23 de abril de 2013

Conversaciones en el Foro Gogoa

Por
"Contemplar es tener rostros de personas en el corazón y sentir latidos humanos en los titulares de prensa"

GEMA JUAN HERRANZ, MONJA CONTEMPLATIVA
Domingo, 21 de Abril de 2013 Diario de Noticias de Navarra
Gema Juan (Algemesí, 1970) vive en el Monasterio de Carmelitas descalzas de PuÇol (Valencia), donde ha sido priora y formadora. Estudió Farmacia y Música; colabora en revistas y foros de espiritualidad y lucha por la justicia. Con su comunidad, comenta las obras de santa Teresa.

PAMPLONA. ¿Por qué buscar la contemplación y vivir la espiritualidad hoy?
Estoy convencida de que lo espiritual no solo reconoce lo humano, sino que es lo más humano que hay en nosotros. Lo humano y lo divino están siempre juntos, como dicen Teresa de Ávila y Juan de la Cruz. Con su fueguito de memoria, la vida contemplativa quiere seguir escuchando a Dios, a los silenciados y a la tierra que grita.
¿Qué pretensión tiene en nuestro tiempo un monasterio?
Pienso que un grupo de personas que decide reunirse, vivir de su trabajo, crear un espacio propio y para los demás en el que compartir amistad, inquietudes culturales, silencio, ayudar en lo posible a las gentes que les rodean, y llevar una vida sencilla y sobria, puede ser una célula viva en medio del tejido social.
La vida contemplativa puede tener carné de ciudadanía entre quienes, creyentes o no, piensan que podemos hacer algo para que nuestro mundo sea un poco más humano y habitable. Y con la misma convicción digo que ninguna monja ni monje estaría en su lugar si no fuera porque lo que origina, atraviesa y sostiene esa pretensión es la búsqueda de Dios y el seguimiento de Jesús. Y hablo con respeto, porque mezclamos lo que somos con el anhelo de lo que queremos ser. Todos nosotros, como decía Herman Hesse, "estamos todavía recorriendo el camino hacia nuestra humanidad, hacia lo mejor de nosotros mismos"
¿Se puede ser espiritual de veras y luchar por la justicia?
La vida contemplativa es, como toda vida cristiana, una participación en la vida de Jesús. Si Jesucristo es como decía Teresa de Jesús "el que no torna de sí" o como expresó Bonhoeffer "el hombre para los demás", el cristianismo y la vida contemplativa cristiana solo pueden ser una vida para otros, que desplaza de sí hacia los demás el eje sobre el que gira. Podemos prolongar la humanidad de Jesús en la nuestra. Como también dice Teresa "lo que más le gusta a Dios, el mayor servicio que le podemos hacer, es dejarle a Él por servir a los demás". Hay que poner en segundo lugar las propias necesidades y hay que ser, poner la vida entera en juego. No hay contemplación sin estar en la tierra, sin inclinación a quien sufre y está desvalido.
¿Cómo hay que mirar la vida y la realidad?
Como Jesús, con ojos de misericordia. Juan Bautista Metz habló en los pasados años ochenta de "una mística de ojos abiertos", pero quinientos años antes Juan de la Cruz advirtió que "contemplar es abrir los ojos con advertencia de amor". Dios es luz, pero no nos envuelve en una nebulosa indefinida. Son muchos los caminos por los que Él se revela, pero casi nunca resultan deslumbrantes. Cuanto Teresa de Jesús decía: "tengo en más un día de conocimiento propio que muchos de oración muy subida" quería decir que es imposible hacernos cargo de los demás, a lo que nos invita el Evangelio, sin esa verdadera humildad que da el descenso a lo profundo de nosotros mismos, el conocimiento del suelo que pisamos, la honestidad de cada cual consigo mismo, con Dios y con los demás. Se trata de mirar la realidad con los ojos de Dios, como Jesús: abrir una grieta en cualquier circunstancia que permita mirarla de otra manera, más compasivamente, más liberadoramente.
Eso precisa una experiencia fundante de amor para permanecer en el intento de amar. Nuestra solidaridad pide un soporte absoluto, un cimiento verdadero para permanecer en el intento de cambiar el mundo. Necesitamos nacer de raíz a un amor mayor. Si algo quiere favorecer la vida contemplativa es el discernimiento de la experiencia de Dios.
¿Cuáles son los desafíos de la justicia?
La vida contemplativa se pone ante Dios como el profeta Habacuc. Mira a la Historia, mira a Dios en la Historia, y ve lo que vio el profeta: ve opresión, ve que no basta eliminar a un opresor, porque los opresores se suceden unos a otros, y el problema de la justicia y de la justicia de Dios en la Historia no se resuelve. Dios no quiere ninguna forma de opresión y de sufrimiento, y sin embargo permanece silencioso. Hablamos a Dios de la cruda realidad, a veces disputamos con Él, y mantenemos una fe que espera contra toda esperanza. Pero la justicia que queremos es la de Jesús crucificado, el justo que sufre por la justicia, el justo que quiere denunciar y desenmascarar la injusticia, el que quiere que se haga justicia a los pobres y sufrientes, pero que nunca es justiciero. Porque puede suceder que, buscando que se haga justicia, nos convirtamos en personas injustas.
¿Qué eficacia se puede pretender en la transformación social?
"La gratuidad es el clima de la eficacia" según escribió Gustavo Gutiérrez. El mal y el sufrimiento que este produce lanzan la pregunta seguramente más dura y dolorosa a nuestra fe. También la lanzan, sin duda, a la orilla de los no creyentes. En ambos casos cuestionan nuestros asientos existenciales y aflojan nuestros cinturones de seguridad. Se trata, ante todo, de crear fraternidad, y mostrar que es posible vivir como hermanas y hermanos, que somos iguales y podemos perdonarnos y reconciliarnos. Pero nuestro servicio material es muy pobre. Tendemos la mano a nuestro alrededor de mil pequeñas maneras, pero nuestros gestos de solidaridad son casi siempre insignificantes ante la magnitud de la necesidad. A veces no pasan de dar gratuitamente nuestro tiempo escuchando, acompañando a alguien que lo pide, escribiendo o echando una mano ocasionalmente, compartiendo nuestros bienes, colaborando con las propuestas y posibilidades de nuestro entorno, a veces con iniciativas propias.
Son imprescindibles cambios a gran escala en los sistemas económicos y políticos y tenemos que trabajar directamente por ellos o apoyarlos, pero hay además un cambio imprescindible: el cambio de nuestro corazón y de nuestra propia vida.
¿Qué es la oración?
Es dirigirse a Dios, ponerse ante Él, escucharle y hablar con Él. Bendecirle y agradecer la vida y cuanto hay en ella, esperarle y amarle con todo el corazón, buscarle en toda circunstancia, alegrarse con Él por todo gesto que lo hace presente. Significa también soportar el silencio en su presencia, sin escapar de Él, sin inventar componendas que hagan más llevadera esa oscuridad, sumergirse en su silencio e intentar descubrirle donde aparentemente no está. Reyes Mate nos ha recordado eso de que "unos heredamos fortunas y otros infortunios". Para que la alabanza sea sincera, para que el que es celebrado y alabado sea el Dios verdadero, es necesaria esa conciencia de quienes la hacemos desde una fortuna heredada.
Usted, mujer y monja, ¿qué espera de la Iglesia?
Como hija de la Iglesia deseo y espero que sea como una madre que no retiene a sus hijos e hijas bajo sus faldas sino que los anima a seguir el camino de la vida, que comprende sus errores mientras maduran, que no sueña con verse repetida y conservada, sino revivida con frutos nuevos.
"La morada de Dios son las personas, pero está destruida en la actual realidad de muchos hombres y mujeres"

