24 de noviembre de 2009

Sobre Ágora

La historia de Hipatia ha sido objeto de manipulación por todas las tendencias ideológicas, desde la Ilustración hasta el feminismo radical más reciente.
Para algunos, como Voltaire, «desde la muerte de Hipatia hasta la Ilustración, Europa está sumida en la oscuridad; la Ilustración, al rebelarse contra la autoridad de la Iglesia, la revelación y los dogmas, vuelve a abrir la iluminación de la razón». En la última versión feminista de Úrsula Molinaro, Hipatia es la campeona del amor libre, a pesar de que en realidad era virgen. La conclusión es que de la verdadera historia de Hipatia se pasa a la leyenda de Hipatia, que se convierte en la leyenda del Crimen de Alejandría, cuyo protagonista principal es el obispo Cirilo.
La película de Amenábar recoge casi todos los ingredientes de esta leyenda: Hipatia es símbolo de mujer libre que representa el fin de la cultura grecolatina y el comienzo del oscurantismo cristiano, asesinada por unos fanáticos talibanes cristianos al mando del obispo Cirilo. ¿De dónde surge esta leyenda? El
primero que narró el crimen fue Sócrates Escolástico en el siglo V, un letrado al servicio del patriarca de Constantinopla Néstorio, enemigo del patriarca de Alejandría Cirilo. Pero la atribución directa a este último de la autoría del asesinato fue cosa del escritor pagano Damascio, que escribió la «Vida de Isidoro», que es una apología del paganismo durante el final del siglo V y principios del VI.
No obstante, la auténtica leyenda surge con la obra de John Toland en 1720. Éste era un irlandés, hijo ilegítimo de un sacerdote católico, que se hizo protestante y posteriormente activo militante del ateísmo en la Gran Logia de Londres. Después vino Voltaire; después, el historiador Edward Gibbon, quien, para argumentar su tesis acerca de que el cristianismo es la causa interna de la decadencia del Imperio Romano, utiliza la leyenda de Hipatia y declara a Cirilo responsable de todos los conflictos que estallaron en Alejandría en el siglo V. Más tarde llegarán las versiones románticas de Leconte de Lisle y otros, y finalmente el feminismo radical, para el que Hipatia fue la primera mártir de la misoginia propia del cristianismo. Todos los autores citados, y alguno más, tienen una cosa en común: son masones reconocidos.
Una de las grandes mentiras de la historia que se quiere propagar es que la mujer fue libre en Grecia y en Roma hasta que llegó el cristianismo y la sometió la sujeción del hombre; a esta idea también contribuye la película. Lo cierto es que en Grecia la mujer era considerada una cosa más de la casa, y en Roma, no era una «sui iuris», es decir, titular de derechos, sino que era considerada «capiti diminutio», como un niño o un incapacitado y, por tanto, estaba sometida a la tutela o la «manus» del padre o del marido. Por el contrario, fue el cristianismo el que consideró al hombre y a la mujer iguales en naturaleza, pues ambos son hijos de Dios y hermanos en Cristo; y prueba de ello es que las primeras manifestaciones de mujeres libres autodeterminándose, pese a la voluntad de sus padres o del estado, fueron las primeras mártires cristianas víctimas de las persecuciones romanas, tales como Inés Ágata o Cecilia. Y precisamente la explicación fundamental en torno al odio a Cirilo está en esta cuestión. Independientemente de que la carta de San Pablo a Timoteo no refleja precisamente una visión emancipada de la mujer, no es creíble que Cirilo la impusiera como literalidad a cumplir, porque es precisamente Cirilo quien más ha exaltado en la historia de la humanidad la condición femenina, pues a él se debe la expresión «Theotokos», palabra griega que significa madre de Dios.
El personaje del que hablamos, al que la película presenta con caracteres parecidos a Bin Laden para luego dejar en letras la explicación de que a ese «energúmeno» que ustedes han visto la Iglesia católica lo hizo Santo y León XIII lo declaró doctor de la Iglesia, efectivamente es San Cirilo de Alejandría. Él fue el que derrotó a la herejía Nestoriana en el Concilio de Éfeso del 431. En esencia, la disputa consistía en si María era madre de Cristo o madre de Dios. De la respuesta a esta cuestión surge algo muy importante: la doble naturaleza divina y humana en una persona llamada Cristo. Cirilo consiguió que se convocase un concilio en Éfeso, puesto que era el lugar donde vivió sus últimos años la Virgen María, y logró que la Iglesia declarase el primer dogma mariano de la historia: María, Madre de Dios. Hasta aquel momento nadie en la historia había conseguido colocar a un ser humano mujer por encima de cualquier hombre. Éste es el personaje que en el fondo persigue la leyenda de Hipatia; curiosamente, Beltrand Rusell comienza su «Historia del pensamiento occidental» con una irónica semblanza de San Cirilo diciendo: «El motivo principal de su fama es el linchamiento de Hipatia». Todo esto huele excesivamente a podrido.
7 Octubre 2009, Jésús Trillo

