10 de julio de 2018

LA VOZ DE GALICIA

Por


Reproducimos aquí una entrevista que le hizo el periódico local: LA VOZ DE GALICIA, a nuestra hermana Trini:

«Tengo 100 años, fui enfermera hasta los 72 y sigo levantándome a las 7 de la mañana»
María Trinidad Prado (León, 1918) lleva toda una vida regalando sonrisas. A sus 100 años recién cumplidos, esta monja que reside en Lugo mantiene todavía una intensa actividad de servicio a los demás, visitando y acompañando enfermos y colaborando en la parroquia de A Milagrosa. Hace 80 años que hizo sus primeros votos como hermana de la congrega- ción de la Sagrada Familia de Burdeos. Desde 1966 vive en la capital lucense, ahora com- parte piso con otras tres religiosas de la congregación, todas muy activas en la comunidad. Trinidad explica su día a día y repasa con paciencia y lucidez su historia, una historia que habla de trabajo, de medicina, de guerra, pero sobre todo de amor y servicio a los demás.

-¿Cómo ha sido la celebración de su 100 cumpleaños?

-Vinieron a Lugo mi hermana, los sobrinos, el cuñado... celebramos una eucaristía y me hicieron unos regalos muy especiales.

-Cumplir 100 años no le impide seguir activa...

-Todavía trabajo mucho, aunque de cocinar sí que me jubilé [se ríe]. Tengo algún achaque, pero cada día doy gracias a Dios por la llamada a la vida religiosa y por la salud que me ha dado.

-¿Cómo es su rutina diaria?

-Tengo 100 años, fui enfermera hasta los 72 y sigo levantándome a las 7 de la mañana, salvo los domingos, que lo hago a las 7.30. Lo primero que hacemos es rezar laudes en la capilla que tenemos en casa, las cuatro religiosas juntas. Después, cada una se va a sus ocupaciones. En mi caso, desde 1975 trabajo en el ropero de Cáritas dos días por semana, pero lo voy a dejar; también visito a los enfermos o a gente que está sola, les llevo la co- munión y ayudo en la parroquia de A Milagrosa. En cuanto a las tareas de la casa, las re- partimos entre las cuatro.

-¿Hay mucha gente sola?

-Mucha, sobre todo personas mayores, en eso no hemos mejorado. Y la gente necesita a alguien que los escuche; se ven en soledad y cuando va alguien a verlos les vuelve la ale- gría, sienten que se ocupan de ellos.

-¿Cómo ve las nuevas vocaciones?

-Hay pocas vocaciones hoy en día, el mundo está demasiado secularizado y la gente pres- cinde de los valores religiosos y del vivir cristiano. En mi opinión, la juventud está muy ma- terializada y solo piensa en divertirse, lo religioso le resbala.

-En su caso, ¿cuándo sintió la vocación?

-Desde muy joven me sentí atraída por la vida religiosa y con 17 o 18 años sentí la voca- ción. Un sacerdote que estaba en el pueblo me ayudó mucho. Yo tenía la decisión tomada desde el principio, no tenía ninguna duda.

-¿Cuál fue su primer destino?



-Primero estuve en Madrid. El inicio de la Guerra Civil, en 1936, nos pilló allí, en Hortaleza. Fueron tiempos muy difíciles. Desde allí nos llevaron a Bilbao a 14 postulantes y dos maestras. Estuvimos en un pueblo de Bilbao, Derio, y en el mismo 36, en diciembre, sali- mos para San Sebastián. Embarcamos en Las Arenas, en un barco inglés, el 18 de di- ciembre de 1936 y allí estuvimos unos meses. Después llegué a Navarra, donde empecé el postulantado, y en 1938 hice mis primeros votos. Y luego, a las obras a trabajar.

-¿Qué trabajo hacían entonces?

-En aquella época íbamos cuatro hermanas a una clínica a cuidar a los enfermos. Estuve casi dos años en Navarra, después de nuevo a Bilbao y, finalmente, a Madrid, donde me quedé hasta 1966. Siempre estuve en clínicas; de hecho, estudié Enfermería. Trabajé mu- cho en quirófanos, en cirugía, con varios especialistas.

-¿Cómo encontró Madrid al volver?

-Ya había acabado la Guerra Civil y había mucha escasez de comida, todo estaba racio- nado, la gente pasaba mucha hambre. Pero la ilusión de seguir a Jesús siempre me ha sostenido.

-¿Cuándo llegó a Lugo?

-En 1966: éramos siete religiosas de la congregación. Desde mi llegada y hasta 1990 estu- ve trabajando en el Sanatorio García Portela. Estoy en A Milagrosa desde 1990.

-¿Cómo era el trabajo en los quirófanos?

-Me tocó vivir avances y cambios muy grandes en medicina, ahora ya estoy desactualizada [ríe]. Recuerdo que en 1942 comenzaron en Madrid con la cirugía de corazón, empezaron a especializarse más en estas dolencias, porque entonces moría mucha gente por proble- mas de corazón. Muchos médicos se fueron a Holanda a especializarse. Los momentos más duros para mí han sido cuando algún enfermo moría, eso es muy doloroso; de hecho, donde he rezado con más intensidad ha sido en los quirófanos, para que el Señor les guiara las manos.

25 años como asociada

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Último compromiso Marzo 2018

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Imagen en la Isla

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MONASTERIO de OTEIZA

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