Espiritualidad y lucha por la justicia
La espiritualidad cristiana es un camino de seguimiento, de sabiduría y de liberación. Y la auténtica experiencia contemplativa se realiza en la vida concreta y cotidiana, a través de las relaciones humanas, de los trabajos que desarrollamos y de cada situación que la vida nos presenta. Ahora se viene hablando mucho de practicar, ante las personas y los acontecimientos, una mirada cristiana sobre la realidad, pero de eso ya habló Juan de la Cruz cuando definió la contemplación cristiana como "abrir los ojos con advertencia de amor". La morada de Dios son las personas, pero Dios tiene su morada destruida en la actual realidad de muchos hombres y mujeres. Hay que deshacer la sospecha de que la experiencia contemplativa, mística, abandona la lucha por la justicia. Como decía Teresa de Ávila "no estamos aquí para consolarnos, sino para consolar" y la oración no es sino para que nazcan obras.

16 de abril de 2013

Un Instrumento de Paz

Por
Oración franciscana por el Papa Francisco
Jesús Mauleón, poeta y cura

Señor, haz del papa Francisco un instrumento de tu paz.

Donde haya prepotencia, que él ponga humildad.
Donde haya fasto y lujo, que él ponga pobreza y sencillez.
Donde haya ambición de poder, que él elija y permita elegir a los que prefieran el servicio.

Que sepa amar y defender la naturaleza, la creación y las criaturas, como el regalo de
la mano sabia de Dios.

Donde haya complicación, trabadas estructuras de poder, que él ponga la fe, el amor
y la ingenuidad franciscana.

Donde haya exceso de solemnidad y arrogancia, que él ponga sentido común y
sentido del humor.

Donde haya indiferencia y aspereza, que él ponga ternura.
Donde haya una catarata de documentos distantes, que él ponga corazón y palabra cercana
Donde haya gestos justicieros, que él ponga misericordia.

Cuando el fantasma de la ruina aparezca en la Iglesia, que él corra con todos a apuntalarla o a reconstruirla.

Cuando le fatigue y le abrume verse rodeado de gentes importantes, que él sepa escaparse y correr a la calle de todos.

Que como Pedro pueda decir “Oro ni plata no tengo. En nombre de Jesús Nazareno: levántate y anda”.

Que cuando le llamen Su Santidad se sienta extraño desde la humildad y el humor “porque sólo Tú eres santo”.

Que cuando alguien se arrodille ante él, le diga rápidamente, como Pedro al centurión Cornelio: “Levántate, que soy un hombre como tú”.

Que, sucesor de Pedro, nunca se sienta cómodo y halagado con los honores de monarca absoluto o de Jefe de Estado.

Que nunca caiga en la idea de pensar que los grandes problemas se resuelven con grandes, largos y sabios documentos, que casi nadie lee, sino con el magisterio del ejemplo propio y el de sus hermanos.

