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6 de abril de 2012

Pregón de la Semana Santa de Alcalá

Rosario Serrano Sánchez, de nuestro grupo de Asociados Alcalá 2, ha sido este año Pregonera de la Semana Santa de Alcalá. Pronunció su pregón en el Teatro Martínez Montañés, el pasado 30 de marzo de 2012.
En el próximo número de Aire de Familia os ofreceremos una entrevista con ella en el que reflexionará sobre esta experiencia de fe y de testimonio público, su profunda vivencia cofrade y su hondo sentir religioso.
Por el momento, queremos compartir con vosotros algunos retazos significativos de este pregón, junto con un video de la televisión local.

Que no haya un solo adorno
que distraiga este gesto…
este equilibrio humano
de los dos mandamientos.

Más sencilla… más sencilla…
haz una cruz sencilla, carpintero.

Ante la cruz, Señor,
aquí me tienes,
ante la cruz, Señor,
pues Tú lo quieres.

Padre y Madre nuestra,
de los congregados en esta plaza
y de toda la humanidad,
tú eres el buen Dios
al que se te puede invocar con todos los nombres,
desde todas las culturas, ideas y religiones.
Te pedimos hoy aquí
que nos des fuerzas
para seguir construyendo
ese otro mundo posible
que deseas
para todos los seres humnaos
y para la madre Tierra.
Que sepamos vivir con sencillez,
para que otros
puedan sencillamente vivir,
que compartamos
lo que somos y tenemos,
para que los empobrecidos
se sientan personas
y puedan vivir con dignidad.
Perdona nuestro egoísmo
y nuestra falta de compromiso
y que aprendamos a perdonar
pues el perdón nos humaniza
y libera profundamente.
NO permitas que caigamos
en la seducción del desaliento,
de la apatía,
y que nos esforcemos
por devolver la esperanza
a los desilusionados de este mundo,
de esta vida que, tantas veces,
se nos hace tan cuesta arriba.

¡Las manos! Obreras inquietas, regalo de Dios.
Se abren, se cierran pero siempre son caricia, consuelo, amor.
Manos maternales que brindan calor.
Manos que se extienden, donando perdón.
Manos de maestro, que saben decir.
Manos que suplican, mirando hacia Dios.
Manos cansadas de tanto esperar…
cerrarse algún día apretando el pan.
Manos temblorosas ante la maldad porque han nacido para acariciar…

En las Angustias todos están esperando que llegue la hora, se han celebrado los Oficios y algunos ya vestían sus túnicas negras y capas blancas.
… Aquí, en el seno de la cofradía, he vivido mi vida cofrade, ¡cuánta intensidad y dedicación! Empecé participando en obras de teatro cuando aún no era hermana de la Cofradía; fueron mis hijos los que me empujaron a serlo y mehice camarera, para estar más cerca.
Mas tarde Casiano (mi marido) fue Hermano Mayor y llevar a cabo sus ideas y proyectos que no eran pocos (…)

Es con Ella con quien vencí la vergüenza de ponerme la mantilla que yo considero una abnegación, un acompañar con mayúsculas (…) También con Ella sentí lo que es vestirse de penitente: el meditar entre la gente, observar rostros, miradas, escuchar palabras, preguntas, sentimientos…

Estaba la madre al pie
de la cruz. La madre estaba.
Enhiesta y crucificada,
color de nardo de la piel.

En el pecho el hueco aquel
que vacío parecía.

No me lo cierres, María
que quiero encerrarme en él,
que quiero encerrarme y ver
todo lo que tú veías.

Se tú mi madre, María,
como lo quería Él.
No termina aquí el Viernes, no te quites la túnica que Jesús en su Santo Entierro y la Soledad están a punto de salir.

La serenidad y belleza de la Soledad, obra de Miguel Bejarano portada por mujeres, cierra el desfile procesional.

¡Cómo impresiona el silencio y el sonido de las cadenas, que los hermanos del Gallardete han cambiado por sus cruces de la mañana!

¡Cómo en el silencio se escucha el rastreo de los pies sobre el asfalto!

¡Cómo en el silencio tañe ese único tambor!

¡Cómo en el silencio resuena la campana del capataz!