La nueva película de Amenábar
Hipatia, una filósofa pagana asesinada en Alejandría a comienzos del siglo V, es el personaje protagonista de la nueva película de Alejandro Amenábar, titulada Ágora. Dice el Director que esta película es un alegato contra la intolerancia y un canto a la razón. Sin embargo, una vez visto el film, la conclusión es otra. Amenábar recurre al enfrentamiento entre la cosmovisión cristiana y la pagana, en un contexto histórico muy alejado de nuestras coordenadas, para emitir una sentencia histórica: si el paganismo fue luz, el cristianismo no ha sido otra cosa que oscuridad.
Hipatia aparece en la película como la víctima de un cristianismo desalmado y cruel que prefiere la espada a la inteligencia, y la fuerza a la mansedumbre. En realidad, la tesis que Amenábar ha buscado plasmar en su película no es otra que la que sostiene que así como la razón ilumina el conocimiento, la religión lo oscurece.
La historia desmiente a Amenábar, aunque ni a él ni a quienes harán del estreno de su película un acto de afirmación ideológica les importe lo más mínimo la verdad de los hechos. El cristianismo es por naturaleza amigo de la razón, como lo demuestra su intenso diálogo con la filosofía griega. Es al mismo tiempo caridad, amor que nace de del amor incondicional de Dios manifestado en su Encarnación. La película de Amenábar, encumbrada por cinco ministros de un gobierno que ha demostrado a las claras su hostilidad hacia la tradición cristiana, no expresa un interrogante existencial. Es un acto más en el combate sectario contra el cristianismo como raíz de nuestra cultura y como experiencia presente, protagonista del debate público.
7 Octubre 2009, Línea editorial cadena Cope.

El conejo de Amenabar
Una de las cosas buenas que tiene entrevistar a personas que son faro y guía de nuestra sociedad es lo que se aprende con sus respuestas, y cómo graves cuestiones e interrogantes que han preocupado y aún preocupan a gran parte de la humanidad son zanjados de manera luminosa por el genio de turno con un simple y brillante razonamiento.
Algo de esto sucedía respecto al tema de la existencia de Dios, al leer la entrevista a Alejandro Amenábar que publicaba el XL Semanal del pasado 6 de septiembre. Amenábar, que se declaraba ateo en la misma entrevista, nos contaba cómo el mayor conflicto con la religión le surgió de niño cuando se le murió un conejo que adoraba, y al preguntarle a un cura si los conejos iban al Cielo, el cura le contestó muy enfadado que los conejos no iban a ningún sitio.«Ahí vi algo que no me gustaba y empezó mi crisis», apostilla Amenábar.
¡Cuánto tiempo y desgaste de neuronas se habrían ahorrado los filósofos, los físicos, los matemáticos, los científicos, los teólogos y, en general, todos los grandes pensadores a lo largo de la humanidad, si hubieran tenido en sus infancias conejos tan adorados como el que se le murió a Amenábar!
Miguel Ángel Loma, AES nº 45