Que olvide todos sus altísimos títulos honoríficos para quedarse sólo con el de “siervo de los siervos de Dios”.

Señor, haz de él un instrumento de la colegialidad y de la colaboración responsable de todos.

Señor, haz de él un buscador incansable de la unidad entre todos los que creen en Jesucristo.

Señor, haz de él un instrumento de tu justicia del amor, de tu misericordia en la Iglesia y en el mundo. Amén

* La famosa oración atribuida a san Francisco de Asís no pertenece a él y es de fechas mucho más recientes. Pero todos están de acuerdo en que, dado el espíritu y el tono de su texto, el “Poverello” no habría tenido inconveniente en hacerla suya.

10 de abril de 2013

Taller ocupacional en San Isidro (Níjar)

Por
Queremos compartir con todos vosotros un video hecho por Pilar y Cefe, de Alcalá la Real, con texto y fotos de M Carmen Ballesteros. Explica muy bien el trabajo que hacen, junto con otras religiosas, con los inmigrantes de Campohermoso, en Almería.

26 de marzo de 2013

RESOLUCIÓN FAVORABLE SOBRE EL “JESÚS” DE PAGOLA

Por
“A quienes han leído mi libro o han seguido de cerca las polémicas suscitadas a lo largo de estos seis años”
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 09/03/13.- He recibido con satisfacción la resolución definitiva de la Congregación Romana para la Doctrina de la Fe sobre mi libro, Jesús. Aproximación histórica. Con este motivo quiero dirigirme a quienes han leído mi libro o han seguido de cerca las polémicas suscitadas a lo largo de estos seis años.
1. Antes que nada, quiero decir que recibo las decisiones que se han tomado sobre mi libro como un estímulo que me reafirma en lo que, en estos momentos, es el único objetivo de mi vida: contribuir a que los hombres y mujeres de hoy podamos conocer mejor la personalidad apasionante de Jesús, acoger con más entusiasmo su proyecto de construir un mundo más humano, y acercarnos con más fe al misterio de esperanza que se encierra en su persona.
2. A quienes habéis leído mi libro os puede interesar conocer, aunque sea de manera concisa, las principales decisiones tomadas por Roma. En lo referente a cuestiones doctrinales, la Congregación reconoce que mi libro no contiene ninguna proposición contraria a la fe, por lo cual no me ha pedido corregir ningún error doctrinal o afirmación herética. En lo referente a cuestiones metodológicas, la Congregación hace diversas consideraciones sobre el objetivo y la naturaleza de mi libro, y sobre la relación entre fe e investigación histórica. Sin embargo, no ha considerado necesario pedirme una revisión del enfoque de mi obra ni tampoco corrección alguna sobre la metodología que empleo en mi trabajo.
3. Lo que se me ha pedido es que, "para evitar equívocos y malentendidos" introduzca en futuras ediciones "las modificaciones" sugeridas por mí mismo, en torno a cinco puntos concretos. No he dudado en ningún momento en colaborar con esta disposición, pues lo único que he buscado siempre ha sido que mi libro siga sembrando la Buena Noticia de Jesús. La nueva edición saldrá próximamente.
4. En estos momentos quiero agradeceros vivamente a los que, a lo largo de estos años, me habéis manifestado de diversas maneras vuestra cercanía y apoyo incondicional. He podido leer conmovido la experiencia que habéis vivido muchos de vosotros al leer mi libro. Me decís que Jesús ha cambiado radicalmente vuestra vida, que en él os habéis encontrado por fin con un Dios Amigo, que os habéis reafirmado en vuestra fe, que os habéis comprometido a vivir de manera evangélica... Gracias a todos. Me habéis hecho experimentar que Jesús sigue vivo en medio de nosotros.
5. Ahora solo miro al futuro. Quiero vivir mis últimos años colaborando en lo que considero la tarea más urgente en la Iglesia actual: volver a Jesucristo como la única verdad de la que nos está permitido vivir y la única fuerza que nos puede hacer caminar hacia una Iglesia más evangélica al servicio de un mundo más humano. Ya no sabría vivir de otra manera. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