Silencio, Silencio, Silencio.

Jesús no responde a la provocación de los que se burlan de él. No pronuncia palabra alguna. No es el momento de dar explicaciones. Su respuesta es el silencio. Un silencio que es respeto a quienes lo desprecian, comprensión de su ceguera y, sobre todo, compasión y amor.

Jesús solo rompe su silencio para dirigirse a Dios con un grito desgarrador: “ Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado?” No le pide que lo salve bajándolo de la cruz. Solo que no se oculte, ni lo abandone en este momento de muerte y sufrimiento extremo. Y Dios, su Padre, permanece en silencio.

Sólo escuchando hasta el fondo ese silencio de Dios, descubrimos algo de su misterio.

Dios no es un ser poderoso y triunfante, tranquilo y feliz, ajeno al sufrimiento humano, sino un Dios callado, impotente y humillado, que sufre con nosotros el dolor, la oscuridad y hasta la misma muerte.

Por eso, al contemplar a Jesús ahora en el sepulcro, nuestra reacción no es de burla o desprecio, sino de oración confiada y agradecida.

… El fuego, el cirio pascual encendido en medio de la noche, la solemne invitación a vivir la alegría pascual, la proclamación gozosa de la resurrección de Cristo, el canto jubiloso del aleluya, la celebración agradecida de la Eucaristía, son la mejor invitación a resucitar a una vida nueva.

Las mujeres, van a anunciar a los discípulos su experiencia, tienen que decirles que Jesús vive, que lo han visto, pero ellos están llenos de miedo a los judíos, están encerrados y el anuncio no les anima. ¿Cómo creer a las mujeres?

Las palabras de ellas no bastan para insuflar alegría y devolverles la paz. Necesitan tener la experiencia de ver a Jesús vivo. En este momento ellas fueron las primeras; a pesar de que en esa época la mujer era menos que nada, Jesús una vez más les da la primicia. Tengo que reivindicar la figura de la mujer dentro de la Iglesia, no sería Rosario si no lo hiciera. Este dato tan importante y significativo, aún hoy, sigue sin tenerse en cuenta.
Paz a vosotros,
los que vivís abrumados por el futuro,
los que os sentís aplastados por el pasado,
los que estáis inquietos y agobiados por cualquier causa,
Paz a vosotros.

Paz a vosotros,
los que miráis con recelo e inquietud a los demás,
los que vivís con miedo a que os quiten lo que tanto os ha costado conseguir,
los que no encontráis sosiego en los trajines de la vida.
Paz a vosotros.

Paz a vosotros,
los amenazados de muerte por la guerra, el terrorismo, los paramilitares...
los que tenéis que salir a la calle con escolta,
los que sufrís violencia por decir lo que pensáis.
Paz a vosotros.

Paz a vosotros,
los trescientos mil niños soldado que sois forzados a usar las armas contra otros,
los millones de niños y adolescentes que vivís y dormís en la calle,
los incontables niños inocentes que sufrís la violencia doméstica en vuestra casa.
Paz a vosotros.

Paz a vosotras,
las mujeres maltratadas por vuestros maridos y compañeros,
las mujeres arrinconadas y humilladas por prejuicios culturales,
las mujeres ninguneadas por varones prepotentes.
Paz a vosotras.

Paz a vosotros,
los refugiados, los desplazados, los emigrantes,
los que veis pasar los días sin encontrar trabajo,
los que sufrís toda clase de explotación.
Paz a vosotros.

Paz a vosotros,
los presos de conciencia torturados hasta el límite de vuestra resistencia,
los reclusos y prisioneros indignamente tratados y abusados,
los esclavos de todo tipo y condición.
Paz a vosotros.

Paz a vosotros,
paz a todos vosotros,
los que creéis en mí,
y los que no creéis.
Los que matáis por vuestras ideas,
y los que os dejáis matar por mí y por el Evangelio.
Paz a vosotros.

… Creo que si en nuestras vidas aplicamos este modelo de resurrección podremos mejorar y celebrar esta fiesta de Semana Santa, que no debe ser sólo de de Pasión, sino de un continuo recuerdo de la alegría que conlleva la Resurrección.