el ardor de la caridad hacia todos, especialmente hacia los pobres y los pequeños”. (Benedicto XVI)

Sí, damos gracias a Dios porque la Eucaristía es la señal-clave de nuestra identidad, “el Sacramento de nuestra fe”. Caminamos hacia el Padre y nos alegra saber que Jesucristo es, a la vez, Camino y Buen Pastor; también, el mejor Alimento. “Estoy en medio de vosotros como el que sirve” (Lc 22,27). Estas palabras del Señor Jesús centran nuestra atención y compromiso este año en la fiesta del Corpus Christi cuando la Comunidad Europea celebra el Año Europeo del Voluntariado. Dos celebraciones que para nosotros, cristianos, no resultan entre sí extrañas ni indiferentes, sino muy relacionadas y mutuamente implicadas. En el misterio de la Eucaristía hacemos memoria de la vida del Señor entregada hasta el extremo, hasta darlo todo, hasta hacerse Cuerpo entregado y Sangre derramada. «Cada celebración eucarística actualiza sacramentalmente el don de la propia vida que Jesús ha hecho en la Cruz por nosotros y por el mundo entero» (Benedicto XVI).

Y en el acto oblativo de Jesús, hacemos también memoria de todos los hombres y mujeres que saben hacer entrega de su tiempo, su trabajo, su servicio, su vida en favor de los hermanos. Por eso, cuantos creemos en Jesús y hemos decidido hacer de nuestra vida una vida entregada con Él al servicio de los otros, encontramos en la Eucaristía la fuente y el alma de nuestro voluntariado. (cf. Mensaje de la Comisión Episcopal de Pastoral Social, de la CEE).

Hermanas y amigos: Jesús de Nazaret se nos hizo hermano, compañero, maestro y salvador. Resucitado de entre los muertos, orienta nuestros pasos y aviva la esperanza porque es garantía de futuro y sustento cotidiano. Su entrega pascual, acogida con fe, suscita y hace crecer la novedad de la vida eterna. Él nos asoma al corazón de Dios. Es el Viviente que nos ofrece vivir su misma vida por obra de su santo Espíritu.

Si Él se entregó por nosotros y por todos, también nosotros debemos dar la vida por Él y por los hermanos. Jesucristo, adorado y recibido en el misterio eucarístico, está presente, a su vez, en el misterio del prójimo. Este domingo del Corpus nos pone de rodillas adorando al Amor bajado del cielo. La piedad sincera de los hijos de Dios, expresada y potenciada en la adoración del Santísimo, aportará igualmente audacia y coraje para el testimonio público.

El Señor Sacramentado fortalece nuestro caminar peregrino en fe, esperanza y amor. Unidos a Él, renovemos la entrega personal, en ofrenda de amor a Dios y a los hermanos. ¡Día del Corpus, Día de la Caridad!, ¡bendición de todo generoso voluntariado! Corpus, Campaña de Cáritas cuya obra y servicios alaban “cielos y tierra” tanto más cuanto mayor es la indigencia y el apremio de millones de gentes. Lo vemos, más aún, en nuestros días. Y Cáritas mendiga algo de todos para mejor servir a las personas y dignidad de todos.