25 de marzo de 2013

Pastoral Juvenil Vocacional

Por
Como venimos haciendo cada año, nos hemos reunido en el Albergue de Collado para celebrar la Pre-pascua con un grupo de jóvenes. Esta vez ha sido durante los días 1 al 3 de marzo. Hemos asistido 32 chicas/chicos, de tercero y cuarto de la ESO, nueve monitores y los cuatro de la comisión de PJV (Dori, Luije, Pili y Rosi). Esto ha sido posible gracias a la participación de los Colegios de Málaga, Valencia, Getafe y Pinto. El lema que escogimos este año ha sido: DESBLOQUEATE. CARGATE DE VIDA. Y de Vida nos hemos recargado todos los que hemos participado. Para que os hagáis una idea os traslados algunas de las oraciones que hicieron en una dinámica. Ellos hablan, escuchadles. “Quiero dar las gracias por todos estos momentos que pasamos con los grupos SAFA, que nos enseña y nos ayuda a formarnos como personas y nos acompañan. También pido por aquellas personas que ahora mismo lo están pasando mal con el tema de la crisis, que nos ayudemos a salir de ella… También pido por esta “FAMILIA” que cada vez se hace más grande…” “Jesús, tu eres único, tú que cada día haces que me levante de la cama con un motivo para sonreír. Tú que me haces ser consciente de que sí sirvo para algo y que hay gente que me quiere y que necesita mi ayuda. Solo quiero darte mil gracias por todo lo que haces, y no solo por mí, sino por todos los seres humanos. Y tan solo puedo atreverme a pedirte que sigas ayudándome como siempre has hecho… ¡Te quiero!... “Gracias por esta experiencia en Collado, me ha ayudado a liberarme de algunas cargas. Te pido porque este sentimiento de libertad continúe y que con tu ayuda sepa mejorar como persona y afrontar mis miedos y bloqueos”. “Señor te pedimos que nos hagas valorar más las cosas verdaderamente importantes de nuestra vida, que a veces las ignoramos…”. “Señor, eres el mejor, diste tu vida para ayudarnos, para hacernos entender tu palabra. Gracias por todo, eres el profesor. Me has ayudado mucho: uno es más feliz cuando lleva a cabo el mensaje. Te pido por SAFA, y por todas las familias. Perdónamelo todo: yo amaré y te recompensaré con mis actos”. “Me siento vacía, soy joven y ya perdí bastantes valores importantes en la vida. Me dejo llevar por los demás y tengo demasiados miedos. Sé que tengo que poner de mi parte, pero casi no me quedan fuerzas. Realmente necesito fe. Sé que pude ser un poco egoísta “pedir” algo para mí, pero realmente la necesito. Necesito fe y paciencia. Paciencia para saber afrontar los momentos difíciles y fe para llenar aun más mi vida”. GRACIAS A TODOS LOS QUE HABEIS PARTICIPADO. GRACIAS POR COMPARTIR VUESTRAS REFLEXIONES, ORACIONES, CONVERSACIONES… SIN VOSOTROS ESTA EXPERIENCIA NO SERIA REALIDAD. TODOS JUNTOS LO HEMOS HECHO POSIBLE.

24 de marzo de 2013

Ante el crucificado

Por
24 de marzo 2013
Domingo de Ramos
Lucas 22,14-23,56

Detenido por las fuerzas de seguridad del Templo, Jesús no tiene ya duda alguna: el Padre no ha escuchado sus deseos de seguir viviendo; sus discípulos huyen buscando su propia seguridad. Está solo. Sus proyectos se desvanecen. Le espera la ejecución. El silencio de Jesús durante sus últimas horas es sobrecogedor. Sin embargo, los evangelistas han recogido algunas palabras suyas en la cruz. Son muy breves, pero a las primeras generaciones cristianas les ayudaban a recordar con amor y agradecimiento a Jesús crucificado.
Lucas ha recogido las que dice mientras está siendo crucificado. Entre estremecimientos y gritos de dolor, logra pronunciar unas palabras que descubren lo que hay en su corazón: "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen". Así es Jesús. Ha pedido a los suyos "amar a sus enemigos" y "rogar por sus perseguidores". Ahora es él mismo quien muere perdonando. Convierte su crucifixión en perdón.
Esta petición al Padre por los que lo están crucificando es, ante todo, un gesto sublime de compasión y de confianza en el perdón insondable de Dios. Esta es la gran herencia de Jesús a la Humanidad: No desconfiéis nunca de Dios. Su misericordia no tiene fin.
Marcos recoge un grito dramático del crucificado: "¡Dios mío. Dios mío! ¿por qué me has abandonado?". Estas palabras pronunciadas en medio de la soledad y el abandono más total, son de una sinceridad abrumadora. Jesús siente que su Padre querido lo está abandonando. ¿Por qué? Jesús se queja de su silencio. ¿Dónde está? ¿Por qué se calla?
Este grito de Jesús, identificado con todas las víctimas de la historia, pidiendo a Dios alguna explicación a tanta injusticia, abandono y sufrimiento, queda en labios del crucificado reclamando una respuesta de Dios más allá de la muerte: Dios nuestro, ¿por qué nos abandonas? ¿no vas a responder nunca a los gritos y quejidos de los inocentes?
Lucas recoge una última palabra de Jesús. A pesar de su angustia mortal, Jesús mantiene hasta el final su confianza en el Padre. Sus palabras son ahora casi un susurro: "Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu". Nada ni nadie lo ha podido separar de él. El Padre ha estado animando con su espíritu toda su vida. Terminada su misión, Jesús lo deja todo en sus manos. El Padre romperá su silencio y lo resucitará.
Esta semana santa, vamos a celebrar en nuestras comunidades cristianas la Pasión y la Muerte del Señor. También podremos meditar en silencio ante Jesús crucificado ahondando en las palabras que él mismo pronunció durante su agonía.

José Antonio Pagola

Domingo de Ramos

Por
Domingo de Ramos
Monasterio de la Sagrada Familia, Oteiza de Berrioplano
(Ramón Sánchez-Lumbier)

Llegamos casi al final. Tocamos el pórtico de la gloria en nueva Semana Santa. Celebramos los acontecimientos que dan plenitud a la liturgia de la Iglesia y a la vida de todo bautizado. Comenzaron con entrada festiva de Jesús en Jerusalén, a lomo de borriquillo. ¡Qué “señorío”! Y sólo es “el primer acto”. Un decisivo “claroscuro” que ofrece la bienaventuranza más paradójica, la cruz salvadora de Jesucristo, y que compromete por completo al que quiera recibirla. En su segundo “tuit” lo resume el Papa Francisco y nos invita a todos: “Acojamos a Cristo en nuestra vida".
Hermanas y amigos, sí, eso es lo más importante: “Acojamos a Cristo en nuestra vida”. Tenemos la dicha de haber sido llamados a “seguirle”, a caminar con Él, unidos en la fe, la esperanza y el amor. Sólo su Espíritu puede hacer que vivamos día a día en confiada oración y generosa entrega al Padre y a los hermanos. Al aclamar a Jesús portando palmas o ramos, ahora ya lo reconocemos en su Iglesia, y lo confesamos ante el mundo, como el único Salvador. Es el Siervo fiel y el Hijo obediente ofrecido en sacrificio, el Buen Pastor que dio su vida por todos. Él nos amó hasta el extremo y el Padre lo resucitó. ¡Es el Señor! ¡Bendito por siempre!
“Acojamos a Cristo en nuestra vida”. Es pura gracia y requiere nuestra libertad enamorada. “Seguirle a donde quiera que vaya”, vivir con él, nos hará ser en verdad hermanos y servidores: “ocupémonos unos de otros, respetemos la creación con amor”. Todo es posible por Jesucristo, crucificado y resucitado. Jesús había predicado un mundo nuevo pero moría en el viejo mundo por los pecados de todos, por injusticias estructurales y personales que ofenden a Dios maltratando a sus criaturas. Hemos seguido con veneración y admiración la redacción de san Lucas.
Todo el relato está iluminado por el primer episodio, la Última Cena. En ella afronta Jesús toda su pasión con deseo ardiente, la asume por completo y la transforma en la expresión del amor más grande. Así lo negativo y dramático, que manifiesta toda la maldad humana, se transforma en acontecimiento positivo. El amor de Jesús asume las trágicas e injustas circunstancias y las convierte en ocasión para entregarse a sí mismo y fundar la nueva alianza. Por ello, no debemos detenernos en la perspectiva de tristeza y derrota, sino experimentar un profundo gozo en lo más íntimo de nuestro ser. La pasión de Jesús es la mayor revelación de Dios que es Amor. Y lo hace como Siervo. Se pone a nuestro servicio, carga con nuestra suerte y con la de los más miserables e infelices, transformándolo todo, desde dentro, con su amor gratuito y salvador. (cf. Cardenal Albert Vanhoye, SJ)
Otra vez, escuchemos su voz: “¡Cuánto he deseado celebrar esta pascua con vosotros antes de morir! Porque os digo que no la volveré a celebrar hasta que tenga su cumplimiento en el Reino de Dios… Entre vosotros, el más importante ha de ser como el menor, y el que manda como el que sirve… Yo estoy entre vosotros como el que sirve… Simón, Simón, mira que Satanás os ha reclamado para zarandearos como al trigo. Pero yo he rogado por ti, para que tu fe no decaiga; y tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos…”
¡La Pasión de Cristo! y ¡nuestra pasión! ¡La cruz de Cristo y las nuestras! ¡Su enseñanza y su servicio para que estemos siempre aprendiendo a servir con amor y ternura! ¡Su oración por Simón, por el Papa Francisco hoy: “pasando por la prueba”, no decaiga su fe y se conviertan a Él y a “su estilo” para “confirmar” en la misma fe a todos los hermanos… Centrado en Jesucristo, antes que nada, el Papa nos pidió que rezásemos por él y lo sigue haciendo… Y seguirá mostrando a todos quién es Jesús y qué podemos hacer…Otra síntesis de su magisterio: “El verdadero poder es el servicio. El Papa ha de servir a todos, especialmente a los más pobres, los más débiles, los más pequeños”. (Papa Francisco)
Sufre Jesús lo indecible y permanece fiel. Sufre Jesús su propia muerte y entre ladrones y a la vista de todos. Y lo hace clamando al cielo: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”. Era “por todos” y “para todos”, “por ti” y “por mí”. Jesús vivió rezando y amando, en oración continua con Dios-Padre y haciendo el bien. Fue maestro de la verdad, revelador de la bondad, supremo ejemplo de la belleza. Moría como vivió: “Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu”. Había venido del Padre y a Él volvía. Misión cumplida, la redención del mundo.
Sabemos, por fe apostólica, que la pasión y muerte de Jesucristo fue la culminación del mejor vivir humano. ¡Ahora vive resucitado! y es “vida y esperanza nuestra”. Lo contemplamos y proclamamos: ¡Cómo nos ama! ¡Cómo es! ¡Dichosos los que creen en Él! Como aquel buen ladrón, seguimos suplicando: “Jesús, acuérdate de mí cuando vengas como Rey”.
Nuestro mundo sigue necesitando experimentar los frutos de la Redención de Jesucristo. Hay mucho que curar y liberar. Precisamos amor. Unidos al Hijo Amado, animados por su Espíritu, orando sin desfallecer, queremos lo mejor para todos: que puedan creer en el Señor, gozar de su vida y de su paz, de su amor y perdón. No nos salvarán los políticos, ni los jueces, ni los ejércitos. No nos salvará el dinero ni el poder. Sólo nos salva Jesús-el-Señor. Vayamos con él, que ha ido por delante. Vivamos por él y para él, que lo dio todo por ti y por mí, por nosotros y por todos. Avivemos la fe apostólica para celebrar, con esperanza firme, los santos misterios, testigos del mismo Dios, que es Amor infinito y siempre fiel.

Yo estaba allí, fue por mí

Por
Domingo de Ramos, C (Lc 22,14-23,56)
24 de marzo de 2013

De modo imparable, un año más y con lo que ha caído, hemos llegado al umbral de la Santa Semana. No es más de lo mismo, porque jamás pasa en balde la vida cuando sigue pasando por delante de nuestra casa. Tramo a tramo, nos hemos ido aproximando al escenario en donde Otro pagó nuestra cuenta debitada. Nos ponemos también nosotros en esa muchedumbre agolpada en aquel día en torno a la fiesta judía. Ellos y nosotros tenemos, siempre, unas oscuridades que piden ser iluminadas, unas muertes que esperan ser resucitadas. Nosotros estábamos allí. Y lo que allí sucedió entonces, para nosotros sucede hoy.
En Jerusalén había la costumbre de dar la bienvenida a los peregrinos que lle¬gaban para celebrar la Pascua con las palabras del salmo 118: “¡Bendito el que viene en el nombre de Yahvéh!”. Jesús no fue la ex¬cepción. El envió previamente a dos discípulos para que trajeran un bo¬rrico, y a quien extrañado preguntase por qué, debían respon¬der: el Señor lo necesita. Un humilde portador de quien viene como rey en nombre de Dios. La tradición iconográfica muestra más veces a un asno junto a Jesús: en el viaje de Nazaret a Belén cuando María llevaba en su seno al que nacería sin cobijo de po¬sada, en la cueva del nacimiento, y en la huida a Egipto.
El Señor necesitaba ¡un borrico! Detalle cargado de humanidad y sencillez, contrapuesto a la cabalgadura del poderío. Son las “necesidades” de un Dios que elige siempre lo débil y lo que no cuenta para confundir a los prepotentes (1 Cor 1,26-28), y así se reconocerá en la imagen del Siervo tomando la condición de esclavo, sin hacer alarde de su categoría de Dios (Filp 2,6-11), para poder dar una palabra de aliento a cualquiera que sufra abatimiento (Is 50,4-7).
Es el estremecedor relato de lo que ha costado nuestra redención. En ese drama está la respuesta de amor extremo de parte de Dios. Nuestra felicidad, el acceso a la gracia, ha tenido un precio: Él ha pagado por nosotros. Debemos situarnos en ese escenario, pues es el nues¬tro propio, en donde Dios en su Hijo nos obtendrá la condición de hijos ante Él y de hermanos entre noso¬tros. Es el estupor que experimentaba la mística franciscana Angela de Foligno al contemplar la Pasión: “Tú no me has amado en broma”; o el realismo con el que Pablo agradecerá la donación de su Señor: “Me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gál 2,20). Sin este realismo que personaliza, estaríamos como espectadores ausentes que a lo sumo siguen el desarrollo del proceso de Dios, desde la butaca de la lástima o de la indiferencia. Por eso puedo decir en verdad que yo estaba allí, todo fue por mí. Sólo quien reconoce ese por mí adorará al Señor con un corazón agradecido. Es mi Semana Santa, esa que tiene ahora mi edad y que habita en la circunstancia de mi domicilio.

Jesús Sanz Montes, ofm, Arzobispo de Oviedo

El drama prestado que nos redimió

Por
Carta semanal del Arzobispo de Oviedo
24 de marzo de 2013

Suenan los tambores con el tram-tram de otra Semana Santa. Las calles se nos llenas de curiosos que se asoman a los pasos procesionales. Los hay piadosos que rememoran el amor no amado del Nazareno. Y así, entre las liturgias de nuestros templos y las procesiones de nuestras ciudades, se marca el paso severo, de tenso recogimiento, en unos días totalmente especiales.
El domingo de Ramos vuelve a abrir esta semana, la más grande del calendario cristiano. Con palmas e infantes, con estrenos como los de antes luciéndose en los andares y en la solapa, con sinceros hosannas al Rey que viene en nombre del Señor. Se nos leerá entre palmas y ramos, la historia de un drama prestado, porque no le pertenecía a su protagonista que por amor lo vivió. Aquel itinerario de caza y captura, con un beso como contraseña y la traición cobarde entre antorchas, empujó finalmente a Jesús a aquel proceso de pacotilla.
Pronto se olvidaron los gritos de bienvenida, marchitándose las alfombras de tomillos y romeros, y a jirones por el suelo las capas extendidas. Así tan sin aviso se fue tornando la ensoñada acogida cálida en desprecio de la peor pesadilla. Entre la fuga y dispersión de los discípulos amigos, y la conspiración de los resentidos enemigos, Jesús se quedó en completa soledad mientras pronunciaba su última palabra, proponía su última parábola y realizaba el último milagro. La palabra de su propia vida entregada hasta el final, la parábola de un cordero llevado al matadero sin rechistar, el milagro de perdonar a los que no sabían lo hacían mientras entregaba su vida humana al Padre eterno que se la dio. Moría su humanidad entregada, latía intacta por dentro su divinidad, poniendo final a esos pocos años en los que dio todo cuanto había recibido sin dejarse nada para sí en sus adentros.
Este es el drama que nos disponemos a recordar, a celebrar, a acoger como se acoge una gracia nueva. Y aquí intervienen tantos. Como cada año, nuestras parroquias y comunidades cristianas se aprestan a celebrar litúrgicamente estos sagrados misterios. Será la Palabra de Dios, será la Eucaristía, será la Cruz, todo cuanto protagonizó en aquel primer triduo pascual de la historia el paso postrero de Jesús, junto a María.
Pero también nuestras Hermandades y Cofradías de penitencia, nos ayudarán sobremanera para entender desde el lenguaje del arte, de la escenografía vestimental, desde su piedad religiosa y su confraternidad solidaria, lo que en estos días santos queremos no olvidar jamás. Es importante esta labor que además de subrayar escenas de la Pasión del Señor como se hace una predicación popular, son un espacio extraordinario para acoger a los que buscan una fe perdida, o a los que no la quieren perder jamás. Formación cristiana entre sus filas y testimonio de caridad con su solidaridad a través de nuestros cauces.
Vivamos estos días con esta hondura, con esta piedad sincera. Preparemos con esmero lo que nos ayuda a vivir y a convivir, el mensaje de la Semana Santa eclesial. Y sepamos que todo este esfuerzo benemérito no termina el viernes santo, sino que tras el sábado santo del silencio con María, aguardamos expectantes el gran desenlace: no una muerte conmovedora, sino una resurrección triunfante. Sólo así podremos acompañar otros viacrucis en la vida, de aquellos que en su situación de dolor, de soledad, de extremas dificultades, prolongan en su propia piel la pasión del Señor: también para ellos murió y resucitó, y también para ellos hay una palabra, una parábola y un milagro que acoger agradecidos.

Fr. Jesús Sanz Montes, ofm - Arzobispo de Oviedo

27 de febrero de 2013

Donde está tu corazón

Por
MARÍA TERESA SÁNCHEZ CARMONA
SEVILLA.
ECLESALIA, 11/02/13

Que las cosas más valiosas ni son “cosas” ni se compran con dinero es un tópico que todos conocemos. Que su valor depende del peso que les damos en nuestra vida es algo que conviene recordar de vez en cuando.
El tiempo que perdiste por tu rosa hace que tu rosa sea tan importante revela el zorro al Principito, y acaso sea bueno pararse a pensar cuál es el foco de atención que ahora nos ocupa. El de la sociedad es a todas luces evidente. En las noticias, la televisión y la radio, en las redes sociales, todo gira en torno a los mismos temas: la crisis económica, el rescate de los bancos, el paro, la corrupción política, la (más que lógica) indignación y el malestar generalizado.
Está claro que no podemos vivir al margen de estas cuestiones, que resulta imprescindible tomar conciencia y aún alzar la voz para revertir esta situación y empezar a construir un mundo más justo y solidario. Sin embargo, quisiera llamar la atención sobre el hecho de que la crisis se haya convertido en el eje central de nuestras vidas, motor de nuestras acciones, causa de nuestros desvelos, responsable de muchas partidas, fin que justifica los medios y tema de todas las conversaciones. Lógico que así sea, pero me da por pensar que al cabo – seamos o no conscientes – el “dios” al que nos entregamos cada día no es más que aquello en que nos centramos “con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente”. Y me pregunto si verdaderamente “queremos” darle tanta importancia a este culto desmedido, a esta cultura de la economía.
Porque verán ustedes, sucede que miro a mi alrededor y veo a todo el mundo triste y desesperanzado; que desde hace un tiempo todo se ha vuelto gris, que hemos perdido el interés (nunca mejor dicho) por esos otros valores que no se compran con dinero, cuyo brillo es más hermoso y duradero que el de cualquier metal. Miro a mi alrededor y veo una sociedad en la que, por economizar, se ha recortado hasta en compartir las emociones: economía del lenguaje (¡pocas palabras bastan!), de las letras de un mensaje (140 caracteres) y hasta damos las noticias por whatsapp o mensaje para ahorrar tiempo. Contemplo una sociedad en la que ya no nos miramos a los ojos: los apartamos con pudor apenas se cruzan las miradas, fijas en una pantalla de móvil o en el lado opuesto de la acera si pasamos junto a un mendigo. Ojos esquivos para evitar que nos paren por la calle porque (¡seguro!) algo querrán pedirnos. Y la vida transcurre a nuestro lado plagada de encuentros que pudieron haber sido… y no. Suerte que la maravilla sigue fluyendo entre nosotros, a la espera de que queramos atenderla.
Dejen que les cuente una anécdota: hace unas semanas estaba sentada en una terraza con una amiga. Charlábamos animadamente cuando un señor con un acordeón vino y empezó a tocar junto a nosotras. Mi primera reacción fue de cierta molestia por la interrupción inoportuna. Sonriendo, el hombre nos dirigió algún piropo y tocó algunas piezas, todo con una amabilidad exquisita. Tendría unos sesenta años. Tras unos minutos en que nadie detuvo su conversación ni levantó la cabeza del plato, se acercó a pedir una moneda. Me llamó la atención su dignidad, su serena presencia, la sensación de ser alguien con mucho vivido. Por su acento deduje que era argentino. Extendí el brazo para darle algo mientras le daba la típica excusa de que no llevaba más dinero encima. Entonces él me tocó delicadamente la mano, me sonrió y mirándome con ojos profundos dijo: «Muchas gracias, princesa. ¡Soy afortunado! No importa si es mucho o poco lo que se da. Lo importante es QUERER DAR algo».
Comprendí que aquel hombre no sólo no pedía sino que me había hecho un precioso regalo: me ofreció la música, la caricia, la mirada, la sonrisa, la gratitud desbordada, una perla de sabiduría. ¡Qué pobre había sido yo, y cuánta su riqueza! Me hizo comprender que siempre tendré algo que ofrecer a los demás: detalles que no responden al pragmatismo de “me piden, doy y listo”, sino que implican un detenerse ante el otro, un mostrarse disponible con la atención puesta en el “qué” y el “cómo”, una mirada cálida, una sonrisa amiga. En Asia esta actitud se denomina “Namasté”, y corresponde al gesto de detenerse ante el otro, unir las manos a la altura del corazón y hacer una inclinación de cabeza. “Namasté” significa: “Yo honro el lugar dentro de ti donde el Universo entero reside. Yo honro el lugar dentro de ti habitado por el amor, la luz, la paz y la verdad. Yo honro el lugar dentro de ti donde, cuando tú estás en ese punto y yo en el mío, somos sólo Uno”.
Entiéndanme, sé que parece una postura muy mística que en nada nos ahorra los disgustos y preocupaciones que tenemos encima. No crean que me es ajena esta problemática: el inmenso dolor, la dignidad herida, los sueños frustrados de tantos jóvenes y adultos, de tantas familias… Yo soy uno de esos 4.980.778 parados de España que recogen las estadísticas. Pero aunque éste sea un problema que toca enfrentar, me niego a concederle el papel central en mi vida. Y comprendo ahora el alcance de la expresión: No podéis servir a Dios y al dinero (Mt. 6,24). No hay por qué restringirlo al modelo cristiano: piense cada uno cuál es el “dios” de su vida, la fuerza que le hace levantarse, aquello para lo que vive, que absorbe su tiempo y su energía. En mi caso, si “mi dios” es el amor, la sensibilidad y la ternura; si por encima de todo quiero hacer de mi vida un canto a la belleza, la humanidad y la justicia… no puedo entregarme a esos valores y a la vez hundirme porque va mal la economía. Pura cuestión de interés, pero no puedo vivir con el corazón divido. Así que seguiré en paro, buscando como todos una salida, pero mientras ELIJO la alegría de quien sabe en el fondo cuál es su verdadera riqueza: Porque donde esté tu riqueza, allí estará también tu corazón (Mt. 6,21).
Creo que ésta es una época privilegiada para replantearnos en qué basamos (o tasamos) nuestra felicidad cotidiana; cuál es nuestro “Dios” y el corazón de nuestra vida (porque “de lo que rebosa el corazón, hablan los labios”). Momento de replantear no lo que tenemos sino lo que somos; no lo que damos sino la voluntad de dar; no el intercambio sino el compartir amoroso que brota de mirar el mundo con ojos recién nacidos, de tener el oído atento a la escucha humilde, abiertos los brazos, el corazón despierto y disponible. «Ubi Amor, ibi oculus» (donde hay amor, hay visión). Es importante ver los “signos de los tiempos” en esta época que toca vivir y afrontarlos con ánimo renacido. Y saber que no caminamos solos, que muchas personas están en búsqueda, convencidas de que otra sensibilidad es aún posible.
Quizá esta actitud no nos arregle los problemas financieros, pero ayuda a plantear desde otra clave nuestra vida. Es la firme opción por empezar cada mañana sonriendo, por tener una palabra amable, privilegiar las buenas noticias, por tener siempre listo un abrazo (venciendo ese pudor que nos hace esperar “el momento oportuno”. ¡No perdáis ocasión! ¡abrazad a los que amáis hoy, ahora, sin excusas, sin motivo!). Quizá no tengamos dinero pero sí una pasión capaz de sanar este mundo dolorido. Estamos llamados a tener un corazón imbatible. En los tiempos que corren, la mayor heroicidad consiste en sembrar gestos de esperanza que resuciten esta tierra yerma. No porque vivamos al margen de los problemas, sino por puro convencimiento de que el optimismo, la gratuidad y la bondad son hoy una apuesta necesaria y un revulsivo.
Por supuesto que la crisis nos afecta, pero héroes son aquellos – decía Thomas Carlyle – que aun siendo frágiles como todos, enfrentan sus miedos y siguen adelante. Hoy más que nunca necesitamos héroes de carne y hueso: vecinos, hermanos, amigos que emprendan ese otro rescate igualmente necesario: cultivar el placer de los detalles, el gusto por simplificar la vida, el deseo de conectar con lo esencial que da saber y sabor a cada día. Necesitamos mujeres y hombres, niños, abuelas que – despojados de títulos y méritos, cheques y chaquetas – nos saquen del mono-tema y nos recuerden lo que de verdad importa, qué «queremos dar» a la gente que nos rodea. No sé hacia dónde irá la crisis, pero acaso baste con saber dónde está nuestro corazón… y hacia dónde nos lleva.

25 años de asociado

25 años de asociado

Último compromiso Pozuelo julio 2019

Último compromiso Pozuelo julio 2019

Imagen en la Isla

Imagen en la Isla

MONASTERIO de OTEIZA

MONASTERIO de OTEIZA
Horarios de Eucaristías: días laborables a las 7,50 h. y Domingos y festivos a las 10,30 horas

Archivo de entradas